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La tela de araña

Nota aclaratoria:

Una de las dificultades que he notado cuando se abordan figuras históricas, sean estas de gran calibre o más bien poco conocidas, es que hay que especular bastante cuando estas se encuentran discutiendo asuntos en privado. Es decir, conocemos bien qué hacen las figuras públicas cuando dan presentaciones abiertamente, pero es más difícil o imposible saber sobre su intimidad personal; en este caso, pues, toca recurrir un poco a las licencias literarias y, en cierta forma, a la imaginación. He tomado para este relato varias figuras del pasado y las he mezclado con mis personajes, de modo que lo que aquí narro es más una novelización que una crónica de talante histórico. Me he centrado, pues, en aquel periodo en donde los sindicatos del crimen prosperaron y fueron la mano derecha de los grandes conglomerados industriales que hoy nos dominan. Con el texto pretendo, pues, contestar al interrogante de si existe una simbiosis provechosa entre las personas más ricas del país y los criminales más temidos del mundo.

I. Tobashi

Los cuatro grandes conglomerados industriales de Aragca convivían en un precario equilibrio. Sus enfrentamientos rara vez eran abiertos; preferían atacarse mediante maniobras financieras, adquisiciones hostiles y discretas campañas de desprestigio. No siempre había sido así. La desaparición del quinto y del sexto conglomerado había servido de recordatorio para todos: sobrevivir exigía prudencia.

En su despacho del piso sesenta de la Gran Torre Tobashi, Arnulfo Tobashi saboreaba lentamente una copa de coñac. Como presidente del tercer conglomerado más poderoso de Aragca, llevaba demasiado tiempo observando un mercado inusualmente tranquilo. Sin embargo, intuía que algo estaba cambiando. No podía explicarlo, pero percibía una oportunidad: una operación cuidadosamente ejecutada podría sacar del juego a uno de sus competidores.

Aquella mañana decidió convocar a su vicepresidenta de Planificación y Estrategia, Madame Sokaiya, una de las ejecutivas más temidas del conglomerado. Su reputación se había forjado gracias a una eficacia implacable y a métodos que rara vez aparecían en los manuales de administración de empresas. Tobashi confiaba plenamente en ella. Si alguien podía convertir aquella idea en realidad con total sigilo y discreción, era Madame Sokaiya.

—Estarás de acuerdo conmigo en que estás planeando una jugada muy arriesgada. Incluso si tuviéramos éxito en el lance, nada impediría que nuestros rivales nos aplicaran la misma medicina —indicó Madame Sokaiya con gesto serio.

—Eso es cierto. Ya lo había calculado, y en eso consiste el juego: en asumir riesgos. En este mundo no se puede ser reactivo ni pasivo —replicó Tobashi mientras se servía su tercer coñac.

Madame Sokaiya estudió durante unos instantes el último gesto de Tobashi antes de responder:

—Muy bien. La caja de Pandora va a abrirse. Una vez que hagamos nuestro movimiento inicial, la rueda de la fortuna comenzará a girar en cualquier dirección. Solo una mano firme será capaz de inclinar el destino a nuestro favor.

—¿Pandora? Suena a una vieja leyenda.

—Precisamente. Debe quedar claro que esto tomará bastante tiempo; varios años, quizá una década —dijo Madame Sokaiya mientras, con notoria familiaridad, se servía una buena medida de coñac.

—Brindo por ello —puntualizó lacónicamente Tobashi.

II. Naomi

Naomi Alaska veía sin mayor sorpresa el estado de su cuenta bancaria; había acumulado una pequeña fortuna en el lapso de unos tres años. Era una de las ejecutivas más prominentes del afamado grupo industrial Capibara.

Recordó sus inicios: había empezado su carrera profesional trabajando para la competencia, una empresa automotriz del Consorcio Tobashi. Sin que nunca pudiera explicárselo, a los pocos meses de haber iniciado, su jefe, el señor García, comenzó a darle mayores responsabilidades y la mantenía en continua capacitación. Se convirtió en su mano derecha. García fue ascendiendo y, con él, ella. Fue García quien un día le presentó a la vicepresidenta Sokaiya, a quien le pareció una mujer muy distinguida, aunque algo distante y con cierto aire enigmático.

Alaska comenzó a manejar muchos asuntos importantes y, a veces, tenía que representar a la empresa en diferentes eventos. Conoció a muchas personas de la industria. Para una carrera de Fórmula Uno tuvo la oportunidad de relacionarse con varios ejecutivos del Grupo Capibara, quienes ya la conocían. Al poco tiempo le hicieron una oferta para trabajar con ellos y la aceptó.

III. Capibara

Contrario a lo que la mayoría de las personas creen, estos grupos industriales no son enemigos mortales; como si se tratara de partidos políticos de ideología opuesta, a veces, de acuerdo con las condiciones del mercado, por momentos parecen estrechos colaboradores. Fue en uno de esos proyectos conjuntos donde Alaska tuvo un encuentro inesperado.

—Naomi, ven, quiero presentarte a unas personas muy importantes de la industria —dijo Gregorio.

Se acercaron a un grupo de personas donde estaban varios de los ejecutivos más destacados del sector automotriz; entre ellos estaba Madame Sokaiya.

—Tu rostro me es familiar —dijo la madame—. ¿Nos hemos conocido antes?

—Trabajé al inicio de mi carrera para el Consorcio Tobashi —respondió Naomi.

—¡Vaya!, eres prácticamente de la familia —indicó la madame con cierta sonrisa irónica.

—Oh, esto es nuevo, no sabía de tu pasado, querida Naomi —dijo Gregorio.

—El mundo es pequeño, y aún más en nuestra industria; es posible que sigamos viéndonos en el futuro —acotó seriamente la madame.

—Démoslo por seguro —contestó Gregorio.

IV. De nuevo Tobashi

Seis meses más tarde, Naomi había vuelto de nuevo —con un mejor cargo y mejor remuneración— a la casa que la vio crecer. De nuevo en Tobashi, comenzó una exitosa carrera bastante notable, incluso para la prensa local.

Luego de algunos años de prosperidad y éxitos, un día vio en un recuadro de uno de esos diarios económicos la reseña de que un ejecutivo del grupo Capibara había muerto en un accidente automovilístico: se trataba de Gregorio.

Leyó la noticia y sintió bastante pena y nostalgia. El recuerdo de aquellos días en Capibara ya casi era una mera sombra del pasado, pero el nombre de Gregorio le traía memorias algo nebulosas.

Curiosamente, en los últimos dos años, esos accidentes a ciertos ejecutivos de grandes empresas no eran cosa infrecuente; por alguna razón, al menos recordaba seis casos similares. Muy en el fondo de su intuición, algo le indicaba que debía tomar precauciones.

V. Cheng

Por aquellos días, la profesión de detective no tenía el prestigio que hoy despliegan figuras como Ada o Carbonell. En esa época, cuando Tobashi estaba en pleno apogeo, Cheng se perfilaba como una figura muy prometedora dentro de los ámbitos policiales. Fue la resolución del asunto «de los Clanes sin nombre» lo que lo llevó prácticamente a la fama y al poder.

Cheng era de esos detectives asignados a los casos en donde había homicidios u occisos. Tal como Alaska, Cheng comenzó a notar ciertas peculiaridades en esos accidentes que involucraban a personajes del ámbito económico. Quizás cuando tuvo que hacer el levantamiento del cadáver de Alaska fue cuando llegó a la conclusión de que «algo» o «alguien» operaba en las sombras.

VI. Dos viejos conocidos

—Mi querida Madame, veo que, después de varios años, aquello que sembraste ha comenzado a dar fruto maduro —dijo Arnulfo Tobashi, mientras disfrutaba otra copa de coñac.

—También hemos tenido que hacer ciertos sacrificios.

—No me digas que sientes algo de remordimiento por decisiones tomadas, mi querida dama. Capibara básicamente ha desaparecido del mapa y ahora nuestros rivales comienzan a sentir pasos de animal grande.

—Así es, el entramado de ajedrez muestra cierta posición favorable, pero apenas vamos en la apertura; es en el medio juego donde se perfila el vencedor. No debemos subestimar a nuestros rivales.

—Siempre pensé que era en los finales cuando se ganaba la partida.

— El final usualmente es cosa del Rey asediado por el peón que se convierte en Reina.


VII. El Informe Cheng

Lo que se conoce como el documento interno U-731, ultraclasificado, fue de autoría de Cheng, quien correctamente dedujo que las grandes corporaciones económicas llevaban varios años usando los servicios de agencias del crimen contratadas para asesinar a personalidades clave del sector industrial. Estos asesinatos tenían como objetivo eliminar a mandos medios, nunca a las grandes cabezas corporativas. La jugada era calculada: un mando medio no despierta la misma atención del público y de las autoridades que la que puede despertar una gran cabeza cuando rueda. Dichos mandos medios eran vitales para el buen funcionamiento de las empresas. El patrón es que, en principio, no parecían asesinatos (o ejecuciones, por así decirlo), sino que todo se hacía de forma casual, accidental o como una enfermedad mal cuidada.

Cheng dedujo que era muy probable que los conglomerados estuvieran usando una red de intermediarios para lograr contratar asesinos a sueldo, pero se habían tomado la precaución de usar clanes en donde realmente el «ejecutor» no se conoce y este tampoco conoce al contratante; esa era la virtud de esa misteriosa red. De manera que era imposible para la policía, incluso teniendo hábiles detectives y sabuesos, llegar a los responsables intelectuales. Y, de hecho, los clanes de asesinos eran tan buenos y especializados que impedían que cualquier víctima, aun examinada por forenses competentes, pudiera determinarse como un homicidio deliberado.

La mayor prueba de Cheng de que había una simbiosis entre los grupos financieros y esos misteriosos clanes fue la rápida desaparición del grupo Capibara y la desintegración del tercero más poderoso: Tobashi se había dividido en dos; por un lado apareció el nuevo grupo llamado Sokaiya y, por el otro, los restos de un Tobashi muy debilitado tras el deceso de su cabeza principal, Arnulfo Tobashi, quien murió —según el informe de la autopsia— de cirrosis.

Luego de ese suceso, la guerra de los mandos medios simplemente desapareció como por encanto.

Jamás se supo quién contrataba ni cuáles eran sus motivos. Además, Cheng recibió la orden de la Corona de no continuar con el caso «Capibara»; a cambio de ello, pasó a ser el Jefe de Seguridad del Reino.

Testimonio de un gato


Después de casi una década, Bustamante se animó de nuevo a explorar los blogs. Se registró en la "Sociedad de los Martes", un grupo heterogéneo de entusiastas de las redes virtuales. Los nombres de los miembros eran bastante coloridos: "Comadreja Ciega", "Lobotomía", "Cisne sin Alas" y otros más. Sin embargo, Bustamante quedó fascinado por "Garras de Felina", quien, según parecía, vivía en la misma ciudad.

Bustamante logró ganarse la confianza de la chica. Al poco tiempo, decidieron citarse en persona. La relación no estuvo mal al principio; salían a discotecas, bailaban, y algo más, siempre en moteles que no parecieran baratos.

Un día, "Garras de Felina" le dijo:  

— Amor, tenemos que hablar.

— Muy bien, dime nena, ¿de qué se trata?

— ¿Cómo crees que va nuestra relación?

— Yo creo que vamos por buen camino.

— Mira, no sé si esto te parezca raro, pero ya no quiero que sigamos yendo a moteles. Me parece feo. ¿Qué te parece si vamos a tu casa? Así lo nuestro sale menos caro y ahorraríamos.

— Sabes que vivo con mis padres. No sería el lugar adecuado.

— ¿Y si la próxima vez nos vemos en mi casa? —le sugirió, con una sonrisa.

Así fue. El siguiente viernes, Bustamante acudió a la lujosa casa de "Garras de Felina". Ella lo recibió con una bata transparente que no ocultaba mucho a la imaginación. Bustamante notó que había unos diez gatos gordos, todos observando desde diferentes rincones, acompañando en silencio a su misteriosa amante.

— Pasa, amor mío, ponte cómodo —dijo la chica, ronroneando suavemente.

Sin pensarlo dos veces, Bustamante comenzó a desvestirse. Cuando estuvo completamente desnudo, lo último que escuchó fue un chasquido de los dedos de "Garras de Felina". Los gatos saltaron sobre él, desgarrándolo sin piedad.

Entre la locura de maullidos y dientes afilados, "Garras de Felina" susurró:  

— Mis gatitos solo comen carne fresca... y ya tenían hambre.

El eco de su risa resonó en la habitación mientras los gatos devoraban hasta los huesos al desdichado, consumiéndolo como si fuera un ratón indefenso.


Cada Jueves un Relato

Me he unido a la convocatoria de Neogeminis, esta vez se trata de escribir un relato con el titulo 'Testimonio de un Gato', ver las condiciones y otras participaciones aqui.

Carbonell

Cinco Personajes

La joven actriz llegó muy emocionada a casa.

— Hola todos ¿adivinen qué? He ganado la audición, conseguí un papel importante en la próxima película de cine dirigida por el gran director Alan Smithee.

— ¿Y comó se llama? —preguntaron al unísono papá y mamá, con aires de auténtica curiosidad.

— Carbonell.

— ¡Bah! Si ya sé, esa es la misma del policía que se enamora de una tal Pelos de Mazorca — contestó el abuelo con desgano, sin levantar la mirada del crucigrama que llevaba resolviendo todo el día.

— No estas ni tibio abuelito querido, la película estará basada en la famosa telenovela llamada "La hija de Carbonell".

— Peor aún — dijo el abuelo.

— No hagas caso al abuelo, vea que confundir un libro que nadie leyó con la serie de televisión exitosa es ya síntomas de demencia senil — replicaron el padre y la madre al mismo tiempo.

— Pues loco no ando — contestó el abuelo — ustedes no se acuerdan o no lo saben porque serían muy jóvenes, pero la Telenovela no tiene nada que ver con el libro, eso lo sé muy bien y estoy seguro de que esta producción tampoco debe ser muy leal al material del cual toma el nombre. ¿A ver nena comó será esa película?

— Haré de niñera de un niño policía, que resuelve crímenes muy misteriosos, la clave está en que el crío es un fiasco, será un incompetente, mientras tras bambalinas yo soy la que resuelve el misterio y encuentra al culpable. Claro, eso nadie lo nota y siempre el chico aparece como una especie de genio al cual todos aclaman y galardonan.

— Suena a comedia, me da mala espina — anunció el abuelo con aire preocupado.

En ese momento se escuchó la palabra:

CORTEN.

El director muy enojado dice a su asistente (que como todo en ese mundillo de la farandula, es su propio hijo) : 

"No me gusta este cast, mejor búscame una niñera pelirroja y el niño de preferencia debe ser un muñeco de ventriloquia Ugandés o del Senegal, en especial desaparece al payaso que hace de abuelo, quiero a un anciano de verdad, eso ahorra mucho maquillaje. Y en vez de policía pongamos un medico forense o un abogado fiscal.

Pensándolo bien, despide a todos estos cinco y a la próxima hay que unir al padre y la madre en una sola voz, quizás un tío andrógino de esos que tienen dos cuerpos funcione mejor para el efecto que quiero...

Y el que resuelve los crímenes sera el reflejo del chico en el espejo o una bailarina muda importada del Brasil."

— Contrataré a un cuervo parlante, un mono tití y un par de gitanas, que harán los papeles protagonicos — pensó para sus adentros el asistente. Quien en el ultimo párrafo del libro, a modo de giro de tuerca inesperado, el Inspector Carbonell descubre que es "la mastermind" causante de los horrendos asesinatos.

Jueveros

Este relato participa en la convocatoria de Jueveros de Septiembre/5. Organiza Alma Leonor en su blog Helicón. Tema 5 Personajes. Todos los detalles y demás relatos se encuentran siguiendo este enlace.

Rutina

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En una autopista secundaria, muy solitaria, un vehículo va algunos kilómetros por hora por encima del límite máximo de velocidad. Es de noche, y el paraje circundante es absolutamente tenebroso.

A poca distancia, otro vehículo lo sigue. Tiene la clásica luz de emergencia que indicaría que es policial.

El conductor del vehículo, al percatarse de su falta, comenzó a bajar el ritmo para, por fin, detenerse a un lado de la vía. Vio cómo la patrulla se estacionó detrás de él. Los policías se tomaron su tiempo en descender; se movían despacio, cada uno por un lado. Era una pareja, bastante joven. El hombre tomó el lado izquierdo; la pelirroja, con gafas oscuras, fue por el derecho. Ambos vestían de civil.

El policía golpeó el vidrio de la ventana diciendo, de forma autoritaria, una sola palabra:

—Papeles.

El Infractor comenzó a sudar; se sentía nervioso, pero lo calmaba saber que tenía su documentación en regla. Con prontitud, buscó en la billetera la licencia de conducción, la carta de propiedad del auto y la constancia de estar asegurado.

Apenas tuvo listo todo, se dispuso a entregar al oficial que lo requería, cuando en ese mismo momento una bala expansiva le perforó la cabeza.

—¡Maldita sea! Lo has vuelto a hacer sin avisarme. Mira cómo me has salpicado la ropa; debo tener hasta pedazos de hueso —dijo en un tono muy casual el caballero—. Ni siquiera alcancé a recibirle los papeles.

—¡Ups! —contestó ella y luego soltó una risotada, la cual fue seguida por su compañero con una fuerte carcajada.

—Tendremos que proceder a limpiar la evidencia —dijo él, como si se tratara de una rutina cómica varias veces ensayada—. La próxima vez voy a tener que ponerme un delantal de plástico para evitar arruinar mi ropa, que es tan cara.

—Si te hace sentir mejor, amor mío, la próxima vez yo pido los papeles.

Ella guardó cuidadosamente el arma que había utilizado y retornaron a la patrulla. Apagaron todas las luces. Desde allí el hombre utilizó un teléfono celular (no usó el radio oficial), marcó un número, esperó unos segundos a que una máquina contestara y dijo:

—Papa,..., Hotel, Eco, Charlie, Hotel, Oscar —y colgó la llamada.

Algunos minutos después, a lo lejos, vieron la silueta de un helicóptero que se aproximaba, y, sin encender las luces, desaparecieron en la oscuridad.



Jueves de Relatos

Este jueves 15 de Agosto/2024, Neogeminis nos convoca con un tema libre para 'Cada jueves un relato'. Ver los detalles y otras participaciones.

Ver otros de mis relatos en la serie: Asesinos.

Hermanitas

— ¿Puedes explicarme para qué me enviaste esa carta? — interrogo la Pelirroja con cierto aire severo que podría intimidar a un curtido miembro de la Gestapo

— Fue solo un juego para poder atraer tu atención — respondió la Rubia con gesto de inocencia fingida

— Muy bien, tienes cinco minutos para explicarme toda esta bufonada que has armado

— Necesitó tu colaboración para evitar un sacrilegio en contra de los de mi Orden

— ¿Sacrilegio? ¿Orden?

— Calma Hermanita, déjame continuar, como bien sabrás está de gira en Aragca un clavicembalista que reclama ser alumno del Gran Puyana y de Wanda Landowska

— No significan nada para mí esos nombres

— Basta con saber que son los de mi Orden, mi linaje sagrado, pero este tipejo que viene es un farsante

— ¿Cómo lo sabes?

— Basta con oírlo, está tocando Jazz con tan noble instrumento

— ¿Jazz con un clavicémbalo? ¿Qué hay de malo en ello? Según escuché el caballero está llenando las salas de concierto

— Pues eso, es una violación a los principios de decencia y la moral

— No me vengas con cuentos, estás celosa de que alguien te compita de igual a igual con tu instrumento favorito

— Lo que sea, pero lo quiero fuera del negocio, lo antes posible

— Sabes que ya no hago esos trabajos, los de mi Orden, también tenemos reglas

— ¿Los asesinos también tienen una Orden?

— Así es y es muy estricta por lo demás hasta aquí llegamos con tus jueguitos estúpidos

— Cálmate, sabía que ibas a reaccionar así. Tengo oro en los bolsillos, no quiero contratar a tu Orden, sino específicamente a ti, para que me hagas un favor, si bien serás recompensada, tómalo como un ingreso extra de este mes

— Te costará caro, el precio es de 100 bitcoins

— Hecho. Te daré 200, a cambio de que yo escoja el modo de ejecución

— ¿Qué se te ocurre?

— Quiero que le envenenes las teclas, con esos tóxicos que tú conoces que no dejan rastro, conforme vaya dando el concierto su piel absorberá la ponzoña, lo ideal es que no termine la primera pieza.

— De acuerdo, suena cruel, pero el precio es el adecuado. El veneno es mi arma favorita. Y conozco bien al forense que se ocupa de esos casos.

— y algo más

— ¿Qué desea la reina de la luna, quieres que vaya maquillada como un payaso?

— Una vez que todo este hecho debes traerme una de las cuerdas del instrumento del cerdo blasfemo

— Dalo, por hecho. ¡Oh! diosa

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Capitulo anterior: Amenaza de Deux Ex Machina

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otra de la serie Asesinos

Picnic

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Nos hemos unido a Vadereto de Feb 2024: "Crear un relato en donde el JAZZ sea uno de sus elementos principales."



Picnic



Eran militares bastante jóvenes, el caballero tendió la manta sobre el prado. El sol de mediodía invitaba a tener una merienda campestre e informal: Unos cuantos refrigerios, una buena botella de Valpolicella y algo de queso. La chica sonrió, ocupo un extremo de la manta, se quitó los zapatos para estar más cómoda y por un instante comenzó a juguetear con los deditos, haciéndolos bailar una vez que quedaron liberados.

— Qué buen gusto tiene usted Señor Alfredo, hasta vino italiano trajo para acompañar el pan con jamón  — le dijo ella aun sonriendo

— Todo lo preparé pensando en este momento, vida mía — respondió Alfredo, que mantenía la mirada hipnotizada viendo la danza de deditos de pie, le llamaba la atención en especial el barniz rojo de las uñas.

— Lo sé mi amor. No se te escapa detalle alguno — respondió la muchacha al mismo tiempo que recibió el pan con jamón y veía como él servía el vino en un par de copas de cristal preparadas para la ocasión — lástima que dispongamos de tan poco tiempo, en una hora debemos volver al trabajo — agregó ella bajando la mirada

— No te preocupes, si incluso llegáramos tarde, unos cuantos minutos no creo que sea grave.

— Yo por mí no me preocuparía, pero tenemos jefes y supervisores. Ellos sí que se mostrarían preocupados si llegamos un segundo más tarde de lo normal.

— Es una lástima que sea así, ellos son tan... ¡INFLEXIBLES!

— Así es, me parece que son gente retrógrada — apuntó ella, mientras se acomodaba el cabello como si quisiera hacerse una cola de caballo

— El problema en realidad no son ellos, es la sociedad por completo la que anda podrida — continuo Alfredo mientras engullía la mitad de su copa de vino.

— ¿Y deseas cambiar un poco las cosas?

— Me gustaría darle un vuelco total, cambiar nuestro sistema socioeconómico por algo más progresista

— Qué interesante, amorcito — le dijo ella mirándolo fijamente, con total sutileza se acercó un poco más hacia él y por un segundo pareció que ella le había tocado una mejilla.

Alfredo dejó su perorata política y prefirió centrarse en ella, le acercó la cara para besarla, gesto que ella correspondió.

Lo siguiente que ella escuchó fue un ruido seco, extraño. Alfredo cayó de espaldas, alguien le había disparado a la cabeza, quizás un francotirador oculto entre la vegetación.

Como pudo y sin saberlo ella salió inmediatamente corriendo, no se  acordó que estaba descalza, pero aun así se desplazó rápidamente tratando de huir de ese paraje.

De entre la vegetación un brazo fuerte la agarro para ocultarla 

— Excelente trabajo, Alférez 731. Hemos dado de baja al traidor. Seguimos todas tus señas, según lo acordado: si te arreglabas el cabello, nos pondríamos alerta. Y si tocabas la mejilla del objetivo le apuntábamos. Y un beso consentido era la indicación de dar de baja al fiambre.

— Es cierto, Diamante 4 — dijo ella — personas divergentes son peligrosas para nuestra organización y el país. Que el equipo de aseo limpie la escena, no debe quedar ni el mínimo rastro. Desaparezcan todo.

Ella siguió caminando alejándose del francotirador, que estaba ya emocionado, contactando vía radio y usando lenguaje en clave, daba instrucciones para "la gente del aseo”.

Era la primera vez que siendo asignada a una misión alguien había muerto.  Ya no había vuelta atrás.  Pertenecía ahora al Gobierno. Ella misma había “neutralizado” a otras personas en el pasado, no tan lejano, pero por buenas causas, porque era gente que se lo merecía, pero con Alfredo no estaba segura. Sintió que las razones de la ejecución eran puestas a capricho por la Elite. Se le aguaron los ojos y le temblaban las manos, como si hubiera caído en cuenta de que la palabra inocencia se había borrado del todo en su mente.  Se sentía asqueada.

Desde ese día decidió utilizar gafas oscuras, no quería que nadie la viera llorando. Nunca dejaría que la gente pudiera leer sus emociones. Sé prometió a sí misma que jamás volvería a enamorarse de alguien del trabajo.

Horas más tarde, la familia de Alfredo recibió la noticia de que el héroe había caído cumpliendo con su deber, lo mismo indicaron los medios de comunicación local. El vocero del gobierno prometió investigar a fondo los sucesos.

(El francotirador tan solo pensaba que Alférez 731 en cierto modo estaba libre, no era fea, aunque tal vez nunca la invitaría él mismo a una salida campestre)

Historias cortas de Asesinos

Tracy en su blog Tracy Correcaminos nos propone este tema de la Sociedad Juevera:

NUESTRAS  ELECCIONES podéis enfocarlas desde el punto de vista que queráis: político, social, familiar, vivencial... 

Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos estamos eligiendo, ojalá llegara el día en que la única elección que tuviéramos que hacer fuera, elegir si queremos la tostada del desayuno con aceite o mantequilla.



"Estás paralizada, pero puedes escuchar y ver perfectamente todo lo que ocurre a tu alrededor, ya llevas algunas horas así. Mi equipo y yo hemos preparado cuidadosamente cada detalle: han forrado tu cuarto en plástico mientras yo esperaba mi turno para entrar en escena, para ser la protagonista del relato. 

Algunos podrían alegar que tú eres el personaje principal. Ahora estamos tú y yo a solas, afuera espera el equipo a que yo termine mi parte del trabajo. Lo único especial que tienes es que eres la primera persona de la Nobleza que despacho, te recordaré siempre. Es como perder una virginidad.

Como puedes adivinar, no soy la única que se dedica a este oficio, lo usual entre los de mi Orden, en situaciones como esta, es la de abrirle la boca al 'muñeco' para no dañarle la dentadura,  como una especie de cortesía. Pero no es una regla obligatoria, nunca la sigo, yo prefiero a manera de firma de artista dispararle a una boca cerrada, miro por un instante mi pincelada, no me importan los dientes de nadie, no soy odontóloga, más bien me alejo un poco y luego si procedo con el disparo real. 

Y quizás solo por ese detalle, por eso no eres la protagonista, ni siquiera antagonista. Eres un personaje secundario. Una vez yo termino con mi acto, vuelven y entran los que están afuera, el equipo de Aseadoras, que impacientemente esperan mi señal de que ha cambiado el tercio de la faena. Se llevarán TODO, plástico y cuerpo. De hecho no sé qué harán con lo que quede de ti, y nunca lo sabré, no hago preguntas, ni me quedo a verlas. Son eficientes. Pero son varias, de allí que tenga que usar esta máscara, para mantener mi anonimato, ellas son Muchas, si me reconocieran tendría que disponer de ellas también y no queremos eso, ¿verdad? 

A ver Condesita aprieta bien la boca, quiero que quedes hermosa."



ver todos los relatos de la convocatoria

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