Cuatro escritores conocidos como "los jinetes del apocalipsis" se encontraban haciendo entrevistas de trabajo a diferentes personajes para el papel antagonista del cuento de la siguiente semana, cuando comenzó a escucharse un sonido muy particular: En el pasillo anexo a la sala de reuniones en donde ellos se encontraban, sonaba el clásico click/clack intimidatorio que producen unas botas claveteadas.
—¿Llegó la Gestapo? —soltó con voz ahogada por el pánico Carlos Murcia.
—Mucho peor —replicó casi al instante el Tricornio—, ese es el repiqueteo metálico de los pasos de la Detective Doris.
Al escuchar ese nombre, la banda de los cuatro guardó silencio, como esperando a que el infame sonido que escuchaban se fuera alejando.
Vanas fueron sus expectativas: el sonido crecía en intensidad y solo paró cuando se abrió de par en par la puerta de la salita en donde se encontraban reunidos. Le bastó un solo golpe de mano a la detective para lograr ese efecto.
—Me he enterado de que están entrevistando villanas —pronunció severamente la recién llegada.
—Es correcto, es para un reto literario —indicó Constantín con una voz casi inaudible.
—Me parece totalmente desacertado. Si siguen creando personajes y situaciones, nunca van a dar conclusión a los libros abiertos hasta el momento.
—Lo que dices es verdad, Detective. Precisamente la villana serviría para enlazar de una buena vez cada una de esas tramas que hay sueltas por aquí y por allá, y además ayudaría a resolver el nudo del caso de los Jueces del Reality.
—¡Ajá, lo sabía! Entonces el nuevo personal iría a parar a las aventuras de Carbonell.
—En realidad, a las aventuras de Ada y Carbonell —contestó Murcia, desviando un poco la mirada al techo.
—No lo veo conveniente, ya hay muchos malos en ese libro. Está el Payaso y la Maventi-Gumi, ¿para qué agregar otros y así alargar y alargar las aventuras sin ir a ningún lado concreto?
—Pues allí está el meollo del asunto —anunció triunfantemente el Tricornio—. Precisamente queremos ofrecerte esa plaza tan importante: revelaríamos al público lector que TÚ eras el Payaso, que te disfrazaste únicamente para crear un crimen y así investigar algo, como unos detectives psicópatas dándose trabajos y misterios a resolver, por puro ocio.
—¿Yo psicópata? Ah, eso sí que no me gusta. Más bien aquí se nota que lo que hay es unos escritores absolutamente depravados a los que les gusta complicar y ofuscar las tramas y argumentos de textos que deberían ser claros y lógicos. Para ser sincera, todo esto me cansa y frustra. Se supone que junto a Boris tendríamos que ser los héroes de las historias de Aragca y ahora me proponen caer en el bando equivocado, manchando mi nombre y reputación.
—Tienes razón, pero no ocurrió así, porque Boris y Doris ya son nombres muy conocidos en la industria. Realmente no sirven mucho por el tema de derechos de autor, por eso decidimos más bien ir con otros personajes como los protagonistas centrales. Además, recuerda que la primera aparición en Aragca de esa célebre pareja correspondió al debut de unos espías bastante malvados. Ya en Ada y Carbonell, los tomamos como mero background para darle cierto ambiente neoyorquino al asunto.
—Doblemente mal. No era necesario crearse una Ada de la nada, podrían haber reorientado mi personaje y el de Boris para resolver el tema de los Jueces del Reality contra el Payaso.
—¿Sabes? Tienes razón —admitió Íñigo, y agregó—: Te proponemos lo siguiente: nuevos nombres para tu personaje y tu pareja, de ahora en adelante ustedes dos serán conocidos como ¡Rufo y Rufiana!
—No me gusta.
—Diremos que el poderoso Mago Arcaláus de Gaula pronunció un hechizo tan poderoso que borró de la realidad sus nombres y reescribió toda la historia con los que te proponemos —continuó como en un paroxismo insano Íñigo.
—Ya dije que no me gusta.
—Es que no has escuchado la parte más interesante: tu personaje, Rufiana, será relacionada con la nobleza, tendrá un pasado que se remontará a la época del mismísimo Vil Valier —contrapunteó Íñigo.
—¿Relacionada con la nobleza?
—Exactamente, serás conocida como Rufiana Rivaluso —intervino abriendo los ojos de par en par el Tricornio—. Los Rivaluso serán una casa de comendadores asociados con los descendientes de Vil Valier, bastante hábiles e inteligentes, con sangre pura de Aragca y algo de sangre de los portugueses del Brasil.
—Me suena, me suena... pero para nada me vestiré de payaso.
—No importa, si te gusta el cambio de nombres, dejemos que el payaso sea un personaje aparte —ofreció Murcia.
—Hagan como quieran, lo único que deseo es que "Rufo y Rufiana" tengan visibilidad en las historias.
—Y la tendrán, de hecho pensamos darle su propio Rufoverso. Bueno, eso sí, dependiendo de las ventas que logren bajo esas nuevas identidades —aseguró Tricornio mientras hacía unos cálculos en una aplicación de su celular.
—Ok, no me parece malo: nuevo nombre, pasado nobiliario y un libro en donde yo seré el centro de todo no está nada mal.
—Incluso podrás seguir teniendo tu actual apariencia de pelinegra, fuerte y atlética —remató Murcia.
—¿Cuándo ocurrirá mi cambiazo?
—Opera de inmediato —respondieron al unísono los cuatro caballeros.
Ver: Loreta Tovar


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