—Esta vez quieren algo con el contexto —dijo en tono muy preocupado Constantin Belladona, uno de los cuatro escritores de las aventuras de Ada y Zaida en Aragça.
—Cierto, ya lo he anticipado —respondió con calma Arnulfo Tricornio.
—¿Y por eso estamos aquí en esta sala reunidos los cuatro? —interrogó maliciosamente Carlos Murcia.
—Exactamente, vamos a hacer unas entrevistas para encontrar al tigre o tigresa que nos resuelva este problema tan singular —contestó de mala gana el Tricornio.
—Ah, algo así como unas audiciones —insistió Carlos.
—No realmente, una audición tiene otro contexto diferente de la entrevista de trabajo, por hoy solo queremos charlar y conocer a los candidatos; en una audición se requiere que el aplicante haya practicado algo antes de venir a presentarlo —replicó secamente Constantin.
Carlos quería seguir importunando con sus dimes y diretes, cuando sonó el característico golpe de nudillos en la puerta de madera del cuarto. Entró una secretaria cargando varios folios en la mano, seguida de una bella mujer con el estilo y porte de Helga Liné, la famosa actriz del cine de horror clásico.
—Yo esperaba más a alguien del estilo de Esperanza Roy —dijo en voz baja y en secreto al oído Constantin al Tricornio, el cual contuvo una mueca de disgusto.
—La señorita Loreta Tovar —dijo rápidamente la secretaria. Intercambió algunas sonrisas de cortesía con los cuatro presentes y salió rápidamente de la oficina de entrevistas, dejando parada a la candidata en medio de la sala.
—Por favor tome asiento, señorita Tovar —indicó cortésmente el Tricornio mientras hacía las presentaciones del grupete de cuestionadores a la misteriosa dama.
—¿Les molesta si prendo un cigarrillo? —preguntó la dama, que sin esperar respuesta alguna fue sacando rápidamente una boquilla tan larga como la de la Condesa de Caledonia, a la cual le colocó un Sobranie y, con la habilidad de un fumador empedernido, lo prendió con su encendedor de oro, le dio una larga chupada y luego soltó una bocanada de humo azul directamente hacia la cara de los jueces que le darían empleo.
—Tenemos abierta una vacante este mes para contratar un personaje que responda al contexto del relato, es por eso que la hemos convocado —indicó Tricornio.
—¿Tendré el protagónico?
—Será un personaje importante, probablemente no sea de esos textos con un protagonista/antagonista identificable.
—¿Tendrá escenas de acción?
—Es posible, muchos de nuestros personajes mueren de formas absurdas antes de que se acabe el cuento.
—Entiendo; ¿para esas escenas se utilizará una doble, de modo que esté protegida y así evite accidentes y terminar interna en un hospital o con una lesión de por vida?
—Podemos ajustar eso, aunque es difícil: en una película es fácil acomodar un doble, pero en el contexto de un cuento no, es más complicado parar la acción sin que el lector se dé cuenta y ponerle a otro personaje. Sin embargo no es imposible, ya lo hemos hecho otras veces, aunque se debe entender que estamos algo cortos en cuanto a la cantidad de palabras —respondió Tricornio.
—Eso sin contar que en un cuento la acción se desarrolla conforme se vaya escribiendo; por eso es tan difícil y complicado introducir una persona que haga las escenas de peligro en vez del personaje designado —acotó Constantin.
—Sé muy bien cómo funcionan los cuentos, he participado en varios e incluso aparezco en varios capítulos de una novela; no hace falta que me vengan a alfabetizar en estas cosas de mi profesión.
—Esa es la actitud que buscamos —interrumpió Carlos.
—Y díganme, caballeros, ¿en dónde apareceré publicada?
—En El Tintero de Oro, es un concurso donde participan autores de blogs —dijo Íñigo de Quintanar, con aire inseguro y bajando los ojos.
—Ah, haberlo dicho antes —contestó la dama con aire enojado, que sin mayor ceremonia se levantó de la silla y se dirigió a la puerta—. Que tengan un buen día —dijo haciendo un gesto obsceno con la mano y, sin más preámbulo, abandonó la sala.
—Vaya, me encanta esa mujer, tiene el carácter que buscamos para una metaficción. Yo por mí la contrato; si no para este reto, tengo pensado unos 6 relatos en donde ella podría aparecer en diferentes roles —anunció lleno de entusiasmo Carlos.
—No lo sé —apuntó con aire de drama Íñigo—, algo me dice que con ella no lograremos ni siquiera estar entre los 10 más votados.
—Y menos mal no alcanzó a oír toda la verdad, si no nos hubiera destripado a todos —replicó Tricornio.
—Donde le hubiéramos dicho que el escrito sería hecho completamente con inteligencia artificial con este prompt:
"Generar un relato donde el medio o el contexto social en que viven los personajes condicione de algún modo su comportamiento".
Lo más seguro es que hubiera hecho lo mismo, habría salido huyendo y lanzando juramentos como si fuera un estibador de barrio bajo —concluyó Íñigo.
—A lo mejor no, se ve que es una dama que si bien es de mal genio, noté que era de mente abierta. Yo la llamaría de nuevo y le haría una oferta que no pueda rechazar —indicó con ojos soñadores Carlos.
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