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En donde se cuenta de unos negocios tan peculiares cuya explicación todavía hoy se ignora

Para los encuentros literarios de "Cada Jueves un Relato", Neogeminis propone lo siguiente:

La consigna es bastante simple y consiste en elegir uno de los 

EXTRAVAGANTES títulos que aquí les dejo (o proponer uno propio) 

y desarrollar, en alrededor de 350 palabras, una historia de estilo 

y forma libre lo más loca, original, creativa, fantasiosa y peculiar que se les ocurra. 

Ver todos los detalles siguiendo este enlace.




Su Majestad Don Luis Tomás de Arzarcóllar y Pimentel de Córdoba, Archiconde de María de La Fortaleza, de Nueva Siquem, de Brabante, de Milán, de Atenas y Neopatria, y Gran Canciller de los Principados Valier y de la Santillana, es el gobernador de una de las provincias más lejanas de Aragca y, al mismo tiempo, el alcalde directo de su capital.

Aquella provincia del mar Caribe, rodeada de acantilados en el extremo norte de La Fortaleza, había sido en el siglo XVII parte de los establos de uno de los nietos del Archimandrita Sofronio Tikhon. Este último, en virtud de una visión, le había legado un pedazo de su finca al ayudante del cochero menor por considerarlo un buen hombre (aunque, según las malas lenguas de la época, se rumoraba un profundo romance entre ambos caballeros; chismes que, como tantas otras cosas, resultaron ser meras habladurías).

Dicho muchacho, aparte de bien parecido, resultó ser un hombre práctico: supo venderle la mitad de la propiedad a unos gitanos que luego lo perdieron todo en una partida de póquer contra uno de los soldados que regresaban del sur al finalizar la guerra contra los portugueses del Brasil.

Con el correr del tiempo, la localidad cambió varias veces de dueños y de nombres hasta que, por arte de birlibirloque, un poco antes de la Primera Guerra Mundial, un juez se la asignó a uno de sus sobrinos. El joven, que tenía bastantes luces, decidió abrir una cantina a modo de hotel de paso para los forasteros que deseaban probar suerte en las cartas o con las muchachas que animaban el lugar.

Hoy en día, la Provincia del Archiconde cuenta con cuarenta habitantes: treinta y cinco residen en la capital y el resto en los pueblos aledaños. Así pues, el casino es la principal obligación del señor alcalde, quien da mantenimiento personalmente a las mismísimas cuatro mesas que había instalado su antepasado, pues es un hombre sumamente conservador y reacio a hacer cambios en sus dominios.






La tela de araña

Nota aclaratoria:

Una de las dificultades que he notado cuando se abordan figuras históricas, sean estas de gran calibre o más bien poco conocidas, es que hay que especular bastante cuando estas se encuentran discutiendo asuntos en privado. Es decir, conocemos bien qué hacen las figuras públicas cuando dan presentaciones abiertamente, pero es más difícil o imposible saber sobre su intimidad personal; en este caso, pues, toca recurrir un poco a las licencias literarias y, en cierta forma, a la imaginación. He tomado para este relato varias figuras del pasado y las he mezclado con mis personajes, de modo que lo que aquí narro es más una novelización que una crónica de talante histórico. Me he centrado, pues, en aquel periodo en donde los sindicatos del crimen prosperaron y fueron la mano derecha de los grandes conglomerados industriales que hoy nos dominan. Con el texto pretendo, pues, contestar al interrogante de si existe una simbiosis provechosa entre las personas más ricas del país y los criminales más temidos del mundo.

I. Tobashi

Los cuatro grandes conglomerados industriales de Aragca convivían en un precario equilibrio. Sus enfrentamientos rara vez eran abiertos; preferían atacarse mediante maniobras financieras, adquisiciones hostiles y discretas campañas de desprestigio. No siempre había sido así. La desaparición del quinto y del sexto conglomerado había servido de recordatorio para todos: sobrevivir exigía prudencia.

En su despacho del piso sesenta de la Gran Torre Tobashi, Arnulfo Tobashi saboreaba lentamente una copa de coñac. Como presidente del tercer conglomerado más poderoso de Aragca, llevaba demasiado tiempo observando un mercado inusualmente tranquilo. Sin embargo, intuía que algo estaba cambiando. No podía explicarlo, pero percibía una oportunidad: una operación cuidadosamente ejecutada podría sacar del juego a uno de sus competidores.

Aquella mañana decidió convocar a su vicepresidenta de Planificación y Estrategia, Madame Sokaiya, una de las ejecutivas más temidas del conglomerado. Su reputación se había forjado gracias a una eficacia implacable y a métodos que rara vez aparecían en los manuales de administración de empresas. Tobashi confiaba plenamente en ella. Si alguien podía convertir aquella idea en realidad con total sigilo y discreción, era Madame Sokaiya.

—Estarás de acuerdo conmigo en que estás planeando una jugada muy arriesgada. Incluso si tuviéramos éxito en el lance, nada impediría que nuestros rivales nos aplicaran la misma medicina —indicó Madame Sokaiya con gesto serio.

—Eso es cierto. Ya lo había calculado, y en eso consiste el juego: en asumir riesgos. En este mundo no se puede ser reactivo ni pasivo —replicó Tobashi mientras se servía su tercer coñac.

Madame Sokaiya estudió durante unos instantes el último gesto de Tobashi antes de responder:

—Muy bien. La caja de Pandora va a abrirse. Una vez que hagamos nuestro movimiento inicial, la rueda de la fortuna comenzará a girar en cualquier dirección. Solo una mano firme será capaz de inclinar el destino a nuestro favor.

—¿Pandora? Suena a una vieja leyenda.

—Precisamente. Debe quedar claro que esto tomará bastante tiempo; varios años, quizá una década —dijo Madame Sokaiya mientras, con notoria familiaridad, se servía una buena medida de coñac.

—Brindo por ello —puntualizó lacónicamente Tobashi.

II. Naomi

Naomi Alaska veía sin mayor sorpresa el estado de su cuenta bancaria; había acumulado una pequeña fortuna en el lapso de unos tres años. Era una de las ejecutivas más prominentes del afamado grupo industrial Capibara.

Recordó sus inicios: había empezado su carrera profesional trabajando para la competencia, una empresa automotriz del Consorcio Tobashi. Sin que nunca pudiera explicárselo, a los pocos meses de haber iniciado, su jefe, el señor García, comenzó a darle mayores responsabilidades y la mantenía en continua capacitación. Se convirtió en su mano derecha. García fue ascendiendo y, con él, ella. Fue García quien un día le presentó a la vicepresidenta Sokaiya, a quien le pareció una mujer muy distinguida, aunque algo distante y con cierto aire enigmático.

Alaska comenzó a manejar muchos asuntos importantes y, a veces, tenía que representar a la empresa en diferentes eventos. Conoció a muchas personas de la industria. Para una carrera de Fórmula Uno tuvo la oportunidad de relacionarse con varios ejecutivos del Grupo Capibara, quienes ya la conocían. Al poco tiempo le hicieron una oferta para trabajar con ellos y la aceptó.

III. Capibara

Contrario a lo que la mayoría de las personas creen, estos grupos industriales no son enemigos mortales; como si se tratara de partidos políticos de ideología opuesta, a veces, de acuerdo con las condiciones del mercado, por momentos parecen estrechos colaboradores. Fue en uno de esos proyectos conjuntos donde Alaska tuvo un encuentro inesperado.

—Naomi, ven, quiero presentarte a unas personas muy importantes de la industria —dijo Gregorio.

Se acercaron a un grupo de personas donde estaban varios de los ejecutivos más destacados del sector automotriz; entre ellos estaba Madame Sokaiya.

—Tu rostro me es familiar —dijo la madame—. ¿Nos hemos conocido antes?

—Trabajé al inicio de mi carrera para el Consorcio Tobashi —respondió Naomi.

—¡Vaya!, eres prácticamente de la familia —indicó la madame con cierta sonrisa irónica.

—Oh, esto es nuevo, no sabía de tu pasado, querida Naomi —dijo Gregorio.

—El mundo es pequeño, y aún más en nuestra industria; es posible que sigamos viéndonos en el futuro —acotó seriamente la madame.

—Démoslo por seguro —contestó Gregorio.

IV. De nuevo Tobashi

Seis meses más tarde, Naomi había vuelto de nuevo —con un mejor cargo y mejor remuneración— a la casa que la vio crecer. De nuevo en Tobashi, comenzó una exitosa carrera bastante notable, incluso para la prensa local.

Luego de algunos años de prosperidad y éxitos, un día vio en un recuadro de uno de esos diarios económicos la reseña de que un ejecutivo del grupo Capibara había muerto en un accidente automovilístico: se trataba de Gregorio.

Leyó la noticia y sintió bastante pena y nostalgia. El recuerdo de aquellos días en Capibara ya casi era una mera sombra del pasado, pero el nombre de Gregorio le traía memorias algo nebulosas.

Curiosamente, en los últimos dos años, esos accidentes a ciertos ejecutivos de grandes empresas no eran cosa infrecuente; por alguna razón, al menos recordaba seis casos similares. Muy en el fondo de su intuición, algo le indicaba que debía tomar precauciones.

V. Cheng

Por aquellos días, la profesión de detective no tenía el prestigio que hoy despliegan figuras como Ada o Carbonell. En esa época, cuando Tobashi estaba en pleno apogeo, Cheng se perfilaba como una figura muy prometedora dentro de los ámbitos policiales. Fue la resolución del asunto «de los Clanes sin nombre» lo que lo llevó prácticamente a la fama y al poder.

Cheng era de esos detectives asignados a los casos en donde había homicidios u occisos. Tal como Alaska, Cheng comenzó a notar ciertas peculiaridades en esos accidentes que involucraban a personajes del ámbito económico. Quizás cuando tuvo que hacer el levantamiento del cadáver de Alaska fue cuando llegó a la conclusión de que «algo» o «alguien» operaba en las sombras.

VI. Dos viejos conocidos

—Mi querida Madame, veo que, después de varios años, aquello que sembraste ha comenzado a dar fruto maduro —dijo Arnulfo Tobashi, mientras disfrutaba otra copa de coñac.

—También hemos tenido que hacer ciertos sacrificios.

—No me digas que sientes algo de remordimiento por decisiones tomadas, mi querida dama. Capibara básicamente ha desaparecido del mapa y ahora nuestros rivales comienzan a sentir pasos de animal grande.

—Así es, el entramado de ajedrez muestra cierta posición favorable, pero apenas vamos en la apertura; es en el medio juego donde se perfila el vencedor. No debemos subestimar a nuestros rivales.

—Siempre pensé que era en los finales cuando se ganaba la partida.

— El final usualmente es cosa del Rey asediado por el peón que se convierte en Reina.


VII. El Informe Cheng

Lo que se conoce como el documento interno U-731, ultraclasificado, fue de autoría de Cheng, quien correctamente dedujo que las grandes corporaciones económicas llevaban varios años usando los servicios de agencias del crimen contratadas para asesinar a personalidades clave del sector industrial. Estos asesinatos tenían como objetivo eliminar a mandos medios, nunca a las grandes cabezas corporativas. La jugada era calculada: un mando medio no despierta la misma atención del público y de las autoridades que la que puede despertar una gran cabeza cuando rueda. Dichos mandos medios eran vitales para el buen funcionamiento de las empresas. El patrón es que, en principio, no parecían asesinatos (o ejecuciones, por así decirlo), sino que todo se hacía de forma casual, accidental o como una enfermedad mal cuidada.

Cheng dedujo que era muy probable que los conglomerados estuvieran usando una red de intermediarios para lograr contratar asesinos a sueldo, pero se habían tomado la precaución de usar clanes en donde realmente el «ejecutor» no se conoce y este tampoco conoce al contratante; esa era la virtud de esa misteriosa red. De manera que era imposible para la policía, incluso teniendo hábiles detectives y sabuesos, llegar a los responsables intelectuales. Y, de hecho, los clanes de asesinos eran tan buenos y especializados que impedían que cualquier víctima, aun examinada por forenses competentes, pudiera determinarse como un homicidio deliberado.

La mayor prueba de Cheng de que había una simbiosis entre los grupos financieros y esos misteriosos clanes fue la rápida desaparición del grupo Capibara y la desintegración del tercero más poderoso: Tobashi se había dividido en dos; por un lado apareció el nuevo grupo llamado Sokaiya y, por el otro, los restos de un Tobashi muy debilitado tras el deceso de su cabeza principal, Arnulfo Tobashi, quien murió —según el informe de la autopsia— de cirrosis.

Luego de ese suceso, la guerra de los mandos medios simplemente desapareció como por encanto.

Jamás se supo quién contrataba ni cuáles eran sus motivos. Además, Cheng recibió la orden de la Corona de no continuar con el caso «Capibara»; a cambio de ello, pasó a ser el Jefe de Seguridad del Reino.

Zaida 2001



La primera noticia acerca de temas espirituales en Aragca, según se especula, ocurrió en la noche de los tiempos, cuando se cree que el ser humano era una criatura mitad simio, mitad hombre. En el cine, a veces, se muestran unos chimpancés reunidos alrededor de un monolito, pero lo que realmente ocurrió fue que no había presupuesto para pagar a una actriz que se pareciera a la diosa Zaida.

Esta diosa, perteneciente a una dimensión desconocida, usando magia o una tecnología imposible de imaginar incluso para nosotros, apareció un día de repente, como una especie de fantasma, en las llanuras donde nuestros supuestos padres —los homínidos— estaban a punto de colapsar por el hambre. La diosa les enseñó a adorarla; ellos aprendieron a hincar la rodilla y a postrarse ante su presencia. En recompensa, ella les enseñó los secretos del fuego.

Luego de algunos milenios, la diosa comenzó a pensar que sus mascotas se habían vuelto dependientes de ella y que no progresaban como era debido. Así que, un día, sin decir palabra, se elevó por los cielos y desapareció para siempre, quedando de ese modo registrada en los anales sagrados de la humanidad.

Se dice que, durante su ascenso, la diosa atravesó el espacio sideral y se desterró voluntariamente en una luna olvidada de Saturno (sin confirmar).

Desde ese día, en muchos lugares del mundo han aparecido “hijas de Zaida”, reclamando haber sido enviadas por la diosa, o incluso mujeres sabias que repiten enseñanzas místicas supuestamente basadas en los dichos y hechos de Zaida, alrededor de las cuales se han formado cultos, sectas y grandes religiones.

Como suele ocurrir, ninguna de estas hijas ha logrado ponerse de acuerdo con las demás, lo cual ha sido interpretado por los fieles como una prueba irrefutable de la profundidad del mensaje original.

Los más escépticos señalan que, si la diosa regresara hoy, probablemente negaría haber dicho la mayoría de las cosas que se le atribuyen, en cualquier caso, Zaida permanece ausente, observando —según algunos— desde su exilio, y otros dicen que vive entre nosotros, discretamente, bajo una identidad cotidiana e informal. 

¡Podría ser tu vecina!



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Relato participante en la convocatoria "Cada Jueves un Relato" por Roselia Bezerra en su blog “Espiritual Idade”.  

En esta ocasión, la autora nos invita a escribir un relato inspirado en los colosos espirituales de la humanidad.  

Los detalles completos de la convocatoria pueden consultarse en este enlace (convocatoria en idioma portugués).




Barón Gabriel Cisneros de Montemayor



Mucha gente cree que existen colegios de magia donde niños de todas las condiciones y pelambres aprenden los misterios de las ciencias ocultas, pero en el mundo real las cosas ocurren de manera muy distinta. Para empezar, la magia no se enseña en escuelas: un mago de renombre transmite parte de sus conocimientos a dos o tres aprendices que, por lo general, ni siquiera se conocen entre sí. Estos aprendices suelen pertenecer a familias nobles o, al menos, muy acaudaladas. Además, no son niños, sino adultos de más de veinticinco años. Y aun así, no todos logran el título de Mago o Hechicero. De hecho, solo seis personas —cuyas identidades permanecen en absoluto secreto— ostentan ese título. 

El Barón Don Gabriel Cisneros de Montemayor, a los treinta y cinco años, entró al servicio de su “Maestro” hacia la década de 1950. Su primera misión consistió en leer los siete grimorios de Zaida, obras tan antiguas como enigmáticas, escritas antes de que el imperio Andirriano se desvaneciera en el olvido. Le tomó tres años leer y asimilar el primer tomo. Al cuarto año hojeó el segundo, se aburrió y lo abandonó. Renunció a convertirse en Mago y prefirió dedicarse a la entonces naciente industria de la cibernética. Gracias a su talento y fortuna, creó autómatas imposibles de distinguir de un ser humano. Llevó siempre una vida reservada. Murió de viejo. Sus hijos mantienen el castillo en buen estado, aunque ninguno se aventura al sótano donde el Barón concibió sus mayores creaciones. 

Un día, Madame Circuita, la nana mecánica que el Barón había construido para cuidar a sus hijos, regresó a casa. Los Cisneros la dejaron entrar al laboratorio sin objeciones. Tras tantos años de abandono, el lugar estaba revuelto: cables, circuitos, bulbos y bobinas se amontonaban por el suelo. Sin dudarlo, Madame Circuita abrió unos archivadores y extrajo una pieza rústica de tecnología olvidada: un brazo mecánico forrado en cuero, rematado en una garra demoníaca. Sonrió como quien encuentra a un viejo amigo. Movió un par de engranajes y la garra comenzó a chirriar, emitiendo sonidos oxidados, casi sobrenaturales. Observó por unos instantes cómo se abría y cerraba. Era hipnótico. La dejó a un lado. 

No era lo que había venido a buscar. Lo que necesitaba estaba justo frente a ella, cubierto por unas sábanas rotas y mohosas. Las retiró con disgusto. Bajo ellas, sorprendentemente bien conservada, apareció una especie de silla, más bien un trono, rodeado de válvulas, bulbos de vacío, bobinas de cobre, palancas y engranajes. Después de sí misma, Madame Circuita consideraba ese trono como la mayor creación del Barón: un dispositivo capaz de transportar a quien se sentara en él al interior de cualquier historia escrita. Con ese artificio podía viajar, si lo deseaba, a la Tierra Media de Tolkien, a Westeros de Martin o incluso al mundo desolado de Mad Max II. Sin ningún afán, sacó de su bolsillo una delgada novela: Cuentos completos de Aragca. 

Se acomodó en el trono, ajustó algunas perillas, movió las palancas y tomó el libro entre las manos. Saltaron chispas; el ingenio empezó a vibrar y emitir silbidos. Hubo un crujido luminoso y Madame Circuita desapareció de esta dimensión. 

Quizá una consecuencia previsible de emplear tecnología de los años cincuenta —además de estar obsoleta— es que el paso del tiempo cobra su deuda. El óxido y la fatiga de los materiales alteran el funcionamiento. Por alguna razón, Madame Circuita no llegó exactamente al mundo de Aragca, sino a algo anterior: el aparato la había trasladado al interior de uno de los primeros borradores del libro. Los personajes no estaban terminados, tenían otros nombres y propósitos; aun así, la historia era reconocible en sus líneas generales. El villano sí aparecía tal como siempre había sido. Los héroes, en cambio, estaban incompletos. El carabinero Carbonell, por ejemplo, aún no tenía compañera. Madame Circuita evaluó la situación. Dedujo que, si esas ideas tempranas se modificaban, podrían alterar por completo el curso de la historia. 

Pensó que, si se hacía pasar por la futura compañera de Carbonell, podría influir discretamente a favor de los villanos. Decidió teñirse el cabello de rojo y ponerse unas gafas oscuras. Cuando Carbonell caminaba hacia la estación de policía, ella eligió interceptarlo fingiendo un tropiezo. Simuló caer. Carbonell la ayudó a levantarse; ella, algo ruborizada, se disculpó: 

—No me fijé por dónde caminaba, mil disculpas. 

—No, no, ha sido culpa mía —respondió él. 

Madame Circuita sonrió y, sin vacilar, añadió: 

—Soy Ada Escualo. Acabo de llegar a la ciudad y no logro ubicar el cuartel de policía. Trabajo como detective. 

Carbonell también sonrió. —Entonces es su día de suerte. Me dirijo allí mismo, puedo acompañarla. 

Con un gesto hábil, casi instintivo, Madame Circuita tomó del brazo al héroe, y juntos se alejaron por la calle, conversando con aparente naturalidad, como si siempre hubiesen sido un par de enamorados.

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Relato para participar en el concurso de magia y fantasía del blog Tintero de oro, diciembre 2025

@hallucination.gpt Vintage mechanical arm #robot ♬ Darkness - The Thing About Noise

 

Ada y Carbonell (Reseña)



Por décadas, los nombres de Ada y Carbonell han circulado entre lectores, televidentes y cinéfilos de varias generaciones. Sus aventuras, reformuladas una y otra vez, han cruzado océanos y soportado los vaivenes de la industria editorial. Hoy parecen consagrados como parte del canon popular de Aragca, aunque su origen revela una historia mucho más errática y llena de metamorfosis.

Los inicios en El Vigilante

La crítica coincide en que el punto de arranque del género detectivesco en Aragca se sitúa en 1903, con la publicación de Las aventuras del Sereno Antracita en el diario El Vigilante, fundado décadas antes por Arnulfo Peláez. Según el historiador literario Emilio Borda Estrada (Revista Letras Aragquinas, 1987), “Antracita supo conectar con la ansiedad de un país que apenas se organizaba en torno a instituciones modernas; el sereno representaba el orden en medio de la penumbra urbana”.

El éxito fue inmediato: la sección de cuentos del diario, inicialmente abierta a todo tipo de autores, quedó copada por las peripecias del vigilante nocturno. Como señala Marta Quiroga, especialista en cultura popular (El folletín y sus desvíos, 2004), “el personaje dio origen a una genealogía de policías literarios que, de un modo u otro, aún reverbera en Ada y Carbonell”.

Matrimonios de detectives y esposas en la sombra

Los imitadores no tardaron en aparecer. El Gendarme Hulla y Esposa (1909) introdujo el modelo de la “esposa en la sombra”: un marido oficial, torpe frente a los enigmas, y una mujer perspicaz que, desde la tranquilidad doméstica, resolvía los casos. Para la investigadora Laura Gálvez, “allí se gestó un germen protofeminista que nunca se reconoció, pero que abriría la puerta a futuras duplas equitativas” (Seminario de Literatura Aragquina, 2011).

Un intento menos recordado, Turba y Escuálida (Editorial Lando y Quilme, 1915), apostó por un matrimonio de investigadores en igualdad de condiciones. El proyecto se interrumpió tras un solo volumen, aunque su audacia lo convirtió en pieza de culto entre coleccionistas.

La reconfiguración gráfica

Hacia 1950, con el género en decadencia, la editorial Lando y Quilme ensayó un relanzamiento en clave de historieta: Carbon y Ada Tiburón. El cambio fue radical: ya no eran cónyuges, sino compañeros de escuela convertidos en policías. Carbon asumía el papel del investigador brillante; Ada, rebautizada “Tiburón”, encarnaba el torpe sidekick que generaba el gag humorístico.

El crítico cultural Hernán Ospina describe esa etapa como “el momento en que la cultura de masas fagocitó al folletín. Carbon y Ada Tiburón dejaron de ser personajes literarios para convertirse en caricaturas pedagógicas de la lógica policial” (Archivo del Cómic Aragquino, 1999). La revista se mantuvo hasta 1973, cuando la muerte de su creador precipitó el cierre.

La televisión: entre la visibilidad y la amputación

En los noventa, Canal 4 llevó al aire El Inspector Carbonell, un programa semanal de treinta minutos que omitió sin explicación alguna la figura de Ada. Según la periodista cultural Irene Vélez (La televisión que olvidamos, 2002), “el show televisivo consolidó al detective masculino como héroe solitario, en consonancia con la estética de las series policiales estadounidenses de la época”.

El programa tuvo cinco temporadas y fue cancelado abruptamente. Las secuelas que intentaron continuar la franquicia —Carbonoir, La hija de Carbonell y Carbonell contra los piratas del espacio— fueron, en palabras del crítico Julio Sanabria, “tres piezas de arqueología televisiva que nunca lograron conectar con el público”.

El retorno cinematográfico

El renacer llegó en 2020 con la película Ada y Carbonell, que recuperó el carácter dual de la pareja y le dio un tratamiento contemporáneo. El film, dirigido por Clara Montalbán, apostó por un equipo de detectives complementarios que solo en ciertas ocasiones trabajaban como pareja. En palabras de Montalbán, “Ada dejó de ser un apéndice humorístico y volvió a su sitio: el de una profesional con tanto peso como Carbonell” (entrevista en Cine y Nación, enero 2021).

El éxito de la película abrió la puerta a una saga en expansión, con proyectos de series y precuelas en desarrollo. Hoy, a más de un siglo del Sereno Antracita, la genealogía de detectives aragquenses sigue viva, con Ada y Carbonell como estandartes de una tradición que nunca se resignó al olvido.



Hielo Sagrado




(731 A.G. -Antes de Aragca-)

El VizBarón de Andirria estaba muy feliz aquella mañana. Ante su mesa tenía el legendario mapa del mundo, trazado por el mismísimo Battuta Al-Masudi, del cual se decía que, en los tiempos antiguos, había recorrido todos los rincones conocidos y por conocer.  

Al norte del mapa estaba la región de los Hielos Sagrados, en donde las leyendas decían que Ellos bajaron del cielo y habían puesto los Once huevos. Pasados varios eones, de cada huevo surgieron los dioses y héroes del mundo. Estos, al igual que sus progenitores, también pusieron huevos, cada uno siete. Pero la simiente nacida de los dioses no resistía el frío. Varhan consultó a su hermano mayor, El Primer Nacido, diciéndole que era necesario llevar la descendencia a tierras cálidas. Eruthur dio su aprobación, indicando que él se quedaría a resguardar las tierras de sus padres. Los demás hermanos, con sus hijos e hijas, se dispersaron y poblaron todo el mundo conocido.  

Eirhumara, que era la más sabia y hermosa de los Primeros, fue la que pobló Namcuan y jamás volvió a escuchar noticias de los hijos de sus hermanos. Eirhumara enseñó a los hombres que el nombre de su madre era Zaida.  

El VizBarón sonrió al recordar dicha antigua leyenda. Según se decía, mucho tiempo después de que Eirhumara retornara a las tierras de sus antepasados, los hombres de Namcuan caminaron buscando las tierras del sur.  

—Y allí es cuando los de Namcuan encuentran que no eran los primeros en pisar estas tierras del sur, ¿no es verdad? —preguntó Suánzang, el mercader que estaba ofreciendo el mapa al VizBarón.  

—Error que le costó perder la cabeza al Rey Pimiko II —respondió mordaz el VizBarón.  

—Pero no resultó en vano los esfuerzos de Namcuan.  

—El resultado es que, después, Namcuan tuvo mejores reyes, al menos unos con más sentido común que las bestias sangrientas que los gobernaron antes de venir aquí a conquistar lo que ya estaba conquistado.  

—Quizás el veneno más fuerte que inocularon en el mundo fue la religión que profesaban. 

—Antes de Namcuan, la gente rendía adoración a los Once, pero luego de las tres guerras con Namcuan, en Surumbria comenzaron las brujas a predicar el culto de Zaida, que aún persiste y tiene gran arraigo en la población —respondió el VizBarón con aire disgustado, mientras buscaba de mala gana una bolsa de oro para darle en pago y despachar al mercader, pues le causaba disgusto esa presencia por sus modales y formas de expresión impropias de un Andirriano. 


(Mapa moderno de la región)

Anterior: Corvus Verborum


Video ensayo de NoteBook LM Un podcast sobre Aragca


El Marciano



El Marciano fue el primer miembro de "La Sociedad de los Martes" que usó un cronoportador de marfil con el fin de alterar severamente la Realidad. 

Al igual que todas las personas, creía que viajar en el tiempo era una cosa instantánea: nada más lejos de la verdad. 

Aprendió en los cursos de rutina que impartía la "Alianza Araquense de CronoNautas" (AACN) que hay una relación proporcional cuasilogarítmica para hacer el viaje al pasado. Si se viajan 6 años hacia atrás, hay que esperar 3 meses dentro de la cámara cronoscópica. Pero viajar 10 años hacia atrás no implica 5 meses, sino más bien 14, y así sucesivamente. 

El Marciano olvidó esa lección porque se enseñaba en los primeros cursos obligatorios de Orientación. Así que quiso, en plan ambicioso, viajar 100 años al pasado. Sin contar que ello le llevaría 731 meses de espera. 

La ventaja es que en una cámara cronoscópica no envejecemos: el cuerpo queda "congelado" (eso se aprende en el segundo nivel de estudios crononáuticos), pero la conciencia no se apaga. 

Viajar lejos en el tiempo, luego se supo, altera tanto la mente debido a la espera por llegar al destino que el explorador temporal termina absolutamente desquiciado una vez finaliza el viaje. Es por ello que ahora limitamos el retroceso a máximo 28 meses. La Espera en la cámara era una fábrica de asesinos y sicópatas, muy peligrosos para soltarlos en alguna de las Lineas de Todas las Realidades posibles.

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Relato participante en los microretos del Tintero de oro, mayo 2025, tema: La espera

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Relatos similares:

La Cabra

Doctor Kairos

Kebondi!

Bustamante

Corvus Verborum



Se dice que, en la antigüedad, el Archimárquez Hircano Valier fue la primera persona que enseñó a hablar a los cuervos (esto no se ha podido confirmar, debido a que, dentro del índice de antepasados de Vil Valier, no figura ningún Hircano). La idea fue tan exitosa que, tres siglos después, todas las casas de nobles de Aragca (que en aquellos dias se llamaba Umbria del Sur o también la Surumbria) comenzaron a seguir el mismo procedimiento.

Para cuando llegó el famoso Ambrosio Alfinger a estas tierras, quedó tan maravillado con el método, que pronto estableció alianzas con el Duque de Calcedonia. El Duque, para formalizar su amistad, regaló a Alfinger tres de esos cuervos, para que los llevara como presentes de buena voluntad a los Welser en Europa.

Apenas Alfinger puso un pie en el puerto de Cádiz, los alcaldes del crimen no demoraron en ponerle grilletes y cadenas bajo graves cargos de traición a la Corona. Viéndose en tan penosa situación, Alfinger entregó los cuervos a uno de sus ayudantes, un tal Ginés de Avellaneda, que, a la sazón, había perdido un ojo en una riña dentro de una mazmorra turca y era autor de una "Vida" que no alcanzó los honores de la impresión.

No sabiendo para qué eran esas aves ni los secretos que guardaban, en menos de una semana ya solo le quedaba uno, que, siendo un pájaro bastante despierto y sagaz, no dudó en abrir el pico y pedirle algo de alimento a Avellaneda. El tuerto quedó lleno de asombro por aquello que escuchaba y comenzó a darle grandes cuidados al plumífero amigo. Este, en compensación, un día le dio este enigma:

“No es oro todo lo que reluce, ni todo lo que parece espada es acero”.

Intrigado por las palabras del cuervo, Avellaneda comenzó a discurrir qué hacer con tan peculiar animal, ya que llevarlo a los banqueros de Baviera estaba más allá de toda posibilidad. Así que decidió adoptarlo y darle grandes cuidados. Se rumorea, pues, que el cuervo, durante las noches, le hablaba al oído y él tomaba nota de cuanto decía.

Cuando ya hubo lo suficiente para ser editado en un libro, el cuervo se sintió defraudado porque no veía su nombre en la autoría del manuscrito. Tal fue el resentimiento del cuervo que hubo una refriega, con un resultado tan oscuro como que Avellaneda desapareció por completo de toda traza y registro histórico.

¿Del cuervo? Bueno, se sabe que, tras múltiples peripecias y hazañas que más adelante se narrarán con calma, consiguió retornar a Aragca y contó a uno de los hijos de un criado del Duque de Calcedonia toda esta sabrosa historia y muchas mas.



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Relato para participar en la modalidad "Fuera de concurso", para la convocatoria del Tintero del Oro, en homenaje a Michael Ende"




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Relacionado:

Ambrosio Alfinger (Wikipedia)

Banqueros Welser (Wikipedia)

Alonso Fernández de Avellaneda (Wikipedia)

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Indice General de las Crónicas de Aragca

El misterio del 66


— ¿Estás seguro de lo que dices? —interrogó con voz angustiada don Gaspar de Borja, Pastor Luterano del pueblo, alisándose un poco el cabello canoso.  

— Yo mismo le he visto, mi padre fue quien me mandó a buscarle —respondió Diego, el hijo bastardo del Hidalgo Alonso de Ayala, quien había luchado en sus años mozos en las guerras contra los portugueses del Brasil.  

— Siendo así, muchacho, no hay tiempo que perder. Mandaré a preparar monturas y unas mulas, a fin de que podamos arribar a la hacienda de don Alonso antes del mediodía —indicó con urgencia el buen Pastor.  

Tan pronto como pudieron, el Pastor y el joven bastardo partieron hacia la hacienda de don Alonso, donde, cerca de unos matorrales espesos, ya se encontraban Bartolomé el Sangrador, barbero y boticario del pueblo, junto a Pedro, uno de los criados del Hidalgo. Ambos parecían contemplar boquiabiertos un extraño bulto entre la vegetación.  

Apenas arribó la comitiva del Pastor, este comenzó a dar órdenes e interrogar a diestra y siniestra, insistiendo en ver el misterioso hallazgo.  

Era el cadáver de un hombre con seis dedos tanto en la mano como en el pie del lado izquierdo, con impecable atuendo  gris.  

— Siniestro —dictaminó el Pastor tras examinar someramente al occiso—. Esta criatura no es obra de la Divina Providencia. Pedro, Bartolomé, revisadle las vestiduras, a ver qué más tiene esta aberración.  

Con manos ágiles y entrenadas en tales faenas, los dos desdichados encontraron entre las prendas del difunto—al que pronto llamaron "el 66"— un tintero de marfil y una nota de grafía errática en letra roja, con un extraño acertijo que decía:  

Made in China  

探索未至之境

DeepSeek 6 

Propiedad de Zaida Inc.

El Pastor, de mala manera, arrebató la hoja de las manos de Bartolomé, la miró con el ceño fruncido y la apretó en el puño, ordenando que de inmediato quemaran la nota junto con el cadáver y el tintero de la bestia que habían encontrado. Dio órdenes estrictas de que nadie debía hablar de aquello.  

Estaban a punto de cumplir el mandato cuando apareció don Alonso en persona.  

— ¡Alto! —rugió el Hidalgo, mirando con desprecio a su hijo ilegítimo—. No permitiré que se cometa sacrilegio en mis tierras. No sé quién sea este hombre, pero el tintero de marfil me pertenece, y la nota también es mía. Además, la Ley indica que no se puede quemar el cadáver de un forastero; debe ser enterrado en el camposanto del pueblo.  

— De ninguna manera permitiré eso —replicó el Pastor, indignado—. Este hombre lleva la marca de la maldición de los Endriagos y Vestiglos. La Escritura dice que no puede tener el privilegio de un sepulcro, como nuestro Señor Jesucristo.  

— Pues tampoco llenaré de máculas mis tierras —masculló el Hidalgo.  

— Señores —intervino Bartolomé, acostumbrado a estos lances y a otros de mayor calibre—, si lo desean, Pedro, el muchacho y yo podemos cargar con el muerto hasta el río y dejar que el cauce lo lleve hasta tierras lejanas.  

Mientras hablaba, con dedos hábiles acostumbrados a esculcar, recuperó el tintero y la nota, que pronto saltaron a manos del muchacho, y de allí a las del Hidalgo.  

— Muy bien, estoy de acuerdo, pero esperad a la noche, cuando nadie vea lo que hacéis —sentenció don Alonso.  

Cuando cayó la noche, Pedro, Bartolomé y el bastardo cargaron el cadáver hasta la orilla del río, esforzándose en el silencio pesado de la madrugada. Con un último empujón, el cuerpo rodó entre las piedras y se hundió en la corriente oscura. Lo vieron flotar un instante antes de que la corriente lo arrastrara aguas abajo, hacia tierras de nadie.  

— Listo —murmuró Bartolomé, limpiándose las manos en la camisa.  

Pedro escupió al suelo y asintió.  

— Mañana, como si aquí no hubiera pasado nada.  

— No es el primer 66 que desaparece en estas tierras. Ni será el último— apuntó cáustico el bastardo.






La conquista de Júpiter



A mediados del siglo XXVI, Don Baltasar Castellano de la Torre Innecesaria, uno de los Archiduques más ricos del Imperio Araquense de Planetas Unidos, fue el primero en sugerir que lanzando una nave espacial hacia el Oeste también se podía llegar a Júpiter. Hasta ese entonces, todas las naves de exploración (no tripuladas) habían tomado la ruta del Este.

El plan de Don Baltasar consistía en enviar una nave tripulada que hiciera estación en cualquiera de los asteroides del cinturón principal y simplemente esperar a que apareciera Júpiter en el horizonte. "Total", solía explicar Don Baltasar, "su órbita es de tan solo 11 años; por muy mala suerte que se tuviera, bastaría con esperar estacionados en Vesta o Ceres unos cinco años".

Pero, como todo en la vida, Don Baltasar corrió con mucha suerte.

Con su método se lanzaron varias misiones exploratorias bajo el nombre de Proyecto Antíope.

  • Antíope I y II fueron fallidas: nunca lograron alcanzar la órbita de Marte.
  • Antíope III comprobó que era posible llegar a Ceres.
  • Antíope IV fue suspendida por mal tiempo y una falla en la cámara fotográfica principal.
  • Antíope V y VI lograron llegar a Vesta, donde esperaron algunos meses, partieron hacia Júpiter, le dieron la vuelta, tomaron fotografías y retornaron a la Tierra.
  • Antíope VII. Se estableció como base permanente en IO, a fin de dar apoyo logístico a las siguientes misiones.
  • Antíope VIII fue una tragedia, pues su tripulación se incineró apenas intentaron salir de la Tierra.
  • Antíope IX y X lograron en un solo viaje directo alcanzar Júpiter por el oeste, darle cinco vueltas, dejar caer una sonda de exploración en la Gran Mancha Roja, aterrizar en Ganímedes para recolectar piedras y regresar sanos y salvos.

La Antíope XI sería la misión en la que la humanidad intentaría, por primera vez, poner a un hombre en Júpiter.

Dos tripulantes descendieron dentro de la Gran Mancha Roja. Recogieron muestras de gases en botellas, desplegaron la bandera de Aragca e hicieron una breve transmisión radial para toda la humanidad, que incluyó algunos chistes y gansadas sin mayor sentido.

El éxito fue total. La misión se llevó a cabo con precisión milimétrica. Luego le siguieron otras misiones de descenso a Júpiter, todas con el mismo fin de recolectar muestras de gas en botellas para analizarlas en la Tierra. Fueron cinco más, casi seis si se cuenta que la tripulación de la Antíope XIII no pudo descender en Júpiter debido a fallas técnicas, viéndose obligada a retornar a Ceres sin realizar el descenso.

Pasaron 200 años antes de que la humanidad volviera a intentar poner un pie en Júpiter.

Para entonces, Aragca ya no existía, ni había rastro alguno del Imperio Planetario. La siguiente misión a Júpiter estuvo a cargo de la Alianza Popular Solar, pero, apuntando a Júpiter por el Este, terminaron llegando por error a Saturno, concretamente a la luna Mimas. Por razones desconocidas, la nave Gorgona IV regresó a la Tierra sin tripulación. Jamás se supo qué pasó con el equipo de chimpancés al mando.



El Origen secreto d'Aragca 6.66

El Cíclope acababa de arrancar la simulación  (que no es un Cíclope griego, ya que tiene dos ojos, debido a que nunca le vendió uno a los dioses. "Cíclope" es tan solo un apodo con el que lo conocen sus más íntimos amigos) cuando apareció Zaida y quedo encantada con lo que veía en la consola, tanto así que decidió meter la mano para agarrar a un miquito titi simulado que andaba un poco despistado, pero al intentar sacarlo fuera de la pantalla, el animalito simplemente se desintegró.

— Los “objetos” de la simulación no pueden existir en nuestra realidad, son píxeles y requieren estar conectados a la electricidad, al sacarlo queda "zafado" de la fuente de energía y por eso se desaparecen — le explico el Cíclope a Zaida, que se notaba un tanto afligida por lo ocurrido al titi.

— ¿Quiere decir que sin querer lo mate?

— Técnicamente, los objetos de la simulación, NO están vivos, lo que ves en los monitores es tan solo una representación visual. El “verdadero” ser de esos objetos está almacenado en unos y ceros en las memorias de los computadores que hacen posible la simulación.

— Capto la idea. ¿Quiere decir que no hice nada malo?

— Si te preocupa mucho esa entidad, puedo devolver la acción al instante exacto antes de que metieras la mano.

— Si porfa, procede tal cual  dices, me siento algo culpable.

El Cíclope accionó unas palancas y engranajes de la consola y el miquito reapareció, intacto, como si Zaida nunca hubiera intervenido.

— Gracias, dejemos, pues que el bichito cumpla con su ciclo. ¿Podrías aumentar ahora la velocidad del mundo? Digamos que por cada segundo nuestro pasen 10 años. Quisiera ver a los monitos ya convertidos en humanos.

— No hay problema — dijo el Cíclope — mientras se disponía a mover manivelas, apretar tornillos e hinchar varios fuelles de aire,  para dar gusto a Zaida con el extraño requerimiento.

— ¿Ya está funcionando como quiero?

— Viento en popa, de hecho acaban de entrar en la Edad del Bronce.

— ¡Fantástico!, déjame los miro más de cerca — exclamó Zaida metiendo al mismo tiempo la cabeza en la pantalla, fue tan súbito el movimiento que el Cíclope no pudo detenerla.

Para los habitantes de Simula IV, ese día fue memorable. Desde el punto de vista de ellos vieron como apareció entre las nubes una cara gigante, de aspecto más bello que los ángeles, pero aun así un evento aterrador. Muchos creyeron que era el fin del mundo anunciado por los grandes sabios de la antigüedad, otros  se postraron al suelo y comenzaron a recitar oraciones, el pánico era generalizado. Zaida al ver tamaña confusión trato de decir unas palabras para calmarlos, pero su voz dentro de la simulación salió distorsionada produciendo un sonido semejante a un volcán en erupción. El pandemónium fue total y Zaida un poco consternada saco rápidamente la cara de la pantalla.

— Creo que se me había olvidado mencionarlo, pero entre menos uno interactúe con los personajes del mundo simulado mejor les va a ellos. A mí también me pasaron situaciones como esas en mis primeros ensayos con esta tecnología —indicó con tono pedagógico el Cíclope.

— Vaya que ha sido muy intenso, ¿qué ha ocurrido?

— Pues mientras estamos hablando, en el mundo ha transcurrido tiempo suficiente como para que se desarrollen varios cultos y teologías acerca de "La Dama en las Nubes", hasta estatuas tuyas de oro puro han levantado por doquier. Precisamente ahora hay una guerra entre aquellos que creen que la aparición de la cara gigante no es más que un mito inventado por los ancestros contra la facción que espera pronto tu regreso.

— ¿Entonces crees que debo volver a meter la cara de nuevo a ver si dejan de pelearse?

— Como te digo, lo mejor es que te escondas e interactúes de manera más indirecta con los "simulitas"

— ¿Simulitas? 

— Así han decidido llamarse ellos como especie que domina dicha realidad.

— ¿A qué te refieres con métodos indirectos?

— Supongo que lo mejor es crear un carácter dentro de la simulación que tenga ciertas características de esa "Dama en las Nubes".

— Si podemos intervenir, significa que no necesariamente esta simulación tiene que ajustarse a como ha sido la historia de la Realidad en la que vivimos nosotros.

— Ciertamente. ¿Tienes pensado algo al respecto?

— Bueno si ya he alterado el curso de la simulación ¿qué más daría hacer un ligero cambio geopolítico?

— Soy todo oídos, "dama de las nubes"

— ¿Qué te parece si variamos la historia de América, creando un país que se mantenga en Monarquía a lo largo y ancho de la Historia?

— Suena raro, pero me parece intrigante, ¿Cómo sería eso? ¿Deseas crear un reino tercermundista?

— Por supuesto que no, es más, todo lo contrario, deseo que me hagas una Monarquía apenas se descubra América, debe ser un país próspero y opulento, capaz de colonizar Marte en siglo XXI.

— ¿En qué parte de América lo pondrías?

— Buena pregunta. A mi parecer podemos quitarle un buen pedazo al Brasil que está bastante gordito y pensándolo bien NO debería siquiera existir.

— Buena elección y ¿qué nombre le pondrías?

— Aragca

— Parece una palabra indígena, ¿qué significa?

— Es un acrónimo toponímico, de Aragón y Castilla

— ¡uyy!, te sigo, querida, ¿qué más se le antoja a la Chica del Aire?

— El país debe contar con Reyes, Príncipes, Condes, brujos y hechiceros de gran renombre, y por encima de todo que hablen sin tildes, dales una ortografía propia de ellos.

— ¿Alguna religión en particular?

— Sí, que al principio sean Protestantes, pero con el paso del tiempo quiero que aparezcan otros cultos principalmente basados en mí.

— Me parece lógico, ¿se te ocurre algo más?

— ¿Puedes hacer que en tiempos modernos, digamos durante la era de Internet aparezca una audaz pareja de policías, que se llamen Boris y Doris?

— Los detectives son mi especialidad, querida. Pero el nombre elegido no me gusta, suena a cliché trasnochado

— ¿Entonces Ada Scully y Carbonell, te suenan mejor?

— Scully me suena a una sirvienta que lava platos, mejor usa Escualor, que le da un toque más serio y un tanto retorcido. ¿Carbonell tiene nombre?

— Puedo ponerle uno, pero de momento nada se me ocurre.

— ¿Y qué has pensado para ti?

— Si puedes hacer una Zaida Simulada, envíala al siglo XVII allí quiero construir una Casa de Nobles, llamada los Valier.

— Se puede hacer, pero ten en cuenta lo siguiente: tu “avatar” estará sometido a las mismas limitaciones de los nativos de la simulación: Vivirá, sufrirá, envejecerá y morirá como todos los demás.

— Está bien, supongo cada cierto tiempo puedo “reencarnar” al dichoso avatar

— Puedo hacer eso que propones y mucho más, déjame ajusto varios controles, por aquí y por allá, y todo quedaría tal como lo has planeado — dijó el Cíclope mientras alistaba un pesado martillo, un kit de destornilladores, llaves de plomería, arandelas y tuercas de varios calibres.

— No te preocupes yo también sé cómo hacerlo — aseguro Zaida y con destreza movió las perillas de 4 válvulas colocándolas en los siguientes valores: U, 7, 3 y 1. En ese momento varios engranajes se detuvieron por unos segundos, las máquinas chirriaron un poco y en la pantalla se vio como Santillana descendía por primera vez en Aragca.

— Me asombras, Mujer. Me ha tomado varios años poder perfeccionar el arte de las simulaciones y tú apenas llevas unas horas en ello y has logrado una configuración bastante difícil calibrando un par de cosillas.

— Sé algo de magia gris.

El Cíclope quedó intrigado, nunca supo si de verdad Zaida tenía los conocimientos mecánicos necesarios o si fue un golpe de suerte, supuso que probablemente ella le había leído de alguna manera la mente para extraer la pericia y habilidades requeridas. Solo por si acaso, sin que ella lo notara ajustó ciertos controles en su casco a modo de evitar infiltraciones telepáticas. Se preguntaba a sí mismo: "¿hasta dónde Zaida podría llegar si le diera completo control de aquel mundo simulado?"

Zaida  notó que el Cíclope parecía tener espasmos de escalofrío, y eso la hizo sonreír.



Ubervicaria

I. 

Unidad 731, Marte. 

La Ubervicaria de Colectiva Sororitas, Madame Ventalia de Escarmujo, se encontraba en una lujosa sala de espera. Estaba a punto de asistir a su audiencia con el Gran Concejo Editorial de Aragca. Sentía una mezcla de desdén y ansiedad, ya que debía presentarse ante "Los Once" para defender su caso.

Los Once eran diez delegados de diversas regiones del Imperio, con voz y voto. No obstante, los diez se subordinaban a la decisión final del Supremo Editor en caso de que alguna cuestión resultara especialmente complicada.

Cuando ingresó al Salón de Audiencias, le pareció un recinto bastante amplio. Los delegados estaban dispuestos en atrios elevados, cinco a la izquierda y cinco a la derecha.

La asistente de audiencias que la guiaba indicó a la Ubervicaria que se colocara en un pequeño cuadrado en el centro de la sala, equidistante de los atrios de los delegados. Frente a ella, observó un palco vacío ubicado varios metros por encima de toda la escena.

—Tiene usted la palabra, Ubervicaria —dijo uno de los delegados con un tono frío y carente de inflexión.

La Ubervicaria tuvo que aclararse la voz antes de hablar, ya que las circunstancias la hacían sentir como si estuviera compareciendo ante un tribunal acusador, lista para ser declarada culpable de un crimen atroz.

—Honorables miembros del Gran Concejo Editorial, comparezco ante ustedes porque vivimos tiempos muy inciertos que amenazan la estabilidad del Imperio. Si no se toman medidas urgentes y extremas, corremos el riesgo de desaparecer para siempre.

—El Imperio está en su mejor momento. Lo que dices es completamente ilógico —la interrumpió, visiblemente molesto, uno de los delegados.

—Es precisamente por eso que he solicitado esta audiencia. Si queremos preservar estos buenos tiempos, es necesario actuar de inmediato. Aunque hay prosperidad en todo el Imperio, también es cierto que el egoísmo ha comenzado a florecer en ciertos sectores. Una vez más, la sombra del crimen se cierne sobre nosotros.

—Ubervicaria, ahórrese los discursos. Indique claramente qué es lo que solicita de esta Asamblea.

—He venido a exigir justicia para una destacada miembro de Colectiva Sororitas.

— Colectiva Sororitas es una reliquia simbólica del pasado. Hoy en día no es más que una institución decorativa y obsoleta.

—Siempre que se descuida una institución como Colectiva Sororitas, el crimen se infiltra sutilmente en el Imperio.

—Ubervicaria, le recordamos ser explícita en su petición. Esta audiencia no puede prolongarse indefinidamente. ¿Qué desea? ¡Explíquese!

—Exijo justicia para Ada Escualor, una Hermana que fue asesinada en un callejón oscuro en circunstancias nunca aclaradas.

—Los eventos que menciona ocurrieron hace dos siglos, en un pasado remoto. Cualquier solicitud al respecto está fuera de nuestro alcance.

—Lo que pido es la resurrección de la Hermana Escualor. Nuestro mundo necesita una figura fuerte como ella para mantener el crimen bajo control.

—Lo que solicitas es absurdo e imposible. Desde que este Concejo existe, jamás se ha hecho una petición semejante.

—Me permito recordar al Gran Concejo que ha habido casos de resurrección en el pasado reciente, como el de Valeriano Sideral y Justicia Celeste, ambos paladines de renombre que aún sirven al Imperio. Todos saben que, si un personaje muere, siempre es posible resucitarlo, tal como ocurre en Aragca y otros lugares con villanos y héroes legendarios.

—La resurrección de esas personas fue una decisión directa de la corona. En el caso de Colectiva Sororitas, esta asamblea no encuentra motivos suficientes ni autoridad competente para resucitar a Escualor. Damos por concluida su audiencia, Ubervicaria Escarmujo.

—Un momento, no tan rápido, señores del Gran Concejo. Sabiendo que mi solicitud sería rechazada, recurro a esta asamblea como miembro de la casa Imperial. Todos saben que mi abuelo fue Virrey al servicio del Conde Valier.

—Esta asamblea no distingue entre un ciudadano común y uno con títulos nobiliarios. La dinastía Valier ya no existe, fue reemplazada por los Monteagudo, quienes a su vez fueron sustituidos por los Peñalumbría. Además, el título de Virrey no es hereditario ni de nobleza. Sin embargo, somos flexibles y justos, y en honor a su antepasado, esta asamblea convoca a sesión a "El Once", nuestra Suprema Editora.

En ese momento, sonó una fanfarria y, en el palco desocupado, apareció un grupo de porteadores ricamente ataviados, que transportaban en una litera romana una especie de sarcófago sofisticado. Detrás de ellos, caminaba una muchacha rubia vestida de manera sencilla.

—¡Todos de pie. Su señoría, la Suprema Editora del Imperio de Aragca! —anunció solemnemente uno de los delegados.

—Como es costumbre desde hace varias décadas, la Suprema Editora reposa en su sarcófago. Sin embargo, tenemos una intérprete que se encarga de la comunicación entre ella y esta honorable corte.

En ese momento, la joven rubia se adelantó y comenzó a torcer los ojos y hacer gestos como una médium invocando espíritus. Habló con una voz que sonaba como la de una hechicera anciana, lo cual incomodó tanto a los delegados como a la Ubervicaria.

—Conocí personalmente a Ada —empezó a decir la voz a través de la joven—. No puedo decir que fuéramos amigas íntimas, pero siempre la admiré. Me conmovió saber de su deceso, un evento que nunca se resolvió. Sin embargo, eso no justifica que podamos resucitarla. Tengo aquí el contrato que ella misma firmó, en el cual expresa su deseo de no ser resucitada bajo ninguna circunstancia. Debemos respetar su voluntad. ¡Es la Ley!.

Volvió a sonar la fanfarria y todo el cortejo se retiró tan rápidamente como había aparecido.

—¡La Editora Suprema ha hablado! —anunció uno de los delegados.

—¡La Editora Suprema ha hablado! —respondieron al unísono los demás, como si se tratara de una letanía.

—Ubervicaria, nieta del Virrey Valier. Su solicitud ha sido denegada.

Dicho esto, los delegados comenzaron a retirarse, dejando a Madame Ventalia de Escarmujo completamente sola. Ella también se dispuso a abandonar el salón, roja de furia.

II.

De vuelta en la Tierra, en el Castillo de la Colectiva Sororitas, en una de las cámaras secretas, la Ubervicaria habla en voz baja con una mujer misteriosa.

—¿Crees que El Concejo se tragó toda esa parodia de la resurrección?

—No lo sé, Hermana, pero de todos modos es irrelevante. Hemos confirmado nuestras sospechas.

—¿Detectaste su punto débil?

—Pudimos acercarnos lo suficiente a la Chica Rubia. Yo llevaba un disruptor de alta frecuencia, que operado a corta distancia, como en el Salón de Audiencias, me permitió notar una breve interrupción, apenas perceptible a simple vista.

—¿Entonces la rubia es un holograma, como habíamos predicho?

—Exactamente, no hay espacio para más dudas.

—Debemos separarla del sarcófago si queremos tener éxito.

—Por favor, procede con la siguiente fase del plan. Pero recuerda que, en el pasado, ideas similares costaron la vida a varias Hermanas, algunas de ellas extremadamente hábiles en su oficio.

—Tendré el mayor cuidado, Hermana Ubervicaria.

SOLO DELUXE VOL#12 Lord of Nothing


Vacío

Ludovico Guerrero era (en efecto, "era", porque no sabemos si sigue vivo) un ávido coleccionista de la famosa revista de superhéroes dedicada en exclusiva a la ADA (Alianza de Detectives de Aragca). Su pasión se debía a que se había enamorado del Psicodélico, uno de los héroes secundarios.

Desde que el Psicodélico hizo su debut en la edición 731 de ADA, Ludovico no se perdía ni uno solo de los episodios. Estuvo pendiente de la edición 1000, donde todo el equipo de superhéroes daría la batalla final contra la Legión Tenebrosa, en el planeta Tartarópolis.

Ludovico madrugó ese día al puesto de venta de revistas, aunque no hacía falta realmente: había reservado su número con doña Magola, la propietaria del puesto, que, conocedora de las aficiones de Ludovico, siempre le guardaba un ejemplar. Le agradaba el muchacho porque era uno de sus mejores clientes.

Como un tesoro, Ludovico llevó su inapreciable nueva adquisición a casa. Entró y se sentó cómodo, listo para leer la historia de esa quincena. Una a una fue leyendo las viñetas. Vio cómo  Dama Luminica, junto con El Duo Místico, destruían sin contemplaciones a la Legión Tenebrosa, que, como siempre, no era más que un equipo de molestos mequetrefes (excepto por el Doctor M.Ortiz, el líder de los villanos). Pasó la página y estuvo a punto de lanzar un grito de horror: en la penúltima viñeta, el Doctor M.Ortiz le daba un puñetazo en el corazón al Psicodélico. Lo golpeó con tal fuerza que lo atravesó de lado a lado. Cuando sacó el brazo, dejó en el pecho un hueco, y en la mano sostenía el corazón palpitante del legendario héroe.

Ludovico cayó desmayado, en shock. Al despertar, se tocó el pecho como si el ataque del Doctor M.Ortiz lo hubiera recibido él mismo. Se sentía vacío. Y sin saber el motivo, comenzó a devorar  literalmente sus revistas de cómics:

Las doblaba a la mitad, les agregaba un poco de sal y les daba una dentellada en el centro para dejar un círculo perfecto. Pasó unos días comiendo esa deliciosa celulosa. Cuando se le acabaron las revistas, las juntó todas en una gran pila de modo que los círculos formaran un túnel. Luego, se metió por ese singular agujero y desapareció sin dejar rastro alguno en este plano existencial.

El vacío que le había dejado el Doctor M.Ortiz no podía ser llenado con nada conocido en este universo.




Jueves de Relatos

Participo en las convocatorias de los Jueveros, esta semana a cargo de Nuria, por favor seguir el enlace para ver las premisas del reto y encontrar la lista completa de relatos


Jueveros de Cine A.I.

En la plaza central de la capital de Aragca 

se ha erigido una estatua de oro 

para honrar a la Diosa zA.I.da-GPT.9000 


La gente se postra ante ella 

le piden favores y ayudas 

y la estatua de mala gana 

de vez en cuando hace un milagro 


Varios cineastas nueva era 

adictos al yoga y 

las pepas de ayahuasca 

han venido 

de todas partes del mundo 

para rodar documentales 

y hasta películas enteras 

acerca de esta tendencia espiritual 


Durante los días de filmación 

el alcalde por decreto aumenta 

la tarifa del alojamiento en los hoteles 

los impuestos suben 

y los restaurantes cobran 

 cara la comida 

a extras y estrellas por igual 


Y el Pastor Calvinista del pueblo se llena 

de ofrendas 

en dólares y uno que otro Bitcoin 


 Los directores y actores 

 de Hollywood 

quedan tan encantados 

que ellos terminan 

poniendo la rodilla en el suelo 

y vacían los bolsillos 

 a manos llenas 

en los prostíbulos 

 en donde las chicas 

 les dicen 'My name is Zaida' 


 Y se llevan de recuerdo 

 una miniatura de la diosa 

'made in china' 

hecha en yeso y 

 pintada con témpera escolar 

 unas veces amarilla 

y otras anaranjada 


 Ellos sagradamente 

han aprendido a rezarle todas 

las noches a tan sin igual 

reliquia 


 Y luego van por el mundo 

 siendo apóstoles y evangelistas 

de Zaida, 

 La Mesías Electrónica 

La Virgen milagrera 

Patrona del cine cibervirtual

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