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La sociedad de los Martes



Todos sabemos que la "Sociedad de los Martes" envía por correo electrónico privado sus retos semanales. En ese fatídico martes recibimos, de parte de "El Marciano", una frase bastante curiosa: "Tres colas de ratón". No había más explicación; el estilo y el género asumí que serían libres. Como siempre, "Goliardo" envió su relato el viernes por la tarde. Durante el fin de semana, el Marciano fue compartiendo los aportes literarios de su variopinta comunidad de poetas grises y narradores nihilistas, que cada martes se turnan el anfitrionazgo de las tertulias literarias.

Goliardo fue leyendo y saboreando los relatos conforme iban llegando a su bandeja de entrada. Los que más le gustaron fueron los de "Cedro Lúgubre", "Amalia", "Especialista", "Peliverde" y "Versos Sombríos". Soltó una sonrisa al ver los nombres tan coloridos que usaba la gente en esa comunidad tan extraña. Sin embargo, aquello que había escrito Amalia le resultó inquietantemente atrayente. Aquel relato lo hizo pensar varios días y, a la vez, lo llenó de ideas para el próximo reto, que iba a ser conducido al siguiente martes por "Los Prisioneros", según se indicaba en la lista de anfitrionazgos del grupo. La rutina de la sociedad se repitió sin falla semana tras semana, y siempre Goliardo quedaba enamorado de los escritos de Amalia. No dudaba en enviarle comentarios elogiosos sobre sus creaciones, y ella respondía prontamente, así como tampoco era tacaña en comentar las letras de Goliardo. Estuvieron en esa dinámica algún tiempo, intercambiando ya no simples comentarios de sus relatos, sino que pasaron a un estilo epistolar más íntimo, lindando entre lo romántico y el erotismo descarnado.

Así que de las cartas pasaron a algo más: Amalia deseaba verlo en persona.

Goliardo se sintió algo nervioso; nunca se había encontrado con alguien de la "Sociedad de los Martes". Había asumido como regla no escrita que estaba prohibido ese tipo de encuentros, pero como no había alguna regla explícita al respecto, decidió llenarse de valor y accedió a la propuesta.

Amalia vivía en un castillo medieval al sur de Aragca. Cuando Goliardo arribó, fue recibido y atendido con gran esmero por los sirvientes del lugar. Un ayudante de cámara le dijo que esperara en una salita muy lujosa mientras la Condesa se preparaba para recibirlo.

La Condesa era una mujer muy joven, bastante bella y elegante, de hermosa cabellera verde.

—¿Amalia? —preguntó Goliardo con voz seca y quebrada.

—No realmente, soy La Condesa; Amalia es tan solo un absurdo nick —respondió lacónicamente la misteriosa mujer, mientras se movía con cierto flujo de vampiresa antigua, mirando a Goliardo como lo haría una comadreja hambrienta viendo un pollito recién nacido.

Cuando La Condesa se aproximaba para morderle el cuello (según suponía Goliardo, que estaba como paralizado), de repente se escuchó una voz en la estancia:

—¿Goliardo?

Era la voz de una mujer vestida de manera sencilla, en vaqueros azules y blusa blanca de algodón. Iba descalza.

—Esta es mi hermana gemela —se apresuró a decir La Condesa—. Ella es la mala de la pareja.

—Goliardo, es mejor que salgamos de aquí —respondió la recién llegada, ignorando lo dicho por su hermana y agarrando firmemente de la mano a Goliardo, que parecía petrificado por los acontecimientos.

Mientras trataban de huir la Condesa comenzó a entonar una vieja canción.


Aquellos que encuentran

A su alma Gemela

En el Bosque del Sur

o en las letras

Ahora tienen dos problemas

Que antes no tenían

Pues deberán cargar

Por esta y otra eternidad

Con un cadáver que está de más,

Somos avatares que el Bosque del Sur

usa para alimentarse de emociones


Fue un granjero el que llamó a la policía. 

Cuando los detectives llegaron (uno era un hombre con aires de héroe de películas B, la otra una pelirroja de aspecto atlético y con gafas oscuras, como si viviera en un eclipse perpetuo), encontraron unos restos que difícilmente se podían distinguir si eran de un ser humano.

—Es muy extraño lo que aquí ocurrió —dijo la Pelirroja—. Parece como si le hubieran vuelto al revés el cuerpo, sacando las entrañas hacia afuera y metiendo la piel hacia adentro, aunque se ve que le faltan partes, como si hubiera sido masticado y luego... regurgitado, eso asumiendo que son los restos de un solo individuo, a lo mejor hay más de un occiso por aquí.

—Quizás podamos obtener alguna pista en aquel castillo que se ve a lo lejos —indicó el hombre con aire de héroe B.

—De nada servirá —intervino el Granjero—. Está abandonado, quizás hace unos 200 años. Allí nadie vive, excepto arañas, ratas sin cola y otras alimañas venenosas.

—Recuerdo haber visto algo semejante hace unos meses atrás. ¿Recuerdas? En el caso de los "Cultistas de Mimas" —lanzó al aire la pregunta la hermosa pelirroja a su compañero.

—Pff, vaya recuerdo. ¿Cómo olvidarlo? Aún tengo pesadillas de ello —respondió el hombre de aspecto heroico.

—¿Desean que los guíe hacia el castillo? —preguntó el Granjero.

—Por el momento, esto es todo lo que haremos. Tomaremos algunas fotos y llevaremos algunas muestras de tejido —respondió el Héroe, y continuó—: Para resolver este caso, vamos a requerir el apoyo de un grupo de especialistas.

—Estoy de acuerdo —respondió la Pelirroja—. Esto será como una tarde libre. ¿Invitas hoy a almorzar?

—Por supuesto, querida. ¿Te gustaría un picnic?

—Encantada. Este tipo de casos siempre me resultan intelectualmente estimulantes.

En ese momento, y sin aviso alguno, ambos detectives desenfundaron sus metralletas y dispararon sin piedad y con precisión milimétrica hacia el cuerpo del Granjero, que inmediatamente sucumbió al ataque, dando unos chillidos que ningún ser humano emitiría.

El hombre de aspecto heroico sacó un teléfono móvil, diciendo:

—Hemos detectado un caso 731 cerca del viejo Castillo de los Franz. Se requiere apoyo de un equipo de especialistas en contención y otro en extracción. Severidad del incidente: Rojo-Naranja. Repito: Rojo-Naranja. Esto no es un simulacro.

— ¿Te diste cuenta de que tenía seis dedos en cada mano? — dijo la Pelirroja como para romper el hielo.

— Por supuesto que lo note, solo que este tenía doble pulgar en cada mano, aparte de que tenia cabello verde. Últimamente he tenido que retirar a varios como ese, es posible que estemos lidiando con otra invasión de "forasteros".

— O simplemente es la ola dos. 

— En ese caso no tomemos riesgos, tendremos que enviar al “especialista” a explorar ese castillo.

— Supongo estará disponible para el próximo Martes.

— Puedo esperar sin mayor problema.

— ¡Shh, silencio!.

— ¿Qué ocurre?

— ¡Shh!

(silencio)

— Por un momento me pareció escuchar una vieja ronda infantil.

— No escucho nada.

— Me pasa igual. Debe ser el viento de este lugar.

— Es mala señal, potencialmente podemos estar contaminados.

— En ese caso,  tenemos exactamente 24 horas para que nos apliquen la cura.

— Sabía que algo como esto iba a pasar es por eso que vine bien preparada.

— ¿Te refieres a venir vestida con una blusa blanca de algodón, vaqueros azules y sandalias de tacón alto?

— Puedo quitármelas, quizás sea más fácil andar por este paraje siniestro sin ellas.

La pareja se agarró de la mano y corrieron en dirección opuesta al castillo, aunque sabían que era inútil, como todos los demás intentos, nunca se puede escapar del Bosque del Sur, no importa que rol tengas.

(7544  caracteres, contando espacios)


Bueno, palabra más, palabra menos eso fue lo que escribió el Marciano esta semana al reto de "Amalia y Goliardo", cuya premisa era: "Escribir un relato de vampiros que no chupan sangre, debe incluirse un poema en alguna parte del texto. No superar los 8000 caracteres, contando espacios. Premio a los ganadores: Se entregara un Podcast personalizado vía NoteBookLM".




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Este relato participa en la convocatoria de Tarkion en su blog "IAdicto Digital":

"Escribir un relato inspirado en crónicas de Amor, Terror y Amistad entre blogueros literarios"

Seguir este enlace para ver las condiciones y detalles del concurso.



Comentarios en Podcast de NotebookLM acerca de la "Sociedad de los Martes" (ayuda a entender el relato)


Rutina

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En una autopista secundaria, muy solitaria, un vehículo va algunos kilómetros por hora por encima del límite máximo de velocidad. Es de noche, y el paraje circundante es absolutamente tenebroso.

A poca distancia, otro vehículo lo sigue. Tiene la clásica luz de emergencia que indicaría que es policial.

El conductor del vehículo, al percatarse de su falta, comenzó a bajar el ritmo para, por fin, detenerse a un lado de la vía. Vio cómo la patrulla se estacionó detrás de él. Los policías se tomaron su tiempo en descender; se movían despacio, cada uno por un lado. Era una pareja, bastante joven. El hombre tomó el lado izquierdo; la pelirroja, con gafas oscuras, fue por el derecho. Ambos vestían de civil.

El policía golpeó el vidrio de la ventana diciendo, de forma autoritaria, una sola palabra:

—Papeles.

El Infractor comenzó a sudar; se sentía nervioso, pero lo calmaba saber que tenía su documentación en regla. Con prontitud, buscó en la billetera la licencia de conducción, la carta de propiedad del auto y la constancia de estar asegurado.

Apenas tuvo listo todo, se dispuso a entregar al oficial que lo requería, cuando en ese mismo momento una bala expansiva le perforó la cabeza.

—¡Maldita sea! Lo has vuelto a hacer sin avisarme. Mira cómo me has salpicado la ropa; debo tener hasta pedazos de hueso —dijo en un tono muy casual el caballero—. Ni siquiera alcancé a recibirle los papeles.

—¡Ups! —contestó ella y luego soltó una risotada, la cual fue seguida por su compañero con una fuerte carcajada.

—Tendremos que proceder a limpiar la evidencia —dijo él, como si se tratara de una rutina cómica varias veces ensayada—. La próxima vez voy a tener que ponerme un delantal de plástico para evitar arruinar mi ropa, que es tan cara.

—Si te hace sentir mejor, amor mío, la próxima vez yo pido los papeles.

Ella guardó cuidadosamente el arma que había utilizado y retornaron a la patrulla. Apagaron todas las luces. Desde allí el hombre utilizó un teléfono celular (no usó el radio oficial), marcó un número, esperó unos segundos a que una máquina contestara y dijo:

—Papa,..., Hotel, Eco, Charlie, Hotel, Oscar —y colgó la llamada.

Algunos minutos después, a lo lejos, vieron la silueta de un helicóptero que se aproximaba, y, sin encender las luces, desaparecieron en la oscuridad.



Jueves de Relatos

Este jueves 15 de Agosto/2024, Neogeminis nos convoca con un tema libre para 'Cada jueves un relato'. Ver los detalles y otras participaciones.

Ver otros de mis relatos en la serie: Asesinos.

Pelirroja

Para la convocatoria del jueves/20 de junio, Molí del Canyer propone el tema de Mujeres, y da varias fotos a escoger. Naturalmente, me incliné por el rostro de una bella pelirroja.

Para ver la convocatoria y más relatos, sigue este enlace.


— No sé porque te amo tanto — dijo la Pelirroja en la oscuridad — siempre me has engañado o pones en peligro mi vida, y todo lo justificas diciendo que "Es por la seguridad del reino".

Mataste a mi novio, ¿recuerdas?, me involucraste en ello, para ti tan solo fue ejecutar a un  disidente, pero para mí significo perder el alma. 

Probablemente, ni siquiera sea culpa tuya, sino de la Elite que mueve nuestras cuerdas, pones por encima de mí los intereses de la Nación. 

Me hiciste caminar hasta un volcán bajo el pretexto de destruir un misterioso objeto, casi muero ese día, y por largos años viví pensando que había cumplido yo una gran misión.

Pero somos detectives, ¿no? Con el tiempo y cierta reflexión caí en cuenta que me diste un señuelo, de que el verdadero aparato termino en manos de los científicos que construyen armas y distribuyen muerte en la guerra letal.

Y te has acostado con otras mujeres. Sí, sé que dirás que todo lo haces en aras del deber. Deber, Deber, "Deber antes que vida" nos hacían repetir los instructores de la academia, la diferencia está en que tú te lo creías y yo no. Aunque seamos ratas que salimos del mismo agujero, no somos iguales. 

No sé porque te amo tanto. Eres mi debilidad, en el fondo sé que también me amas, pero nunca he tratado de sacar ventaja de ello. Si un día llegara el caso de invertir roles, jamás yo te pondría por debajo de los "intereses de la nación". Si me hicieras caso, y renunciáramos a estas vidas de riesgo y peligros, y tan solo fuéramos dos ciudadanos comunes y corrientes: Huye conmigo, vámonos a Tenerife, en donde nadie nos conozca. Seré tu mujer y tu mi hombre, tendremos niños, trabajos corrientes, deudas y una vida normal.

 — No sé porque te amo tanto —  sé que si te lo ordenan no dudarías en quitarme la vida. ¿Cómo me ejecutaras? ¿Será quizás luego de un apasionado beso, cuando yo baje la guardia, que lanzarás el golpe que acabe conmigo? Aun así, te amo.

La pelirroja sintió que una lágrima rebelde se le iba a escapar y de inmediato se colocó unas gafas oscuras para disimular, y aunque estaba a solas, por costumbre no quería que alguien notara debilidad en ella.

 


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