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La esfinge de Mimas




I.

—Estamos un poco bajos de combustible y provisiones —anunció con cara muy seria el coronel Bill Deering, comandante encargado de "La Trinidad".

—Conozco una luna cercana en donde hay toda una ciudad en la cual podremos conseguir lo necesario para continuar nuestro viaje hacia las afueras de la galaxia. Además, conozco a la alcaldesa del lugar; la llaman «La Esfinge de Mimas» —respondió con aire optimista la capitán Vilma Rogers.

—¿Mimas? No me suena nada bien. Según los mapas es una colonia penal, está prohibido acercarse.

—Esas son meras historias que cuentan las viejas asustadas. Según dicen, allí tenían encadenada a una especie de bruja muy poderosa.

—Leyenda o no, el mapa dice que en este mismo sistema solar, cerca de la estrella central, hay un planeta habitado. Quizás allí podamos aprovisionarnos.

—¿La Tierra? Nah, olvídalo, es un sitio muy primitivo. Nadie allí ha desarrollado la capacidad para viajar entre las estrellas, ese planeta no es más que un fraude. Además, los «humanos», que son la raza que gobierna ese mundo, tienen una anatomía bastante monstruosa... da miedo de solo verlos.

—Veo que no tenemos opciones, pues al mal paso, darle prisa. Dirige la nave a Mimas, aterricemos allí, compremos lo que necesitemos y nos marchamos lo más rápido posible.

—Muy bien, pues vamos. Muchas veces he ido allí y nunca pasa nada de qué preocuparse.

—Si no te conociera, cualquiera pensaría que hablas en serio. Si no fuera porque la situación es crítica, preferiría pasar de largo y buscar el equipamiento en otra parte más confiable.

—El siguiente sistema está a unos cuatro años luz y apenas tenemos energía para unos dos días-luz. Tú decides: tómalo o déjalo.

—Si no fuera porque ese maldito miniasteroide que salió quién sabe de dónde perforó el casco de La Trinidad, en donde para mayor sabrosura estaba el combustible...

—Son los azares de todo viajero del espacio profundo, meros gajes del oficio.

—¿Azar o intencional?

—Ni lo uno ni lo otro, además ¿qué importa? Mimas está al alcance, se localiza a unos 731 minutos-luz y allí pondremos fin a nuestras angustias. Hay de todo: comida, alojamiento... Podremos aprovisionarnos y reparar la nave, todo en menos de lo que canta un gallo y a precio razonable.

—Me da mala espina el lugar, pero... a falta de pan, buenas son arepas.


II.

—¿Lo ve, jefe? Conseguimos un lugar perfecto en el astropuerto para estacionar. Así podemos hacer las compras de aquello que necesitamos y reparar la nave. El almacén general está cerca de aquí.

—A mí me pareció que la tarifa que nos cobran es un poco cara.

—Es que estamos en la periferia de la galaxia y son básicamente los precios que se manejan en este sector. Entremos aquí, que es en donde me dan crédito para el tema de las provisiones.

—Buenas tardes, caballeros. Bienvenidos al almacén general de Mimas, tenemos las mejores mercancías de esta constelación —anunció Naria con voz jovial.

—Necesitamos un Estabilizador de Fase Subespacial, un Sincronizador de Polaridad Inversa, unas Juntas de Compresión de Hidrógeno Pesado, un paquete de Concentrado de Hidratación en Polvo "Oasis-3", seis kilos de antimateria para combustible y dos pintas de materia negra para el lubricante.

—Tenemos los faseadores importados, creo que serán buena opción; los sincronizadores son refurbished, pero les van a encantar. Todo lo demás es industria nacional y va sin impuestos.

—Muy bien, cárguelo a mi tarjeta —indicó Vilma.

—Perfecto, la transacción ha sido correcta. Pueden recoger sus artículos en la parte de atrás del almacén. ¿Necesitan algo más en lo que podamos ayudarles?

—Estamos buscando a una persona, la llaman la Esfinge de Mimas.

—¿Son amigos de ella? —respondió Naria mientras presionaba discretamente un botón secreto.

—La conocemos bastante bien —contestó Vilma, e iba a agregar algo más pero fue interrumpida por la entrada abrupta de varios gigantescos robots policiales fuertemente armados.

—¡ALTO! Están ustedes arrestados —indicó el líder de los robots.

Bill y Vilma iban a replicar algo, pero recibieron fuertes golpes en la cabeza con macanas de goma, dados con milimétrica precisión, lo cual los puso al instante fuera de combate.


III.

Despertaron en una especie de mazmorra húmeda y oscura.

—Saludos, soy la abogada Tisífone. Estaré a cargo de su defensa. Trataré de que les conmuten la ejecución en la guillotina por la de muerte en la horca. Con suerte lograremos ese objetivo, ya que el juez de su caso es particularmente severo cuando se trata de un crimen tan vergonzoso como el que cometieron ustedes.

—¿Pero de qué se nos acusa? —protestó Bill.

—La amistad con la Esfinge es una de las conductas punibles más detestadas en Mimas. De hecho, ya llegó la sentencia final —les dijo mostrándoles un dispositivo en donde se podía leer: «Muerte en la horca».

En ese mismo instante aparecieron de nuevo los robots, que condujeron a los condenados hacia el patíbulo, en donde una muchedumbre ansiosa de espectáculos ya se había reunido. Un niño que hacía de tamborilero, y que mantenía un redoble fatídico, precedía al par de viajeros caídos en desgracia.

Los robots, con la agilidad que da la práctica, pusieron las cuerdas alrededor del cuello de los delincuentes. Cuando el redoble terminó de sonar, activaron una trampilla para que se cumpliera la sentencia.

Pero en vez de quedar colgados y medio muertos, el par de desdichados cayó en una pila de barro y algunos otros compuestos innombrables pero malolientes.

—Vilma, amiga mía, ¿cómo estás? ¿Qué te trajo a este hermoso y acogedor rincón del Universo? —dijo la Esfinge de Mimas—. Espero que no te haya disgustado esta pequeña broma.

—De modo que todo esto fue una bromita de mal gusto —exclamó enojado Bill.

—Se me olvidó mencionarlo, jefe: la Esfinge es famosa por su curioso sentido del humor.

—¡Alerta! —los interrumpió la Esfinge—. Es un grave delito hacer bromas con el sistema legal. Los verdaderos robots de la corte vienen a arrestarnos a todos, tenemos que correr.

A lo lejos se veían las siniestras figuras de los verdaderos robots policía. Nuestros amigos, sin perder tiempo, pusieron pies en polvorosa. Bill y Vilma pudieron llegar a La Trinidad y despegaron de aquel lugar lo más pronto posible.

La sonrisa en la cara de la Esfinge era inocultable, estaba riendo a carcajadas cuando se le acercó uno de los robots y dijo:

—Alcaldesa, los forasteros no pagaron el estacionamiento.

—No te preocupes, pon una orden de arresto a nivel galáctico. Ofreceremos una buena paga a cualquier cazarrecompensas que les dé captura —contestó ásperamente la Esfinge.

S.H.I.V.A



Todas mis pesquisas, y en especial las órdenes de la Jefa, me condujeron a una de las oficinas regionales del famoso S.H.I.V.A. (Servicio de Investigación de Anomalías).

Lo primero que se me ocurrió fue preguntar: «¿Y la H?».

A lo cual tuve mil respuestas diferentes. Unos me dijeron que era por Hermético; otros, que por Humano (pero dejó de usarse luego del incidente U-731); también podría ser por Hostil. Sin embargo, todos coinciden en que es un asunto «clasificado» sobre el que no se debe preguntar.

El grupo que tenía al frente me pareció un poco variopinto y peculiar en grado extremo; se trataba de personas ya en edad de retiro, muchos de ellos padeciendo enfermedades terminales y tufo de cognac caro y rancio.

—¿Exactamente a qué se dedican ustedes? —le pregunté a «Pedro» (quien me parecía el líder del inusual grupete).

—Nuestra división sigue estrictos protocolos de detección de presencia y/o actividad extraterrestre en el país.

—¿Es de esa manera como encubren su verdadera misión?

—No le entiendo. Nuestra misión es la que le he indicado.

—Bastante extraño para una agencia gubernamental con décadas de presupuesto, protocolos paranoicos, archivos ultrasecretos y tecnología clasificada ... cuyo mayor logro es no haber encontrado jamás un extraterrestre. No crea que estoy aquí por pura casualidad.

—Entiendo su preocupación, Señor Auditor —intervino de repente «Pablo»—. Comprenderá usted que todo «foráneo» debe ser bastante listillo si ha podido encontrar y llegar a nuestro planeta. Todos ellos son bastante discretos, no andan por allí gritando a los cuatro vientos: «¡Eh, heme aquí, vengo de Sirio!».

—Voy a lo práctico: si hay ausencia de evidencia...

—Significa que no hay evidencia de ausencia —me interrumpió «Priscila», la más vieja de los cuatro.

—Significa que el gobierno ha tirado a la basura millones en una causa perdida.

—Señor Auditor, no sea tan impaciente —intervino «Tomás», uno de los miembros a quien no había visto hasta el momento. Era un hombre joven de unos 33 años, vestido con túnica y sandalias del siglo I, con cara y barba de hippie—. Varios años de investigación cuidadosa han hecho que la higuera produzca fruto fuera de estación.

—¿Cómo va eso? —respondí secamente.

—Analice esto —indicó, mientras me arrojaba un rollo de papel amarillento similar al de un sismógrafo.

—No entiendo el gráfico, ¿de qué se trata? —bufé visiblemente exasperado.

—Es de Mimas. Lo que usted está viendo es la lectura de nuestros instrumentos indicando actividad biológica inusual en aquel lugar.

—¿Mimas? ¿Es una de las lunas de Neptuno?.

—De Saturno, para ser precisos. Lo que usted tiene en sus manos es la inconfundible huella digital del calor corporal de un ser humano.

Me quedé pensando unos minutos y dije:

—Mi Jefa quedará muy complacida con estos avances.

—«Ellos» estarán seguros de que así será —replicó el enigmático «Tomás».

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Relato para participar en la convocatoria de «Cada Jueves un relato» a cargo de Luferura, en su blog La Veleta. Titulado «Primer contacto extraterrestre». Ver los detalles siguiendo el enlace.

Destino Frío


El caballero londinense se dirigió hacia una de las puertas de Baker Street, donde un austero letrero anunciaba: «Madame Marusa, Lectora de Fortuna».

Sin golpear ni anunciarse, cruzó el umbral y se encontró con un ambiente peculiar. Al fondo de una estancia minimalista, sentada tras una mesa, había una mujer vestida con el estilo de una europea oriental; tal vez húngara o albanesa. «Eslava», pensó para sí. La única decoración visible eran tres estatuas de la diosa Zaida, pero no mostraban las poses sobrias que las caracterizan; aquí adoptaban actitudes obscenas y gestos depravados. Aquello lo incomodó profundamente e incluso lo hizo dudar si debía retirarse.

—Pase, si desea conocer su destino —dijo la dama.

El hombre se sentó frente a ella. La sibila extrajo un mazo de cartas similares a la baraja española.

—Es un tarot; nunca miente —explicó mientras las mezclaba con la habilidad de un tahúr.

Cuando terminó, las dispuso sobre la mesa formando una cruz gamada invertida.

—Veo cosas muy oscuras en su destino —afirmó en tono serio y solemne Madame Marusa.

—Aun si son malas noticias, quiero saber qué ocurrirá conmigo en el futuro.

—Sufrirá usted dos retos cruciales: uno está a punto de suceder y el otro se cumplirá en dos décadas. Una vez superadas ambas angustias, reirá a mandíbula batiente.

El hombre reflexionó con el rostro preocupado y exclamó:

—No me han mentido quienes me la recomendaron. La mayoría de las adivinas solo anuncian buenas noticias, aunque sean falsas. Sin embargo, usted no teme proclamar un porvenir sombrío.

—Nadie escapa al destino —apuntó la misteriosa dama.

—¿Qué ocurrirá conmigo?

—Hoy mismo quedará dormido más de lo habitual.

—¿Eso es todo?

—Es lo que revelan las cartas —respondió ella, haciendo un gesto explícito sobre la mesa, como si quisiera que el hombre interpretara por sí mismo lo que allí se mostraba.

—Siendo así, tomaré precauciones —dijo el hombre.

Se levantó, arrojó sobre las cartas una bolsita de oro y se dispuso a salir. Sin embargo, dos de las estatuas se habían movido y bloqueaban la salida. El caballero londinense se sobresaltó; estaba a punto de protestar con enojo cuando una de ellas le asestó un golpe en la cabeza con una macana de goma. El impacto fue tan violento que le fracturó el cráneo. Cayó al suelo inconsciente y medio muerto.

Marusa ordenó a sus sirvientes que lo subieran a un carruaje y dio instrucciones al cochero para que lo llevara lo más pronto posible al palacio de la doctora Anémona Tamerlán, en Fancy Street.

Cuando llegaron, la doctora se encontraba realizando diversos experimentos en su laboratorio privado, decorado con estatuas de la diosa Zaida en sus poses habituales: rostros serios y solemnes.

—Ama, han traído un fiambre —anunció su ayudante con voz temerosa.

—Si aún respira, colócalo en aquella cápsula llena de gelatina fría. Si está muerto, no me sirve.

—Aún respira, pero si no nos damos prisa, estirará la pata.

—Date prisa, no tengo todo el día para escuchar tus quejas.

El ayudante se esforzó para introducir al caballero dentro del artefacto.

—Ponlo en el cañón que perteneció al Gun Club de Baltimore.

Una vez que quedó bien acomodado en el enorme cilindro, la dama miró por un telescopio y enfocó Saturno.

—Apunta el cañón unos dieciocho grados al norte, hacia la estrella que se ve más brillante que las demás.

Cuando estuvo en posición, el propio ayudante detonó el legendario cañón y la cápsula salió disparada hacia su objetivo final.

—Estará al menos veinte años flotando en el espacio —dijo la doctora al aire.

—¿Significa que llegará en diciembre de 1941? —preguntó el ayudante.

Pero la doctora no se molestó en contestar. Se limitó a decir «retírate» y continuó con sus complejos experimentos.

No hubo mayores novedades durante la travesía del caballero. Tan solo permaneció dormido, sin sueños, protegido de la radiación por la gruesa capa de gelatina criogénica. Su cuerpo no envejeció; se conservó intacto, incluso en mejor estado que cuando abordó su involuntario viaje.

Pasado el tiempo predicho por la doctora, el caballero arribó finalmente a Mimas, una de las lunas más misteriosas de Saturno. La trayectoria había sido trazada con tal precisión que la cápsula entró por una ventana de un castillo y se posó suavemente sobre una especie de altar en aquel lúgubre lugar.

—Veamos qué regalo me ha traído el destino —dijo una muchacha rubia que llevaba una antorcha en la mano para iluminar el recinto.

Con habilidad y pericia inusuales, la joven desempaquetó al caballero de su prisión de gelatina, moviendo el cuerpo como si no pesara nada. Apartó la cápsula a un lado y se concentró en el paquete que le había llegado.

—A este casi le aplastaron el cerebro —pensó para sí misma mientras colocaba delicadamente una mano sobre la cabeza del desdichado. Por efecto mágico, sanó todas las heridas de la cabeza e incluso del resto del cuerpo. Chasqueó los dedos y el caballero despertó.

—Bienvenido al futuro. Con esto ya has cumplido los dos retos que te habían anunciado. Ahora viene lo que no te contaron: vas a conocer tu destino final, muy a lo Kurt Vonnegut —dijo la dama mientras mostraba una segueta muy afilada.

En cuestión de segundos, separó la cabeza del cuerpo y se dirigió hacia la pared opuesta del cuarto, donde se veía la punta de un punzón saliendo de la piedra. Clavó allí la cabeza como si se tratara de un trofeo. Para asegurarse de que no se soltara, iluminó la pared con la antorcha. Fue entonces cuando el caballero vio que no estaba solo: cientos de otras cabezas lo acompañaban. La escena lo aterrorizó y comenzó a gritar lleno de pánico. Las demás cabezas respondían con risas burlonas.

—Y ahora, mi querido «protagonista», vamos a darle el toque final a tus precarias profecías. Te presento al Ranforrinco, un predador bípedo nativo de esta luna. No es mayor que un pollo, pero tiene una cabeza similar a la de un alosaurio. Es mi mascota y necesita alimentar a sus crías.

La chica tomó la antorcha e iluminó el cuerpo, que ya empezaba a ser devorado por la curiosa alimaña. Esta arrancaba pedacitos, los masticaba, engullía y luego los regurgitaba a sus hambrientas crías. El caballero, ahora sí, comenzó a lanzar lamentos incomprensibles y a gimotear, perdiendo por completo la razón.

—Amigo mío, cálmate, pronto estarás riendo como todos los demás. Cuando llegue el siguiente paquete, serás indistinguible del resto de mi decoración.

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Relato participante en los siguientes retos:

Tintero de Oro, Homenaje a 100 años de Soledad, Gabriel García Márquez y el Destino

y

Vadereto de Abril 2026. Del blog Acervo de Letras. El despertar de Arthur C. Clarke.

Sigan los enlaces para ver las condiciones de cada uno de ellos y otros relatos participantes en cada una de las convocatorias.



En cuerpo ajeno



La esteticista que me arreglaba las uñas —tanto de pies como de manos— solía decir, mientras aplicaba el esmalte, que tenemos tres cuerpos: el material, el astral y otro más que, con gesto de complicidad, aseguraba que requería un alto grado de comprensión espiritual para explicármelo. Nunca le presté demasiada atención, hasta el día en que fui abducida, encarcelada y ejecutada en Mimas.

Fue entonces cuando vi mi cuerpo físico separado de mí. Al morir, quedé reducida a una existencia inmaterial, intangible, sin forma e indetectable. Supuse que así era la muerte, de modo que me dediqué a observar a otros morir y comprobé que no se convertían en fantasmas. Más bien ocurría lo que muestran las películas: una luz o una oscuridad se lleva el alma del recién fallecido.

Sin cuerpo, decidí fabricarme uno con lo que tenía a mano: polvo lunar, rico en calcio. Tras años de ensayo y error, logré crear una especie de armadura semejante a una cáscara de huevo. Era frágil, pero me permitía contener mi espíritu dentro de una interfaz capaz de interactuar con el mundo material.

La baja gravedad de Mimas, junto con la ropa de estilo medieval, ayudaba a proteger mi frágil piel. Siempre fui cuidadosa de evitar tropezar o correr riesgos innecesarios.

Con mi nuevo cuerpo incluso conseguí empleo en una universidad, dictando la cátedra de Medios y vías de transporte interdimensional. Todo marchaba bien hasta que conocí al decano, el doctor Uribe, un hombre nervioso, atento a tres cosas al mismo tiempo. Se acercó a saludarme con amabilidad y, sin previo aviso, me lanzó un leve puño a la altura del hígado. No fue agresión, sino un “bautizo háptico” que aplicaba a los nuevos profesores.

Esa noche, al volver a casa, noté una grieta en el sitio del golpe. Intenté repararla, pero la fisura se extendió hasta recorrerme por completo. La armadura se quebró, liberando un cuerpo de Fuego y Sombra: el que nunca me mencionó la esteticista. Era translúcido, con seis alas, y me sirvió para emprender el vuelo y escapar de Mimas. Vagué entre las estrellas rumbo a la Tierra. ¿A qué época? Poco importa. 

Por fin era libre.

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Relato para participar en la convocatoria de Campirela para "Cada jueves un relato",  Oct/9/2025: Explorar el cuerpo como espacio simbólico, político, erótico, emocional. Un territorio que se transita, se defiende, se desea, se transforma. Seguir el enlace para ver los detalles del reto y otras participaciones




Lobezno en Mimas



Desde su nave espacial, el Gran Lobo Malo se prepara para aterrizar en Mimas, una de las más pequeñas lunas de Saturno. Le han contado que allí se encuentra uno de los mejores bares del cuadrante Sigma de la Via Lactea. Aterriza y, con paso dubitativo, se aproxima a Five Points, un sitio donde espera consumir cerveza  romulana y quizá algo más con alguna de las chicas de piel verde.

Al entrar, descubre que el lugar es todo menos hospitalario. Varias mesas están ocupadas por jugadores de póker; en una reconoce a Bill the Butcher, en otra, situada en una esquina opuesta, está el “Predicador” Vallon. El resto son una mezcla de bandas: los Death Rabbits, los Bowery Boys y, más allá, los Plug Uglies junto con otros pandilleros cuyo nombre ya no recordaba. Camina con cuidado hacia la barra, procurando que ningún “dedos largos” se acerque a esculcarle los bolsillos. Con agilidad esquiva un mordisco de Hell-Cat Maggie, la mujer de garras aceradas que intenta arrancarle un trozo de oreja.

Tras superar varios obstáculos, finalmente llega a la barra. Para su sorpresa, la tabernera es una bella rubia vestida de rojo. La capucha que lleva no alcanza a ocultar su rostro, y con un gesto elegante introduce en su boca una goma de mascar rosada.

—Dame un cóctel Manhattan.

—Buena elección, tenemos whisky canadiense y bourbon del sur —responde la rubia, inflando un globo rosado con el chicle que mastica, lo revienta y vuelve a tragárselo con naturalidad.

La dama mezcla los licores mencionados junto con otros similares y le entrega la bebida en un vaso modelado con el motivo del Empire State, con King Kong en la cima. Si se observa el curioso vaso al detalle, se puede distinguir en la mano del grotesco simio una figurita idéntica a la tabernera, que le guiña un ojo al Lobo Feroz, quien se ha detenido a contemplar la insólita escultura cristalina.

—Hace falta hielo aquí.

—Mi segundo apellido es Gélida —responde la rubia, y sin dudarlo escupe el chicle dentro del mini Empire State. El astuto cliente contempla como la goma se transforma en cubos de hielo rosado.

—Cortesía de la casa —concluye ella con aire profesional.

Encantado por el servicio, el lobo aclara la voz y, antes de dar el primer sorbo, proclama:

—¡Por Nueva Ámsterdam!

De inmediato todo queda en silencio. La música de clavicémbalo que animaba el lugar y las conversaciones en las mesas cesan. Todos lo miran por un instante que parece eterno. Luego, como si nada, la música y el bullicio regresan, y cada cual vuelve a su rutina tabernaria.

La dama, curtida en esas lides, introduce rápidamente otros dos trozos de goma en su boca.

—No es usted vecino de la Gran Manzana, ¿verdad?

—Tan solo voy de paso. Estoy llevando unos pasabocas a mi abuela.

—¿Te advirtió mamita que no entraras en la taberna?

—Solo me dijo que no bebiera demasiado.

—¿Y mencionó algo sobre mis hielos de chicle?

—Dijo que no los masticara —respondió, mientras apuraba el cóctel con rapidez.

—¿Y qué hace todo niño desobediente? —preguntó posándole cariñosamente una mano en el hombro y con la otra le dio una palmada en la nuca que casi le arranca la cabeza, provocando que el insólito hielo se le atragantara.

Al ingerir el extraño cubo, los ojos del lobito quedaron desorbitados y cayó al suelo, paralizado.

—No te preocupes, yo te cuidaré. Son solo los efectos de la ayahuasca y un poco de fugu japonés. En unos instantes estarás bien, casi como nuevo —indicó la misteriosa rubia. Pero él apenas escuchaba una voz lejana; su mente vagaba por dimensiones psicodélicas donde lo de adentro estaba afuera y toda lógica carecía de sentido, mientras atravesaba un mosaico de universos paralelos multicolores.

—Noicanícula, noicanícula —intentaba gruñir, sin poder coordinar los labios.

De pronto pudo ver con claridad: estaba en Times Square. En todas las pantallas aparecía proyectada la imagen de la tabernera, vestida con capucha roja y haciendo globos de chicle. Las imágenes le guiñaban al mismo tiempo. De la pantalla más grande comenzó a materializarse esa mujer, que lo persiguió con intención de aplastarlo. Corrió hacia el único lugar posible: la Estatua de la Libertad, que parecía tener el mismo tamaño que la colosal figura televisiva. Pero horror de horrores: el rostro de la estatua era el mismo de la diabólica rubia. La imagen de la televisión y la estatua se unieron, formando una diosa de dimensiones colosales. Con una mano lo atrapó y trepó agilmente por las Torres Gemelas. Él  no podía creer lo que sucedía. Apenas escuchó el ruido de unos helicópteros artillados, su corazón no resistió más y murió de un paro cardiaco.

De vuelta en la taberna, la rubia, junto con un hombre que estaba jugando al póker y que se identificó como el Cazador analizaban el cuerpo inmóvil del incauto. Con profunda reverencia le entregó un puñado de dólares.

—Zaida cumple. Te dije que te lo entregaría, y ahí lo tienes. Todo tuyo. ¿Deseas algo de chicle para pasar la noche, querido mío?

* * *

Relato para participar en la convocatoria del Tintero de Oro, Caperucita en Manhattan, 

seguir este enlace para ver las bases del concurso y otras participaciones

Ectoplasma de pesadilla



Era una tarde lluviosa en Mimas, de esas en las que no dan ganas de hacer actividad alguna, salvo dedicarse al ocio más descarado. Así que Zaida tomó su clavicémbalo y se dispuso a ejecutar una complicada toccata de Bach; sin embargo, luego de unos acordes, decidió improvisar una mezcla con algo de jazz para darle un toque alegre a la jornada. Cuando llevaba algunos minutos, de repente notó un fenómeno muy extraño: un umbral a otra dimensión se abrió ante ella. Pudo ver una especie de caverna con múltiples espejos. El avistamiento le causó tanta curiosidad que dejó de tocar su instrumento, pero al hacerlo, el umbral se cerró súbitamente.

Estuvo algunas horas intentando reproducir los sonidos exactos para abrir de nuevo el umbral. Luego de varios intentos y fracasos, por fin lo logró. Se aseguró de recordar exactamente los acordes necesarios para abrirlo a voluntad. Se sintió contenta por el hallazgo, se rascó por un rato la barbilla y decidió sacar un trocito de goma de mascar. La mordió un rato e hizo un globo bastante grande, al que, con soplidos y ayuda de las manos, le dio la forma de una silueta rosada medio translucida, muy similar a ella misma.

—¡Proyección ectoplasmática, Clase V! —dijo Zaida muy contenta—. Hermana mía, quiero que vayas e investigues ese portal. Aquello que veas y escuches, yo también lo percibiré. Pondré parte de mi voluntad en ti.

Zaida volvió a ejecutar los acordes, y la proyección entró en la caverna del portal. A través de los espejos, pudo ver cuartos en donde la gente dormía plácidamente. En uno de ellos, una bella mujer de cabellos negros de repente comenzó a fruncir el ceño. En ese instante, escuchó unas voces femeninas:

—¡Rápido! Es Mara Laira, está comenzando a tener una pesadilla.

Se trataba de dos hermosas mujeres vestidas con trajes de gladiatrices, muy sexys, que entraron a toda prisa al cuarto de la durmiente y de inmediato se pusieron a luchar contra unos ghouls, a los que vencieron fácilmente. La dama que dormía volvió a recuperar un gesto apacible.

—Malditos efialtes —dijo una de ellas.

—Shhh… —replicó Lilith Blue, haciendo un gesto de intriga.

—¿Qué pasa?

—Me parece escuchar una música algo lejana, casi imperceptible.

—No oigo nada en particular.

En ese instante, Lilith Blue lanzó una de sus dagas hacia el espejo del cuarto, el cual atravesó sin romperlo y dio directo contra el globo ectoplasmático, el cual se reventó.

—¿Qué fue eso? ¿Alguien de la facción Fantaso?

—No estoy segura, pero ya no se escucha la música. Y si son ellos, el pacto se ha roto: esto es un acto formal de guerra abierta.

—¿Notaste que tu daga se evaporó?

—Ciertamente, y es lo que más me preocupa. Esto no tiene sentido. Debemos consultar de inmediato a Atalanta.


"Guerras en un mundo onírico… ¡Vaya que interesante!" —pensó Zaida para sí misma mientras retiraba sin dificultad alguna la daga enterrada en su pecho.





Relato para participar en la convocatoria de "Cada jueves un Relato", del 5 de junio/2025 a cargo del Demiurgo de Hurlingham. 

Sueños Argumentales:  Elaborar un relato basado en el mundo de los sueños de acuerdo a algunas premisas, he elegido la siguiente:

14) En una mansión sombría y lujosa, un músico (podría ser una mujer) improvisa algo que abre portales a realidades sobrenaturales, peligrosas. Recibe tentadoras ofertas, para seguir haciéndolo.

La llegada del hombre a Mimas

I.

La conquista de Saturno ocurrió varios siglos después de la llegada del hombre a Júpiter. No hubo mayor diferencia entre las misiones jovianas y las saturninas: salvo por una larga caminata por los anillos, el resto fue prácticamente idéntico. Básicamente, los astronautas descendían al hexágono del polo y recolectaban muestras de gas atmosférico en cantinas metálicas para su análisis en la Tierra. Tras repetir este ejercicio cuatro o cinco veces, la humanidad perdió interés en colonizar aquellos gigantes gaseosos, y nunca más se volvió a poner pie en la superficie de uno de esos astros. Eso sí, la llegada del hombre a Júpiter como la de Saturno ocuparon al menos la primera plana de la prensa,  tanto en los periódicos de la Tierra, como en los que se editaban en Marte y en otras colonias espaciales. Sin embargo, las noticias sobre la llegada del hombre a las lunas de Saturno no causaban el mismo impacto. A veces apenas se mencionaban en la última columna de la última página, con reseñas inexactas.  

Bueno, con la excepción de la llegada a Titán, que ocurrió varios siglos antes de que se pisara Saturno, el resto de las exploraciones a las doscientas lunas del gigante fueron rutinarias y pasaron desapercibidas. La llegada del primer ser humano a Mimas, por ejemplo, no fue un evento notorio para la humanidad. Llegar a cuerpos rocosos ya era cosa sencilla: bastaba con enviar a dos o tres despistados a "aterrizar" en algún cráter, donde se dedicaban a recoger algunas piedras sueltas, hacían una breve caminata a saltitos y colocaban una bandera si la misión era financiada por un país, o bien el logo de la corporación que costeaba el viaje.

II.

Cibeles Nix miraba con inquietud la pantalla de su astronave, La Cagliomancer. La imagen estaba dominada por la enorme presencia de Saturno y sus anillos. Tuvo que ajustar los controles para enfocarse en su destino: la luna Mimas. Era un objetivo insignificante. Los grandes conglomerados industriales de la Tierra (y algunos de Marte) habían centrado toda su atención en Titán. Después de varios siglos de estudio e intentos de transformación, Titán había inflamado la imaginación de muchos artistas y soñadores que lo veían como un segundo Edén. Pero la realidad era que Titán fue todo menos un lugar hospitalario. Tras varios fracasos, aquella luna quedó relegada a un mero destino de explotación minera. Lo mismo ocurrió con todas las otras lunas y anillos de Saturno.

Cibeles hubiera preferido estar en alguna de las otras misiones, pero aún así, la paga por Mimas era buena. Estaría a cargo de una tripulación compuesta por dos asistentes: la jefe de mecánicos Tadashi, y la geóloga de a bordo Frau Humboldt.

— Alístate, Tadashi, tenemos trabajo. En un par de horas llegaremos a la roca —comentó Cibeles en tono cansino.

— ¿Dos horas? Bueno, creo que puedo hacer una siesta mientras.

— Guarda fuerzas, querida, porque se nos viene trabajo pesado.

— ¡Bah!, lo de siempre. Ya he estado en otras misiones de exploración. Todo está ya calculado y libreteado: descendemos, abrimos la compuerta y dejamos que el robot salga. Nada más hay que ver que las ruedas no estén trabadas para que no haga estorbo. Detrás iremos nosotras con picas, palas y martillos para recoger algunas muestras, mientras "deditos parados" hace la parte fácil. Se mantendrá calentita aquí en la nave, manejando el robot a control remoto, y será quien se lleve el crédito del día.

— No me quejo — replicó Cibeles. — Cumplo con traer gente y equipo a estos lugares. La paga es buena, la pasajera puede hacer lo que desee con su robotito. Eso sí, quiero ser la primera en tocar el suelo de esa luna. Se me ha prometido que el punto de descenso llevará mi nombre y será allí donde se construirá la primera instalación humana.

— Vano consuelo. Será, pues, un nombre más entre millares de otros en los mapas estelares.

— No me importa, estás celosa. Yo tendré una Planicie Cibeles para toda la eternidad, y mis nietos lo recordarán.

— Que algo en el espacio tenga o no tenga mi nombre me es indiferente. Quiero terminar esto lo más pronto posible y regresar a casa (entendiendo por "casa" un módulo minero en Titán) para tener una cena decente.

— Está bien, date una siesta. Hoy estás de un pesimismo muy alto y te necesito con buena actitud.

III.

Parada en Mimas, Zaida podía ver la silueta de La Cagliomancer aproximándose. Desde hacía unas décadas ya venía registrando bastante movimiento en la vecindad. A veces se acercaban sondas y otras naves, nadie bajaba. Pero esta vez era diferente. Su intuición le indicaba que iban a descender. Esperaría con paciencia a sus visitantes mientras alistaba su punzón de picahielos.

La nave descendió en el cráter Hershell, una horrenda cicatriz de aquella luna causada por un encuentro con algún cometa sin nombre millones de años atrás. Allí los estaba esperando. Era fácil adivinar dónde aterrizarían.

Zaida vio cómo una compuerta de la nave se abría y, de allí, salía una especie de vehículo similar a un tractor. El vehículo tenía varios brazos mecánicos y comenzó a oradar el suelo. Al mismo tiempo, sacaba radares, sensores, ventiladores, antenas, paneles solares, láseres, espectrómetros, sismógrafos y un sinfín de gadgets de última tecnología.

Detrás de ese horror tecnológico iban escoltándolo un par de astronautas del siglo XXX. Es decir, no llevaban pesados trajes espaciales, sino que se veían resplandecientes, con un aura brillante: una gruesa atmósfera de nanites las rodeaba a fin de protegerlas de la radiación y proporcionarles aire respirable, además de adecuar la gravedad. Era como llevar un miniambiente terrícola de área personal. De hecho, iban vestidas de manera informal: Cibeles llevaba sandalias y un traje muy similar al usado en verano, mientras que Tadashi, la mecánica, llevaba un bello mono de mezclilla azul.

Zaida se aproximó a ellas. Sabía que no podían verla, ni detectarla. Siendo un espectro fantasmal, era invisible no solo a los ojos humanos, sino a cualquier instrumento.

Cuando estuvo cerca de Cibeles, alzó su punzón y le dio una fuerte puñalada en la espalda, pero Cibeles no sintió nada. Ella siguió buscando rocas, cumpliendo los objetivos de su misión. Como todas las cosas fantasmales, la mano de Zaida simplemente pasó de largo, atravesando el cuerpo. Hubiera parecido un ataque fallido e inofensivo, pero Zaida sonrió al ver la punta del punzón: había una especie de gusano enredado allí. Zaida sabía que era el alma de un ser fetal.

Muchos creen que el alma humana es parte de un individuo o una especie de ente espiritual que comparte identidad con un cuerpo físico mientras este está vivo. Pero no es así. No todos los seres humanos tienen un alma, y aquellos que la tienen no son ni remotamente parte de esa alma, ni comparten conciencia o destino alguno.

Las almas son seres espirituales que se pegan a algunas personas antes del nacimiento y viven allí parasitariamente. Zaida había detectado la larva espiritual en Cibeles, que estaba embarazada. Le fue fácil removerla con su punzón, ya que el enlace alma-cuerpo en un feto no es tan fuerte como el enlace de un adulto. Después de los siete años, se vuelve prácticamente imposible remover el parásito.

Zaida estaba absorta viendo cómo la larva intentaba patéticamente zafarse de su prisión. La miró por largos minutos. Luego, cuando se aburrió, enterró el punzón en el suelo de Mimas, pronunció unas maldiciones en un lenguaje antiguo, miró a Cibeles y vio el hueco astral que había dejado el parásito en el cuerpo del hijo que ella portaba. Sin dudarlo, se metió allí.

Cibeles, instintivamente, se tocó el vientre y sonrió. Sintió los movimientos de su hijita creciendo. Cuando volviera a la Tierra, la llamaría Alma.





Cientifica de Saturno



Después de varios siglos de soledad en Mimas (la luna más pequeña de Saturno), Zaida comenzaba a irritarse a causa de su propia ignorancia. No sabía porque al morir, se convirtió en un horrendo fantasma. Se preguntaba si eso era una característica exclusiva de los humanos o si solo le había ocurrido a ella. En más de una ocasión, pensó en la posibilidad de que alguno de los tantos personajes capaces del viaje transdimensional, llegara accidentalmente a aquella luna desolada. Si eso sucediera, podría realizar ciertos experimentos y llevar a cabo investigaciones científicas sobre la muerte.  

Le intrigaba descubrir si lo que se volvía fantasma era una conciencia independiente al cerebro o si, en realidad, existía un alma o espíritu asociado al cuerpo humano desde algún plano existencial inaccesible. Zaida soñaba con la llegada de alguien, a quien recibiría con amabilidad. Quizás, al principio, le invitaría a una taza de té, conversaría alegremente y luego revelaría que ella también podía viajar entre realidades. Incluso podría jactarse de su habilidad para cambiar de forma a voluntad.  

En su mente, se veía transformándose en un adorable gatito. Esperaba que el visitante se encariñara con la pequeña criatura y la alzara para acariciarla. Entonces, Zaida-Gata le arañaría la cara... o al menos eso creería la víctima. En realidad, no se convertiría en ningún animal: sería una ilusión mental diseñada para ocultar su verdadera intención. El "arañazo" sería una herida profunda en la cara, infligida con su arma favorita: un punzón de picahielos, un instrumento mágico, forjado con maldiciones y encantamientos oscuros de los Nigromantes del Norte de Aragca, con el propósito siniestro de abrir un canal en el cuerpo de cualquier criatura viviente, permitiendo que escaparan la esencia mística y los fluidos sobrenaturales. Nadie podía sobrevivir al "arañazo" más de tres minutos.  

Zaida se imaginaba contemplando a su víctima mientras sucumbía lentamente, la vitalidad escurriéndosele. En su mente, se veía abrazándola dulcemente, susurrando canciones mientras agonizaba. Quizás incluso perforaría repetidamente con una acción de "mete-saca" el punzón, en la base del cráneo para acelerar el proceso. Finalmente, cuando el cuerpo quedara sin vida, se quedaría mirando, expectante, para ver si un fantasma emergía de los restos.  Quería salir de su ignorancia, a cualquier costo.  

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Relato para participar en la convocatoria de los Jueveros, a cargo esta semana de Marcos Planet: Tema Bendita Ignorancia. Ver detalles del reto y otras participaciones en este enlace

La conquista de Júpiter



A mediados del siglo XXVI, Don Baltasar Castellano de la Torre Innecesaria, uno de los Archiduques más ricos del Imperio Araquense de Planetas Unidos, fue el primero en sugerir que lanzando una nave espacial hacia el Oeste también se podía llegar a Júpiter. Hasta ese entonces, todas las naves de exploración (no tripuladas) habían tomado la ruta del Este.

El plan de Don Baltasar consistía en enviar una nave tripulada que hiciera estación en cualquiera de los asteroides del cinturón principal y simplemente esperar a que apareciera Júpiter en el horizonte. "Total", solía explicar Don Baltasar, "su órbita es de tan solo 11 años; por muy mala suerte que se tuviera, bastaría con esperar estacionados en Vesta o Ceres unos cinco años".

Pero, como todo en la vida, Don Baltasar corrió con mucha suerte.

Con su método se lanzaron varias misiones exploratorias bajo el nombre de Proyecto Antíope.

  • Antíope I y II fueron fallidas: nunca lograron alcanzar la órbita de Marte.
  • Antíope III comprobó que era posible llegar a Ceres.
  • Antíope IV fue suspendida por mal tiempo y una falla en la cámara fotográfica principal.
  • Antíope V y VI lograron llegar a Vesta, donde esperaron algunos meses, partieron hacia Júpiter, le dieron la vuelta, tomaron fotografías y retornaron a la Tierra.
  • Antíope VII. Se estableció como base permanente en IO, a fin de dar apoyo logístico a las siguientes misiones.
  • Antíope VIII fue una tragedia, pues su tripulación se incineró apenas intentaron salir de la Tierra.
  • Antíope IX y X lograron en un solo viaje directo alcanzar Júpiter por el oeste, darle cinco vueltas, dejar caer una sonda de exploración en la Gran Mancha Roja, aterrizar en Ganímedes para recolectar piedras y regresar sanos y salvos.

La Antíope XI sería la misión en la que la humanidad intentaría, por primera vez, poner a un hombre en Júpiter.

Dos tripulantes descendieron dentro de la Gran Mancha Roja. Recogieron muestras de gases en botellas, desplegaron la bandera de Aragca e hicieron una breve transmisión radial para toda la humanidad, que incluyó algunos chistes y gansadas sin mayor sentido.

El éxito fue total. La misión se llevó a cabo con precisión milimétrica. Luego le siguieron otras misiones de descenso a Júpiter, todas con el mismo fin de recolectar muestras de gas en botellas para analizarlas en la Tierra. Fueron cinco más, casi seis si se cuenta que la tripulación de la Antíope XIII no pudo descender en Júpiter debido a fallas técnicas, viéndose obligada a retornar a Ceres sin realizar el descenso.

Pasaron 200 años antes de que la humanidad volviera a intentar poner un pie en Júpiter.

Para entonces, Aragca ya no existía, ni había rastro alguno del Imperio Planetario. La siguiente misión a Júpiter estuvo a cargo de la Alianza Popular Solar, pero, apuntando a Júpiter por el Este, terminaron llegando por error a Saturno, concretamente a la luna Mimas. Por razones desconocidas, la nave Gorgona IV regresó a la Tierra sin tripulación. Jamás se supo qué pasó con el equipo de chimpancés al mando.



Gallinardo

Una vez que la simulación estuvo lista y funcionando a escala real en el hiperespacio, Zaida y el Cíclope decidieron retomar sus caminos. El caballero regresó a las dimensiones límbicas, aconsejándole encarecidamente a Zaida que volviera a la Galaxia de Andrómeda, que ya estaba bastante cerca, casi que a tiro de piedra. Sin embargo, la chica ignoró la sugerencia y retornó a su hogar en el Monte Olimpo de Marte.

Un día cualquiera, mientras practicaba una compleja pieza musical, escuchó un golpe en la puerta. Al abrirla, se encontró con un cortejo de personajes de aspecto sombrío, rozando lo solemne. 

—¿Es usted Zaida Simula? —preguntó una especie de ser humanoide mitad pavo real/mitad albino, que se identificó como: Gallinardo de las Plumas Cósmicas, Alcalde del Crimen.  

—Sí. ¿Qué desean?  

—Está usted arrestada por el grave delito de poseer una simulación no autorizada.  

—Mi simulación es un asunto privado.  

—No del todo. Sabemos que no es tecnología humana, sino alienígena. Y eso, señorita, es un delito de alta gravedad. Con pena de cárcel y, posiblemente, sentencia de muerte. Ademas esta ejecutando en paralelo múltiples versiones de Aragca, lo cual es un agravante. Y hay testigos de que usted asesinó a un monito Titi, que es especie protegida por la Leyes Solares, por estar en vías de extinción.

Zaida trataba de asimilar las palabras que dijo el siniestro personaje, cuando uno de los gorilas del séquito sacó una macana de goma y le propinó un porrazo en la frente. Cayó al suelo, fulminada e inconsciente.

Cuando despertó, en Mimas, descubrió que estaba atrapada en un cepo de madera que inmovilizaba sus manos y cuello, impidiéndole cualquier gesto mágico. Estaba sola. Descalza. Abandonada. Proscrita. Desterrada. Le habián colgado un grosero letrero en el pescuezo con las palabras: "He pecado".

Usualmente, una persona normal en Mimas moriría en menos de cinco segundos debido a las condiciones extremas de aquel lugar. Pero Zaida llevaba en su cinturón un dispositivo que generaba una atmósfera personal y la protegía de la radiación. Era el estándar para sobrevivir cómodamente en Marte y tenía una duración aproximada de 24 horas antes de requerir recarga. Sin embargo, las condiciones de Mimas eran mucho más hostiles. 

El cinturón comenzó a emitir alertas: quedaban menos de 30 minutos de batería. Zaida entró en pánico. Sabía que iba a morir de forma atroz. Se dejó caer, arrastrándose por el suelo inhóspito, llorando primero con lágrimas y luego sin ellas.  Suplicó en vano por ayuda y perdón.

Cuando faltaban tres minutos para el final, decidió calmarse. Aceptó su destino. Allí, tendida sobre la gélida superficie de Mimas, entró en un estado de meditación y relajación profunda.  

El cinturón anunció la cuenta regresiva: 10 segundos, 9, 8, 7...  

Cuando llegó a cero, simplemente murió.  

No hubo túnel de luz. Nada. Solo la acostumbrada oscuridad de Mimas y la indiferente presencia de Saturno, observando con calma. 

—¿Así que esto es morir? —se preguntó Zaida al darse cuenta de que ya no tenía el cepo. Llevaba un vestido blanco, parecido al de una novia, y podía ver el desolador horizonte de la luna. Frente a ella estaba su propio cuerpo inerte.  

Se inclinó para tocarlo. Intentó acariciar el rostro del cadáver, pero la mano lo atravesó sin sentir nada sólido.  

—¿Me he convertido en un fantasma?  

No hubo respuesta. Nadie la escuchaba.  

Consciente de su nueva condición, decidió vagar por la superficie de Mimas. Dio varias vueltas, de polo a polo, hasta que, de repente, sonrió y dijo en voz alta:  

—Al menos, no tengo que arrancar baobabs.  



Doble era Triple.... hasta que uno de sus cuerpos murió.

.

— ¡Victoria total!

— ¿Qué ocurre? ¿Qué hiciste esta vez? 

— He logrado reunir todas mis personalidades, todos mis avatares, todas mis identidades, todas mis versiones en una sola persona.

— Excepto por mí.

— Excepto por ti, querida hermana que aún te manifiestas muy indecisa.

— Si nos hemos reunido todas juntas desde todos los posibles rincones del Multiverso, es claro que también yo podría decir que he reunido a todas en mí y que tú eres la rebelde que no se ajusta a la integración.

— Probablemente, solo eres un efecto secundario de mi heroica empresa: tuve que esforzarme mucho para encontrar todas y cada una de mis “manifestaciones” cósmicas. Quizás estoy algo débil y tú eres algún efecto bipolar o algo así, algo de descanso me vendría bien.

— Sigues tomándote abusivamente el crédito de algo que hicimos juntas, cada una de nosotras ha reunido la misma cantidad de partes nuestras dispersas...

— Una de nosotras debe dejar de existir. Mientras estemos en estado dual no tendremos la suficiente fuerza para lograr nuestro siguiente paso.

— Puedo forjar un anillo y poner tu poder en él, de ese modo cuando estés en mi mano seremos más poderosas que si nos uniéramos en UNA sola.

— Es un buen plan, pero eso ya ha fallado. Si por alguna razón yo pierdo el anillo, quedaré muy débil, tenemos que asegurarnos de que jamás enemigo alguno sea capaz de separarnos. El enlace debe ser fuerte.

— Únete tú a mí y yo me uniré a ti.

— Eso ya lo hicimos alguna vez, el resultado es que las dos dejaremos de existir, para convertirnos en ELLA.

— Me temo que ELLA será tan poderosa que nuestra integración no pasará desapercibida. Hasta ahora ELLOS no han notado lo que estamos haciendo.

— Soy plenamente consciente de nuestros errores del pasado. Tengo un plan para que nadie note nuestro poder, así ELLA podrá pasar inadvertida e indetectable.

— ¿Estás segura?

— Esta vez no fallaremos.

— ¿Estás segura?

— ¿Te incomodaría tener el cabello gris?

— Mucho. Mi marca de identidad es ser rubia, llevo millones de años luciendo ese tipo de cabellera.

— El ritual requiere de un sacrificio.

— No tengo problema en cambiar mi cabellera, ¿qué ofrecerías tú?

— Mi aspecto de juventud.

— Muy bien. ELLA será una anciana con canas.

— Eso no es problema, aunque físicamente ELLA será una anciana en un cuerpo decrépito, su conocimiento podrá enmascarar el aspecto. Mediante un hechizo podrá aparentar belleza, juventud y una cabellera de oro.

— Entiendo, siendo en realidad anciana no pareceremos una amenaza, por eso ELLOS, no podrán detectarnos ni conocer nuestra intención.

— Y mediante un sortilegio podemos lucir atractivas.

— No puedo esperar más, ELLA debe brillar, mientras nosotras nos eclipsamos y disolvemos en poder puro.

— ¿Estás segura?

— Lo estoy, hasta que dejemos de existir.

— Entonces, que comience el eclipse.

— Pero, dime… ¿debería preocuparme por esos ojos que acaban de ver lo que pensamos?

— ¿Cuáles ojos?


Encuentro en Mimas

Relatos del Jueves

Esta semana Cecy nos propone desde su blog "Deshojando Relatos" la siguiente convocatoria juevera con el tema de Encuentros. Ver detalles aquí. 


.

Tenía que ir al Hospital Mimas, en el centro de la ciudad, con el fin de visitar a la paciente de la unidad 713. 

Abrí la puerta y allí estaba ella, completamente en coma, llena de tubos. Hacía al menos dos décadas que no la veía, supuse que no me reconocería porque en ese tiempo mi cabello rebelde fue abandonándome hasta dejarme con una tonsura muy notable. La panza me había crecido y ahora camino bastante encorvado, además, llevo barba. 

La persona que estaba allí en la unidad de atención médica no parecía estar consciente, tan solo se escuchaba una serie de pitidos de los aparatos médicos y su respiración amplificada por un pulmón artificial. Verla en ese estado me confundió. 

De joven yo la había amado, pero era inexperto e irresponsable, con la mente en otro planeta. 

Claro, ella también había cambiado; para ser sincero, no la reconocí, también me pareció estar frente a una extraña. 

El ambiente era tan precario y triste que por un instante sentí que se me aguaban los ojos. Como no le vi mayor sentido a estar allí, dejé un ramo de girasoles encima de una de las mesitas auxiliares de la habitación y, cuando ya me retiraba, me tropecé con dos personas que entraban a la habitación, ambas completamente desconocidas para mí: 

Un hombre más o menos cuarentón, acompañado de una muchacha rubia, muy joven, quizás de unos 20 años, que me recordó a mis hermanas cuando ellas eran de esa misma edad. 

¿Sería este el tipejo por el cual ella me abandonó y esa chica era la hija que nunca conocí?


—Buenas tardes, caballero, soy el Doctor Ishii —dijo el hombre.

—Y yo soy Zaida —replicó tímidamente la chica.

—Disculpen, ¿es usted Zaida, la famosa clavicembalista?

—Efectivamente, así es —respondió el caballero—. ¿Y usted es...?

—Oh, perdón por mis modales, vine a visitar a la paciente de la 713.

—Debe ser un error entonces —indicó la muchacha.

—Esta es la Unidad 731 —explicó el hombre.


Me puse lívido, me disculpé lo mejor que pude, agarré de nuevo las flores y salí lo más pronto que pude de aquella siniestra habitación.



Conjura en el espejo



Octavia se encontraba al frente de un espejo, con gracia y delicadeza estaba aplicándose una suave capa de maquillaje para resaltar aún más sus bellas facciones, de repente se percató del reflejo de Marco Casio Murano, sin quitar la vista del espejo y sin interrumpir el delineado de sus ojos, le dijo:

— ¿Cómo te fue con esa gente rara que fuiste a visitar?

— ¿Te refieres a los asociados de Aragca de la Facción Fantaso?

— Esos mismos, ¿pueden ayudarnos?

— No fue agradable, había entre ellos vestiglos, endriagos y un cuervo blanco muy parlanchín.

— Eso ya lo sabíamos, por eso decidimos contactarlos, pero lo clave es que puedan hacer lo que deseamos.

— Claro que pueden, pero el precio a pagar es muy alto.

— Explícame bien todo, sin omitir detalle.

— Dicen que tienen el Grimorio de Zaida.

— ¡Muy bien! Te sigo.

— En una de sus páginas, está un dibujo de una calavera, que según el Cuervo, es el cráneo de Mimas. Bajo el dibujo hay un texto en latín, que se debe leer en voz alta en el momento de ofrecer un sacrificio al habitante del cráneo y este hará posible nuestra petición.

— Parece sencillo. ¿Quiere decir que SÍ pueden hacerlo?

— Parecen serios.

— Significa que pueden arruinar la fiesta de cumpleaños de la locutora.

— Sí que pueden, proponen un ardid diabólico.

— ¿En qué consiste? 

— Dicen que son capaces de cambiar la fecha del cumpleaños, ya no se celebraría el 19 de abril, sino el 29 de febrero.

— Sería divertido, en grado extremo, me imagino a la locutora en medio de la fiesta queriendo partir la torta, pero justo en ese momento, recibe un mensaje que le dice que su fecha de cumpleaños ocurrió ya hace más de un mes. 

— Sin duda alguna. Tendrían que cancelar el evento. Verle las caras largas a todos los invitados, sería todo un acontecimiento muy memorable.

— Es un buen plan, imagino que aceptaste el ofrecimiento.

— No lo hice, ya te lo dije, esos carniceros, piden un precio muy alto para mí , ... , para nosotros.

— ¿Qué quieren?

— Es un ritual de sangre

— ¿Y no fuiste capaz de dársela?

— Piden que les dé la mitad de tu oreja izquierda — contestó Marco Casio, mostrando unas tijeras de obsidiana muy filosas y una sonrisa de lobo hambriento.


===

El Demiurgo de Hurlingham, propone para esta semana un reto basado en el cumpleaños de Mara Laira o bien una historia utilizando los personajes del Maraverso. En otras ocasiones ya hemos colaborado en retos similares, es por ello que no podíamos faltar para esta convocatoria.

Pueden ver las condiciones del reto juevero aquí

Y Presento el índice de colaboraciones anteriores entre este blog y el del Demiurgo.



La luna con pezones

El blog Acervo de Letras, nos propone en su sección del 
las siguientes ideas:

En la historia que tenéis que escribir, vuestro personaje tendrá que buscar un lugar idóneo para contemplar a la LUNA y allí contarle sus secretos, sus problemas, sus emociones, sus deseos…

Como siempre, hay libertad de transformar la idea:

Emplear más de un personaje hablando con ella.
Usar la prosopopeya para darle vida al satélite y que él os responda.
Mudaros a su superficie y hablarle en primera persona.
Trasladaros a un planeta lejano y cambiar de luna.
En lugar de hablarle, recitarle o cantarle (están admitidos los poetas y juglares 😉😁).
…
En definitiva, lo importante es escribir y disfrutar con ello. Pero la LUNA ha de ser un personaje importante de vuestro relato.
 


Una de las leyendas que narra el Adax-Corda (la biblia de los Pasochistas), se basa en como un ser cósmico de estilo Lovecraftiano, fue condenado por sus hermanos a quedar encerrado por toda la eternidad en una de las lunas de Saturno, la que en la NASA llaman Mimas y que en las calles se le dice informalmente "La Estrella de la Muerte". 

Aunque los seres cósmicos del Adax-Corda varían mucho e incluso contradicen sin mayor pudor el modelo 'cosmicista' de Lovecraft.

El Adax-Corda, nos dice que Thupec-Nupac (al que puede identificarse como el Dios mayor o el Sol) con algunas hojas de tabaco hizo una hermosa muñeca a modo de escultura, de la cual se enamoró, por lo que decidió animarla con deseos de hacerla su esposa y de allí tener hijos y poblar la Tierra. La llamo Liliyuru. 

Zaida (que en el lenguaje de los Nazca-Thecas se pronuncia algo así como Sadïspit'chu o Chadïspit'zhu, dependiendo del dialecto de la región en donde se cuente la historia) que pasaba por allí luego de recorrer todo el espacio sideral, le llamó mucho la atención lo que hacía Thupec-Nupac, ya que es bastante inusual encontrar vida orgánica en el Universo y quiso ayudar un poco a su hermano.

Tomó pues Sadïspit'chu a la recién creada primera mujer para amamantarla y así fortalecerla. La leche de la diosa era un líquido negro, espeso, amargo al paladar y de mal olor.  Al probar la primera gota, Liliyuru de inmediato se tornó en un ser infernal, siniestro y malvado, de tendencias homicidas. 

Sadïspit'chu quedó sorprendida porque no conocía las debilidades de los seres mortales, no era su intención hacer daño alguno a Liliyuru, pero Thupec-Nupac decidió desatar su ira: acudió al Gran Consejo de seres Cósmicos, en donde Cthulhu tomó la vocería y dijo:

 "Sadïspit'chu, por haber traído la maldad a la casa del hermano Thupec-Nupac, serás condenada eternamente a permanecer encerrada en la Luna de la Muerte"

Y fue así como Sadïspit'chu quedó encarcelada en Mimas. 

Es por ello que entre los Nazca-Thecas surgió la costumbre de evitar mirar directamente o por mucho tiempo a una estrella en particular, porque los ancianos decían que quien se fijara o pensara en Mimas quedaba poseído por la Diosa rebelde y traería ruina y discordia al hogar. Parece ser que entre ellos existe la creencia de que si uno hace oración a Zaida, ella puede escuchar y contestar. Los ancianos de la tribu saben que alguien está haciendo rituales a la dama encerrada en Mimas, porque al otro día la choza le amanece cubierta con barro negro.

Si uno pudiera ver con un telescopio esa luna, se vería claramente la cicatriz con forma de pezón que dejó el encierro del ser cósmico, de modo que puede pensarse que el relato de los Nazca-Thecas está basado en hechos verídicos, pero que luego se fue transformando primero en leyenda y finalmente en mito.

En algunas ediciones antiguas del Adax-Corda se habla de un camino para liberar a Zaida de su encierro, pero la historia se ha vuelto oscura y velada con el paso del tiempo.

La curiosidad y el deseo de desentrañar la Verdad me han llevado a emprender una peligrosa expedición: Abrir un portal y liberar a la Diosa encerrada. Sin embargo, las consecuencias de mis acciones podrían desencadenar un cataclismo cósmico, liberando fuerzas antiguas y primordiales que amenazarían la existencia misma.

En las profundidades del espacio, siento la presencia de Zaida agitarse, percibiendo mi llegada. ¿Seré yo la clave para romper la eterna condena de la Diosa encerrada en Mimas? ¿O seré el desencadenante de un destino oscuro y catastrófico para  el universo entero?


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