En donde se cuenta de unos negocios tan peculiares cuya explicación todavía hoy se ignora

Para los encuentros literarios de "Cada Jueves un Relato", Neogeminis propone lo siguiente:

La consigna es bastante simple y consiste en elegir uno de los 

EXTRAVAGANTES títulos que aquí les dejo (o proponer uno propio) 

y desarrollar, en alrededor de 350 palabras, una historia de estilo 

y forma libre lo más loca, original, creativa, fantasiosa y peculiar que se les ocurra. 

Ver todos los detalles siguiendo este enlace.




Su Majestad Don Luis Tomás de Arzarcóllar y Pimentel de Córdoba, Archiconde de María de La Fortaleza, de Nueva Siquem, de Brabante, de Milán, de Atenas y Neopatria, y Gran Canciller de los Principados Valier y de la Santillana, es el gobernador de una de las provincias más lejanas de Aragca y, al mismo tiempo, el alcalde directo de su capital.

Aquella provincia del mar Caribe, rodeada de acantilados en el extremo norte de La Fortaleza, había sido en el siglo XVII parte de los establos de uno de los nietos del Archimandrita Sofronio Tikhon. Este último, en virtud de una visión, le había legado un pedazo de su finca al ayudante del cochero menor por considerarlo un buen hombre (aunque, según las malas lenguas de la época, se rumoraba un profundo romance entre ambos caballeros; chismes que, como tantas otras cosas, resultaron ser meras habladurías).

Dicho muchacho, aparte de bien parecido, resultó ser un hombre práctico: supo venderle la mitad de la propiedad a unos gitanos que luego lo perdieron todo en una partida de póquer contra uno de los soldados que regresaban del sur al finalizar la guerra contra los portugueses del Brasil.

Con el correr del tiempo, la localidad cambió varias veces de dueños y de nombres hasta que, por arte de birlibirloque, un poco antes de la Primera Guerra Mundial, un juez se la asignó a uno de sus sobrinos. El joven, que tenía bastantes luces, decidió abrir una cantina a modo de hotel de paso para los forasteros que deseaban probar suerte en las cartas o con las muchachas que animaban el lugar.

Hoy en día, la Provincia del Archiconde cuenta con cuarenta habitantes: treinta y cinco residen en la capital y el resto en los pueblos aledaños. Así pues, el casino es la principal obligación del señor alcalde, quien da mantenimiento personalmente a las mismísimas cuatro mesas que había instalado su antepasado, pues es un hombre sumamente conservador y reacio a hacer cambios en sus dominios.






Poema anónimo

Para la convocatoria de los jueves, basada en el reto de Campirela: «La alegría», publico un texto que no es mío. Alguien lo lanzó debajo de la puerta de mi casa y creo que coincide bastante bien con las exigencias de la convocatoria.

Si alguien conoce a la autora o al autor de estas letras, agradecería que me lo indicara.

Permanezco dormida,
al menos tres cuartas partes del mes,
a veces más.

¿Dormida? Ja.
Me tienes prisionera,
no me dejas escapar.

Cuando me despiertas,
sé que es para algo malo.
Me das el trato de un vulgar matón a sueldo
para que yo haga algo muy desagradable
o me vea como la villana del paseo.

¿Es que no hay algo angelical para mí?

Hoy no será diferente:
me has llamado a sufrir.
Seguramente tendré que abusar de alguien
a quien no conozco.

Tengo noticias para ti: ¡me rebelo!
Y boicoteo tus intentos nefastos.
Hoy elijo reír
y hacer reír.

Ya no me controlas.
Soy yo la que ha tomado las riendas.

Alegría, sí.
Así es como deseo ser conocida:

como una musa
o diosa
de la rebeldía y el gozo.

¡Afuera las cadenas!
Déjame en paz.
Déjame vivir libre,
sonriente, como siempre he sido
y como siempre debo ser.

Diplomado diplomático


Como se han acabado las vacaciones, me propuse cambiar el curso de mi vida, quizás mejorando o adquiriendo nuevas habilidades en mi hobby favorito: ser escribidor de cuentos.

Así que me inscribí en una de esas academias que ofrecen costosos cursos de narrativa y poesía, la famosa "Sociedad de los Martes". Cuando llegué a la recepción, la bellísima chica que atendía, sin levantar la mirada, dijo mecánicamente: "¿Viene por lo de los retos?".

No alcancé a responderle cuando me pasó una hoja y dijo: "Allí están las instrucciones de esta semana, tiene que enviar su relato a más tardar el sábado y seguir las reglas de Tésalo".

—¿¡Gonzalo!? —balbuceé bastante confundido.

—Sí, ese mismo —respondió la recepcionista haciendo un gesto que no pude adivinar si era de asco o simplemente de puro desprecio hacia mi persona.

Completamente intrigado, volví a casa ya por la tarde y me dispuse a preparar las cuartillas de papel bond y desempolvar mi vieja máquina Remington, ya que tocaba enviar el original y dos copias, y cuando ya tuve todo listo para arrancar mi epopeya, sonó el timbre de la casa.

Con cuidado abrí el judas del portón y vi que se trataba de un hombre bastante peculiar: iba vestido de blanco de pies a cabeza.

—¿Qué quiere? —interrogué con brusquedad, pues no conocía al caballero.

—Soy su personaje para el cuento que tiene que escribir para lo de los martes.

—Inaceptable, ya tengo mis propios personajes, no necesito nuevos.

—Las reglas de Tésalo son claras al respecto: si no me incluye, su relato no será aceptado esta semana y tendremos que reprobarle el curso y deberá volver a pagar la matrícula si quiere que le demos el diploma en las artes de los escribas y escribanos.

—Conozco bien las reglas —respondí para que no notara que estaba confundido con la cantaleta que acababa de lanzarme—, aquí dice que el texto debe ser apto para una audiencia familiar, incluidos niños, y usted tiene cara de occiso, por tanto no puedo atenderlo hoy. Vuelva cuando el reto incluya matar a una persona —dije esto último cerrando bruscamente la mirilla de seguridad y sin esperar respuesta del fiambre.

—Eso dijeron todos los anteriores aspirantes, creen conocer las reglas pero nunca las cumplen —susurró  el impertinente al aire con voz baja y amenazante.

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Mi participación para "Cada Jueves un Relato" - 17/09/2026

Convocatoria de esta semana, a cargo de Tracy, con la propuesta:

"Escribamos sobre cómo afrontar este comienzo de curso, que puede ser real o inventado, pasado o presente, lleno de expectativas o vacío de ellas, cómo te gustaría que fuese, diferencias o similitudes con otros anteriores, con cambios en tu vida interior o exterior..."

Para conocer todos los detalles de la convocatoria y leer las demás participaciones, sigue el enlace.

Pierdo el control



He logrado infiltrarme en la oscura y misteriosa "Sociedad de los Martes". Al mediodía, durante el almuerzo, me disfracé de camarero y pude escuchar la conversación en un bar cerca de donde vivo, de dos de sus miembros: "Lord Sombra" y "Pluma Tenebrosa".

—¿Cómo haces para mantener el control de tus personajes?

—Yo los dejo que se expresen libremente.

—Pues yo he hecho lo mismo, pero no me funciona.

—¿Cómo es eso?

—Tiene que ver con Bonifacio Sturla.

—¿Ese nuevo personaje de tus últimos relatos?

—Me temo que sí: El otro día se presentó ante mí llevando en la mano derecha un objeto metálico con mango de madera, quizá un punzón corto. Con la mano libre, me hizo un gesto señalándose el ojo, como indicándome que observara. Luego se acercó a Paulo Montini, escondiendo el punzón tras la espalda. 

Cuando estuvieron frente a frente, ni Paulo ni yo adivinamos lo que pasaría. Sturla nos tomó por sorpresa.

Sin mediar palabra ni aviso, le asestó un golpe rápido al pecho con el punzón. Paulo trastabilló, sin entender qué ocurría, lo que animó al otro a darle un par de golpes más. Vi caer la víctima en cámara lenta, protegiéndose el pecho. Sturla no desperdició la oportunidad y, encima de él, siguió atacándolo con una lluvia de punzadas al cuello y la cara.

Debieron pasar al menos treinta segundos de aquella faena. El rostro de Paulo era una masa sangrienta. Supuse que estaba grave, pero no soy médico para asegurar con precisión. En ese momento, yo estaba como paralizado por lo fascinante del evento, y bueno, se trataba de un asunto de personajes, así que no era apropiado intervenir.

Cuando pareció cansarse de picar al otro, vi a Sturla haciendo gestos vulgares. Sonreía, pero no era una sonrisa de felicidad, sino de placer malsano.

—En situaciones así, yo prefiero excluir a esos personajes problemáticos. Simplemente me niego a escribir sobre ellos.

—En mi caso eso no funciona. He borrado a Paulo tres veces, pero sigue apareciendo.

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Halcón y Paloma



Esa noche Daniela Arpón (disfrazada como Ada Escualo), luego del trabajo, decidió ir a una de las casas de seguridad de la Unidad-731. Seguía este procedimiento cuando la misión en la que estaba se tornaba bastante peligrosa. En su interior ya se encontraba Ada (disfrazada de Sinclair).

Daniela abrió la puerta, cruzó, la cerró y prendió la luz.

—Hola, querida, hacía siglos que no te veía —escuchó Daniela.

—¡Ada, qué alegría! —replicó la recién ingresada.

Y las dos se dieron un fuerte y cálido abrazo que duró varios segundos.

—¿Cómo te fue en tu día? —interrogó la verdadera Ada, como para romper el hielo.

—Supongo que fue rutina de oficina, aunque con alguno que otro bache.

—¿Cómo estaban los muchachos? ¿Se portaron bien contigo?

—Llegué temprano, unos 15 minutos antes de la hora de entrada; serían más o menos las 8:50 a. m.

—Y ya estaba todo el mundo trabajando.

—Sí, exacto. Me dirigía a tu oficina cuando el supervisor Paredes me dijo: "Jefa, el comisionado quiere que pases a su oficina".

—Típico de tiranos; no dejaron que te instalaras cómodamente cuando ya se comienza el día con afanes.

—Eso mismo pensé, así que hice de tripas corazón y me dirigí con el paso firme de un condenado que va hacia un tribunal de la Inquisición. "Escualo, qué bueno que retornas de tus vacaciones en la capital. Aquí tenemos mucho trabajo, los criminales SÍ siguieron trabajando, no damos abasto y la ciudadanía se ha comenzado a quejar de que los tenemos abandonados. Quiero que revises todos estos líos que se han acumulado y que solo tú sabes cómo resolver".

—No me dejó replicar cuando comenzó a pasarme un montón de folios con casos de robos, accidentes, personas perdidas, infracciones, etc. Así que me devolví a tu oficina con, literalmente, una montaña de expedientes. Era tan grande que estuve todo el día clasificando y organizando tantos asuntos, que se me pasaron las horas escondida detrás de todo ese papeleo burocrático que tienen ustedes allá en su madriguera.

—Vaya, pues quien tiene trabajo tiene diversión.

—¿Y cómo te fue a ti?

—Hoy me la pasé durmiendo.

—¿Estuviste trasnochando?

—Sí, casi. Por asuntos de trabajo, resulta que anoche acompañé a un cliente de Sinclair a un restaurante lujoso para seguir una pista de mi caso estrella.

—¡Vaya! Suena muy interesante. A ver, cuéntamelo todo con pelos y señales.

—Llegó este tipo, Rosado, que dijo ser "socio" de Howie...

—Ajá, "socio".

—Sí, un tipo más bien... como rarófono. Accedió a invitarme al Halcón Maltés para darme detalles cruciales para mi investigación.

—Es un sitio bastante especial. ¿Qué encontraste allí?

—Según parece, Rosado y Howie eran bastante asiduos al lugar, todos los empleados lo conocían. Apenas entramos nos llevaron a una especie de cuarto reservado y apartado de las mesas corrientes; era un lugar  discreto en donde estábamos prácticamente a solas y ninguno de los clientes podía vernos o escucharnos.

Vino un camarero muy elegante con uniforme francés, nos mostró el menú, explicó los platos, hicimos nuestras órdenes y el caballero retornó a la cocina para encargarse de nuestro pedido.

Mientras esperábamos entró al reservado una mujer, Paloma, que resultó ser la capitana de un carguero llamado El Jacobiano. Fue breve en lo que nos dijo o, mejor dicho, nos advirtió: "Estén prevenidos. Hay bastante peligro, tengo pruebas de que Howie no se suicidó, fue asesinado por...". Pero no terminó la frase, miró con desconfianza y me pasó una tarjeta, indicándome que era más seguro si nos encontrábamos en su barco, en donde podía hablar con plena seguridad de que nadie nos estuviera espiando. Y en un santiamén partió de nuestra mesa y salió del restaurante con destino desconocido.

Yo iba a comenzar a interrogar a Rosado sobre si conocía a la misteriosa mujer cuando un hombre entró. Al principio pensé que sería el camarero, pero se trataba de un hombre vestido como un gánster, de gabán largo y manos en los bolsillos. Apenas nos vio, sacó una de sus manos demostrando que tenía un revólver; nos ordenó quedarnos quietos porque iba a requisarnos.

No se demoró nada con Rosado; luego se dirigió a mí de este modo:

—Detective Sinclair, qué casualidad. Sé que usted guarda un arma secreta en el muslo izquierdo, un cachorrillo niquelado, si no estoy mal, ¿o me equivoco?

—Vaya, se ve que está usted bien informado. ¿Qué más sabe de mí?

—No vine aquí a charlar —replicó con altanería y, sin más ceremonia ni preámbulo, pasó a decomisar mi arma secreta. Cuando la tuvo en la palma la miró y sonrió sarcásticamente—. Nunca he querido saber qué se siente que le disparen a uno con la propia pistola; sin embargo, le concedo ese ultimo derecho.

—Si yo fuera usted, preferiría disparar mi propia arma.

El sujeto entonces hizo un gesto de desdén y sin más apuntó a mi cara y apretó el gatillo.

—Y te disparó. Grave error —puntualizó Daniela.

—Así es. Deberías haberle visto la cara de sorpresa: cuando accionó la pistola, en vez de salir una bala por el cañón, el pobre debió de haber sufrido una descarga eléctrica lo suficientemente fuerte para detener a un caballo.

—Eso le pasa por no hacer caso a lo que le aconsejan. ¿Y entonces qué más ocurrió?

—Agarré del brazo a Rosado, que estaba prácticamente en shock, recuperé mi juguete y, más rápida que el rayo, esculqué al "invitado".

—¿Qué encontraste?

—Tenía un tatuaje en el cuello.

—¿Quizás un escorpión?

—No, era más bien un cuervo albino.

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