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La tela de araña

Nota aclaratoria:

Una de las dificultades que he notado cuando se abordan figuras históricas, sean estas de gran calibre o más bien poco conocidas, es que hay que especular bastante cuando estas se encuentran discutiendo asuntos en privado. Es decir, conocemos bien qué hacen las figuras públicas cuando dan presentaciones abiertamente, pero es más difícil o imposible saber sobre su intimidad personal; en este caso, pues, toca recurrir un poco a las licencias literarias y, en cierta forma, a la imaginación. He tomado para este relato varias figuras del pasado y las he mezclado con mis personajes, de modo que lo que aquí narro es más una novelización que una crónica de talante histórico. Me he centrado, pues, en aquel periodo en donde los sindicatos del crimen prosperaron y fueron la mano derecha de los grandes conglomerados industriales que hoy nos dominan. Con el texto pretendo, pues, contestar al interrogante de si existe una simbiosis provechosa entre las personas más ricas del país y los criminales más temidos del mundo.

I. Tobashi

Los cuatro grandes conglomerados industriales de Aragca convivían en un precario equilibrio. Sus enfrentamientos rara vez eran abiertos; preferían atacarse mediante maniobras financieras, adquisiciones hostiles y discretas campañas de desprestigio. No siempre había sido así. La desaparición del quinto y del sexto conglomerado había servido de recordatorio para todos: sobrevivir exigía prudencia.

En su despacho del piso sesenta de la Gran Torre Tobashi, Arnulfo Tobashi saboreaba lentamente una copa de coñac. Como presidente del tercer conglomerado más poderoso de Aragca, llevaba demasiado tiempo observando un mercado inusualmente tranquilo. Sin embargo, intuía que algo estaba cambiando. No podía explicarlo, pero percibía una oportunidad: una operación cuidadosamente ejecutada podría sacar del juego a uno de sus competidores.

Aquella mañana decidió convocar a su vicepresidenta de Planificación y Estrategia, Madame Sokaiya, una de las ejecutivas más temidas del conglomerado. Su reputación se había forjado gracias a una eficacia implacable y a métodos que rara vez aparecían en los manuales de administración de empresas. Tobashi confiaba plenamente en ella. Si alguien podía convertir aquella idea en realidad con total sigilo y discreción, era Madame Sokaiya.

—Estarás de acuerdo conmigo en que estás planeando una jugada muy arriesgada. Incluso si tuviéramos éxito en el lance, nada impediría que nuestros rivales nos aplicaran la misma medicina —indicó Madame Sokaiya con gesto serio.

—Eso es cierto. Ya lo había calculado, y en eso consiste el juego: en asumir riesgos. En este mundo no se puede ser reactivo ni pasivo —replicó Tobashi mientras se servía su tercer coñac.

Madame Sokaiya estudió durante unos instantes el último gesto de Tobashi antes de responder:

—Muy bien. La caja de Pandora va a abrirse. Una vez que hagamos nuestro movimiento inicial, la rueda de la fortuna comenzará a girar en cualquier dirección. Solo una mano firme será capaz de inclinar el destino a nuestro favor.

—¿Pandora? Suena a una vieja leyenda.

—Precisamente. Debe quedar claro que esto tomará bastante tiempo; varios años, quizá una década —dijo Madame Sokaiya mientras, con notoria familiaridad, se servía una buena medida de coñac.

—Brindo por ello —puntualizó lacónicamente Tobashi.

II. Naomi

Naomi Alaska veía sin mayor sorpresa el estado de su cuenta bancaria; había acumulado una pequeña fortuna en el lapso de unos tres años. Era una de las ejecutivas más prominentes del afamado grupo industrial Capibara.

Recordó sus inicios: había empezado su carrera profesional trabajando para la competencia, una empresa automotriz del Consorcio Tobashi. Sin que nunca pudiera explicárselo, a los pocos meses de haber iniciado, su jefe, el señor García, comenzó a darle mayores responsabilidades y la mantenía en continua capacitación. Se convirtió en su mano derecha. García fue ascendiendo y, con él, ella. Fue García quien un día le presentó a la vicepresidenta Sokaiya, a quien le pareció una mujer muy distinguida, aunque algo distante y con cierto aire enigmático.

Alaska comenzó a manejar muchos asuntos importantes y, a veces, tenía que representar a la empresa en diferentes eventos. Conoció a muchas personas de la industria. Para una carrera de Fórmula Uno tuvo la oportunidad de relacionarse con varios ejecutivos del Grupo Capibara, quienes ya la conocían. Al poco tiempo le hicieron una oferta para trabajar con ellos y la aceptó.

III. Capibara

Contrario a lo que la mayoría de las personas creen, estos grupos industriales no son enemigos mortales; como si se tratara de partidos políticos de ideología opuesta, a veces, de acuerdo con las condiciones del mercado, por momentos parecen estrechos colaboradores. Fue en uno de esos proyectos conjuntos donde Alaska tuvo un encuentro inesperado.

—Naomi, ven, quiero presentarte a unas personas muy importantes de la industria —dijo Gregorio.

Se acercaron a un grupo de personas donde estaban varios de los ejecutivos más destacados del sector automotriz; entre ellos estaba Madame Sokaiya.

—Tu rostro me es familiar —dijo la madame—. ¿Nos hemos conocido antes?

—Trabajé al inicio de mi carrera para el Consorcio Tobashi —respondió Naomi.

—¡Vaya!, eres prácticamente de la familia —indicó la madame con cierta sonrisa irónica.

—Oh, esto es nuevo, no sabía de tu pasado, querida Naomi —dijo Gregorio.

—El mundo es pequeño, y aún más en nuestra industria; es posible que sigamos viéndonos en el futuro —acotó seriamente la madame.

—Démoslo por seguro —contestó Gregorio.

IV. De nuevo Tobashi

Seis meses más tarde, Naomi había vuelto de nuevo —con un mejor cargo y mejor remuneración— a la casa que la vio crecer. De nuevo en Tobashi, comenzó una exitosa carrera bastante notable, incluso para la prensa local.

Luego de algunos años de prosperidad y éxitos, un día vio en un recuadro de uno de esos diarios económicos la reseña de que un ejecutivo del grupo Capibara había muerto en un accidente automovilístico: se trataba de Gregorio.

Leyó la noticia y sintió bastante pena y nostalgia. El recuerdo de aquellos días en Capibara ya casi era una mera sombra del pasado, pero el nombre de Gregorio le traía memorias algo nebulosas.

Curiosamente, en los últimos dos años, esos accidentes a ciertos ejecutivos de grandes empresas no eran cosa infrecuente; por alguna razón, al menos recordaba seis casos similares. Muy en el fondo de su intuición, algo le indicaba que debía tomar precauciones.

V. Cheng

Por aquellos días, la profesión de detective no tenía el prestigio que hoy despliegan figuras como Ada o Carbonell. En esa época, cuando Tobashi estaba en pleno apogeo, Cheng se perfilaba como una figura muy prometedora dentro de los ámbitos policiales. Fue la resolución del asunto «de los Clanes sin nombre» lo que lo llevó prácticamente a la fama y al poder.

Cheng era de esos detectives asignados a los casos en donde había homicidios u occisos. Tal como Alaska, Cheng comenzó a notar ciertas peculiaridades en esos accidentes que involucraban a personajes del ámbito económico. Quizás cuando tuvo que hacer el levantamiento del cadáver de Alaska fue cuando llegó a la conclusión de que «algo» o «alguien» operaba en las sombras.

VI. Dos viejos conocidos

—Mi querida Madame, veo que, después de varios años, aquello que sembraste ha comenzado a dar fruto maduro —dijo Arnulfo Tobashi, mientras disfrutaba otra copa de coñac.

—También hemos tenido que hacer ciertos sacrificios.

—No me digas que sientes algo de remordimiento por decisiones tomadas, mi querida dama. Capibara básicamente ha desaparecido del mapa y ahora nuestros rivales comienzan a sentir pasos de animal grande.

—Así es, el entramado de ajedrez muestra cierta posición favorable, pero apenas vamos en la apertura; es en el medio juego donde se perfila el vencedor. No debemos subestimar a nuestros rivales.

—Siempre pensé que era en los finales cuando se ganaba la partida.

— El final usualmente es cosa del Rey asediado por el peón que se convierte en Reina.


VII. El Informe Cheng

Lo que se conoce como el documento interno U-731, ultraclasificado, fue de autoría de Cheng, quien correctamente dedujo que las grandes corporaciones económicas llevaban varios años usando los servicios de agencias del crimen contratadas para asesinar a personalidades clave del sector industrial. Estos asesinatos tenían como objetivo eliminar a mandos medios, nunca a las grandes cabezas corporativas. La jugada era calculada: un mando medio no despierta la misma atención del público y de las autoridades que la que puede despertar una gran cabeza cuando rueda. Dichos mandos medios eran vitales para el buen funcionamiento de las empresas. El patrón es que, en principio, no parecían asesinatos (o ejecuciones, por así decirlo), sino que todo se hacía de forma casual, accidental o como una enfermedad mal cuidada.

Cheng dedujo que era muy probable que los conglomerados estuvieran usando una red de intermediarios para lograr contratar asesinos a sueldo, pero se habían tomado la precaución de usar clanes en donde realmente el «ejecutor» no se conoce y este tampoco conoce al contratante; esa era la virtud de esa misteriosa red. De manera que era imposible para la policía, incluso teniendo hábiles detectives y sabuesos, llegar a los responsables intelectuales. Y, de hecho, los clanes de asesinos eran tan buenos y especializados que impedían que cualquier víctima, aun examinada por forenses competentes, pudiera determinarse como un homicidio deliberado.

La mayor prueba de Cheng de que había una simbiosis entre los grupos financieros y esos misteriosos clanes fue la rápida desaparición del grupo Capibara y la desintegración del tercero más poderoso: Tobashi se había dividido en dos; por un lado apareció el nuevo grupo llamado Sokaiya y, por el otro, los restos de un Tobashi muy debilitado tras el deceso de su cabeza principal, Arnulfo Tobashi, quien murió —según el informe de la autopsia— de cirrosis.

Luego de ese suceso, la guerra de los mandos medios simplemente desapareció como por encanto.

Jamás se supo quién contrataba ni cuáles eran sus motivos. Además, Cheng recibió la orden de la Corona de no continuar con el caso «Capibara»; a cambio de ello, pasó a ser el Jefe de Seguridad del Reino.

Expediente 37

— ¿Interrumpo?

— Por supuesto que no, Jefe Cheng. Por favor tome asiento

— Ada querida, rara vez te veo aquí en la cafetería, te vi sola y noto en ti cierto gesto de preocupación

— Es verdad, estoy en medio de un caso muy complicado y no he podido resolver nada, cada que encuentro una pista nueva, descubro que me adentra más y más en un laberinto de absurdas complicaciones

— Bueno, así es este oficio, la investigación policial no siempre consigue resolver todos los crímenes y misterios, y aquellos que si se logran solucionar tardan a veces años y emplean bastante personal

— No es como en las películas o los libros de detectives, en donde el Inspector Hércules Poirot encuentra una colilla de cigarrillo encendida en el piso y de ese modo deduce que el asesino debió haber sido el enano de Brooklyn, ya que normalmente para un hombre de más de 6 pies, al caer al piso, la llama debió haber consumido todo el cigarro

— Te entiendo perfectamente

— A veces desearía que las cosas no fueran tan difíciles

— Existe una manera de resolver cualquier misterio

— No te entiendo, ¿qué tratas de insinuar?

— Lo siento, querida, no debí haber dicho eso

— Pero lo dijiste, ya me tienes intrigada

— ¿Has escuchado alguna vez algo así como el "Expediente clasificado número 37"?

— Jamás en mi vida he escuchado tal cosa

— Muy bien, existe una sección de la Agencia Estatal de Inteligencia llamada la Unidad 731, en donde se almacenan toda clase de incidentes inexplicables

— ¿Cómo unos Archivos-X?

— No exactamente, más bien como la bodega que aparece al final de la película de Indiana Jones

— Y el número 37 es una de las tantas cajas arrumadas en un lugar secreto

— Bingo

— Pues de nada sirve porque ese tema es solo comidilla de lunáticos y conspira-sionistas

— Más o menos aciertas, pero no te hubiera dicho yo esto si no fuera porque trabajé directamente en el dichoso Expediente 37

— Ok, te sigo, cuéntalo todo de una buena vez, sin rodeos

— Ese caso es un diario de investigación científica de un tal Vizconde Bathory, escrito a principios del siglo XX, en donde describe como construyó una máquina que le permitía proyectar su conciencia fuera del cuerpo

— ¿Máquina?

— La llamó "Retroproyector Neurofásico"

— No me dice nada el nombre

— A mí tampoco, pero básicamente el artefacto le permitía al tal Vizconde hacer una proyección de su mente fuera del cuerpo. Y esa proyección podía recorrer el castillo que él habitaba, digamos de la misma manera que lo haría un fantasma

— Pues eso es fantástico, ¿cómo es que no tenemos esa máquina en uso para resolver nuestros casos? Con algo así podría uno proyectarse directamente en la guarida de cualquier ladrón y averiguar los detalles exactos de sus crímenes

— Es posible, pero parece que al Vizconde se le salió de control su invención

— ¿Cómo fue eso?

— Como ya te he dicho, El Vizconde creía que estaba haciendo una proyección de su conciencia de una manera muy similar a como sería una alma descarnada o fantasma, si así lo quieres, de modo que al apagar la máquina la proyección simplemente desaparecía, pero a la postre descubrió que en realidad la máquina estaba haciendo copias de su propia mente

— Entiendo, si yo usara la dichosa máquina, toda mi conciencia quedaría copiada y flotando a la deriva sin un cuerpo

— Precisamente querida Ada

— Y debido a ello, el Vizconde decidió destruir el "Proyector Astral"

— "Retroproyector Neurofásico", para ser precisos. Pero lo cierto es que no lo destruyó

— ¿Qué?

— La máquina aún existe, aunque está desarmada y cada una de sus partes ha sido enviada a diferentes localizaciones alrededor del mundo, para evitar su uso

— Pero dices que dejo un diario, de seguro allí se encuentran los planos para rehacer la máquina

— Al diario le faltan ciertas páginas clave, el Vizconde fue muy cuidadoso en ello, parece quería evitar a toda costa que alguien tratara de copiarle su invento.

— ¿Y qué ocurrió con las “proyecciones” del Vizconde?

— No sabemos, lo único que podemos especular es que quedaron "flotando", viviendo entre nosotros como fantasmas sin sabana

— Lo que me has dicho parece que es una tecnología fascinante, quizás el Vizconde no previo exactamente las consecuencias de sus investigaciones, pero nosotros sabiendo ello y ya con los recursos que ofrece el siglo XXI, deberíamos intentar de nuevo construir un artefacto similar para ponerlo al servicio de la humanidad

— Mi bella Ada, siempre tan aguda pero ingenua a la vez. Dime ¿qué te hace pensar que el Gobierno no ha intentado de nuevo reconstruir esa máquina infernal?

— ¿Insinúas que tenemos un nuevo modelo de lo que descubrió el Vizconde?

— Eres detective, ¿no?, hay tienes un caso a investigar o tómalo como un simple rumor de cafetería policial

— Mi tiempo de almuerzo ha terminado, pero gracias por la info

— Una cosa más ... Detective Ada Escualor

— Ya lo sé de memoria: Negarás que esta conversación tuvo lugar

— ¡BINGO!

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La Esposa



A la edad de 6 años, según las costumbres de los Jázaros, Ada fue entregada en matrimonio al viejo Nehemías. Como es de esperarse, en estos casos el Marido de la chica se convertía a la vez en Padre y Mentor, y como padre tenía todos los derechos para educar y castigar a la esposa, según fuera necesario, en el caso del viejo Nehemías, quizás esta parte de castigar y abusar fue la más notoria del caso. 

Paso una década de recuerdos tristes y Ada dejo de ser una chiquilla para convertirse en una mujer bastante robusta, uno de esos días en la que estaba en casa rodeada de otras mujeres, más o menos relacionadas con la parentela del Viejo Nehemías, sonaron unos golpes en la puerta, Ada se asomó a ver que era y vio una enorme caja de cartón, de aproximadamente 1 metro de arista que hacia un cubo perfecto; sin embargo, se dio cuenta que era bastante liviana, así que decidió entrarla a la casa pensando que sería algún encargo del Viejo Nehemías. Las demás damas al verla entrar con la caja sintieron curiosidad y formaron algarabía para que la abriera, hasta el temible Sultán un gigantesco mastín también batió la cola a la expectativa, pero Ada les dijo que era mejor que Nehemías volviera, así que fue pasando el día y cada dama se retiró de la casa de Nehemías hasta que por fin quedo sola Ada con la caja.

Pues en vista de que el viejo marrullero no llegaba, pudo más la curiosidad que la prudencia y decidió abrir el misterioso paquete, en donde únicamente había un collar para sostener un diamante bastante apreciable. Joyas nunca le faltan a una dama Jazara, así que le pareció bonito el adorno y se lo puso junto con el resto de cadenas, dijes y gargantillas con los que solía vestir el cuello. Y por precaución y para que no quedara evidencia, decidió doblar la caja y guardarla debajo del colchón de la cama.

Siendo ya la tarde volvió el viejo Marrullero que venía hambriento de todas las maneras posibles, así que de entrada se merendó toda la cena que Ada le tenía cuidadosamente preparada y luego de ello procedió a satisfacer otros apetitos por medio de su bella mujer. Fue cuando entonces noto que había algo nuevo. El Viejo de inmediato comenzó a indagar de modo grosero de donde había salido ese collar con diamante. 

— ¿Cuál de tus amantes, pedazo de puta, te ha dado este regalo?

— A mí me respetas viejo puerco — respondió Ada acompañando la respuesta de un sendo puñetazo de rabia y rencor dado con una mano llena de anillos, que literalmente le voltearon el mascadero al condenado viejo para el otro lado

—  ¡Yo te divorcio, Yo te divorcio, Yo te divorcio!— alcanzo a gemir el vejete que estaba medio noqueado, como si un camión le hubiera pasado por encima

Y al escuchar esto, Ada entro en pánico e histeria y comenzó a gritar: "Nehemías me ha divorciado" y salió corriendo con apenas lo que tenía puesto y sus varios kilos de Joyas, que toda mujer Jazara carga con ellos para esa especifica y desafortunada circunstancia.

Salió, pues Ada gritando a la Calle, "Me ha divorciado, Me ha divorciado", y seguía corriendo y la gente se le apartaba como si fuera una endemoniada, fue cuando también se cruzó con otra chica en similares circunstancias, pero que iba en sentido contrario.

Corrió tanto ese día que al poco tiempo ya no estaba en la zona Jazara de la ciudad, sino que se encontró de frente con la arquitectura moderna de la metrópoli, y entre tanto edificio vio uno con un letrero que decía:

"Oficina de Reclutamiento Militar. Sirve a tu Patria. Todos son Bienvenidos."

Le pareció el anuncio bastante convincente que entre lágrima y grito decidió medio calmarse y entro al lugar. 

La oficina era más bien diminuta, había un muchacho vestido como soldado tras una pantalla de computador 

— Quiero unirme a las milicias 

— ¿Qué edad tiene usted?, contesto el muchacho vestido de soldado sin quitar la vista de la pantalla

— 18

— ¿Peso?

— 65

— ¿Estatura?

— 1.77

Al escuchar esto fue cuando el muchacho vestido de soldado por primera vez decidió levantar la mirada para ver a la mujer que tenía en frente, trago saliva y dijo:

— Espere un momento, voy a hablarle al Jefe Cheng para que él la atienda.

Dicho esto, entro por una puerta y al rato salió haciéndole gesto a Ada para que pasara.

— Jefe Cheng esta es la persona que desea inicio de reclutamiento.

— Por favor pase y tome asiento — dijo Cheng, mientras al tiempo el muchacho vestido de soldado cerraba la puerta para dejarlos a solas.

— ¿Cómo es su nombre? 

— Yo soy Ada.

— Gusto en conocerla Ada, ¿En qué podemos ayudarla?

— Y sin saber ni como ni porque Ada comenzó a llorar y gimotear diciendo una sinfonía de palabras sin sentido alguno

Cuando termino, el Jefe Cheng dijo pausada y serenamente — Entiendo perfectamente, Eres jazara y tu marido te ha divorciado, saliste corriendo de casa y llegaste por casualidad aquí. ¿O me equivoco?

— Al escuchar eso, Ada quedo de una sola pieza, dejo de llorar y quedo intrigada, apenas acertó a decir ¿ Cómo sabe usted todo eso?

— Estimada, esas cosas ocurren todo el tiempo, muchas mujeres  Jazaras terminan aquí en esta oficina, y puedo decir que entre ellas tenemos a nuestros mejores agentes, espías, detectives e inspectores, y de hecho mi ojo experto me dice que eres completamente adecuada como un Operativo de Elite.

— No entiendo que sea eso, pero estoy dispuesta a iniciar mi entrenamiento

— Perfecto Ada. Solo tienes que hacer 2 cosas. Llenar unos impresos que serían las formas legales para iniciar tu proceso de reclutamiento, y dos no puedes usar tus joyas, de modo que puedes consignarlas en unas cajillas de seguridad que tenemos aquí y de la cual solo tú tendrás la llave. Apenas termines con eso, puedes pasar con el cadete de la entrada para que te dé un pase a un transporte que vendrá a recogerte y te llevara a una base militar en donde serás entrenada en todas las artes de la ciencia militar.

Por alguna razón quizás mental o física o ambas Ada resulto ser una persona específicamente diseñada para tener alma castrense, se aplicó muy bien a todo aquello que le enseñaban y bajo la guía del Jefe Cheng aprendió las sutilezas del espionaje, aprendió de venenos, como armar disfraces y en especial como aparecer y desaparecer de un lugar sin ser notada. Después de varios meses y ya con grado de Alférez pudo tomar una licencia de unos 3 días, para estar fuera del cuartel. Tiempo que fue aprovechado por Ada para dar una visita nocturna a la casa de su exmarido. Con facilidad se pudo colar por entre el tejado, cayendo en medio de la sala. El Temible Sultán, de inmediato, se dio cuenta y se disponía a tragarse de un solo bocado al intruso cuando con sabiduría animal la reconoció y comenzó a batir la cola. 

Ada le hizo un gesto de guardar silencio, el enorme animal obedeció, Ada se le acercó y le inyecto una sustancia con una jeringa. El Mastin ni pudo dar un quejido, cayó muerto de inmediato

— No te olvide maldito monstruo abusivo, aunque no fue tu culpa, sino en como te adiestro el Viejo.

Y con habilidad se dirigió a la alcoba, en donde estaba durmiendo su grotesco exmarido, le bastaron unos segundos para darle un piquete certero del mismo mixto de veneno que uso con el perro y el viejo dio su último suspiro. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que había una pequeña niña compartiendo cama con el anciano depravado. Ada no esperaba aquello, pero no perdió la calma, también a ella le aplico una pinchada pero de otra sustancia, únicamente para dormirla profundamente. Levanto el colchón y encontró la caja de cartón allí doblada. 

Salió de la casa, camino con la niña al hombro y la caja de cartón en la otra mano, se alejó unas cuantas cuadras. Como pudo deposito cuidadosamente a la chiquilla entre la caja, la cerro y la dejo en frente de una casa en donde noto que habían algunas luces prendidas. Golpeo fuertemente la puerta y desapareció en las tinieblas.

Una mujer de la casa se asomó, miro a todos lados y no vio a nadie salvo una caja grande, trato de levantarla, pero no pudo, así que a gritos llamo a unos muchachos que le ayudaron a entrarla, luego de un minuto se escucharon más gritos en esa casa, al rato ya todas las luces estaban encendidas y el escándalo se incrementaba, tanto que gente de otras casas también prendió luces y la gente salía a la calle y algunos corrian como gallinas sin cabeza.

Ada a lo lejos sonrió al ver la escena con cierta nostalgia, se subió a un auto y desaprecio en la confusión de calles de la ciudad.

Nos unimos al VadeReto del mes de enero de 2023. La Caja

La Unidad 731



Siendo muy joven, el cadete Carbonell fue escogido por los servicios secretos de Aragca para participar en un programa de Espionaje y convertirse en Agente Secreto. La Elite había visto con buenos ojos el extraordinario desempeñó que tuvo Carbonell en la Academia Militar. El Jefe Cheng fue la persona encargada de adiestrar en las artes secretas de la intriga y el asesinato al joven héroe.

Cheng lo llevo a unas instalaciones en el desierto de Aragca en donde durante varios meses lo entrenaron en manejo de armas, combate cuerpo a cuerpo, técnicas del disfraz,  investigación y detectivismo y sobre todo el entrenamiento consistía en convertir a Carbonell en una máquina de muerte al servicio de la Corona.

Carbonell fue excelente en todo lo que se le indicaba e instruía, fue en esa etapa en la que Cheng le dijo: "Ahora si comienza lo difícil, en la fase 2 habrá entrenamiento con robots, de ese modo al igual que en WestWold con Yul Brynner, tendrás oportunidad de eliminar al malo sin riesgo y practicar cuanta teoría te hemos enseñado. Pasa mañana temprano a la Unidad 731".

Y así fue, Carbonell a eso de las 6:00am, llego a la puerta marcada con el número 731, golpeo con los nudillos y escucho la voz de Cheng que dijo con tono serio y autoritario — ¡Pase! 

El cuarto era pequeño, había una mesa, con dos sillas frente a frente y una de ellas estaba ocupada, al principio pensó que era Cheng, pero luego vio que se trataba de un desconocido. Carbonell tomó su puesto en frente del otro hombre, fue cuando noto que en la mesa habían dos sobres.

Se escuchó de nuevo, la voz de Cheng, por un altoparlante en el techo, que decía: —Caballeros, abran y lean las instrucciones que están en el sobre al frente de cada uno de ustedes.

Carbonell, tomo su sobre, lo abrió y saco una hoja de papel que decía:


EJECUTE A LA PERSONA EN FRENTE SUYO


Sin pensarlo dos veces, cada uno ellos salto a destrozar sin clemencia al otro. Carbonell de un certero y fuerte puñetazo directo a la quijada, logro aturdir a su oponente, circunstancia que aprovecho para aplicarle una llave de lucha para partirle el cuello como si se tratará de una cabra tuberculosa.

— Bravo, Carbonell. Por favor salga del cuarto — Volvió a indicar la voz del parlante

Cuando Carbonell cruzo de nuevo la puerta, vio la figura de Cheng, este se aproximó y le dijo: —Excelente, has sido promovido al cargo de Teniente.

— No fue nada difícil — replico el joven Carbonell, dándose aires de superioridad   — es fácil hacer el trabajo si han puesto un robot que se programó para hacerme ver como el héroe.

 — Oh Carbonell — contesto Cheng — aún no entramos a fase 2 de tu entrenamiento,  ¿De dónde sacas la idea de que el otro chico era un robot?


Participacion fuera de Concurso para el Tintero de Oro: Homenaje a Philip K. Dick

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