Impulso IV

Yo Cerbero, no quiero juzgar lo que hizo mi madre, en tiempos de la revolución nicaragüense, ella simpatizo con la causa de Sandino, para poder sobrevivir en esos días inciertos vendía su cuerpo a las tropas rebeldes con el fin de proporcionarme algún trapo viejo para vestirme y un mendrugo de pan con el cual alimentarme. 

Nunca supe quien fue mi padre, sé que soy el producto de una violación, un lejano día, un generoso venezolano ayudo a mi madre y a mí a salir de aquel infernal país. 

Cuando hube crecido un agrio carácter desarrolle, por esta causa fui a la cárcel, en donde uno de los presos en una ocasión abuso de mí. 

Por eso decidí forjar mi vida en el gran país, por vía férrea huimos mi madre, su esposo y un hermanito al que le gustaba el ajedrez. 

Pero fue el tren de la desdicha y la muerte, el venezolano quizá por la edad no sobrevivió, el hermanito en poco tiempo murió, mi madre tenia una gonorrea muy avanzada. En aquel vagón del horror, rodeado de cadáveres fragüe la pesadilla que solo un esquizofrénico furioso podría hacer, debía matar, mi madre cual exquisito festín se me antojo, me abalance contra ella y su corazón saque aun tibio y palpitante, sus músculos y entrañas disfrute pues todavía tenían el alma, los ojos amargos al gusto eran pues mucha depravación habían visto. 

Por ultimo en la más extraña obscenidad decidí defecar encima de aquel apestoso corazón. 

Debido a esto hoy en Miami disfrazado de mujer continuo entregando mi cuerpo, en el manicomio me prestan la Internet y todos los días escribo, pues morboso soy 

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