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El Marciano



El Marciano fue el primer miembro de "La Sociedad de los Martes" que usó un cronoportador de marfil con el fin de alterar severamente la Realidad. 

Al igual que todas las personas, creía que viajar en el tiempo era una cosa instantánea: nada más lejos de la verdad. 

Aprendió en los cursos de rutina que impartía la "Alianza Araquense de CronoNautas" (AACN) que hay una relación proporcional cuasilogarítmica para hacer el viaje al pasado. Si se viajan 6 años hacia atrás, hay que esperar 3 meses dentro de la cámara cronoscópica. Pero viajar 10 años hacia atrás no implica 5 meses, sino más bien 14, y así sucesivamente. 

El Marciano olvidó esa lección porque se enseñaba en los primeros cursos obligatorios de Orientación. Así que quiso, en plan ambicioso, viajar 100 años al pasado. Sin contar que ello le llevaría 731 meses de espera. 

La ventaja es que en una cámara cronoscópica no envejecemos: el cuerpo queda "congelado" (eso se aprende en el segundo nivel de estudios crononáuticos), pero la conciencia no se apaga. 

Viajar lejos en el tiempo, luego se supo, altera tanto la mente debido a la espera por llegar al destino que el explorador temporal termina absolutamente desquiciado una vez finaliza el viaje. Es por ello que ahora limitamos el retroceso a máximo 28 meses. La Espera en la cámara era una fábrica de asesinos y sicópatas, muy peligrosos para soltarlos en alguna de las Lineas de Todas las Realidades posibles.

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Relato participante en los microretos del Tintero de oro, mayo 2025, tema: La espera

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KEBONDÍ!



—¿Y dice usted que esa es la mejor imagen que ha podido obtener de mi antepasada? —cuestionó en tono irónico la Duquesa Karla Marliux.

—Con nuestro cronoscopio estamos seguros de que esa imagen se ajusta con una exactitud del 98 % a lo que usted está buscando —respondió el doctor Isaac Heinlein, tratando de disimular cierto enojo.

—Veo un airecito de familia, me recuerda a mis tías.

—No encontrará usted mejor calidad que la que le ofrecemos. Que yo sepa, nadie puede proporcionar la nitidez que nosotros damos para tiempos superiores a 200 años hacia el pasado.

—Para ser sincera, yo ya conocía fotos y dibujos muy similares a los que usted me ofrece, pero estoy más interesada en ver imágenes de la infancia de mi antepasada.

El doctor dio un respingo, tomó aire como para pensar y elegir con pinzas la respuesta, y replicó:

—Hemos tenido dificultad para ir más allá de la imagen que le hemos proporcionado.

—¿A qué se refiere? Sé que hay muchos laboratorios que proporcionan imágenes de 300 e incluso 500 años hacia atrás.

—Lo sabemos, pero con la dama en especial ocurre un fenómeno muy particular y misterioso que no hemos podido descifrar. Pareciera como si su pasado hubiese sido borrado.

—¿Borrado? ¿Por qué o por quién?

—Disculpe, Condesa, no me he explicado bien. En realidad, no es borrado u ocultado. Lo más preciso a decir es que nunca ocurrió.

—¿Me está usted diciendo que mi antepasada simplemente apareció así, de la nada, ya adulta?

—Me temo que es lo que los datos indican. Por tanto, no hay laboratorio competidor alguno que pueda darle imágenes de la infancia de su ancestro.

—KEBONDÍ!.

—¿Disculpe?

—Me refiero al nombre de ella. Es lo que dice la imagen: KEBONDÍ!. Prefiero que se refiera usted a ella de ese modo.

—Entiendo. Podemos llamarla dama KEBONDÍ!, pero hay que tener en cuenta que los datos no indican que ese sea el nombre de la persona en la imagen.

—Es posible que así sea, aunque he visto esa palabra en otros registros familiares.

—¿Sabe usted qué significa esa palabra?

—Si lo supiera, no habría pagado la fuerte suma de dinero para obtener la foto que usted me está proporcionando. Pero hay una pista: en lengua antigua, la palabra significa Renacer o Reset, no estoy segura.

—Nuestros especialistas están en capacidad de ayudarle a descifrar el misterio.

—Ya lo sé, ¿por unas cuantas bolsas de oro?

—731 en total es el precio. Ni un gramo más ni un gramo menos.

—Muy bien, es un trato justo. En mi próxima visita quiero que me revelen exactamente el misterio de KEBONDÍ!.

—Será nuestra prioridad, señora Condesa.







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