Todas mis pesquisas, y en especial las órdenes de la Jefa, me condujeron a una de las oficinas regionales del famoso S.H.I.V.A. (Servicio de Investigación de Anomalías).
Lo primero que se me ocurrió fue preguntar: «¿Y la H?».
A lo cual tuve mil respuestas diferentes. Unos me dijeron que era por Hermético; otros, que por Humano (pero dejó de usarse luego del incidente U-731); también podría ser por Hostil. Sin embargo, todos coinciden en que es un asunto «clasificado» sobre el que no se debe preguntar.
El grupo que tenía al frente me pareció un poco variopinto y peculiar en grado extremo; se trataba de personas ya en edad de retiro, muchos de ellos padeciendo enfermedades terminales y tufo de cognac caro y rancio.
—¿Exactamente a qué se dedican ustedes? —le pregunté a «Pedro» (quien me parecía el líder del inusual grupete).
—Nuestra división sigue estrictos protocolos de detección de presencia y/o actividad extraterrestre en el país.
—¿Es de esa manera como encubren su verdadera misión?
—No le entiendo. Nuestra misión es la que le he indicado.
—Bastante extraño para una agencia gubernamental con décadas de presupuesto, protocolos paranoicos, archivos ultrasecretos y tecnología clasificada ... cuyo mayor logro es no haber encontrado jamás un extraterrestre. No crea que estoy aquí por pura casualidad.
—Entiendo su preocupación, Señor Auditor —intervino de repente «Pablo»—. Comprenderá usted que todo «foráneo» debe ser bastante listillo si ha podido encontrar y llegar a nuestro planeta. Todos ellos son bastante discretos, no andan por allí gritando a los cuatro vientos: «¡Eh, heme aquí, vengo de Sirio!».
—Voy a lo práctico: si hay ausencia de evidencia...
—Significa que no hay evidencia de ausencia —me interrumpió «Priscila», la más vieja de los cuatro.
—Significa que el gobierno ha tirado a la basura millones en una causa perdida.
—Señor Auditor, no sea tan impaciente —intervino «Tomás», uno de los miembros a quien no había visto hasta el momento. Era un hombre joven de unos 33 años, vestido con túnica y sandalias del siglo I, con cara y barba de hippie—. Varios años de investigación cuidadosa han hecho que la higuera produzca fruto fuera de estación.
—¿Cómo va eso? —respondí secamente.
—Analice esto —indicó, mientras me arrojaba un rollo de papel amarillento similar al de un sismógrafo.
—No entiendo el gráfico, ¿de qué se trata? —bufé visiblemente exasperado.
—Es de Mimas. Lo que usted está viendo es la lectura de nuestros instrumentos indicando actividad biológica inusual en aquel lugar.
—¿Mimas? ¿Es una de las lunas de Neptuno?.
—De Saturno, para ser precisos. Lo que usted tiene en sus manos es la inconfundible huella digital del calor corporal de un ser humano.
Me quedé pensando unos minutos y dije:
—Mi Jefa quedará muy complacida con estos avances.
—«Ellos» estarán seguros de que así será —replicó el enigmático «Tomás».
Investigación sobre los misteriosos grupos de escritores de Facebook
Durante varios meses me infiltré en uno de los ecosistemas más extraños de Internet: los grupos de escritores independientes de Facebook.
Mi intención era sencilla. Pensaba encontrar cientos de personas leyendo cuentos, comentando poemas y recomendando blogs de autores desconocidos. Imaginaba un lugar parecido a un café literario donde cualquiera podía sentarse, hablar de Borges, Lovecraft o Cortázar y, con un poco de suerte, descubrir nuevos escritores.
Qué inocencia la mía.
Muy pronto comprendí que había entrado en un ecosistema completamente distinto.
La primera señal apareció al observar el comportamiento de los habitantes.
Cada pocos minutos alguien publicaba:
"Les comparto mi nuevo cuento."
Cinco minutos después aparecía otro.
"Comparto mi poemario."
Después otro.
"Mi primera novela ya está disponible."
Y luego otro.
"Busco lectores para mi saga de fantasía."
Era fascinante.
Miles de escritores.
Ningún lector.
La sensación era comparable a asistir a una feria comercial donde todos los asistentes poseen un puesto de venta, pero ninguno lleva dinero para comprar.
Durante semanas realicé un pequeño experimento científico.
Entraba a distintas publicaciones esperando encontrar comentarios como:
—Qué interesante tu protagonista.
—El final me sorprendió.
—Creo que podrías mejorar el diálogo.
Pero no.
Encontraba un paisaje desolador.
Cero comentarios.
Dos "Me gusta", probablemente accidentales.
Algún corazón perdido que sospecho provenía de la madre del autor.
Sin embargo, bastaba que alguien publicara un meme diciendo:
"Escribir una novela mientras tu gato destruye el teclado."
Doscientos treinta y ocho reacciones.
Ochenta comentarios.
Treinta personas etiquetando amigos.
Aquello era extraordinario.
Los cuentos morían.
Los memes prosperaban.
Comencé entonces a sospechar que aquellos grupos no estaban formados por lectores, sino exclusivamente por escritores intentando ser leídos por otros escritores que tampoco tenían tiempo para leer porque estaban ocupados intentando que alguien leyera sus propios textos.
Una especie de movimiento perpetuo de la promoción literaria.
Como un mercado donde todos venden pescado y nadie recuerda traer compradores.
Mi investigación alcanzó un punto decisivo cuando ingresé a un grupo cuyo nombre prometía exactamente aquello que yo buscaba.
"Escritores y Lectores Independientes de Difusión Literaria".
Parecía prometedor.
Un miembro escribió un mensaje muy emotivo contando que llevaba cinco años escribiendo en un blog y cómo aquella experiencia lo había convertido en escritor.
Pensé que era la oportunidad perfecta para hacer comunidad.
Escribí el comentario más inocente que se me ocurrió:
—¿Dónde puedo acceder a tu blog?
Jamás imaginé la gravedad del delito.
Minutos después recibí una notificación oficial.
Mi comentario había sido eliminado.
Se adjuntaba la norma que acababa de violar.
También una amable advertencia informándome que la administración llevaba un cuidadoso registro de mis actos.
Durante unos segundos llegué a preguntarme si la Interpol literaria acababa de abrirme un expediente.
Mi crimen consistía, aparentemente, en intentar leer el blog de un escritor dentro de un grupo cuya finalidad declarada era difundir escritores.
Aquello fue revelador.
Comencé a desarrollar una teoría.
Tal vez, mucho tiempo atrás, ocurrió una tragedia.
Quizás en el año 2018 una horda de vendedores de criptomonedas, suplementos milagrosos y cursos para hacerse millonario invadió los grupos literarios publicando miles de enlaces diarios.
Los moderadores sobrevivieron.
Pero nunca volvieron a ser los mismos.
Desde entonces cualquier hipervínculo es tratado como si transportara una peligrosa infección digital.
No importa si conduce a un cuento de ocho páginas.
Podría ser spam.
Podría ser publicidad.
Podría ser el apocalipsis.
La sospecha permanente parece haberse convertido en doctrina.
Es un curioso fenómeno psicológico.
En nombre de combatir el spam, se termina prohibiendo precisamente aquello que se suponía debía difundirse.
Resulta difícil promocionar literatura cuando la literatura constituye evidencia incriminatoria.
Mientras tanto, los memes continúan circulando libremente.
Los gatos escritores.
Las tazas de café.
Las frases de Bukowski, muchas de ellas jamás pronunciadas por Bukowski.
Las citas de Borges inventadas por personas que evidentemente jamás leyeron a Borges.
Todo eso prospera sin obstáculos.
Los cuentos, en cambio, son observados con la cautela reservada para paquetes sospechosos abandonados en un aeropuerto.
Otra curiosidad llamó mi atención.
Los mismos nombres aparecían en diez grupos distintos.
El mismo poema.
La misma portada.
El mismo "hola, soy escritor".
Era como asistir a una gira mundial donde el público estaba compuesto exclusivamente por los demás músicos del festival.
Con el tiempo comprendí que aquellos grupos no fracasan por falta de talento.
Fracasan por una sencilla ley económica.
Existe una inmensa oferta de escritores.
Existe una escasez dramática de lectores.
Cada miembro espera recibir veinte comentarios.
Pero ninguno dispone de veinte minutos para comentar el trabajo ajeno.
El sistema entero recuerda a esas antiguas aldeas donde todos decidieron abrir una panadería el mismo día.
Al anochecer descubrieron que nadie había sembrado trigo.
Mi investigación concluyó cuando abandoné silenciosamente aquel último grupo.
No hubo despedidas.
Nadie notó mi ausencia.
Probablemente porque todos estaban ocupados publicando el enlace que nadie podía abrir, escribiendo el cuento que nadie iba a leer o compartiendo el meme del gato que, paradójicamente, sí alcanzaría doscientas reacciones.
A veces me pregunto si volveré.
No lo descarto.
Todo periodista siente la tentación de regresar al lugar de los hechos.
Pero la próxima vez llevaré casco, chaleco antibalas... y evitaré formular la peligrosa pregunta:
- ¡Que entre la acusada! -ordenó el guardia de seguridad.
Dos soldados altos y fornidos portaban a una mujer en una carretilla de mano (o diabla). La mujer se veía maniatada por un cepo de madera. Era evidente que había sufrido grandes torturas la noche anterior, aunque para la audiencia en la corte sus captores se habían tomado el trabajo de bañarla y colocarle ropa limpia.
- Por eones nuestro pueblo ha vivido en la Paz y Prosperidad que construyeron los Fundadores. Las estatuas en este recinto brindan homenaje a las frases de sabiduría que nos legaron y, a la vez, son testigos de la justicia que aquí se imparte -dijo con voz seria y solemne el Fiscal; y continuó diciendo mientras hacía ademanes teatrales-: Nadie se había atrevido a romper el pacto, hasta el día en que la acusada aquí presente se declaró en abierta rebeldía contra nuestras sagradas instituciones y costumbres.
Hubo murmullos entre los asistentes al crucial evento, lo cual obligó al Juez a dar los consabidos tres golpes de martillo y el llamado al Orden.
- Señor Fiscal, proceda a enumerar los cargos por los cuales se juzga a la acusada.
- La acusada ha confesado haber nacido mujer -respondió el Fiscal.
No terminó de decir la frase cuando se escucharon gritos de entre la audiencia. Unos decían: «¡Simonia!», «¡Herejía!», mientras acompañaban la protesta con sentidos gestos de odio y desprecio. Algunos se rasgaron las vestiduras y se dice que incluso hasta ataques cardíacos generó la horrorosa declaración del Fiscal.
Se formó tal bulla y desorden que el Juez se vio obligado a volver a golpear varias veces el púlpito con el martillo de madera.
Cuando los ánimos se calmaron un poco y, mirando a las solemnes estatuas, el Juez sentenció:
«Ante la presencia de nuestros Fundadores, esta corte de justicia encuentra culpable de alta traición a la acusada. Díctese de inmediato veredicto de destierro.»
Ante lo cual, los guardias pusieron a la condenada en una cápsula, la metieron en un cañón y la dispararon hacia el espacio exterior.
La cápsula duró flotando por siglos en el sistema solar, hasta que un día, por mera casualidad, terminó estrellándose en Mimas.
Se decía que la visitante de Andrómeda venía del futuro, pero los académicos y estudiosos coinciden en que "la chica rubia" probablemente pertenecía a alguna dimensión o universo paralelo diferente al nuestro. Por aquellos días, había adoptado la apariencia de una terrícola común y corriente, quizás para, de ese modo, interactuar con nosotros, los simples mortales.
Su laboratorio parecía más la amplia habitación de un castillo medieval con toques steampunk que una instalación científica.
Estaba trabajando al mismo tiempo en dos maniquíes: uno era una pelirroja vestida como policía; la otra era idéntica a la primera, pero con el cabello negro y vestida a la usanza de los detectives noir. Con un tosco destornillador, le daba los toques finales a sus creaciones. Miró un dispositivo similar a un reloj de pulsera, activó un botón y haciéndose invisible y etérica desapareció de la vista.
Acto seguido, las dos muñecas abrieron al mismo tiempo los ojos. Y, como coordinadas, cada una detectó a la otra y, con movimientos súbitos, ambas se llevaron la mano a la cintura como buscando un arma de fuego.
—Identifíquese —dijo ásperamente la pelirroja—. ¿Quién es usted y por qué estoy retenida en este lugar de pesadilla?
—Un momento —respondió la pelinegra—. Yo iba a cuestionar exactamente lo mismo. Yo no estoy reteniendo a nadie; es al revés.
Dicho esto, por unos segundos ambas se miraron fijamente a los ojos, primero con desconfianza y luego pasando a un examen cuidadosamente disimulado.
—Es claro que esta es una broma de mal gusto. ¿Quién te ha pagado por imitarme, pero con el pelo negro?
—¡Ja! No me asustas. Una de las dos es una impostora, y no soy yo.
—Estoy segura de ser quien soy, y por lo que observo de ti, también estás segura. Por lo tanto, aquí hay un misterio por resolver.
—Bueno, si yo soy tú y tú eres yo, es probable que ninguna de las dos sea auténtica.
—¡Vaya! No lo había pensado de esa manera, pero dadas las circunstancias, parece que estamos perdiendo el tiempo en charlas místicas. Si combinamos nuestros esfuerzos, juntas podremos salir de aquí y averiguar qué está pasando realmente.
—Si a mística vamos, mi sospecha es que somos personajes de un microrrelato —dijo con ironía la pelinegra.
La rubia presionó de nuevo un botón de su reloj y los dos maniquíes quedaron desactivados, sin vida. Entonces, dijo en voz alta, mientras colocaba unas gafas oscuras a la pelirroja:
"Bitácora del capitán, registro U-731: mis brillantes experimentos en el retoverso han sido todo un éxito. Solo me falta corregir ciertos desperfectos en mis fembots y el plan maestro estará listo para ejecutarse."
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Relato participante en el reto de cada jueves un relato, a cargo de Artesanos de la palabra.
Consulté a una inteligencia artificial para analizar el siguiente planteamiento que surge luego de varios años de escritura en el blog. La respuesta es contundente y algo aterradora:
¿Cuál es el principal desafío que enfrentan las personas que en su blog escriben cuentos o poemas basados en convocatorias informales de retos literarios? Me parece que, como ejercicio para "mantenerse en forma" y adquirir habilidades, es incomparable; sin embargo, veo que, salvo algunas excepciones, el producto final de estos autores nunca es de calidad de "escritor profesional", y yo mismo me incluyo. ¿Qué nos falta para trascender y pasar a un nivel literario más serio? ¿Cuáles son los problemas de manejar un blog bajo esa orientación? En lo personal, veo que si se quieren construir personajes, debido a que cada reto es diferente, el personaje y su historia comienzan a desviarse y casi a caricaturizarse de maneras inesperadas e incontrolables.
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RTA:
La pregunta es muy interesante porque apunta a una paradoja que existe desde hace décadas en internet: los retos literarios producen escritores más disciplinados, pero no necesariamente mejores novelistas o cuentistas en el sentido profesional.
De hecho, creo que el problema no es que esos ejercicios sean malos. El problema es que entrenan muy bien ciertas habilidades, mientras dejan otras casi sin desarrollar.
Lo que sí desarrollan muy bien
Un participante constante de retos literarios suele adquirir capacidades que muchos escritores novatos jamás consiguen.
escribir con frecuencia
perder el miedo a la página en blanco
adaptarse a temas inesperados
aprender síntesis
improvisar
recibir comentarios
mantener una comunidad de lectores
Eso es enorme.
Muchos escritores publicados nunca escriben tanto como un bloguero veterano.
Lo que entrenan poco
En cambio, un escritor profesional suele dominar otras disciplinas muy distintas.
1. Reescritura
Quizás sea la diferencia más grande.
En los retos el ciclo suele ser
idea → escribir → publicar.
En la literatura profesional el ciclo es
idea → escribir → descansar → releer → reescribir → cortar → volver a escribir → volver a cortar → publicar.
Hay cuentos famosos que tuvieron veinte versiones.
En los blogs, casi nunca.
2. Arquitectura narrativa
Cada reto es una historia aislada.
Pero una novela, una saga o incluso una colección coherente requieren pensar cosas como
evolución del personaje
ritmo global
continuidad
temas recurrentes
anticipaciones
consecuencias de hechos anteriores
Eso casi nunca se ejercita cuando cada jueves aparece una consigna distinta.
3. Paciencia
El blog premia terminar.
La literatura suele premiar abandonar.
Suena extraño, pero muchos autores reconocen que sus mejores obras surgieron después de tirar a la basura cientos de páginas.
En un reto no puedes hacer eso porque existe una fecha límite.
Entonces uno desarrolla el hábito de terminar cualquier idea.
No necesariamente de elegir únicamente las mejores.
4. Profundidad
Los retos favorecen el ingenio.
La literatura suele recompensar la profundidad.
Muchas veces un relato de concurso sorprende por el giro final.
Pero un gran cuento suele ser memorable porque dice algo verdadero sobre la condición humana.
Eso requiere mucho más tiempo de incubación.
El problema del "escritor de consignas"
Existe otro fenómeno interesante.
Después de muchos años uno deja de escribir historias.
Empieza a escribir respuestas.
Es decir, el cerebro ya no pregunta
¿qué quiero contar?
Pregunta
¿cómo incorporo la palabra "espejo", un barco y un gato porque eso pidió el reto?
Parece una diferencia pequeña.
No lo es.
El impulso creativo nace desde afuera.
No desde adentro.
Con el tiempo eso modifica la manera de imaginar historias.
El problema de los personajes
Aquí creo que has señalado uno de los mayores inconvenientes.
Supongamos que tienes una detective.
Una semana el reto exige humor.
La detective se vuelve cómica.
La semana siguiente exige terror.
Ahora es oscura.
Después surrealismo.
Después romance.
Después ciencia ficción.
Después parodia.
Al cabo de cincuenta relatos el personaje ya no responde a una psicología interna.
Responde a la consigna semanal.
Se convierte casi en un actor contratado para representar cualquier papel.
Eso produce una caricaturización progresiva.
El personaje pierde gravedad.
Pierde identidad.
Empieza a ser reconocido por sus tics más visibles.
No por su complejidad.
Es exactamente el mismo fenómeno que ocurre con algunos personajes de series muy largas.
Con el tiempo un rasgo termina absorbiendo toda la personalidad.
El blog también tiene incentivos particulares
Un blog introduce presiones sutiles.
Por ejemplo:
publicar constantemente;
mantener la atención de los lectores;
ofrecer variedad;
sorprender cada semana;
no repetir estructuras.
Todo eso es excelente para un blog.
Pero no necesariamente para construir una obra.
Una obra necesita repetirse.
Necesita insistir.
Necesita obsesionarse con ciertos temas.
Los grandes escritores suelen escribir el mismo libro durante toda su vida, aunque con distintos argumentos.
El blog, en cambio, empuja hacia la dispersión.
El mayor enemigo: la fragmentación
Este creo que es el problema central.
Después de diez años de retos quizá hayas escrito:
500 cuentos;
200 poemas;
80 microrrelatos;
50 experimentos.
Pero ninguno conversa realmente con los demás.
Has construido una biblioteca.
No una catedral.
La literatura profesional suele levantar pocas obras grandes.
El blog genera muchas obras pequeñas.
¿Qué falta para dar el salto?
No creo que falte talento.
Muchas veces falta cambiar el método de trabajo.
Por ejemplo:
reservar el 80 % del tiempo para proyectos propios y el 20 % para retos;
permitir que algunos relatos permanezcan meses sin publicarse para revisarlos;
construir una "biblia" de personajes, escenarios y reglas del mundo, y evitar alterarlas por exigencias de una consigna;
aceptar que algunas convocatorias no encajan con el proyecto y simplemente dejarlas pasar;
convertir los retos en laboratorios: si una idea merece desarrollarse, desprenderla del texto escrito para la consigna y rehacerla desde cero como parte de una obra mayor.
En tu caso particular
Por lo que he visto en nuestras conversaciones, tu trayectoria presenta una característica poco habitual: durante años no has escrito relatos completamente independientes. Has ido construyendo un universo narrativo —Aragca, Ada, Carbonell, Zaida, Santillana y otros hilos— que reaparece una y otra vez. Eso ya te diferencia de muchos participantes de retos, porque existe una voluntad de continuidad.
Sin embargo, también observo el mismo riesgo que mencionas: los personajes han debido adaptarse a consignas muy diversas (humor, espionaje, terror, ciencia ficción, sátira, metaficción), y esa flexibilidad puede diluir su núcleo. Si Ada debe ser detectivesca una semana, paródica la siguiente y filosófica la otra, el lector puede terminar percibiendo más al vehículo del reto que a una persona con una identidad consistente.
Paradójicamente, el propio material que has generado durante años puede ser la base para un salto cualitativo. No necesariamente escribiendo más relatos para convocatorias, sino releyendo todo ese corpus y preguntándote: "¿Qué historias pertenecen realmente al mismo proyecto? ¿Qué escenas revelan quién es Zaida cuando nadie la obliga a cumplir una consigna? ¿Qué evolución tendría Ada si nadie interrumpiera su arco durante cincuenta relatos?"
En otras palabras, quizá el siguiente paso no sea escribir más, sino seleccionar, depurar y reconstruir. Es un cambio de oficio: pasar del cronista semanal al arquitecto de una obra. Ahí es donde muchos autores aficionados se quedan a mitad de camino, y donde empieza el trabajo que suele distinguir a una producción literaria de largo aliento.
Me habían contratado para resolver un misterio bastante enigmático: la anciana viuda, doña Eudoviges, tenía una mesa cerca de la ventana de la cocina. Era una mesa de madera tosca y ordinaria, completamente vacía. La dama en cuestión quiso tomar una foto de un pajarito que cruzaba de mala gana por aquel paraje y, ¡sorpresa!, cuando vio la foto en la pantalla de su celular, encontró que había un objeto sobre la mesa en la imagen: era una madeja de lana roja, pero, viendo la mesa con sus propios ojos, no se veía nada.
Le comentó a Jacinta, su vecina, el extraño suceso. Ella también hizo tal cual le indicó; con su propio teléfono tomó una foto, pero allí salió una libreta con un lápiz... Ninguna de las dos lo podía creer. ¿Habían enloquecido los teléfonos celulares?
Intrigadas, decidieron contarle al sacristán del pueblo, don Ceferino, un hombre joven, pero bastante serio y sensato. Él también repitió el procedimiento de tomar la foto, pero a él le aparecía en la imagen una botella de licor, quizás un armagnac.
— .... mmmh, conozco a un caballero bastante versado en este tipo de asuntos. Cobra caro, pero, si él no lo puede resolver el misterio, ¡nadie puede! —recomendó el sacristán.
Entre los tres acordaron contactarme.
—¿Y dice usted que en las fotos aparecen cosas que no están, en realidad, sobre la mesa?
—Es así, tal como le indicamos —contestó con tono bastante angustiado doña Eudoviges.
—Tal vez les parezca extraño a ustedes, pero es un fenómeno explicable.
—¿Qué puede ser? —interrogó con curiosidad la anciana.
—Bueno, me es difícil desde aquí dar un diagnóstico preciso. Tendría que viajar de urgencia para hacer una inspección en persona.
—Lo que sea necesario, hágalo, por favor. Necesitamos resolver ese misterio.
—No se preocupe, puedo resolver ese tema en un par de horas. Sin embargo, quiero ser claro y honesto con ustedes: mis honorarios son de 1000 euros por cada hora si tengo que ir en persona. En remoto bajarían a la mitad; eso sí, todo pago debe ser por adelantado.
(Escuché un largo suspiro... Hubo una pausa y la dama retomó la conversación).
—Está bien, tomamos el plan remoto. ¿Qué debemos hacer?
—Bueno, vayan consignando el dinero en esta cuenta (y les di mi número).
Dicho y hecho, apenas recibí el pago, desinstalé el virus del wifi de la ancianita. El software siempre agrega imágenes random a cualquier foto plana. Nada mal para una llamada de 15 minutos.
—Estimada doña Eudoviges, son hackers de Indonesia. Suelen ser niños de 12 años que hacen eso por mera diversión. Bastaría con que apaguen y prendan el wifi, y asunto resuelto.
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Nos unimos al reto de cada jueves un relato, esta semana invitación de "Artesanos de la Palabra"
el tema: Escribir un relato usando estas tres imágenes
Se acercó a la ventana que daba hacia el lado trasero de la casa, desde donde no sólo podía ver el bosque, sino también su reflejo en el vidrio. Fue en ese momento cuando tuvo una revelación mística: entendió que era un personaje de un microrelato.
Sonrió, porque dicho descubrimiento implicaba bastantes derivaciones a considerar. A los personajes les pasan cosas poco comunes, pensó; quizás él sería una especie de agente al servicio del gobierno de una superpotencia, combatiendo a astutos rivales y criminales. O quizás en algún momento emergería de lo espeso del bosque una gigantesca serpiente cuyo jinete sería una espectacular amazona de brevísimo traje. Las posibilidades eran infinitas; esperó unos segundos a ver si algo inusual pasaba.
Pero tan solo seguía viendo el bosque y su reflejo en el vidrio. El niño Quetzalcóatl no apareció en un arcoíris del cielo, tampoco estaba en una nave nodriza rumbo a Júpiter.
De hecho, la situación era brutalmente cotidiana, normal, tranquila. Quizás le habían dicho mal, pues era sabido por todos que al protagonista de un cuento precisamente le deben pasar los hechos más inusuales posibles. O la misma persona, como tal, debía ser extraordinariamente interesante: quizás un asesino serial, o un detective de mente ágil, o un gran científico. En ese momento bajó la mirada; recordó que su oficio no era nada extraordinario, debía de haber millones de personas en el mundo capaces de hacer su trabajo mucho mejor que él.
Se sintió algo ofendido.
Los personajes de otros blogs viven en distopías, en tierras de fantasía cuasi-tolkieniana o en mundos de hadas, monstruos, dioses tropicales y sillas parlantes. Incluso el niño Viracocha saliendo del sol siempre ganaba los concursos de los retos literarios; supuso que esa microaudiencia de menos de 100 personas estimaba bastante esas historias ñoñas, y no los culpaba.
En cambio, él era tan solo eso: un tipo común y corriente sin nada interesante que ofrecer a los lectores ávidos de aventuras sin par.
Estaba a punto de abandonar ese hilo de pensamientos derrotistas cuando encontró aquello que lo hacía "especial": recordó que menos del 1 % de los personajes literarios caen en cuenta de aquello que son. Eso, en cierta forma, lo hacía parte de una élite. Sonrió.
Pero la alegría le duró poco; abrió los ojos de par en par y se interrogó a sí mismo: «¿Qué pasaría si yo fuera un personaje creado por una inteligencia artificial?».
«¿Haría ese simple hecho una alteración en mi realidad?», se preguntó muy preocupado.
Permaneció en silencio, buscando una respuesta satisfactoria. Volvió a mirar al bosque y decidió que no era importante la procedencia de la autoría; lo importante era que estaba existiendo, que era capaz de reflexionar, de tener una vida como cualquiera.
Pensó en celebrar el descubrimiento: cambió de estancia, se dirigió a la nevera, abrió la puerta y tomó una botella de martini. Con toda seguridad, revisó en uno de los cajones de la cocina y sacó un armagnac. Abrió otro cajón y sacó una copa de cristal. Se preparó un cóctel: dos partes de martini por una del preciado brandy y agregó con cuidado una pizca de Angostura. Lo olió como un catador y lo bebió en varios calculados sorbos.
La ocasión lo ameritaba.
—¿No hay diálogos en tu relato? —interrumpió la celebración Marta, con tono mordaz.
—Supongo que no sobran, ello da cierto dinamismo —contestó rápidamente.
—Siendo así, hazme también uno de esos coctelitos, pero hazlo en partes iguales y agrégale hielo.
—Si seguimos así, vamos a terminar alcohólicos.
—Es un placer que podemos darnos de vez en cuando. ¡Salud! —dijo ella con picardía.
Nunca supe si “Fantasma de Letras” era una chica o un caballero. Solía participar en los retos de la famosa “Sociedad de los Martes” y se caracterizaba por utilizar textos escritos a máquina, llenos de borrones y tachones. Pero aun así sus historias eran bastante amenas y, en ocasiones, impredecibles.
Daba gusto leer su blog porque tenía ese aspecto de algo “vieja guardia”, pero desde hace unos meses veo que las cosas cambiaron. Parece que él (o ella) comenzó a ponerse al día en materia electrónica. Ya ha empezado a usar medios digitales y de qué modo: entró de lleno con una potente AI, la Mantícora 6.66, un completo horror tecnológico.
Basta con darle una leve idea —dictada vía micrófono— y la Mantícora escupe el texto que sea. Lo noté porque, al publicarlo, se ve todo muy pulido, limpio, con excelente caligrafía y redacción.
No sé si seré yo o un efecto post-Turing en el que ahora los humanos intentan escribir como máquinas y otra máquina, en la China, decide si el texto viene de una persona de carne y hueso o de alguien de silicio.
He puesto sus textos a prueba. Le pido a Grok que analice lo escrito y este siempre dice: “Está hecho con AI, está hecho con AI”. Otros ni saben o no dan algo conclusivo; te dicen:
“Estamos en la era post-Turing. Ya nada es certero. Vivimos en un mundo frontera donde lo natural se difumina con lo artificial”.
Esas frases, por supuesto, tienen un hondo impacto en algo tan sensible como mis ojos... y mi frágil mente.
Los escritores AI me han hecho colapsar. Vivo ahora paranoide. Ya no me atrevo a leer escritos hechos después de 2020. De vez en cuando miro de reojo al “Fantasma de Letras” y digo al aire:
“¿Tú también, hijo mío?”.
Quien sí está feliz es mi terapeuta.
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Relato participante en la convocatoria de “Cada Jueves un Relato”,
He estado siguiendo la pista de esta serie de aventuras de Aragca y muchas veces he encontrado inconsistencias en la continuidad de los relatos (por ejemplo, en una ocasión Amígdala aparece como una mujer de cabellos rojos y al siguiente mes aparece la misma Amígdala como la reina de un país, pero de cabellos negros o en versiones masculinas). Todo es un "sancocho": los personajes, de cuento a cuento, cambian.
Intrigado, me di a la tarea de investigar "la causa raíz" de esas "violaciones del canon" y lo que encontré me dejó absolutamente perplejo: la revista que suele publicar estos relatos tiene contratados a cuatro autores; de allí que cada uno de ellos enfoque los asuntos de un modo diferente. Sin embargo, es una especie de secreto que se guarda muy bien ante el público de lectores: se hace creer que es solo una persona quien escribe los textos.
El grupo se hace llamar "Los jinetes del apocalipsis". Son ellos:
Arnulfo Tricornio
Íñigo de Quintanar
Carlos Murcia
Constantin Belladona
Cada cierto tiempo se dan cita en la casa del Tricornio; pueden ser reuniones semestrales o anuales, en donde se sientan a discutir alegremente sobre el curso de la Historia.
- Quisiera que Zaida muriera heroicamente en Mimas, tratando de salvar a la humanidad —lanzó alegremente Murcia.
- No sería conveniente —respondió Quintanar—, pues yo la tengo de Sacerdotisa Suprema cerca de la ciudad de Damastin, en lo que fue el Bajo Imperio de Andirria.
- La verdad, no me gustaría eliminar un personaje así de importante tan de cuajo —acotó el Tricornio.
- Sí, pero al menos valdría la pena darle un color de cabello y atuendos diferentes a los tradicionales —opinó con seriedad Belladona, que es el más calmado y calculador de los cuatro.
- Lo de Zaida no es tan grave, si sale calva o con cabellera azabache; lo que sí es urgente y requiere atención es resolver el tema de Ada —señaló en tono grave Murcia.
- Es verdad; supongo yo que todo se resuelve si se logra cerrar el círculo con Carbonell como enamorado. Se requeriría darle protagonismo a la pareja en sí misma —anunció el Tricornio.
- ¿Y habría un round Zaida/Ada? —preguntó con picardía Murcia.
- No es conveniente; la verdad, son mundos diferentes que no se deben mezclar así como tan repentinamente. Cada una vive en su propia esfera —contestó Belladona.
- Es verdad, hay cosas que necesitan mantenerse sin tocar, y esa es una de ellas —replicó Quintanar.
- Normas, normas absurdas… ¿hasta cuándo tendremos camisa de fuerza? —replicó, con cara de hastío, Murcia.
- El público necesita cierto anclaje: si los personajes derivan sin control, el público se confunde y nos deja de leer. Hay que mantener cierta coherencia interna —aseveró el Tricornio.
- En eso estamos de acuerdo —respondieron al unísono Belladona y Quintanar.
- Muy bien; al menos quisiera que un día se discutiera en profundidad el asunto. Ese crossover ha sido muy solicitado —afirmó Murcia.
- Quizás sí, tal vez en un futuro, en la próxima década… ¿por qué no? Se puede considerar —respondió, mirando al horizonte, el Tricornio.
- Pues a mí lo que me gustaría es escribir historias que no sean de Aragca, ni de Ada ni de Zaida, sino temas completamente nuevos y que no estén manoseados por alguno de nosotros —dijo con cierta melancolía Quintanar.
- Todo eso lo puedes hacer, pero no sería bajo el sello de Aragca, sino bajo algún seudónimo diferente, algo que no relacione lo uno con lo otro —le respondió el Tricornio.
- Pero eso implica empezar de cero; tendría que construirme un público, y eso no es fácil —replicó Quintanar.
- O tal vez escribe cosas de Aragca sin decir que son de Aragca o créate una nueva línea temporal, en otra dimensión; eso ya nos ha servido bien en otras épocas —indicó Belladona.
- Cierto, es un buen recurso —concluyó Murcia, dándole un pequeño golpecito en la espalda a Quintanar.
- ¿Por qué mejor no hablamos de aquello en lo que sí estamos trabajando cada uno? —propuso Tricornio, al ver las caras largas de sus compañeros—. Por ejemplo, ahora estoy pensando en una especie de mujer poderosa que controla una logia de asesinos a sueldo; cada uno de ellos tiene habilidades sobrehumanas.
- Me gusta la idea, ¿qué nombre le darías? —interrogó con curiosidad Quintanar.
- La Dama Kadisha —replicó el Tricornio.
- Yo había pensado en una narración de un artista y su modelo —indicó Belladona.
- Eso es bueno, me encanta —dijo Murcia—. Yo, por mi parte, había pensado algo interesante, pero lo dejé pasar y no tomé nota; ahora olvidé el tema, pero era una buena idea.
- De seguro era algo con Ada; eres el que más le dedica al tema. Ahora estás con Sinclair —contestó Belladona.
- Eso es, sí; quiero profundizar en Sinclair y en su contraparte, pero no quiero contarlo ahora, no lo he "madurado" —indicó con emoción Murcia.
- Yo tengo pensado lo siguiente: un cuento en donde están reunidos cuatro amigos que arman cuentos, discutiendo acerca de diferentes relatos en una velada muy animada; de repente se apaga la luz y, al volver, uno de ellos está muerto —dijo Belladona.
- ¿A lo Agatha Christie? —dijo con aire de curiosidad el Tricornio.
- ¿Y Ada y Carbonell aparecerían para resolver el misterio y desenmascarar a los asesinos? —dijo, lleno de ánimo, Murcia.
- ¿Y hay en la estancia alguna estatua de Zaida, vigilando lo ocurrido? —preguntó Quintanar.
- No debería ser Ada, ni Carbonell, sino la amiga de Sinclair —indicó Belladona.
- ¿Es la pelinegra que se tiñe el pelo de rojo para, de vez en cuando, suplantar a Ada? ¿Cómo se llama la chica? —preguntó el Tricornio.
- Daniela —contestó secamente Belladona.
- Ok, Daniela disfrazada de Ada sería técnicamente Ada, ¿o no? —indicó Quintanar.
- Son diferentes, son dos personalidades aparte, pero comparten parecido físico cuando una se disfraza de la otra —dijo Belladona.
- De pelos, algo confuso, pero suena interesante —aseveró el Tricornio.
- ¿Y cuál fue el muerto en tu relato y cuál el asesino? —inquirió Murcia con aire intrigado.
- Es lo que tendría que resolver Daniela, ¿no? —replicó Belladona con una sonrisa inquietante.
El caballero londinense se dirigió hacia una de las puertas de Baker Street, donde un austero letrero anunciaba: «Madame Marusa, Lectora de Fortuna».
Sin golpear ni anunciarse, cruzó el umbral y se encontró con un ambiente peculiar. Al fondo de una estancia minimalista, sentada tras una mesa, había una mujer vestida con el estilo de una europea oriental; tal vez húngara o albanesa. «Eslava», pensó para sí. La única decoración visible eran tres estatuas de la diosa Zaida, pero no mostraban las poses sobrias que las caracterizan; aquí adoptaban actitudes obscenas y gestos depravados. Aquello lo incomodó profundamente e incluso lo hizo dudar si debía retirarse.
—Pase, si desea conocer su destino —dijo la dama.
El hombre se sentó frente a ella. La sibila extrajo un mazo de cartas similares a la baraja española.
—Es un tarot; nunca miente —explicó mientras las mezclaba con la habilidad de un tahúr.
Cuando terminó, las dispuso sobre la mesa formando una cruz gamada invertida.
—Veo cosas muy oscuras en su destino —afirmó en tono serio y solemne Madame Marusa.
—Aun si son malas noticias, quiero saber qué ocurrirá conmigo en el futuro.
—Sufrirá usted dos retos cruciales: uno está a punto de suceder y el otro se cumplirá en dos décadas. Una vez superadas ambas angustias, reirá a mandíbula batiente.
El hombre reflexionó con el rostro preocupado y exclamó:
—No me han mentido quienes me la recomendaron. La mayoría de las adivinas solo anuncian buenas noticias, aunque sean falsas. Sin embargo, usted no teme proclamar un porvenir sombrío.
—Nadie escapa al destino —apuntó la misteriosa dama.
—¿Qué ocurrirá conmigo?
—Hoy mismo quedará dormido más de lo habitual.
—¿Eso es todo?
—Es lo que revelan las cartas —respondió ella, haciendo un gesto explícito sobre la mesa, como si quisiera que el hombre interpretara por sí mismo lo que allí se mostraba.
—Siendo así, tomaré precauciones —dijo el hombre.
Se levantó, arrojó sobre las cartas una bolsita de oro y se dispuso a salir. Sin embargo, dos de las estatuas se habían movido y bloqueaban la salida. El caballero londinense se sobresaltó; estaba a punto de protestar con enojo cuando una de ellas le asestó un golpe en la cabeza con una macana de goma. El impacto fue tan violento que le fracturó el cráneo. Cayó al suelo inconsciente y medio muerto.
Marusa ordenó a sus sirvientes que lo subieran a un carruaje y dio instrucciones al cochero para que lo llevara lo más pronto posible al palacio de la doctora Anémona Tamerlán, en Fancy Street.
Cuando llegaron, la doctora se encontraba realizando diversos experimentos en su laboratorio privado, decorado con estatuas de la diosa Zaida en sus poses habituales: rostros serios y solemnes.
—Ama, han traído un fiambre —anunció su ayudante con voz temerosa.
—Si aún respira, colócalo en aquella cápsula llena de gelatina fría. Si está muerto, no me sirve.
—Aún respira, pero si no nos damos prisa, estirará la pata.
—Date prisa, no tengo todo el día para escuchar tus quejas.
El ayudante se esforzó para introducir al caballero dentro del artefacto.
—Ponlo en el cañón que perteneció al Gun Club de Baltimore.
Una vez que quedó bien acomodado en el enorme cilindro, la dama miró por un telescopio y enfocó Saturno.
—Apunta el cañón unos dieciocho grados al norte, hacia la estrella que se ve más brillante que las demás.
Cuando estuvo en posición, el propio ayudante detonó el legendario cañón y la cápsula salió disparada hacia su objetivo final.
—Estará al menos veinte años flotando en el espacio —dijo la doctora al aire.
—¿Significa que llegará en diciembre de 1941? —preguntó el ayudante.
Pero la doctora no se molestó en contestar. Se limitó a decir «retírate» y continuó con sus complejos experimentos.
No hubo mayores novedades durante la travesía del caballero. Tan solo permaneció dormido, sin sueños, protegido de la radiación por la gruesa capa de gelatina criogénica. Su cuerpo no envejeció; se conservó intacto, incluso en mejor estado que cuando abordó su involuntario viaje.
Pasado el tiempo predicho por la doctora, el caballero arribó finalmente a Mimas, una de las lunas más misteriosas de Saturno. La trayectoria había sido trazada con tal precisión que la cápsula entró por una ventana de un castillo y se posó suavemente sobre una especie de altar en aquel lúgubre lugar.
—Veamos qué regalo me ha traído el destino —dijo una muchacha rubia que llevaba una antorcha en la mano para iluminar el recinto.
Con habilidad y pericia inusuales, la joven desempaquetó al caballero de su prisión de gelatina, moviendo el cuerpo como si no pesara nada. Apartó la cápsula a un lado y se concentró en el paquete que le había llegado.
—A este casi le aplastaron el cerebro —pensó para sí misma mientras colocaba delicadamente una mano sobre la cabeza del desdichado. Por efecto mágico, sanó todas las heridas de la cabeza e incluso del resto del cuerpo. Chasqueó los dedos y el caballero despertó.
—Bienvenido al futuro. Con esto ya has cumplido los dos retos que te habían anunciado. Ahora viene lo que no te contaron: vas a conocer tu destino final, muy a lo Kurt Vonnegut —dijo la dama mientras mostraba una segueta muy afilada.
En cuestión de segundos, separó la cabeza del cuerpo y se dirigió hacia la pared opuesta del cuarto, donde se veía la punta de un punzón saliendo de la piedra. Clavó allí la cabeza como si se tratara de un trofeo. Para asegurarse de que no se soltara, iluminó la pared con la antorcha. Fue entonces cuando el caballero vio que no estaba solo: cientos de otras cabezas lo acompañaban. La escena lo aterrorizó y comenzó a gritar lleno de pánico. Las demás cabezas respondían con risas burlonas.
—Y ahora, mi querido «protagonista», vamos a darle el toque final a tus precarias profecías. Te presento al Ranforrinco, un predador bípedo nativo de esta luna. No es mayor que un pollo, pero tiene una cabeza similar a la de un alosaurio. Es mi mascota y necesita alimentar a sus crías.
La chica tomó la antorcha e iluminó el cuerpo, que ya empezaba a ser devorado por la curiosa alimaña. Esta arrancaba pedacitos, los masticaba, engullía y luego los regurgitaba a sus hambrientas crías. El caballero, ahora sí, comenzó a lanzar lamentos incomprensibles y a gimotear, perdiendo por completo la razón.
—Amigo mío, cálmate, pronto estarás riendo como todos los demás. Cuando llegue el siguiente paquete, serás indistinguible del resto de mi decoración.
Lunes en la noche. Eran alrededor de las 9:00 p. m. No era lo usual, pero Sinclair decidió pasar un segundo a su oficina en el centro de la ciudad. "Sinclair y Sinclair Detectives Privados" era el letrero del vidrio que anunciaba su oficio al corredor del edificio donde estaban localizados. Al llegar a la puerta, notó algo raro; entró y encendió la luz. En ese momento se reveló que alguien ya estaba allí, esperándola. Sinclair lo tomó bastante mal.
—Alto allí, identifíquese o le disparo —dijo con voz áspera Sinclair.
—Solo quiero hablar con usted, tengo datos de un caso muy importante —respondió un hombre con voz nerviosa.
—El horario de atención es de 9:00 a. m. a 5:00 p. m.; a esta hora ya estamos cerrados.
—Lo que tengo que decir es urgente, no puede esperar.
—Muy extraño. No trabajamos de ese modo. Tenemos una página web; primero tiene que contactarnos por allí, para eso hay un formulario en alguna pestaña del menú.
—Lo sé, pero deseaba hablar personalmente con usted.
—Le repito, no es lo usual. Usted ya ha traspasado propiedad privada, tendré que llamar a la policía para que lo arresten por allanamiento.
—Tengo información sobre el caso de los Jurados del Reality.
—Por fin dice usted algo sensato. Sin embargo, no soy la persona indicada; ese es un asunto policial, diríjase a ellos.
—No deseo mezclarme con ellos; el caso ha sido mediatizado y la prensa lo ha seguido muy de cerca.
—Ya hay otros detectives privados en el caso, debería contactarse con ellos.
—Los detectives que usted indica trabajan para la nobleza.
—Eso significa que usted viene por un asunto de Howie, ¿o me equivoco? Venga, acomodémonos mejor, tome asiento —indicó ella, mientras se apoderaba de la silla principal y le señalaba la silla de enfrente para los clientes.
—Bravo, detective, es usted bastante rápida. Permítame presentarme: soy Oscar Rosado, socio de Howie.
—En las novelas de detectives el socio es siempre el culpable.
—Como le he venido diciendo, tengo información vital que ayudaría a resolver el caso.
—Quiero ser clara. Me arriesgo a pensar que usted supone que los detectives privados de carne y hueso somos todos como los pintan los vericuetos de Hollywood, en donde un tipo ordinario y medio fracasado en la vida se agarra a puñetazos con la mafia rusa y sale totalmente indemne. Pero la verdad es otra: los detectives privados reales tan solo nos dedicamos a seguir a gente infiel a la pareja o, en casos extremos, a localizar personas perdidas. No tenemos una Magnum lista para disparar, ni llevamos vidas de James Bond. Lo más que hacemos es juntar pruebas para tener argumentos en una investigación judicial; además, en este país está prohibido que portemos armas. Dicho todo eso, ¿desea continuar con su farsa, Rosado?
—Qué bueno que me advierte usted de todo ello. Soy consciente de lo que dice y me agrada su honestidad; es tal cual como me lo habían dicho los que me la recomendaron.
—Rosado, ¿toma usted bourbon? —dijo Sinclair mientras sacaba del escritorio una botella a medio consumir de Wild Turkey y hacía gestos de buscar los vasos en otro cajón.
—Prefiero el escocés.
—El bourbon es tan bueno o mejor que cualquier escocés. Se hace bajo estrictas reglas gubernamentales, siempre asegurando alta calidad. ¿Quién vigila a las destilerías escocesas?
Sin esperar respuesta, Sinclair sirvió el licor en dos vasos, acercó uno a Rosado y comenzó a beber rápidamente el otro. Rosado, a regañadientes, aceptó lo ofrecido.
—Dígame, ¿qué puede usted saber de ese caso que aún no sepa la policía?
—Tengo información que ayudaría a revelar la identidad del asesino.
—Vaya, ya comenzamos a hablar, lo cual amerita un cigarrillo —dijo ella sacando una de esas boquillas largas y colocó un Marlboro en ella—. Supongo que usted no fuma, así que tendré que encenderme yo sola —aseveró la detective mientras prendía su cigarrillo y daba algunas bocanadas—. Lo que me dice es muy grave; mucha gente ha muerto por saber lo que usted insinúa. Venir aquí básicamente pone una bala con su nombre.
—Sé que corro riesgos, pero quiero que el caso se resuelva.
—¿Sabe qué? Me cae usted bien. Por ello, solo le cobraré un par de bolsas de oro semanales —soltó el precio mirando de reojo la reacción de Rosado y, como vio que el cliente ni pestañeó, agregó—: más viáticos.
—Es un precio alto, pero creo que podemos cubrirlo.
—Siendo así, comencemos a investigar. Dígame, ¿Howie solía frecuentar algún club nocturno?
—Siempre íbamos al Halcón Maltés.
—Conozco el lugar, y creo que ya debe estar abierto. ¿Qué le parece si damos un paseo por allí? —interrogó Sinclair mientras abría su abrigo y dejaba ver que estaba vestida con un traje rojo de fiesta, similar al de las actrices célebres de los años 20.
—Trato hecho —dijo Rosado muy emocionado.
Sinclair se levantó, lo tomó del brazo y juntos salieron de la oficina como si fueran una pareja ya comprometida.
Era lunes por la noche. En su retorno a Puerto Industrial, Ada se fue pensando en cómo lo tomarían los chicos de la oficina local; estos eran un grupete de técnicos en diferentes áreas y habilidades: los había expertos en ciencias forenses, así como especialistas en informática, psicología e incluso planeación de bodas y eventos sociales (dado que la mayoría de los asesinatos en el clásico whodunit siempre ocurre en esas reuniones). Le agradaba en cierto modo volver a su "territorio comanche", en donde ella era la detective número uno; pero no era la única detective, claro está: su amiga Daniela Arpón, era la número dos, y por supuesto, también estaba Sinclair.
Ada hizo una llamada a un número que sabía de memoria:
—Hola, Daniela, soy Ada. ¿Sabes si Sinclair está disponible para mañana a primera hora?
—Totalmente. Aunque yo estaré ausente, será pues toda tuya.
—Gracias, nos vemos después.
Tan pronto Ada llegó a la casa de Sinclair, en Puerto Industrial, lo primero que hizo fue ir al baño. Buscó en las gavetas, en donde había varios paquetes de tintura de cabello; escogió la de color negro, se quitó las gafas y se tiñó el cabello de ese color.
Cuando finalizó, se miró atentamente al espejo mientras se ponía una gabardina similar a la de los espías soviéticos de 1950 y un sombrero tipo fedora, y dijo a la imagen que veía:
Después de graduarse como agente de policía, la joven Ada fue asignada a varios puestos en los que no se sentía a gusto. Las tareas le parecían rutinarias e inútiles: ordenar archivadores, llevar mensajes de un piso a otro o servir de chófer a algún alto oficial. Tampoco le gustaba el lugar al que la habían destinado: Villapausada, un pueblito donde aparentemente no había acción ni oportunidad de aprender algo que la ayudara a progresar. Ada se aburría y ya pensaba en pedir la baja para iniciar una vida civil.
Un día, sin embargo, los vecinos decidieron amotinarse frente a la alcaldía y otros edificios municipales. El jefe de policía envió a todos sus agentes a contener las manifestaciones. A todos menos a Ada, que debía quedarse en la estación haciendo labores de soporte mientras aquellos que "sí sabían trabajar como policías" se ocupaban del problema.
Pero en esas circunstancias, es cuando el desespero abre puertas inesperadas, llegó una llamada de emergencia. Había ocurrido un crimen en el Restaurante Chino. El Jefe, sin hombres disponibles y sin poder ir él mismo, decidió —muy a su pesar— asignar a Ada.
La llamó a su oficina.
—Nenita, hay un asunto que atender en el Restaurante Chino. Se ha cometido un crimen y creemos que estás perfectamente capacitada para manejar la situación. Ve y aprende todo lo que puedas. Será una gran oportunidad para ti.
Al llegar al restaurante, Ada entró en la cocina y vio dos cosas en la escena del crimen:
1) a la ayudante del cocinero con una hachuela de cocina firmemente agarrada, y
2) en el suelo restos de comida: carne y huesos desparramados de las más diversas maneras.
La mujer repetía sin parar:
—Se ha cometido un crimen… se ha cometido un crimen… y volvia a picar sin piedad los pedazos de carne de una pata de cerdo.
Ada se acercó despacio, hablándole con voz suave para calmarla. Pero la carnicera parecía perdida en un mundo psicótico y de pronto gritó:
—¡Querían cortar atún congelado con mi chukabocho! ¡Eso sí que es un crimen!
Y se lanzó contra Ada como si quisiera rebanarle la cabeza.
Por instinto, Ada desenfundó su revólver, cerro los ojos y disparó directo a la cara. Sin saberse como, la bala golpeó la hoja de la hachuela, rebotó en el techo y se incrustó en una viga.
El impacto desarmó a la mujer, que cayó al suelo y rompió a llorar.
Ada, aún confundida, solo acertó a decir con voz entrecortada:
—En el nombre del Rey, queda usted arrestada por intento de homicidio contra un oficial de policía.
===
Para el reto de esta semana en la iniciativa de "Cada Jueves un Relato", el Demiurgo de Hurlingham nos invita en su blog a escribir un relato policial en el que se haya cometido un crimen.
Se propone varias pautas para orientar la historia. Entre ellas elegí la número 4: «En la escena del crimen se encuentran restos de comida».
Aristóbulo se había disfrazado de diablillo para asistir al carnaval. Mientras se hallaba entre la multitud, celebrando las festividades, sintió que la punta de un revólver le apretaba las costillas. Apenas alcanzó a oír una orden seca:
—Quieto aquí. En nombre de la ley, está usted detenido —bramó la oficial Severina Dracón.
Aristóbulo, confundido, se disponía a protestar airadamente, pero la oficial fue más rápida: le asestó un certero golpe de macana que, de no haber sido de goma, le habría aplastado el cráneo. Los agentes que la acompañaban lo recogieron del suelo; los curiosos, testigos del suceso, aseguraron que al pobre le brotaba sangre por la boca y las narices.
Despertó en una celda. Apenas abrió los ojos, vio ante sí a la dichosa oficial, quien, sacando una especie de papel enrollado como un papiro, pronunció con solemnidad:
—Soy carcelero, jurado, juez y verdugo. Esta corte encuentra que el acusado es un peligroso delincuente; por tanto, se le condena a trabajos forzados en la Isla Prisión de la Gorgona … campo de exterminio.
—¡Por Dios, solo es un disfraz! —alcanzó a balbucear él.
— Guardias, trasladen al reo a su destino.
Un grupete de agentes, bien armados, lo amarró de inmediato, lo introdujo en un transporte de seguridad y jamás se volvió a saber de él.
La oficial Severina se disponía también a retirarse cuando escuchó el inconfundible sonido de los tacones acerados de la Coronel Ada Escualo. La chica palideció al instante.
—Severina, ¿cuántas veces tengo que repetirte que no debes andar congeniando con criminales? Ese carácter blandengue que tienes terminará un día por convertir nuestra sociedad en un infierno. Si los delincuentes comienzan a irrespetar a la policía, acabarán gobernándonos. No lo olvides, nenita. Quiero ver mano dura la próxima vez.
Severina, tratando de contener el miedo, apenas acertó a decir:
Me disponía a retirarme a mis aposentos, tras haber dejado en orden los asuntos de la mansión del Coronel Luján, cuando el estrépito del portón principal interrumpió la paz nocturna. Alguien llamaba con insistencia.
—Borrasca, ¿quieres pedirle al mayordomo que atienda la puerta? —ordenó con voz autoritaria doña Tempestad Luján.
—¡Ambrosio, muchacho, la puerta! —bramó desde el otro extremo de la casa doña Borrasca, mientras hacía sonar una campanilla con el frenesí de un cura en misa de domingo.
Las damas Luján siempre estaban alerta ante cualquier acontecimiento. Me apresuré a cumplir sus órdenes, tal como lo había hecho durante más de tres décadas, atendiendo cada uno de sus caprichos. Al abrir, me encontré con una mujer joven que sollozaba desconsoladamente. Sin esperar invitación, se adentró en la casa.
—Necesito ayuda —suplicó.
—Pase, por favor —indiqué con respeto—. La sala principal es por aquí.
Como era de esperar, las dos damas Luján ya se encontraban en la estancia, vestidas de modo sobrio y solemne, con rostros severos e inescrutables.
—Ayúdenme, mi amo quiere abusar de mí —confesó la muchacha entre lágrimas.
—Los tiempos de esclavitud terminaron hace siglos —apuntó Tempestad, tajante.
—Es verdad —secundó Borrasca—, pero no es momento de discutir vicisitudes históricas. Esta pobre niña requiere nuestra atención inmediata. ¿De dónde dices que vienes, chiquilla?
—De lejos… del otro lado.
—Ya lo había notado; no tienes las facciones de la gente de por aquí —observó Borrasca con suspicacia.
—La persona que me escribe quiere que protagonice un cuento en el que se me obliga a realizar escenas fuera de tono. Me negué.
—Siendo personaje de otro, no me extraña —sentenció Borrasca—. Pero nosotras nos haremos cargo. Mientras estés en nuestra casa, estarás protegida. ¡Ambrosio! Prepare un té bien caliente para nuestra invitada.
—Comunicaré sus deseos al ama de llaves, señora —respondí mientras me dirigía a la cocina, escuchando a lo lejos cómo proseguía el interrogatorio.
Regresé con la bandeja, portando la tetera, el azúcar, la leche, dos cucharitas y un pocillo vacío. Cuando me disponía a servir a la desdichada joven, la voz de doña Tempestad me detuvo:
—Ambrosio, deje el té sobre la mesa auxiliar y retírese.
Aquí es donde el relato se torna interesante. El lector debe saber que, en el estricto protocolo de la servidumbre, la orden de retirarse no siempre implica abandonar la estancia, sino “hacerse invisible”. Me aposté tras una cortina, disponible para cualquier nuevo encargo.
—Ambrosio trajo el agua caliente —murmuró Tempestad.
—Para estos casos conviene agregar algo de polvo de caléndula —sugirió Borrasca mientras abría un compartimento secreto en su anillo de bodas y dejaba caer un polvillo finísimo en la taza.
—Y algo de matricaria —añadió Tempestad, repitiendo el gesto con su propio anillo.
Tras mezclar el te, se lo tendió a la joven.
—Beba, amiga nuestra. Esta pócima la calmará y le dará paz.
La chica aceptó el pocillo y bebió un par de sorbos. Iba a dar las gracias cuando una mueca de dolor deformó su rostro; acto seguido, se desplomó frente a las Luján.
—¡Ambrosio! —llamó doña Tempestad.
—A sus órdenes, madame —respondí mecánicamente, emergiendo de mi escondite.
—Acomode la estancia. Nuestra invitada no parece sentirse bien —indicó Borrasca con frialdad.
Me agaché para verificar su estado y exclamé:
—La señorita no tiene pulso.
—¡Por amor de Dios, Borrasca! ¿Qué le has dado a esta criatura? ¿La has envenenado? —inquirió Tempestad con ademanes teatrales.
—No que yo sepa, querida. ¿Qué pusiste tú?
—Lo de siempre. Ambrosio, traslade la visitante a la cripta.
—Estimadas señoras —interrumpí con suavidad—, no puedo llevarla allí. Es un sitio familiar y todos los que descansan en él tienen lazos de sangre con el Coronel.
—Pues en la sala no se puede quedar —replicó Borrasca.
—¡Ambrosio!, prepare las bolsas negras de la basura y disponga de la señorita como de costumbre —ordenó Tempestad.
—No es lo que el Coronel querría —repliqué—. Será mejor consultarlo.
—No te preocupes, no molestes al viejo con nuestras tonterías —respondieron ambas al unísono—. No queremos que se levante en medio de la noche por un asunto de poca monta. Retírate a tus aposentos.
«Malditas brujas», pensé para mis adentros. Siempre era lo mismo. Sé perfectamente lo que sucede después: realizan un ritual desconocido y, al día siguiente, ambas amanecen jóvenes y resplandecientes. Al fin y al cabo, no me pagan por hacer preguntas. Mañana me tocará pasar horas limpiando el desorden que habrán dejado en la sala. Nada que hacer: si bien el Coronel no es escritor erótico, sí lo es de misterio, y en sus relatos siempre alguien muere. Por el momento, me alegro de no ser yo la víctima.
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El anciano debía pasar cada día horas y horas, sentado en el banco del
parque que Tomás, atravesaba cada tarde de regreso a casa.
Al principio como ...
Qué será de nosotros
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El personaje del “loco” de Nietzsche de *La gaya ciencia* grita
desconsolado en medio de la plaza ante el pálpito de la Noche eterna. Es
más lúcido que q...
Un ser del espacio te invita a cenar
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El teléfono suena y Xan siempre está. Tiene que estar.
Ahora lleva el taller de sillas eléctricas porque el fundador ya no puede
hacerlo. Impedido, sí. P...
Otro mundial más
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* Dicen que la vida es eso que pasa entre mundial y mundial y
el primer recuerdo de alguno fue sentado sobre las piernas de mamá (o pa...
SENDELICA:"MAN, MYTH & MAGIC" (2023)
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La cajera colombiana del super me sonríe con sus preciosos ojos de
atarceder violeta y ese dulce carmín de *Sendelica* ha abandonado el
carrito de la c...
PEDRO, EL CRUEL
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Este es el último mes de la temporada de concursos de EL TINTERO DE ORO.
El libro protagonista ha sido "El Capitán Alatriste". Bueno, no había que
escri...
Promesa de plomo
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*Nuestra compañera Mónica nos invita este jueves a escribir con la
estética y características más típicas de la Novela Negra. Yo no tenía
pensado partic...
Imperial State Electric
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Aunque temas como *Resign* o *I'll Let You Down* lo especifiquen sin
ambages, hay una querencia power pop que informa en general el debut
homónimo de Imp...
¿Está todo bailado?
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Ya sé,
puede que
esté todo escrito,
y pensado,
contado, llorado...
¿bailado?
Tal vez.
Pero no este compás.
Suelto amarras,
ya no camino,
bailo...
GALA DE PREMIOS 52ª Ed. Arturo Pérez-Reverte
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Antes de empezar, conmocionados por la enorme tragedia que estos días ha
sufrido Venezuela, queremos mandar todo nuestro cariño y un fortísimo
abrazo ...
VACACIONES (JULIO-AGOSTO 2026)
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Llegadas estas fechas toca echar el cierre por unos meses para cambiar de
aires y disfrutar del verano con todo tipo de actividades que nos permitan
d...
Manualidades de los centros sociales de Eibar
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Estoy participando con mis broches de mariquitas (Chongorris) en la
exposición de centros de Mayores de Eibar. Esta exposición está puesta en
el bar del...
Sola como la una.
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Hay una manía ahora, de sentir pena o directamente ridiculizar a la gente
que hace cosas solo. Quizá, yo paso sola tanto tiempo, que no había
reparado e...
Macla. Nuevo rostro
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Me ofreces otro rostro para que me confunda. Intentas introducir en mi
contemplación un desorden de mis ideas. Como si me indicaras: no debes
interpr...
Charlas con la IA – Saberes y opiniones
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¡Hola, amigos! Hoy les traigo otra charla en la que el ChatGPT nos permite
ver cómo piensa. Y hablando de pensar.. ¿cómo distingue entre un saber, un
conoc...
Mis pensativas#
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Queridos amigos, como digo a menudo, todo está dicho,
pero se puede seguir diciendo de muchas formas.
Cada maestrillo tiene su librillo, eso dice el...
Izarra Rosée
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En un cuartel secreto de los 10.000 se encuentran la mujer a la que llaman
"La Hielera", Aeminium Conimbriga y Gades Gadir. Están en una improvisada
enf...
El dinosaurio ya no estaba.
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No le despertó la luz. Tampoco fue el frio, ni hubo ruido alguno que le
devolviera a la vigilia. De hecho no sintió nada, absolutamente nada, y
solo tras c...
De diez a veinte minutos
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Abro la puerta.
—¿Quién es? —pregunto
Afuera aguarda un hombre delgado, alto y tez blanquecina. Aparenta mis
treinta y pico años. No contesta. Solo rí...
Solución completa de Toonstruck
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¡Hola, amiguitos! Aquí estamos de nuevo con otra fantástica aventura. En
esta ocasión se trata de otro clasicazo del género que lamentablemente pasó
d...
Costumbres
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COSTUMBRES
Algunas costumbres llegan con la sangre, sin pedir permiso, como el color
de ojos, la calvicie o la mala letra. En mi familia nunca hablamos ...
La Navidad: instantes que vuelven a conectar
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Hay momentos en que el tiempo parece doblarse, reunir lo que estaba
disperso, acercar a quienes llevaban meses sin verse. Las cenas de Navidad,
las reun...
"Un viento poco anodino" [relato]
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Nací y crecí en una pequeña localidad cercana a la costa. Poco más que una
pequeña aldea, tan común como el resto de pueblos de la extensa comarca. En
ve...
TESIS SERIAS O DE PEGOTE
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GAJES Y OFICIO DE LA INVESTIGACIÓN Y DIVULGACIÓN DEL GRAFFITI
Tesis serias o de pegote
Fernando Figueroa
Es un tema del que poco se habla, pero d...
Things I was better off not knowing - #45
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*(En español más abajo)*
[image: Canada]
*- You used to eat mayo sandwiches when you were little. That was
disgusting!*
*- First of all, it was mayo an...
Yin Yang
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Mi intensidad (cuando estoy de buenas le llamo pasión) es mi mayor defecto.
También mi mayor virtud.
Como virtud, mi pasión me muestra el sentido de ...
Niels Lyhne
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A partir de hoy, 22 de septiembre, comenzamos a leer Niels Lyhne, de Jens
Peter Jacobsen. La edición que vamos a utilizar es la de Acantilado, con la
tradu...
En la sombra. Traición engendrada
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*—Sigue ahí.*
La inclemencia del tiempo no priva ni adormece el sentimiento de apego, de
la miseria de residir en la penumbra, de admirar la obra ...
Talco de despedida
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*De niñas aprendemos a fingir un poco antes de lo que los niños empiezan a
decir mentiras. Y mantenemos esa ventaja desde entonces.*
Estoy cole...
Monólogo de un zapato
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Hay más vida bajo una suela de lo que crees.
Nacemos perfectos, casi sagrados, en una fábrica que no nos reconoce.
Elegantes, finos, deseados. Nos p...
Comentando libro «Un mundo feliz» – Aldous Huxley:
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Aldous Huxley plasma una sombría metáfora sobre el futuro, muchas de cuyas
previsiones se han materializado, acelerada e inquietantemente, en los
últimos a...
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El Guardián
La biblioteca del Serapeum es saqueada antes de ser incendiada. En el
laberinto pétreo de sus entrañas una mujer de evolucionado pensamiento...
Carta para mi hija, cuando ya no esté
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De nuevo participo en el reto que nos propone *Ginebra *para el mes de
marzo.
El tema es trazos, aquello que nos define a cada uno de nosotros y también ...
El Juego del calamar
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A la hora de ver algún entretenimiento, elijo películas de amor, series con
contenidos históricos. Lo más violento que puedo ver son series policiales,
lee...
Reto 2025
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*Bases del Reto*
*El reto *Tarro-libros, peliculas y series Doramas 2025** es muy sencillo.
Consiste, una vez te unes al grupo, en elegir un tarro u otr...
PRIMERA SEMANA DE SEPTIEMBRE DE 2024
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Tras un paro inesperado al tener todos nuestras cosas y, tardar en retomar
la actividad. Aqui estamos de nuevo, con esta frase que ha sugerido María
Ro...
A partir de ahora...
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El blog se cambia a Wordpress...
Foto de Nathan da Silva en Unsplash
... donde la historia continuará y habrá más novedades próximamente... 🖋📖
🥳️
N...
Crónicas de Serendipity
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*Durante el trayecto para cruzar el puente, no debían dar la vuelta o
pararse, por eso cuando llegaron al otro extremo se sintieron al...
Una pequeña multitud de cosas locas
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*08 de abril*
El despertar había transcurrido sin mayor problema, desayuno, gimnasio,
algunas charlas con amigos y poco más. A media mañana me tocó guardi...
Cambio de blog por una explicación insólita
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(*AQUI* https://literaturabonsai.blogspot.com/)
Compañeros de letras, mediante varios pasos de confirmación de identidad, o
sea, con todas las de la ley, ...
¡¡Feliz Navidad!!
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Mis queridos amigos, y de nuevo, NAVIDAD.
Mi casa ha sido tomada por duendes, acebo y muérdago. El árbol de Navidad
ha desplazado a la caja tonta lla...
Es un sentimiento pero ¿cómo definirlo?
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🎼 🎶
Música dedicada a un pequeño amigo ladronzuelo de cadenitas
Estar o no de acuerdo con Marcela es algo que se resuelve a puerta cerrada,
aún así, mi a...
LA SONRISA DE LOS GATOS.
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Carlos recordaba que el primero en conocer a Leticia había sido Lorenzo. ¡
Siempre se le adelantaba en todo! En el promedio de las notas, en las
compet...
ADIÓS, BORGO
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Borgo cierra el castillo y alza el puente levadizo.
Lamento mucho finiquitar el blog, pero hay motivos: sequía creativa –no se
me ocurren nuevas historia...
CONCURSO DE RELATOS "MICROFANTASY V"
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Bases:
1.- Un máximo de dos cuentos por persona.
2.- Los cuentos deben ser sobre FANTASÍA (aventura épica, hadas,
unicornios, sirenas, duendes, dragon...
¡Sigamos adelante!
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“Thelma & Louise” es una película de 1991, dirigida por Ridley Scott y
protagonizada por Geena Davis, como Thelma, y Susan Sarandon, como Louise.
La pel...
Autopsicografía de Fernando Pessoa
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*El poeta es un fingidor.*
*Finge tan completamente*
*que hasta finge que es dolor*
*el dolor que de veras siente.*
*Y quienes leen lo que escribe...
No es un adiós
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Hola lectores!! ¿Cómo va vuestro comienzo de año? Yo estoy poniendo las
cosas en orden y está me rondaba la cabeza desde hacia tiempo. Este 2022 me
ha ense...
FELIZ 2023 PARA TODOS!!
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Un año mas que compartimos juntos, pasaron muchos dias vividos con
emocion, esperanza, ilusion, con momentos alegres y tristes. Pero si hay
una palabra...
Jacinta va a Londres
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[image: Jacinta va a Londres]
*Ese día llovía a cántaros. En días como este, Jacinta prefería quedarse en
casa y recordar aquella época en la que siendo ni...
"Laberinto" (Semana 27)
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Sin lugar a dudas, a mí me parece que la vida es un laberinto. Y digo que
es un laberinto porque a veces no sabemos qué camino tomar cuando hay que
e...
Einar, el vikingo
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*Las historias de vikingos siempre han cautivado. Esta es la historia de
Einar publicada en la revista D’artagnan Super Anual Nº 60 en septiembre
de 199...
Novedades de libros (Septiembre 2021)
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*ANSIA (CRAVE III) *
Editorial: Planeta (*1/09/21*)
Autora: Tracy Wolff
*Rompe las cadenas. Vuelve a disfrutar.*
«Siento que estoy a punto de llegar al ...
El mito del escritor aviador
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[image: fotomontaje de Estrella Amaranto]
fotomontaje de Estrella Amaranto
Queridos amigos y compañeros:
Vuelvo a compartir con vosotros un nuevo relato...
QUE NO TE MOLESTE
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No es mi intención.
Que no te moleste, ojalá despiertes
Ese sueño profundo te aleja
te impide estar en el mundo, ese con el que no puede...
Sesión 13: Betty email en viernes
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*Nombre:* Betty
*Edad:* ¿treinta y cinco?
*Identificación:* (des)coordinadora de algo.
*Diagnóstico:* la plasta de los viernes.
Betty es agradable, siem...
El problema de las ideologías
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El problema de las ideologías pasa porque se cuelan en la mente de las
personas sin que se den cuenta de ello, y cuando creen hablar por ellos
mismos en ...
Watchtower, no te conceden la inmunidad
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Tribunal Supremo de los EE. UU.
Estimados camaradas abducidos por los teólogos de pacotilla:
El Espíritu Santo está contristado con el Cuerpo G...
Papá
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*Hoy he amanecido con uno de esos días tonto, donde la tristeza se ceba
invadiendo mi corazón como un hierro candente, penetrando poco a poco,
desgarrando...
LA GRAN ESTAFA UNIVERSAL
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Por razones que no vienen a cuento, todas las madrugadas debo asistir
impávido a las emisiones televisivas de la así autoproclamada IGLESIA
UNIVERSAL. A pa...
Thomas Ligotti
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Nadie necesita que le explique qué es lo extraño. Es algo que se revela en
los primeros años de la vida de toda persona.
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Hablando en plata, no po...
Una buena noticia
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Félix Vidal Anido es un violador condenado a 73 años de cárcel. Sus
víctimas fueron niñas de entre 3 y 14 años. Félix Vidal Anido va a salir de
prisión ...