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El Origen secreto d'Aragca 6.66

El Cíclope acababa de arrancar la simulación  (que no es un Cíclope griego, ya que tiene dos ojos, debido a que nunca le vendió uno a los dioses. "Cíclope" es tan solo un apodo con el que lo conocen sus más íntimos amigos) cuando apareció Zaida y quedo encantada con lo que veía en la consola, tanto así que decidió meter la mano para agarrar a un miquito titi simulado que andaba un poco despistado, pero al intentar sacarlo fuera de la pantalla, el animalito simplemente se desintegró.

— Los “objetos” de la simulación no pueden existir en nuestra realidad, son píxeles y requieren estar conectados a la electricidad, al sacarlo queda "zafado" de la fuente de energía y por eso se desaparecen — le explico el Cíclope a Zaida, que se notaba un tanto afligida por lo ocurrido al titi.

— ¿Quiere decir que sin querer lo mate?

— Técnicamente, los objetos de la simulación, NO están vivos, lo que ves en los monitores es tan solo una representación visual. El “verdadero” ser de esos objetos está almacenado en unos y ceros en las memorias de los computadores que hacen posible la simulación.

— Capto la idea. ¿Quiere decir que no hice nada malo?

— Si te preocupa mucho esa entidad, puedo devolver la acción al instante exacto antes de que metieras la mano.

— Si porfa, procede tal cual  dices, me siento algo culpable.

El Cíclope accionó unas palancas y engranajes de la consola y el miquito reapareció, intacto, como si Zaida nunca hubiera intervenido.

— Gracias, dejemos, pues que el bichito cumpla con su ciclo. ¿Podrías aumentar ahora la velocidad del mundo? Digamos que por cada segundo nuestro pasen 10 años. Quisiera ver a los monitos ya convertidos en humanos.

— No hay problema — dijo el Cíclope — mientras se disponía a mover manivelas, apretar tornillos e hinchar varios fuelles de aire,  para dar gusto a Zaida con el extraño requerimiento.

— ¿Ya está funcionando como quiero?

— Viento en popa, de hecho acaban de entrar en la Edad del Bronce.

— ¡Fantástico!, déjame los miro más de cerca — exclamó Zaida metiendo al mismo tiempo la cabeza en la pantalla, fue tan súbito el movimiento que el Cíclope no pudo detenerla.

Para los habitantes de Simula IV, ese día fue memorable. Desde el punto de vista de ellos vieron como apareció entre las nubes una cara gigante, de aspecto más bello que los ángeles, pero aun así un evento aterrador. Muchos creyeron que era el fin del mundo anunciado por los grandes sabios de la antigüedad, otros  se postraron al suelo y comenzaron a recitar oraciones, el pánico era generalizado. Zaida al ver tamaña confusión trato de decir unas palabras para calmarlos, pero su voz dentro de la simulación salió distorsionada produciendo un sonido semejante a un volcán en erupción. El pandemónium fue total y Zaida un poco consternada saco rápidamente la cara de la pantalla.

— Creo que se me había olvidado mencionarlo, pero entre menos uno interactúe con los personajes del mundo simulado mejor les va a ellos. A mí también me pasaron situaciones como esas en mis primeros ensayos con esta tecnología —indicó con tono pedagógico el Cíclope.

— Vaya que ha sido muy intenso, ¿qué ha ocurrido?

— Pues mientras estamos hablando, en el mundo ha transcurrido tiempo suficiente como para que se desarrollen varios cultos y teologías acerca de "La Dama en las Nubes", hasta estatuas tuyas de oro puro han levantado por doquier. Precisamente ahora hay una guerra entre aquellos que creen que la aparición de la cara gigante no es más que un mito inventado por los ancestros contra la facción que espera pronto tu regreso.

— ¿Entonces crees que debo volver a meter la cara de nuevo a ver si dejan de pelearse?

— Como te digo, lo mejor es que te escondas e interactúes de manera más indirecta con los "simulitas"

— ¿Simulitas? 

— Así han decidido llamarse ellos como especie que domina dicha realidad.

— ¿A qué te refieres con métodos indirectos?

— Supongo que lo mejor es crear un carácter dentro de la simulación que tenga ciertas características de esa "Dama en las Nubes".

— Si podemos intervenir, significa que no necesariamente esta simulación tiene que ajustarse a como ha sido la historia de la Realidad en la que vivimos nosotros.

— Ciertamente. ¿Tienes pensado algo al respecto?

— Bueno si ya he alterado el curso de la simulación ¿qué más daría hacer un ligero cambio geopolítico?

— Soy todo oídos, "dama de las nubes"

— ¿Qué te parece si variamos la historia de América, creando un país que se mantenga en Monarquía a lo largo y ancho de la Historia?

— Suena raro, pero me parece intrigante, ¿Cómo sería eso? ¿Deseas crear un reino tercermundista?

— Por supuesto que no, es más, todo lo contrario, deseo que me hagas una Monarquía apenas se descubra América, debe ser un país próspero y opulento, capaz de colonizar Marte en siglo XXI.

— ¿En qué parte de América lo pondrías?

— Buena pregunta. A mi parecer podemos quitarle un buen pedazo al Brasil que está bastante gordito y pensándolo bien NO debería siquiera existir.

— Buena elección y ¿qué nombre le pondrías?

— Aragca

— Parece una palabra indígena, ¿qué significa?

— Es un acrónimo toponímico, de Aragón y Castilla

— ¡uyy!, te sigo, querida, ¿qué más se le antoja a la Chica del Aire?

— El país debe contar con Reyes, Príncipes, Condes, brujos y hechiceros de gran renombre, y por encima de todo que hablen sin tildes, dales una ortografía propia de ellos.

— ¿Alguna religión en particular?

— Sí, que al principio sean Protestantes, pero con el paso del tiempo quiero que aparezcan otros cultos principalmente basados en mí.

— Me parece lógico, ¿se te ocurre algo más?

— ¿Puedes hacer que en tiempos modernos, digamos durante la era de Internet aparezca una audaz pareja de policías, que se llamen Boris y Doris?

— Los detectives son mi especialidad, querida. Pero el nombre elegido no me gusta, suena a cliché trasnochado

— ¿Entonces Ada Scully y Carbonell, te suenan mejor?

— Scully me suena a una sirvienta que lava platos, mejor usa Escualor, que le da un toque más serio y un tanto retorcido. ¿Carbonell tiene nombre?

— Puedo ponerle uno, pero de momento nada se me ocurre.

— ¿Y qué has pensado para ti?

— Si puedes hacer una Zaida Simulada, envíala al siglo XVII allí quiero construir una Casa de Nobles, llamada los Valier.

— Se puede hacer, pero ten en cuenta lo siguiente: tu “avatar” estará sometido a las mismas limitaciones de los nativos de la simulación: Vivirá, sufrirá, envejecerá y morirá como todos los demás.

— Está bien, supongo cada cierto tiempo puedo “reencarnar” al dichoso avatar

— Puedo hacer eso que propones y mucho más, déjame ajusto varios controles, por aquí y por allá, y todo quedaría tal como lo has planeado — dijó el Cíclope mientras alistaba un pesado martillo, un kit de destornilladores, llaves de plomería, arandelas y tuercas de varios calibres.

— No te preocupes yo también sé cómo hacerlo — aseguro Zaida y con destreza movió las perillas de 4 válvulas colocándolas en los siguientes valores: U, 7, 3 y 1. En ese momento varios engranajes se detuvieron por unos segundos, las máquinas chirriaron un poco y en la pantalla se vio como Santillana descendía por primera vez en Aragca.

— Me asombras, Mujer. Me ha tomado varios años poder perfeccionar el arte de las simulaciones y tú apenas llevas unas horas en ello y has logrado una configuración bastante difícil calibrando un par de cosillas.

— Sé algo de magia gris.

El Cíclope quedó intrigado, nunca supo si de verdad Zaida tenía los conocimientos mecánicos necesarios o si fue un golpe de suerte, supuso que probablemente ella le había leído de alguna manera la mente para extraer la pericia y habilidades requeridas. Solo por si acaso, sin que ella lo notara ajustó ciertos controles en su casco a modo de evitar infiltraciones telepáticas. Se preguntaba a sí mismo: "¿hasta dónde Zaida podría llegar si le diera completo control de aquel mundo simulado?"

Zaida  notó que el Cíclope parecía tener espasmos de escalofrío, y eso la hizo sonreír.



Viaje a Simula IV



Como era costumbre, el cortejo que transportaba en una de esas literas romanas a la "Suprema Editora", en las calles trazadas sobre el Monte Olimpo, en Marte, hacía su pomposo desfile alrededor de las 10 a. m. Llevaban trompetas para anunciar a los cuatro vientos que se abriera paso a su Excelencia.

Aquello que cargaban los del cortejo era una cápsula electrónica muy parecida a un sarcófago, en la cual iba en perpetua hibernación el cuerpo de la "Suprema Editora". Cerrando el grupo de personas iba una chica rubia, muy modesta, que parecía ir bastante atenta a su entorno. Nada ocurría sin que ella lo supiera.

Fue ella la primera en notar la amenaza que se advertía en el horizonte marciano: un grupo de mujeres en motocicleta se acercaba rápidamente. Con excepción de la rubia, nadie iba armado en el cortejo; las medidas de seguridad en aquellos días eran escasas o nulas, pues la criminalidad había sido eliminada.

Pero estas no eran motociclistas cualquiera: se trataba de un escuadrón de 8 «Avispas», una de las facciones más eficientes y sanguinarias de la Colectiva Sororitas, que también operaba en diferentes colonias a lo largo y ancho del sistema solar.

Les bastó algunos segundos para poner fuera de combate al cortejo, con excepción de la rubia, que blandía una especie de lanza, similar a la que alguna vez usaron las guardias imperiales de China. Alcanzó a poner fuera de combate a dos o tres Avispas. 

La rubia se movía rápido y con elegancia, pero las Avispas habían previsto esa posibilidad y venían preparadas: en el piso colocaron una especie de parlante que emitió un sonido de alta frecuencia dirigido a la rubia, la cual se disolvió apenas la tocó la onda sonora.

El sarcófago quedó de ese modo expuesto, sin defensa. Una de las Avispas sacó un martillo grande, digno de un albañil curtido y especializado en demolición  y comenzó a darle brutales golpes a la tapa, pero no logró mayor éxito. Fue entonces cuando una de ellas indicó que era mejor usar un taladro neumático. Querían abrir la cápsula y llenarla de ácido para eliminar “aquello” que estuviera dentro del sarcófago.

Cuando ya casi estuvieron a punto de romper el sarcófago, apareció de la nada una nave gigantesca que cubrió el cielo marciano. Las Avispas se detuvieron por completo, pues nunca se había visto una nave similar: la nave terrestre más grande no tendría más allá de 300 metros. Pero aquello que tenían enfrente podía medir varios kilómetros, casi tan grande como una luna pequeña.

De la nave salió un rayo que capturó el sarcófago y, así como apareció, desapareció del cielo marciano.

En lo profundo del hiperespacio, el piloto de la nave se dirigió a la bodega donde había transportado la preciosa cápsula. Con habilidad conectó algunos dispositivos al sarcófago y logró abrirlo. Dentro había una figura humanoide, de aspecto momificado. 

El piloto roció cuidadosamente con un spray el cuerpo de la momia, y esta abrió los ojos e intentó agarrarle la garganta con unos brazos flacos apenas cubiertos de carne azulosa. La acción duró unos segundos; la momia soltó el cuello de su presa y colapsó en un sueño profundo. Sin embargo, el piloto tocó su garganta con cierta incomodidad. Continuó rociándole diferentes líquidos, y lo que antes parecía un mero esqueleto forrado en jirones de carne podrida comenzó a tomar vida. Poco a poco dejó de ser un cuerpo decadente y decrépito para convertirse en una mujer muy similar a la rubia que la había escoltado. Tenía ahora un cuerpo bello y vigoroso. El piloto volvió a intentar despertarla. Fue entonces cuando escuchó una voz ruda de ultratumba que salía de la ex-momia:

—¡Cíclope!



—Acabas de sufrir un atentado. Iban a derretirte con ácido; si yo no aparezco para interrumpir la fiesta, en este momento serías un mero recuerdo, querida Zaida.

—¿A quién se le ocurrió esa genial idea?

—Al escuadrón de Avispas de la Colectiva Sororitas.

—¡Ja! Eso sí que es nuevo. Me parece bastante divertido. Yo misma las fundé en 1666, y mira a dónde han llegado. Se han tomado Marte, según creo.

—No solo han atacado en Marte. La rebelión de la Colectiva Sororitas está ocurriendo en todos los planetas y colonias terrestres. De Mercurio a Marte y algunas operaciones mineras en los asteroides, en estos momentos deben estar ya bajo su control.

—Es una mala noticia. Esas carniceras impondrán un régimen totalitario. Básicamente estamos viendo cómo la humanidad colapsa. Nunca podrán dominar el viaje interestelar mientras estén bajo el yugo de esas damas.

—Le ha ocurrido a muchas otras civilizaciones. No debemos intervenir; debemos dejar que la humanidad resuelva sus problemas por sí sola.

—Si esas reglas son tal cual, pues me siento algo responsable. Fue a causa mía que se formó la Colectiva Sororitas, y por siglos, secretamente, yo las influenciaba y apoyaba con mis recursos y conocimientos.

—Precisamente la regla de no intervención existe para evitar estas situaciones. Si tú interviniste, su historia ahora comienza a mezclarse con tu destino.

—No he sido la única que ha metido la nariz en la humanidad. Tú también tienes tratos a través del espejo con brujas y hechiceras.

—Cierto. Es por eso que siempre cobro un precio alto. De ese modo no me quedan "karmas" abiertos.

— Colectiva Sororitas fue una buena idea, aunque les di bastante libertad y ya en el pasado han hecho algunas cosas con las que no estoy de acuerdo. Tú tienes tecnología, ¿verdad? Bueno, envíame al pasado y yo arreglo todo.

— ¡Zaida, por favor! Toda persona razonable sabe que el viaje en el tiempo es una imposibilidad, es como si dijéramos que en algún lugar todavía Roma está invadiendo España o que en alguna parte están crucificando a Jesús. Eso implicaría que tendrían que existir múltiples copias de este universo, una por cada instante de tiempo, lo cual es un absurdo. Además de ser innecesario.

— No me trates como si fuera estúpida, sé perfectamente que no se puede retroceder en el tiempo, pero repito: TÚ TIENES TECNOLOGÍA. Yo tengo magia; juntos podemos hacer algo para resolver este problemilla.

— Todo tiene un precio, querida.

— Bueno, ¿qué te parece si asumo el aspecto de una hembra de tu especie? ¡Y con los dos ojos! Tal como eran los cíclopes antes de venderse a los dioses griegos.

— Es una idea atractiva. En ese caso, puedo ofrecerte lo siguiente: poseo un antiguo computador cuántico de mediados del siglo XXI que contiene una simulación bastante buena de la Tierra , ... , hecha con Minecraft. La llamo Simula 3.0.

— ¿Minecraft?

— Sí, es bastante completa. ¿Quieres verla?

— Por favor, me muero de las ganas.

El Cíclope accionó unos controles en uno de sus brazaletes, y en un monitor Zaida vio la simulación y comenzó a interactuar con ella.

— ¿Esta simulación a qué tiempo está sincronizada?

— Tenemos disponible desde la fecha de la fundación de Aragca hasta más o menos las tres de la tarde del 22 de marzo del 2200.

— Me doy cuenta de que la simulación no es una copia fiel de la realidad. Los habitantes son cuadrados y el mundo en sí es plano. Solo existe un disco que sería la Tierra y dos luminarias: una para el Sol y otra para la Luna, que giran alrededor del disco. Las estrellas son meros puntitos luminosos, y todo está dentro de una expansión de aire rodeada por un montón de agua arriba y abajo.

— Bueno, es lo mejor que tengo, armé el mundo en seis días. Tómalo o déjalo.

— Puedo arreglar tu simulación con algo de magia.

Zaida dijo esto último haciendo un pase mágico, y en la pantalla de la simulación el mundo dejó de verse al estilo de un software. Ahora se parecía mucho más a la realidad. Era tan preciso que el Cíclope dejó escapar algunos sonidos de admiración.

— Pon la época del simulador en 1914. Quiero ir a la Primera Guerra Mundial; después de eso me encargaré de arreglar el lío de Sororitas con el par de detectives que liquidaron.

— ¿Piensas resucitar a Carbonell y Ada Escualor?

— Técnicamente no sería resurrección, porque estaría simulando el pasado de ellos. Simplemente intervendría para que no mueran.

— Es un buen plan. Pero hay una restricción: tú no puedes meterte dentro de la simulación.

— Entiendo. Tenemos que crear una Zaida simulada que esté en comunicación conmigo para que sepa qué hacer.

— Podemos asistirla a través de los espejos.

— Muy bien. ¿Cuánto tiempo tardaría en simularse lo que va de 1914 hasta, digamos, mediados del siglo XXI?

— Para la gente que está dentro de la simulación, experimentarán el paso del tiempo creyendo que han transcurrido varias décadas; vivirán y envejecerán en consecuencia.

— ¿Y en tiempo real?

— Para nosotros será como unas diez horas, tal vez menos.

— Muy bien, hagamos como he dicho, y mientras pasa el tiempo puedo mostrarte todos mis conocimientos acerca de la anatomía ciclópea.

— ¡Trato hecho!


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