Aristóbulo se había disfrazado de diablillo para asistir al carnaval. Mientras se hallaba entre la multitud, celebrando las festividades, sintió que la punta de un revólver le apretaba las costillas. Apenas alcanzó a oír una orden seca:
—Quieto aquí. En nombre de la ley, está usted detenido —bramó la oficial Severina Dracón.
Aristóbulo, confundido, se disponía a protestar airadamente, pero la oficial fue más rápida: le asestó un certero golpe de macana que, de no haber sido de goma, le habría aplastado el cráneo. Los agentes que la acompañaban lo recogieron del suelo; los curiosos, testigos del suceso, aseguraron que al pobre le brotaba sangre por la boca y las narices.
Despertó en una celda. Apenas abrió los ojos, vio ante sí a la dichosa oficial, quien, sacando una especie de papel enrollado como un papiro, pronunció con solemnidad:
—Soy carcelero, jurado, juez y verdugo. Esta corte encuentra que el acusado es un peligroso delincuente; por tanto, se le condena a trabajos forzados en la Isla Prisión de la Gorgona … campo de exterminio.
—¡Por Dios, solo es un disfraz! —alcanzó a balbucear él.
— Guardias, trasladen al reo a su destino.
Un grupete de agentes, bien armados, lo amarró de inmediato, lo introdujo en un transporte de seguridad y jamás se volvió a saber de él.
La oficial Severina se disponía también a retirarse cuando escuchó el inconfundible sonido de los tacones acerados de la Coronel Ada Escualo. La chica palideció al instante.
—Severina, ¿cuántas veces tengo que repetirte que no debes andar congeniando con criminales? Ese carácter blandengue que tienes terminará un día por convertir nuestra sociedad en un infierno. Si los delincuentes comienzan a irrespetar a la policía, acabarán gobernándonos. No lo olvides, nenita. Quiero ver mano dura la próxima vez.
Severina, tratando de contener el miedo, apenas acertó a decir:
—Sí, señora. Se hará como usted ordene.



Encontrarse con una tipa así que lo es -odice serlo- todo en materia represiva es para desear no haber nacido.
ReplyDeletePor eso mismo yo no me disfrazo nunca...
ReplyDeleteLa verdad, tu texto me ha parecido de lo más interesante. Nos presentas, casi sin darnos cuenta, a un pobre diablo que resulta ser más manso que un gatito asustado, y, en contraste, esa maldad tan fría de la Gestapo, ante la cual es imposible entrar en razón. Los agentes cometen sus atrocidades no tanto por convicción, sino porque, de no hacerlo, acabarían ellos mismos cayendo en la Gorgona.
ReplyDeleteAquí el Maligno se encarna, sin duda, en esa Coronel de gesto adusto y nada complaciente. No sabía yo que Ada pudiera llegar a ser tan villana… En fin, cosas veredes. Y mira que he conocido personas de carácter agrio, pero ni mi suegra —que en paz descanse, y bien bruja que era— alcanzaba tales cotas.