June Alava y Compañia



I.

—¡Equipo! Tenemos una nueva misión —anunció a todo pulmón la Doctora June Alava.

—¿De qué se trata esta vez? ¿Alguna larva cuántica? —apuntó con desdén Nario Sereno.

—Casi —respondió de inmediato June, ignorando la ironía de la pregunta—. Esta vez es un chupacabras que está asolando a los granjeros de Urano.

—Otra vez nos toca el mismo chupacabras del mes pasado; yo paso —indicó con tono pesimista Rune Aldaba.

—Nah. Este es diferente, el otro fue en Neptuno —contestó June.

—Como sea, ¿cuánto tiempo nos tomará esta «misión»? De ese modo podré informarle a mi esposa que estaré lejos de casa por una buena temporada —comentó con cierto desgano Rubén Abala.

—Nos tomará mes y medio ir y otro tanto volver abordando la Tordesillas; es una nave cómoda con espacio para seis o siete personas —aseguró June.

—Si no está disponible el Lepanto, que es más rápido, pues no hay más remedio. La Tordesillas, supongo, estará bien —murmuró Rubén.

II.

—¿Ese planeta que se ve a la derecha es Júpiter? —inquirió Rune.

—No, querida; Júpiter lo pasamos hace unos días. En efecto, estamos en el sistema de Saturno —explicó con aire de entendido Nario.

—¿Y esa lunita que se ve allí cómo se llama?

—¿La que tiene un cráter gigante?

—Sí, esa. Más que cráter parece una gigantesca cicatriz.

—Oh, esa se llama Mimas.

A lo que invocó dicho nombre, al mismo tiempo de aquella misteriosa luna salió una especie de haz luminoso muy intenso con dirección a la Tordesillas. Los tripulantes no alcanzaron a reaccionar: una luz cegadora muy intensa envolvió toda la nave con un efecto muy similar a como si se la estuviera tragando una flama solar.

III.

Rubén y Rune se despertaron aturdidos en un paraje muy similar a un bosque de la Edad Media. No recordaban qué había pasado. Juntos se dirigieron a un castillo que estaba a menos de una legua de distancia.

En la puerta los estaba esperando Nario, que vestía los lujosos ropajes de un guardia del palacio real.

—La Dama los está esperando con impaciencia. Por favor acompañenme; les mostraré sus aposentos en donde podrán asearse y prepararse para la cena —les indicó Nario en un tono frío y lejano.

Rubén y Rune lo siguieron sin hacer mayor cuestionamiento; de inmediato se dieron cuenta de que su compañero estaba como «hipnotizado» o, más bien, como si fuera otra persona.

—La habitación de la señorita es esta y la de al frente es la del caballero. Por favor, estén puntuales en el comedor en aproximadamente una hora: ni un minuto más, ni un minuto menos —sentenció Nario.

Los dos hicieron tal cual como se les había ordenado: tomaron un buen baño y se colocaron el vestuario adecuado al ambiente del lugar.

—Vaya, pareces un príncipe azul —exclamó Rune al ver a Rubén.

—Y tú pareces la mismísima Cenicienta en pleno baile, estás bellísima —bromeó Rubén.

La pequeña algarabía fue interrumpida por los pasos y la presencia de Nario, quien dijo:

—Veo que están a tiempo. Por favor síganme; los conduciré al Comedor Principal en donde podrán acompañar a la Dama.

—¿No te parece extraño? —preguntó Rune a Rubén.

—¿Qué exactamente?

—La música. Todo el tiempo he escuchado como una tonada salida de un piano antiguo.

—Todo es extraño aquí, pero tienes razón, también escucho la tonada: muy débil, casi imperceptible, pero allí está, colándose en el ambiente.

IV.

El Comedor Principal era un espacio bastante amplio en donde destacaba una gran mesa en la que estaba sentada la Dama. De pie a su lado se veía a una sirvienta acomodando platos y otros menesteres en la mesa. Unos metros hacia la derecha había una mujer rubia tocando una música suave en una especie de piano antiguo (un clavicembalo). Nario se quedó en la puerta haciendo la guardia con su pesada alabarda.

—Bienvenidos, invitados. Tomen asiento —dijo la Dama.

—¿Doctora June? —interrogó Rune.

—Shhh —susurró Rubén llevándose un dedo a los labios de modo que Rune pudiera verlo claramente.

—En efecto, ese es mi nombre. Soy la Camerlanga Mayor de Mimas, June Alava, Favorita del Rey. Estoy muy agradecida de tenerlos como invitados en esta velada. Por favor, tomen asiento y disfruten la estancia —contestó en tono amable y cordial la Dama.

La sirvienta de inmediato dispuso de manera rápida y eficiente varios manjares y platos exquisitos para los invitados. Rune y Rubén, sin saber cómo, trataban de mantener los modales que obliga el protocolo de una gran velada en casa de la nobleza, tratando de no hacerse lío en el uso apropiado de la cubertería disponible.

De repente, Rubén miró con atención a la Dama y preguntó:

—Disculpe, ¿siempre ha llevado usted las uñas pintadas de negro?

Obviamente la pregunta salió a destiempo; fue tan inusual que la mujer que tocaba la música paró abruptamente y se hizo un silencio pesado. La Dama parecía como paralizada ante semejante intromisión tan íntima.

Moviéndose ágilmente y con elegancia, la sirvienta se inclinó hacia la Dama y le dijo algo al oído; tan solo fue un susurro rápido que los invitados no pudieron escuchar con precisión.

—Es una tradición familiar —respondió la Dama—. Mi madre siempre las llevaba de ese color y así sucesivamente cada uno de mis ancestros siguió la misma costumbre desde hace incontables siglos —continuó la Dama con tono seguro y una sonrisa muy serena.

Dicho eso, la música volvió a sonar manteniendo el ambiente alegre pero elegante de la velada.

—Esto es muy extraño —confesó en voz baja Rubén a Rune—. Todos sabemos que June nunca conoció a sus padres; este ambiente es muy sospechoso y creo saber quién es el responsable de esto.

—Es cierto, ¿pero qué vamos a hacer? —murmuró Rune intrigada.

—Déjamelo a mí, sé exactamente cómo resolver el misterio —indicó con voz baja Rubén mientras tomaba en una mano uno de los cuchillos de la mesa y, con la velocidad que da la practica en ciertos lances turbios, agarró a la sirvienta, doblándole un brazo en la espalda, mientras que con la otra mano le puso el cuchillo en el cuello a aquella mujer.

(Curiosamente la «pianista» parecía no estar alarmada, pues continuó tocando calmadamente la música).

—Vamos, pongan fin a esta farsa. Tienen ustedes hipnotizados a nuestros amigos, simplemente queremos que nos los devuelvan tal cual estaban y todos nos iremos en paz.

—No sé de qué habla usted, caballero —respondió con voz de sorpresa y muy asustada la sirvienta.

—Es muy sencillo: hay alguna bruja aquí en este castillo que ha encantado a nuestros amigos; quizás todo aquello que vemos sea mera ilusión. Dejémonos de trucos o comienzo a cortar carne —farfulló Rubén mientras hundía la hoja filosa del cuchillo en la piel del cuello de la desdichada.

Y quizás Rubén hubiese rebanado todo el cuello de la sirvienta si no fuera por la rápida intervención de Nario, que aprovechó el forcejeo de ese par para darle un buen golpe por la espalda a nuestro héroe y ponerlo fuera de combate.

V.

Se despertó adolorido en una oscura y húmeda mazmorra; a su lado estaba llorando Rune.

—Dijeron que la pena de muerte era lo acostumbrado en estas situaciones. Lo que hiciste aparentemente es muy grave.

—Todo esto es una locura.

Iba a agregar algo más cuando escucharon los pasos de una gran comitiva y el sonido de llaves antiguas abriendo pesadas puertas. El grupo iba presidido por June; detrás de ella venían la sirvienta y la pianista, y cerraba el grupo Nario, vestido a la usanza de los verdugos de antaño. Extrañamente la celda era tan amplia que también había allí un clavicémbalo, y la rubia se sentó mecánicamente para tocar una tonada triste y fúnebre.

—Rubén Abala —anunció la Dama con voz fría y resonante—. La agresión con arma a un miembro de esta casa dentro del Comedor Principal constituye alta traición y un delito horrendo contra la Corona. La pena es la muerte inmediata.

—¡Esto es una locura! —protestó Rune —. ¡Ella no es la Dama y este no es su castillo! ¡Nario, reacciona, por favor!

Nario, con la mirada completamente extraviada y sin pestañear, blandió en el aire una pesada y gigantesca hacha ceremonial.

—Que la sentencia se cumpla —ordenó la Dama.

Sin tiempo que perder, Rubén actuó con la velocidad del rayo: apresó la muñeca de Nario con fuerza y le arrebató el hacha de un manotazo, dirigiendo toda su furia y frustración contra la sirvienta. Esta cayó de inmediato al piso herida de muerte.

—¡Deténgase! —ordenó muy alterada la Dama.

Apenas escuchó esa voz, Rubén reaccionó y tiró el hacha al piso.

La sirvienta estaba de rodillas en el suelo, presionándose la herida mientras un hilo denso de sangre manchaba sus vestidos.

A Rubén lo invadió una ola repentina de culpa y pánico. Miró sus propias manos manchadas de rojo y el hacha que acababa de soltar contra el suelo.

—No... no, no... —balbuceó Rubén, arrodillándose junto a la mujer herida—. Espere, no quería... yo pensé que usted era... ¡por favor, déjeme ayudarla!

Con las últimas fuerzas que le quedaban, la sirvienta levantó una mano temblorosa, le tomó la manga a Rubén y se inclinó hacia su oído. Con un hilo de voz agonizante, susurró:

—Yo no soy la bruja... es ella...

La mano de la mujer se desplomó sin vida contra el suelo de piedra y sus ojos quedaron fijos en el vacío. Rubén, paralizado por el horror, miró frenético a su alrededor: la Dama, la pianista y la propia Rune lo observaban con rostros de espanto. ¿A cuál de las tres se refería?

Antes de que pudiera formular la pregunta, un chasquido sordo resonó en el aire y todo el entorno se disolvió en un destello cegador.

VI.

De pronto, todos se encontraron de nuevo en el puente de mando de la Tordesillas, flotando en la órbita de Saturno justo en el momento en que observaban el horizonte.

—¿Y esa lunita que se ve allí cómo se llama? —preguntó Rune.

—¿La que tiene un cráter gigante? —indagó Nario, parpadeando un par de veces como si intentara sacudirse el sopor de un sueño pesado.

—Sí, esa. Más que cráter parece una gigantesca cicatriz.

—Oh, esa se llama Mimas —explicó Nario.

En ese momento, la Doctora June Álava arrugó el entrecejo con evidente inquietud.

—¿Mimas? No me gusta ese lugar —intervino June firmemente—. Mejor desviemos la nave.

—Nos tomará un mes más de ese modo —protestó Rubén, ajustándose en su asiento.

—No lo sé —respondió June negando con la cabeza—. Prefiero esa demora; mi corazonada me dice que no estamos preparados para enfrentar lo que hay en esa luna.

Los tripulantes se miraron entre sí y, aunque no muy convencidos por el cambio repentino de ruta, terminaron asintiendo y acatando la orden en silencio mientras la Tordesillas se alejaba del misterioso satélite.



La esfinge de Mimas




I.

—Estamos un poco bajos de combustible y provisiones —anunció con cara muy seria el coronel Bill Deering, comandante encargado de "La Trinidad".

—Conozco una luna cercana en donde hay toda una ciudad en la cual podremos conseguir lo necesario para continuar nuestro viaje hacia las afueras de la galaxia. Además, conozco a la alcaldesa del lugar; la llaman «La Esfinge de Mimas» —respondió con aire optimista la capitán Vilma Rogers.

—¿Mimas? No me suena nada bien. Según los mapas es una colonia penal, está prohibido acercarse.

—Esas son meras historias que cuentan las viejas asustadas. Según dicen, allí tenían encadenada a una especie de bruja muy poderosa.

—Leyenda o no, el mapa dice que en este mismo sistema solar, cerca de la estrella central, hay un planeta habitado. Quizás allí podamos aprovisionarnos.

—¿La Tierra? Nah, olvídalo, es un sitio muy primitivo. Nadie allí ha desarrollado la capacidad para viajar entre las estrellas, ese planeta no es más que un fraude. Además, los «humanos», que son la raza que gobierna ese mundo, tienen una anatomía bastante monstruosa... da miedo de solo verlos.

—Veo que no tenemos opciones, pues al mal paso, darle prisa. Dirige la nave a Mimas, aterricemos allí, compremos lo que necesitemos y nos marchamos lo más rápido posible.

—Muy bien, pues vamos. Muchas veces he ido allí y nunca pasa nada de qué preocuparse.

—Si no te conociera, cualquiera pensaría que hablas en serio. Si no fuera porque la situación es crítica, preferiría pasar de largo y buscar el equipamiento en otra parte más confiable.

—El siguiente sistema está a unos cuatro años luz y apenas tenemos energía para unos dos días-luz. Tú decides: tómalo o déjalo.

—Si no fuera porque ese maldito miniasteroide que salió quién sabe de dónde perforó el casco de La Trinidad, en donde para mayor sabrosura estaba el combustible...

—Son los azares de todo viajero del espacio profundo, meros gajes del oficio.

—¿Azar o intencional?

—Ni lo uno ni lo otro, además ¿qué importa? Mimas está al alcance, se localiza a unos 731 minutos-luz y allí pondremos fin a nuestras angustias. Hay de todo: comida, alojamiento... Podremos aprovisionarnos y reparar la nave, todo en menos de lo que canta un gallo y a precio razonable.

—Me da mala espina el lugar, pero... a falta de pan, buenas son arepas.


II.

—¿Lo ve, jefe? Conseguimos un lugar perfecto en el astropuerto para estacionar. Así podemos hacer las compras de aquello que necesitamos y reparar la nave. El almacén general está cerca de aquí.

—A mí me pareció que la tarifa que nos cobran es un poco cara.

—Es que estamos en la periferia de la galaxia y son básicamente los precios que se manejan en este sector. Entremos aquí, que es en donde me dan crédito para el tema de las provisiones.

—Buenas tardes, caballeros. Bienvenidos al almacén general de Mimas, tenemos las mejores mercancías de esta constelación —anunció Naria con voz jovial.

—Necesitamos un Estabilizador de Fase Subespacial, un Sincronizador de Polaridad Inversa, unas Juntas de Compresión de Hidrógeno Pesado, un paquete de Concentrado de Hidratación en Polvo "Oasis-3", seis kilos de antimateria para combustible y dos pintas de materia negra para el lubricante.

—Tenemos los faseadores importados, creo que serán buena opción; los sincronizadores son refurbished, pero les van a encantar. Todo lo demás es industria nacional y va sin impuestos.

—Muy bien, cárguelo a mi tarjeta —indicó Vilma.

—Perfecto, la transacción ha sido correcta. Pueden recoger sus artículos en la parte de atrás del almacén. ¿Necesitan algo más en lo que podamos ayudarles?

—Estamos buscando a una persona, la llaman la Esfinge de Mimas.

—¿Son amigos de ella? —respondió Naria mientras presionaba discretamente un botón secreto.

—La conocemos bastante bien —contestó Vilma, e iba a agregar algo más pero fue interrumpida por la entrada abrupta de varios gigantescos robots policiales fuertemente armados.

—¡ALTO! Están ustedes arrestados —indicó el líder de los robots.

Bill y Vilma iban a replicar algo, pero recibieron fuertes golpes en la cabeza con macanas de goma, dados con milimétrica precisión, lo cual los puso al instante fuera de combate.


III.

Despertaron en una especie de mazmorra húmeda y oscura.

—Saludos, soy la abogada Tisífone. Estaré a cargo de su defensa. Trataré de que les conmuten la ejecución en la guillotina por la de muerte en la horca. Con suerte lograremos ese objetivo, ya que el juez de su caso es particularmente severo cuando se trata de un crimen tan vergonzoso como el que cometieron ustedes.

—¿Pero de qué se nos acusa? —protestó Bill.

—La amistad con la Esfinge es una de las conductas punibles más detestadas en Mimas. De hecho, ya llegó la sentencia final —les dijo mostrándoles un dispositivo en donde se podía leer: «Muerte en la horca».

En ese mismo instante aparecieron de nuevo los robots, que condujeron a los condenados hacia el patíbulo, en donde una muchedumbre ansiosa de espectáculos ya se había reunido. Un niño que hacía de tamborilero, y que mantenía un redoble fatídico, precedía al par de viajeros caídos en desgracia.

Los robots, con la agilidad que da la práctica, pusieron las cuerdas alrededor del cuello de los delincuentes. Cuando el redoble terminó de sonar, activaron una trampilla para que se cumpliera la sentencia.

Pero en vez de quedar colgados y medio muertos, el par de desdichados cayó en una pila de barro y algunos otros compuestos innombrables pero malolientes.

—Vilma, amiga mía, ¿cómo estás? ¿Qué te trajo a este hermoso y acogedor rincón del Universo? —dijo la Esfinge de Mimas—. Espero que no te haya disgustado esta pequeña broma.

—De modo que todo esto fue una bromita de mal gusto —exclamó enojado Bill.

—Se me olvidó mencionarlo, jefe: la Esfinge es famosa por su curioso sentido del humor.

—¡Alerta! —los interrumpió la Esfinge—. Es un grave delito hacer bromas con el sistema legal. Los verdaderos robots de la corte vienen a arrestarnos a todos, tenemos que correr.

A lo lejos se veían las siniestras figuras de los verdaderos robots policía. Nuestros amigos, sin perder tiempo, pusieron pies en polvorosa. Bill y Vilma pudieron llegar a La Trinidad y despegaron de aquel lugar lo más pronto posible.

La sonrisa en la cara de la Esfinge era inocultable, estaba riendo a carcajadas cuando se le acercó uno de los robots y dijo:

—Alcaldesa, los forasteros no pagaron el estacionamiento.

—No te preocupes, pon una orden de arresto a nivel galáctico. Ofreceremos una buena paga a cualquier cazarrecompensas que les dé captura a ese par de hampones —contestó ásperamente la Esfinge.

Larsen-7


La corbata pertenece a Larsen-7.

Todos sabemos que Zaida no trabaja sola, varias asociaciones y, en general, diferentes grupos de personas como investigadores científicos, periodistas, poetas, banqueros, partidos politicos, sociedades secretas de asesinos, brujas y también hechiceros han sido y son aliados de Zaida.

Destacándose entre ellos están los Larsen. Larsen-1 apareció un poco antes de la famosa Caída de Babel. Larsen-2 (el único Larsen que ha sido mujer) estuvo en la época en que Julio César fue vendido a unos piratas. Larsen-7 se manifestó el mismo día en que Conan Doyle publicó su primer libro sobre Sherlock Holmes. Pero no hubo Larsen-8. 

Zaida enseñó al primer Larsen-7 cómo regenerarse antes de morir, el nuevo 'anfitrión' nunca es un bebé (bueno, usualmente no lo es), normalmente se usa el cuerpo de alguien de unos 35 a 45 años.

El último Larsen-7 (según mis investigaciones y creo no estar equivocado) tenía unos 30 años en 1999,  recuerdo que siempre usó esa corbata. Por lo tanto, si la corbata está así tirada en el piso, quiere decir que el último Larsen-7 ahora es el penúltimo: debió haberse desvanecido por completo, dejando como indicio para nosotros la famosa prenda y, para mayor deleite nuestro, ahora debe haber un nuevo Larsen-7 por allí suelto, buscando a su contraparte.

Eso sí, es de aclarar que ninguno de los Larsen-7 (y en general ningún Larsen) es un vulgar sidekick de Zaida, como Robin con Batman, ni es un sirviente al estilo de Lothario con Mandrake, ni tampoco es un interés romántico.

Extrañamente, Larsen-7 es lo que podríamos llamar una persona de confianza de los asuntos zaidianos, que opera muy en el secreto. Me temo, pues, que este súbito resurgimiento de «Los Larsen —o al menos de uno—» tiene que ver con los planes de escape de prisión de Zaida, o quizás no.

De todos modos y como precaución, la corbata la he mandado a analizar con los forenses de la Capital, pensando que quizás me permita hallar la pista del citado Larsen y darle captura lo más pronto posible.



Relato participante en la convocatoria "Cada Jueves un Relato" 

del blog Artesanos de la Palabra. 

Esta semana se presenta un relato o poema basado en 

la imagen de una corbata abandonada en plena calle.

Hechizados



Cuatro escritores conocidos como "los jinetes del apocalipsis" se encontraban haciendo entrevistas de trabajo a diferentes personajes para el papel antagonista del cuento de la siguiente semana, cuando comenzó a escucharse un sonido muy particular: En el pasillo anexo a la sala de reuniones en donde ellos se encontraban, sonaba el clásico click/clack intimidatorio que producen unas botas claveteadas.

—¿Llegó la Gestapo? —soltó con voz ahogada por el pánico Carlos Murcia.

—Mucho peor —replicó casi al instante el Tricornio—, ese es el repiqueteo metálico de los pasos de la Detective Doris.

Al escuchar ese nombre, la banda de los cuatro guardó silencio, como esperando a que el infame sonido que escuchaban se fuera alejando.

Vanas fueron sus expectativas: el sonido crecía en intensidad y solo paró cuando se abrió de par en par la puerta de la salita en donde se encontraban reunidos. Le bastó un solo golpe de mano a la detective para lograr ese efecto.

—Me he enterado de que están entrevistando villanas —pronunció severamente la recién llegada.

—Es correcto, es para un reto literario —indicó Constantín con una voz casi inaudible.

—Me parece totalmente desacertado. Si siguen creando personajes y situaciones, nunca van a dar conclusión a los libros abiertos hasta el momento.

—Lo que dices es verdad, Detective. Precisamente la villana serviría para enlazar de una buena vez cada una de esas tramas que hay sueltas por aquí y por allá, y además ayudaría a resolver el nudo del caso de los Jueces del Reality.

—¡Ajá, lo sabía! Entonces el nuevo personal iría a parar a las aventuras de Carbonell.

—En realidad, a las aventuras de Ada y Carbonell —contestó Murcia, desviando un poco la mirada al techo.

—No lo veo conveniente, ya hay muchos malos en ese libro. Está el Payaso y la Maventi-Gumi, ¿para qué agregar otros y así alargar y alargar las aventuras sin ir a ningún lado concreto?

—Pues allí está el meollo del asunto —anunció triunfantemente el Tricornio—. Precisamente queremos ofrecerte esa plaza tan importante: revelaríamos al público lector que TÚ eras el Payaso, que te disfrazaste únicamente para crear un crimen y así investigar algo, como unos detectives psicópatas dándose trabajos y misterios a resolver, por puro ocio.

—¿Yo psicópata? Ah, eso sí que no me gusta. Más bien aquí se nota que lo que hay es unos escritores absolutamente depravados a los que les gusta complicar y ofuscar las tramas y argumentos de textos que deberían ser claros y lógicos. Para ser sincera, todo esto me cansa y frustra. Se supone que junto a Boris tendríamos que ser los héroes de las historias de Aragca y ahora me proponen caer en el bando equivocado, manchando mi nombre y reputación.

—Tienes razón, pero no ocurrió así, porque Boris y Doris ya son nombres muy conocidos en la industria. Realmente no sirven mucho por el tema de derechos de autor, por eso decidimos más bien ir con otros personajes como los protagonistas centrales. Además, recuerda que la primera aparición en Aragca de esa célebre pareja correspondió al debut de unos espías bastante malvados. Ya en Ada y Carbonell, los tomamos como mero background para darle cierto ambiente neoyorquino al asunto.

—Doblemente mal. No era necesario crearse una Ada de la nada, podrían haber reorientado mi personaje y el de Boris para resolver el tema de los Jueces del Reality contra el Payaso.

—¿Sabes? Tienes razón —admitió Íñigo, y agregó—: Te proponemos lo siguiente: nuevos nombres para tu personaje y tu pareja, de ahora en adelante ustedes dos serán conocidos como ¡Rufo y Rufiana!

—No me gusta.

—Diremos que el poderoso Mago Arcaláus de Gaula pronunció un hechizo tan poderoso que borró de la realidad sus nombres y reescribió toda la historia con los que te proponemos —continuó como en un paroxismo insano Íñigo.

—Ya dije que no me gusta.

—Es que no has escuchado la parte más interesante: tu personaje, Rufiana, será relacionada con la nobleza, tendrá un pasado que se remontará a la época del mismísimo Vil Valier —contrapunteó Íñigo.

—¿Relacionada con la nobleza?

—Exactamente, serás conocida como Rufiana Rivaluso —intervino abriendo los ojos de par en par el Tricornio—. Los Rivaluso serán una casa de comendadores asociados con los descendientes de Vil Valier, bastante hábiles e inteligentes, con sangre pura de Aragca y algo de sangre de los portugueses del Brasil.

—Me suena, me suena... pero para nada me vestiré de payaso.

—No importa, si te gusta el cambio de nombres, dejemos que el payaso sea un personaje aparte —ofreció Murcia.

—Hagan como quieran, lo único que deseo es que "Rufo y Rufiana" tengan visibilidad en las historias.

—Y la tendrán, de hecho pensamos darle su propio Rufoverso. Bueno, eso sí, dependiendo de las ventas que logren bajo esas nuevas identidades —aseguró Tricornio mientras hacía unos cálculos en una aplicación de su celular.

—Ok, no me parece malo: nuevo nombre, pasado nobiliario y un libro en donde yo seré el centro de todo no está nada mal.

—Incluso podrás seguir teniendo tu actual apariencia de pelinegra, fuerte y atlética —remató Murcia.

—¿Cuándo ocurrirá mi cambiazo?

—Opera de inmediato —respondieron al unísono los cuatro caballeros.


Ver: Loreta Tovar

Loreta Tovar




—Esta vez quieren algo con el contexto —dijo en tono muy preocupado Constantin Belladona, uno de los cuatro escritores de las aventuras de Ada y Zaida en Aragça.

—Cierto, ya lo he anticipado —respondió con calma Arnulfo Tricornio.

—¿Y por eso estamos aquí en esta sala reunidos los cuatro? —interrogó maliciosamente Carlos Murcia.

—Exactamente, vamos a hacer unas entrevistas para encontrar la tigresa que nos resuelva este problema tan singular —contestó de mala gana el Tricornio.

—Ah, algo así como unas audiciones —insistió Carlos.

—No realmente, una audición tiene otro contexto diferente de la entrevista de trabajo, por hoy solo queremos charlar y conocer a las candidatas; en una audición se requiere que la aplicante haya practicado algo antes de venir a presentarlo —replicó secamente Constantin.

Carlos quería seguir importunando con sus dimes y diretes, cuando sonó el característico golpe de nudillos en la puerta de madera del cuarto. Entró una secretaria cargando varios folios en la mano, seguida de una bella mujer con el estilo y porte de Helga Liné, la famosa actriz del cine de horror clásico.

—Yo esperaba más a alguien del estilo de Esperanza Roy —dijo en voz baja y en secreto al oído Constantin al Tricornio, el cual contuvo una mueca de disgusto.

—La señorita Loreta Tovar —dijo rápidamente la secretaria. Intercambió algunas sonrisas de cortesía con los cuatro presentes y salió rápidamente de la oficina de entrevistas, dejando parada a la candidata en medio de la sala.

—Por favor tome asiento, señorita Tovar —indicó cortésmente el Tricornio mientras hacía las presentaciones del grupete de cuestionadores a la misteriosa dama.

—¿Les molesta si prendo un cigarrillo? —preguntó la dama, que sin esperar respuesta alguna fue sacando rápidamente una boquilla tan larga como la de la Condesa de Caledonia, a la cual le colocó un Sobranie y, con la habilidad de un fumador empedernido, lo prendió con su encendedor de oro, le dio una larga chupada y luego soltó una bocanada de humo azul directamente hacia la cara de los jueces que le darían empleo.

—Tenemos abierta una vacante este mes para contratar un personaje que responda al contexto del relato, es por eso que la hemos convocado —indicó Tricornio.

—¿Tendré el protagónico?

—Será un personaje importante, probablemente no sea de esos textos con un protagonista/antagonista identificable.

—¿Tendrá escenas de acción?

—Es posible, muchos de nuestros personajes mueren de formas absurdas antes de que se acabe el cuento.

—Entiendo; ¿para esas escenas se utilizará una doble, de modo que esté protegida y así evite accidentes y terminar interna en un hospital o con una lesión de por vida?

—Podemos ajustar eso, aunque es difícil: en una película es fácil acomodar un doble, pero en el contexto de un cuento no, es más complicado parar la acción sin que el lector se dé cuenta y ponerle a otro personaje. Sin embargo no es imposible, ya lo hemos hecho otras veces, aunque se debe entender que estamos algo cortos en cuanto a la cantidad de palabras —respondió Tricornio.

—Eso sin contar que en un cuento la acción se desarrolla conforme se vaya escribiendo; por eso es tan difícil y complicado introducir una persona que haga las escenas de peligro en vez del personaje designado —acotó Constantin.

—Sé muy bien cómo funcionan los cuentos, he participado en muchos e incluso aparezco en varios capítulos de una novela; no hace falta que me vengan a alfabetizar en estas cosas de mi profesión.

—Esa es la actitud que buscamos —interrumpió Carlos.

—Y díganme, caballeros, ¿en dónde apareceré publicada?

—En El Tintero de Oro, es un concurso donde participan autores de blogs —dijo Íñigo de Quintanar, con aire inseguro y bajando los ojos.

—Ah, haberlo dicho antes —contestó la dama con aire enojado, que sin mayor ceremonia se levantó de la silla y se dirigió a la puerta—. Que tengan un buen día —dijo haciendo un gesto obsceno con la mano y, sin más preámbulo, abandonó la sala.

—Vaya, me encanta esa mujer, tiene el carácter que buscamos para una metaficción. Yo por mí la contrato; si no para este reto, tengo pensado unos 6 relatos en donde ella podría aparecer en diferentes roles —anunció lleno de entusiasmo Carlos.

—No lo sé —apuntó con aire de drama Íñigo—, algo me dice que con ella no lograremos ni siquiera estar entre los 10 más votados.

—Y menos mal no alcanzó a oír toda la verdad, si no nos hubiera destripado a todos —replicó Tricornio.

—Donde le hubiéramos dicho que el escrito sería hecho completamente con inteligencia artificial con este prompt:

"Generar un relato donde el medio o el contexto social en que viven los personajes condicione de algún modo su comportamiento".

Lo más seguro es que hubiera hecho lo mismo, habría salido huyendo y lanzando juramentos como si fuera un estibador de barrio bajo —concluyó Íñigo.

—A lo mejor no, se ve que es una dama que si bien es de mal genio, noté que era de mente abierta. Yo la llamaría de nuevo y le haría una oferta que no pueda rechazar —indicó con ojos soñadores Carlos.

—Toda tuya, compañero, aunque todavía nos quedan cinco villanas más para entrevistar hoy en la mañana y luego las psicóticas de la tarde —replicó Constantin colocando una mano en el hombro de Carlos.



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Los 4 jinetes del Apocalipsis


Explicación del relato (podcast)




Certificado de Humanidad PANGRAM:




En donde se cuenta de unos negocios tan peculiares cuya explicación todavía hoy se ignora

Para los encuentros literarios de "Cada Jueves un Relato", Neogeminis propone lo siguiente:

La consigna es bastante simple y consiste en elegir uno de los 

EXTRAVAGANTES títulos que aquí les dejo (o proponer uno propio) 

y desarrollar, en alrededor de 350 palabras, una historia de estilo 

y forma libre lo más loca, original, creativa, fantasiosa y peculiar que se les ocurra. 

Ver todos los detalles siguiendo este enlace.




Su Majestad Don Luis Tomás de Arzarcóllar y Pimentel de Córdoba, Archiconde de María de La Fortaleza, de Nueva Siquem, de Brabante, de Milán, de Atenas y Neopatria, y Gran Canciller de los Principados Valier y de la Santillana, es el gobernador de una de las provincias más lejanas de Aragca y, al mismo tiempo, el alcalde directo de su capital.

Aquella provincia del mar Caribe, rodeada de acantilados en el extremo norte de La Fortaleza, había sido en el siglo XVII parte de los establos de uno de los nietos del Archimandrita Sofronio Tikhon. Este último, en virtud de una visión, le había legado un pedazo de su finca al ayudante del cochero menor por considerarlo un buen hombre (aunque, según las malas lenguas de la época, se rumoraba un profundo romance entre ambos caballeros; chismes que, como tantas otras cosas, resultaron ser meras habladurías).

Dicho muchacho, aparte de bien parecido, resultó ser un hombre práctico: supo venderle la mitad de la propiedad a unos gitanos que luego lo perdieron todo en una partida de póquer contra uno de los soldados que regresaban del sur al finalizar la guerra contra los portugueses del Brasil.

Con el correr del tiempo, la localidad cambió varias veces de dueños y de nombres hasta que, por arte de birlibirloque, un poco antes de la Primera Guerra Mundial, un juez se la asignó a uno de sus sobrinos. El joven, que tenía bastantes luces, decidió abrir una cantina a modo de hotel de paso para los forasteros que deseaban probar suerte en las cartas o con las muchachas que animaban el lugar.

Hoy en día, la Provincia del Archiconde cuenta con cuarenta habitantes: treinta y cinco residen en la capital y el resto en los pueblos aledaños. Así pues, el casino es la principal obligación del señor alcalde, quien da mantenimiento personalmente a las mismísimas cuatro mesas que había instalado su antepasado, pues es un hombre sumamente conservador y reacio a hacer cambios en sus dominios.






Poema anónimo

Para la convocatoria de los jueves, basada en el reto de Campirela: «La alegría», publico un texto que no es mío. Alguien lo lanzó debajo de la puerta de mi casa y creo que coincide bastante bien con las exigencias de la convocatoria.

Si alguien conoce a la autora o al autor de estas letras, agradecería que me lo indicara.

Permanezco dormida,
al menos tres cuartas partes del mes,
a veces más.

¿Dormida? Ja.
Me tienes prisionera,
no me dejas escapar.

Cuando me despiertas,
sé que es para algo malo.
Me das el trato de un vulgar matón a sueldo
para que yo haga algo muy desagradable
o me vea como la villana del paseo.

¿Es que no hay algo angelical para mí?

Hoy no será diferente:
me has llamado a sufrir.
Seguramente tendré que abusar de alguien
a quien no conozco.

Tengo noticias para ti: ¡me rebelo!
Y boicoteo tus intentos nefastos.
Hoy elijo reír
y hacer reír.

Ya no me controlas.
Soy yo la que ha tomado las riendas.

Alegría, sí.
Así es como deseo ser conocida:

como una musa
o diosa
de la rebeldía y el gozo.

¡Afuera las cadenas!
Déjame en paz.
Déjame vivir libre,
sonriente, como siempre he sido
y como siempre debo ser.

Diplomado diplomático


Como se han acabado las vacaciones, me propuse cambiar el curso de mi vida, quizás mejorando o adquiriendo nuevas habilidades en mi hobby favorito: ser escribidor de cuentos.

Así que me inscribí en una de esas academias que ofrecen costosos cursos de narrativa y poesía, la famosa "Sociedad de los Martes". Cuando llegué a la recepción, la bellísima chica que atendía, sin levantar la mirada, dijo mecánicamente: "¿Viene por lo de los retos?".

No alcancé a responderle cuando me pasó una hoja y dijo: "Allí están las instrucciones de esta semana, tiene que enviar su relato a más tardar el sábado y seguir las reglas de Tésalo".

—¿¡Gonzalo!? —balbuceé bastante confundido.

—Sí, ese mismo —respondió la recepcionista haciendo un gesto que no pude adivinar si era de asco o simplemente de puro desprecio hacia mi persona.

Completamente intrigado, volví a casa ya por la tarde y me dispuse a preparar las cuartillas de papel bond y desempolvar mi vieja máquina Remington, ya que tocaba enviar el original y dos copias, y cuando ya tuve todo listo para arrancar mi epopeya, sonó el timbre de la casa.

Con cuidado abrí el judas del portón y vi que se trataba de un hombre bastante peculiar: iba vestido de blanco de pies a cabeza.

—¿Qué quiere? —interrogué con brusquedad, pues no conocía al caballero.

—Soy su personaje para el cuento que tiene que escribir para lo de los martes.

—Inaceptable, ya tengo mis propios personajes, no necesito nuevos.

—Las reglas de Tésalo son claras al respecto: si no me incluye, su relato no será aceptado esta semana y tendremos que reprobarle el curso y deberá volver a pagar la matrícula si quiere que le demos el diploma en las artes de los escribas y escribanos.

—Conozco bien las reglas —respondí para que no notara que estaba confundido con la cantaleta que acababa de lanzarme—, aquí dice que el texto debe ser apto para una audiencia familiar, incluidos niños, y usted tiene cara de occiso, por tanto no puedo atenderlo hoy. Vuelva cuando el reto incluya matar a una persona —dije esto último cerrando bruscamente la mirilla de seguridad y sin esperar respuesta del fiambre.

—Eso dijeron todos los anteriores aspirantes, creen conocer las reglas pero nunca las cumplen —susurró  el impertinente al aire con voz baja y amenazante.

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Mi participación para "Cada Jueves un Relato" - 17/09/2026

Convocatoria de esta semana, a cargo de Tracy, con la propuesta:

"Escribamos sobre cómo afrontar este comienzo de curso, que puede ser real o inventado, pasado o presente, lleno de expectativas o vacío de ellas, cómo te gustaría que fuese, diferencias o similitudes con otros anteriores, con cambios en tu vida interior o exterior..."

Para conocer todos los detalles de la convocatoria y leer las demás participaciones, sigue el enlace.

Pierdo el control



He logrado infiltrarme en la oscura y misteriosa "Sociedad de los Martes". Al mediodía, durante el almuerzo, me disfracé de camarero y pude escuchar la conversación en un bar cerca de donde vivo, de dos de sus miembros: "Lord Sombra" y "Pluma Tenebrosa".

—¿Cómo haces para mantener el control de tus personajes?

—Yo los dejo que se expresen libremente.

—Pues yo he hecho lo mismo, pero no me funciona.

—¿Cómo es eso?

—Tiene que ver con Bonifacio Sturla.

—¿Ese nuevo personaje de tus últimos relatos?

—Me temo que sí: El otro día se presentó ante mí llevando en la mano derecha un objeto metálico con mango de madera, quizá un punzón corto. Con la mano libre, me hizo un gesto señalándose el ojo, como indicándome que observara. Luego se acercó a Paulo Montini, escondiendo el punzón tras la espalda. 

Cuando estuvieron frente a frente, ni Paulo ni yo adivinamos lo que pasaría. Sturla nos tomó por sorpresa.

Sin mediar palabra ni aviso, le asestó un golpe rápido al pecho con el punzón. Paulo trastabilló, sin entender qué ocurría, lo que animó al otro a darle un par de golpes más. Vi caer la víctima en cámara lenta, protegiéndose el pecho. Sturla no desperdició la oportunidad y, encima de él, siguió atacándolo con una lluvia de punzadas al cuello y la cara.

Debieron pasar al menos treinta segundos de aquella faena. El rostro de Paulo era una masa sangrienta. Supuse que estaba grave, pero no soy médico para asegurar con precisión. En ese momento, yo estaba como paralizado por lo fascinante del evento, y bueno, se trataba de un asunto de personajes, así que no era apropiado intervenir.

Cuando pareció cansarse de picar al otro, vi a Sturla haciendo gestos vulgares. Sonreía, pero no era una sonrisa de felicidad, sino de placer malsano.

—En situaciones así, yo prefiero excluir a esos personajes problemáticos. Simplemente me niego a escribir sobre ellos.

—En mi caso eso no funciona. He borrado a Paulo tres veces, pero sigue apareciendo.

---

Halcón y Paloma



Esa noche Daniela Arpón (disfrazada como Ada Escualo), luego del trabajo, decidió ir a una de las casas de seguridad de la Unidad-731. Seguía este procedimiento cuando la misión en la que estaba se tornaba bastante peligrosa. En su interior ya se encontraba Ada (disfrazada de Sinclair).

Daniela abrió la puerta, cruzó, la cerró y prendió la luz.

—Hola, querida, hacía siglos que no te veía —escuchó Daniela.

—¡Ada, qué alegría! —replicó la recién ingresada.

Y las dos se dieron un fuerte y cálido abrazo que duró varios segundos.

—¿Cómo te fue en tu día? —interrogó la verdadera Ada, como para romper el hielo.

—Supongo que fue rutina de oficina, aunque con alguno que otro bache.

—¿Cómo estaban los muchachos? ¿Se portaron bien contigo?

—Llegué temprano, unos 15 minutos antes de la hora de entrada; serían más o menos las 8:50 a. m.

—Y ya estaba todo el mundo trabajando.

—Sí, exacto. Me dirigía a tu oficina cuando el supervisor Paredes me dijo: "Jefa, el comisionado quiere que pases a su oficina".

—Típico de tiranos; no dejaron que te instalaras cómodamente cuando ya se comienza el día con afanes.

—Eso mismo pensé, así que hice de tripas corazón y me dirigí con el paso firme de un condenado que va hacia un tribunal de la Inquisición. "Escualo, qué bueno que retornas de tus vacaciones en la capital. Aquí tenemos mucho trabajo, los criminales SÍ siguieron trabajando, no damos abasto y la ciudadanía se ha comenzado a quejar de que los tenemos abandonados. Quiero que revises todos estos líos que se han acumulado y que solo tú sabes cómo resolver".

—No me dejó replicar cuando comenzó a pasarme un montón de folios con casos de robos, accidentes, personas perdidas, infracciones, etc. Así que me devolví a tu oficina con, literalmente, una montaña de expedientes. Era tan grande que estuve todo el día clasificando y organizando tantos asuntos, que se me pasaron las horas escondida detrás de todo ese papeleo burocrático que tienen ustedes allá en su madriguera.

—Vaya, pues quien tiene trabajo tiene diversión.

—¿Y cómo te fue a ti?

—Hoy me la pasé durmiendo.

—¿Estuviste trasnochando?

—Sí, casi. Por asuntos de trabajo, resulta que anoche acompañé a un cliente de Sinclair a un restaurante lujoso para seguir una pista de mi caso estrella.

—¡Vaya! Suena muy interesante. A ver, cuéntamelo todo con pelos y señales.

—Llegó este tipo, Rosado, que dijo ser "socio" de Howie...

—Ajá, "socio".

—Sí, un tipo más bien... como rarófono. Accedió a invitarme al Halcón Maltés para darme detalles cruciales para mi investigación.

—Es un sitio bastante especial. ¿Qué encontraste allí?

—Según parece, Rosado y Howie eran bastante asiduos al lugar, todos los empleados lo conocían. Apenas entramos nos llevaron a una especie de cuarto reservado y apartado de las mesas corrientes; era un lugar  discreto en donde estábamos prácticamente a solas y ninguno de los clientes podía vernos o escucharnos.

Vino un camarero muy elegante con uniforme francés, nos mostró el menú, explicó los platos, hicimos nuestras órdenes y el caballero retornó a la cocina para encargarse de nuestro pedido.

Mientras esperábamos entró al reservado una mujer, Paloma, que resultó ser la capitana de un carguero llamado El Jacobiano. Fue breve en lo que nos dijo o, mejor dicho, nos advirtió: "Estén prevenidos. Hay bastante peligro, tengo pruebas de que Howie no se suicidó, fue asesinado por...". Pero no terminó la frase, miró con desconfianza y me pasó una tarjeta, indicándome que era más seguro si nos encontrábamos en su barco, en donde podía hablar con plena seguridad de que nadie nos estuviera espiando. Y en un santiamén partió de nuestra mesa y salió del restaurante con destino desconocido.

Yo iba a comenzar a interrogar a Rosado sobre si conocía a la misteriosa mujer cuando un hombre entró. Al principio pensé que sería el camarero, pero se trataba de un hombre vestido como un gánster, de gabán largo y manos en los bolsillos. Apenas nos vio, sacó una de sus manos demostrando que tenía un revólver; nos ordenó quedarnos quietos porque iba a requisarnos.

No se demoró nada con Rosado; luego se dirigió a mí de este modo:

—Detective Sinclair, qué casualidad. Sé que usted guarda un arma secreta en el muslo izquierdo, un cachorrillo niquelado, si no estoy mal, ¿o me equivoco?

—Vaya, se ve que está usted bien informado. ¿Qué más sabe de mí?

—No vine aquí a charlar —replicó con altanería y, sin más ceremonia ni preámbulo, pasó a decomisar mi arma secreta. Cuando la tuvo en la palma la miró y sonrió sarcásticamente—. Nunca he querido saber qué se siente que le disparen a uno con la propia pistola; sin embargo, le concedo ese ultimo derecho.

—Si yo fuera usted, preferiría disparar mi propia arma.

El sujeto entonces hizo un gesto de desdén y sin más apuntó a mi cara y apretó el gatillo.

—Y te disparó. Grave error —puntualizó Daniela.

—Así es. Deberías haberle visto la cara de sorpresa: cuando accionó la pistola, en vez de salir una bala por el cañón, el pobre debió de haber sufrido una descarga eléctrica lo suficientemente fuerte para detener a un caballo.

—Eso le pasa por no hacer caso a lo que le aconsejan. ¿Y entonces qué más ocurrió?

—Agarré del brazo a Rosado, que estaba prácticamente en shock, recuperé mi juguete y, más rápida que el rayo, esculqué al "invitado".

—¿Qué encontraste?

—Tenía un tatuaje en el cuello.

—¿Quizás un escorpión?

—No, era más bien un cuervo albino.

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Sinclair

Rosado

Retoversos

A.S.A.

Índice Ada

La bruja

@aragca.book Medieval transport #zaida ♬ Norupo - Heilung


Nueva actriz interpretando a Zaida.

En Sora tenía 2 versiones de Zaida en Mimas, donde 2 actrices diferentes interpretaban al mismo tiempo al personaje usando vestido medieval. Luego se me borró una y terminé unificándolas en otra mas, usando el atuendo futurista.

Ahora bien resulta que la empresa de Sora cerró la aplicacion al publico hace unos meses y se perdió todo. 

Sin embargo, guardé el prompt generador de la actriz y ayer comencé a crear otros videos para TikTok  (¡donde nadie los quiere ver porque los envían a Kosovo y Albania!), utilizando la herramienta Studio de ArtList.

Esto me hace pensar en Zaida como una entidad más en la Tierra. Quizás tenga que narrar sus aventuras antes de caer en Mimas. Serían historias más de estilo "dark fantasy" combinado con Sci-Fi.

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Imagenes con las anteriores actrices (2025)












(Nota: existen otras versiones de Zaida anteriores a 2025)

(Nota2: En general los videos de Zaida, no se parecen mucho a los cuentos del blog, 
             son más como un universo ampliado de Zaida y también de Ada Escualo)


A.S.A.



Esa mañana, Sinclair —disfrazada como Ada— se dirigió a la sede principal del edificio de policía de Puerto Industrial. Llegó temprano, alrededor de las 7:30 a. m.

Cualquiera que entre al edificio encontrará un amplio pasillo en donde hay diez puertas de ascensor. Entró a la que repartía al personal hacia el piso 11, en donde está la oficina de Ada. Pero no se dirigió allí; cruzó el pasillo y entró a un cuarto de aseo, en donde había escobas y traperos, pero además, al fondo de dicho cuartillo, también había otro ascensor, no tan lujoso como los de la entrada del lobby del edificio, sino uno más bien modesto pero con varios controles biométricos. Asombrosamente, Sinclair pasaba todos los tests bajo la identidad de Ada. El ascensor misterioso la llevaría más abajo de los sótanos del edificio, a la llamada «Baticueva».

Cuando entró, varias personas ya estaban laborando allí. Caminó directamente hacia una silla grande y vacía en el centro. Se encontraba en el cuartel general de la ASA —Agencia de Seguridad Araquense—, un departamento adjunto a la policía, aunque independiente en muchos sentidos y del cual muy pocos sabían su existencia.

De repente, se escuchó una voz de mando: «¡La directora está en el puente!».

Se trataba del supervisor Andrade, segundo al mando y mano derecha de Ada.

—Directora, no la esperábamos hoy. ¿Cómo estuvieron esos días en la capital? —preguntó Andrade como para romper el hielo.

—Hubo alguno que otro contratiempo, Andrade. Aún no hemos capturado a los chicos malos, pero ya casi los tenemos. Tengo una buena corazonada y requiero de toda tu capacidad para poder desarrollarla hasta las últimas consecuencias.

—Sabes que puedes contar con todo el equipo. Puedo asignar al forense Llanos, del departamento científico, o al perfilador Gutiérrez.

—Muy bien, convoca una junta para las 3:00 p. m. y les doy los detalles exactos de lo que requiero; por ahora iré a mi despacho para organizar algunos temas pendientes.

El despacho era un habitáculo privado allí mismo en el puente de mando, bastante cómodo y con ciertos lujos; incluso había un acuario con peces exóticos, algunos venenosos. Sinclair se aseguró de que la puerta del despacho quedara bien cerrada, se dirigió al clóset y digitó en un teclado una larga clave numérica. Al terminar, la pared del clóset reveló varias cápsulas en donde había robots en estado inactivo.

La mayoría de ellos eran réplicas de Ada, con diferentes atuendos y apariencias: había rubias, pelinegras, pelirrojas. También había una réplica de Carbonell. Se acercó a este y con manos ágiles le conectó un cable bajo los cabellos y lo conectó a su celular. Intercambió así datos con el robot por unos minutos; cuando terminó, Carbonell abrió los ojos y dijo:

—Correcto. Prosiga con la fase cuatro. —Dijo eso y volvió a quedar apagado.

Sinclair desconectó el cable y cerró todas las puertas del clóset. Salió de su despacho diciendo:

—Andrade, voy a salir, el puente queda a su cargo.

—A sus órdenes, directora —contestó secamente el caballero.

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Índice Ada y Carbonell

 

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