Josefina




— Ahora que ya todo el equipo de los ONCE está a salvo y ha retornado a sus refugios donde estarán seguros, hay una cosa que me quedó sonando y que no has contado del todo bien: este asunto de la cita que tuviste con la gente de Industrias Ishii — confesó el Inspector Carbonell.

— No fue con la gente de ellos, fue solo con la persona que me indicaste, la que te dejó una tarjeta con su nombre, lugar y hora de la cita — corrigió la detective Ada Esculi.

— Sí, recuerdo todo eso. El día de la bomba, una mujer me entregó esa tarjeta, luego tuve que ayudar a Cluzo y Puaro para que pudieran recuperarse con la asistencia del Doctor Moureau, mientras tú ibas a mi cita con Ishii como reemplazo, porque en la práctica yo había muerto durante la explosión.

— Y fue allí cuando conociste a esa chica que parece estar muy enamorada de ti.

— La Doctora Polidori.

— Esa misma.

— Gracias a ella y sus aparatos tecnológicos, tus amigos están vivitos y coleando.

— Y tú quedaste maravillado con su tecnología.

— Bueno, admito que tiene bastantes aparatos y artilugios muy extraños, pero que han sido bien utilizados en nuestro favor. Incluso me dijo que tiene un Cronoscopio, pero que realmente no va a utilizarlo para ayudarnos a resolver el caso.

— ¿Cronoscopio? No me gusta la idea, porque si lo piensas con cuidado, somos dos detectives de casos “normales”, que ya son bien complejos y difíciles de resolver. Usar esos aparatos de ciencia ficción nos empezaría a convertir en otra clase de agentes, que no quiero explorar como opción de vida.

— Puede que tengas razón, aunque te niegas a la posibilidad de usar esa tecnología, si usas frecuentemente potentes alucinógenos.

— Sabes que por muchos motivos, como el entrenamiento para llevar este estilo de vida, y en sí mismo, el día a día de esta profesión, me ha dejado profundas huellas, no solo físicas, sino mentales y hasta espirituales. Sí, es cierto, he tenido que recurrir a esas terapias porque estaba desesperada.

— Creo que deberías dejar eso y ensayar otra manera de sanar.

— No lo sé, no soy médico, aunque siento que más bien últimamente he desarrollado cierta resistencia a los tratamientos del Dr. Ayahuasca. Ha tenido que aumentar la dosis.

— Ok, dejemos eso por el momento sin tocar, no nos desviemos y nárrame brevemente lo que ocurrió en tu encuentro con la Dra. Josefina Mengele, Jefe de Forenses en Industrias Ishii.

— De acuerdo, te voy a contar la historia, pero solo si me prometes que a cambio tú también deberías enterarme de lo que ocurrió en el Desierto.

— Suena justo. Trato hecho, te escucho.

— Bueno, estuve bien puntual para la cita en el edificio de Industrias Ishii, que es superlujoso y moderno, todo un rascacielos. El ascensor tardó siglos en llevarme al piso en donde me citó Mengele, que en sí es el último piso. Apenas abrió la puerta el dichoso ascensor, me dirigí a la recepcionista, me identifiqué como miembro de la policía y pregunté por la Doctora.

La chica contactó a una persona mediante el conmutador y me solicitó que esperara sentada en una salita que tienen en el recibidor. Al poco rato llegó un joven muy caballeroso, obviamente alguien de seguridad, porque andaba con un walkie talkie. Preguntó por mí y me indicó que lo siguiera.

El caballero me llevó a unas escaleras, las subimos y quedamos exactamente en la azotea de ese edificio, en donde había un helicóptero esperando para mí. Me indicó que subiera. Apenas entré al aparato, este despegó. Vi como mi guía se quedó en la azotea usando su walkie talkie y retornando por la puerta por la cual habíamos entrado. Quedé a solas con el piloto, pero no pude hablar nada con esa persona debido al ruido y a que llevaba un casco. Supuse que sería inútil cualquier intento de comunicación. El helicóptero me llevó a una bodega no muy lejos del edificio principal, allí aterrizamos. Había una limusina esperando a mi llegada, el piloto me indicó apenas con el dedo señalando que me cambiara a ese otro transporte. Apenas puse los pies en tierra, el helicóptero despegó inmediatamente.

Subí a la limusina y allí estaba la Dra. Mengele, sentada en el minibar, como si fuera una Reina en su Trono desde donde juzga a vivos y muertos. Otro de los hombres del equipo de seguridad de Mengele cerró la puerta desde afuera. Así que quedamos solo ella y yo en el interior. La limusina se puso en marcha recorriendo las calles de la ciudad.

— Detective Esculi, es un placer recibirla. Estábamos esperando al Inspector Carbonell para esta cita, pero dadas las circunstancias, supongo que es usted la mejor persona a la cual nos podemos dirigir — me dijo la Dra. Mengele con una sonrisa enigmática.

— Cierto, ese es el estilo de Josefina. ¿Y qué más ocurrió?

Bueno, la miré de arriba a abajo, y confieso que no parece una Doctora Forense, sino que me da más la sensación de que estaba frente a una súper celebridad de Hollywood, aunque más bella y elegante. Devolví cortésmente el saludo y quedé a la espera de lo que pudiera indicarme mi anfitriona.

— Como podrá darse cuenta — me dijo la Doctora celebridad — están ocurriendo eventos muy extraños y siniestros en torno al caso de los Jueces del Reality. Yo solo quería hablar con el Inspector Carbonell para advertirle de que usara extrema cautela en todo esto, pero asumo que ha sido tarde. Sin embargo, estoy a tiempo, al menos para darle la misma alerta acerca de este caso, que no es lo que parece.

— ¿Conoce la identidad del asesino o pistas para dar con él?

— Desafortunadamente, desconozco esa información. Si la tuviera no dudaría en compartirla con las autoridades, pero lo que sí sé es el motivo por el cual fue asesinado Simón de Santillana.

— ¿Y cuál es ese motivo?

— ¿Sabe una cosa?, Detective Esculi, en la vida a veces es mejor no saber ciertos detalles. Cuantos menos misterios conozcamos, más simple es la vida. Santillana quería jugar con algo que iba más allá de la capacidad humana. Quería poder a cualquier costo.

— El poder ha sido siempre el motor de Aragca.

— El poder político o monetario, sí. Pero estamos hablando de otra clase de poder que quería Santillana para sí mismo.

— ¿Cuál es ese poder?

— Poder místico.

— ¿Místico?

— Exactamente. Mi consejo es que ustedes comiencen a buscar ayuda. Me refiero que armen un equipo de gente familiarizada con diferentes aspectos de la realidad que nos rodea.

— Nuestro equipo Policial es muy competente, de clase mundial.

— Detective, parece que hemos llegado a su destino, no puedo revelarle más por el día de hoy, ya que le pondría en peligro. Solo puedo dar un nombre:

ALMA

Me escupió ese nombre, como de mala gana, mientras ella se servía un vaso de vino y prendía un cigarrillo, e hizo un gesto de total indiferencia como si yo no estuviera allí presente. La limusina se detuvo de nuevo en la bodega, en donde había otro helicóptero esperando, que me llevó de nuevo al Edificio de Industrias Ishii. Allí aplicaron el mismo protocolo de guardias de seguridad, pero al revés, salí del edificio y de allí regresé a mis tareas cotidianas.

— ¿Quién es Alma? — farfulló Carbonell.

— Ni Fat-Boy lo sabe.

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El cuarto del pánico (3/3)

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—¿Qué es el Perfingirus Mycelium? — inquirió Carbonell.

—¿Cuáles cultos extraños? — espetó Ada, hablando al mismo tiempo que Carbonell.

—No es secreto que varios nobles de Aragca son aficionados a frecuentar sociedades secretas, como los de la Liga de Henares o Los Caballeros de Tenerife, y otras muchas más. Debe haber al menos unas 20 logias conocidas aquí, nada más en la Fortaleza, y quizás un centenar en toda Aragca — detalló Roncalli.

—Y algunos de estos cultos tienen por objetivo honrar deidades prohibidas. Creen que obtienen servicios y favores de entidades cósmicas que existían en el Caos primigenio. Y es cierto lo que se indica de la Fortaleza, para no ir más lejos, fíjense en la decoración de este mismo cuarto, en donde estamos rodeados de pinturas y esculturas pasochistas, paulinistas o zaidistas. Prácticamente todo el arte de este cuarto apunta a algo religioso y misterico — remarcó Hacamenejoy.

—El Perfingirus Mycelium es un hongo inofensivo, aunque muy difícil de encontrar en estado natural y casi imposible de cultivar domesticado. Sin embargo, es posible hacer un bálsamo alucinógeno muy potente mezclándolo con ciertos ingredientes que yo mismo desconozco — se apresuró a contestar el Doctor Ayahuasca.

—¿Cómo trabaja el hongo? — dijo con curiosidad Ada.

—Al entrar en contacto con la piel, el bálsamo entra en el torrente sanguíneo y tarda al menos 8 horas en hacer efecto. Pasado ese tiempo, produce parálisis y alucinaciones similares a las pesadillas — respondió el Dr.

—Es lo que se conoce entre la gente del desierto como 'El Reto del Jaguar', de donde es nativo el hongo. Los ancestros lo usaban para hacer ritos de iniciación a los cazadores. De ese modo, se entrenaba a los bravos guerreros para superar el miedo a cualquier obstáculo. Era un hongo sagrado hasta el día en que lo conoció ‘la gente termita’, que es el nombre que damos a los que invadieron estas tierras hace unos cuantos siglos — continuó Hacamenejoy.

—Una cosa es cierta, quien se ha expuesto continuamente a estos alucinógenos ancestrales como las pepas de ayahuasca va adquiriendo cierta resistencia a los efectos del hongo. Se sabe de casos estudiados por la academia de individuos completamente invulnerables a los efectos del Perfingirus Mycelium.

—Bueno, todo eso está muy bien y se entiende, pero ¿cómo se relaciona lo uno con lo otro? — interrogó Amelia.

—¿Quieres decir cómo se relaciona la ayahuasca con el bálsamo de hongo? — intervino Carbonell.

—No. Me refiero a cómo va lo del hongo con los cultos secretos.

—Esa sería una pregunta para el Fat-Boy. Si logramos establecer a quiénes frecuenta el Conde, tal vez podamos tener una lista de sospechosos a investigar — replicó Carbonell.

—Lista que sería útil si y solo si el Conde está relacionado con la muerte de los jueces del reality, porque a nadie se puede acusar de asistir a un culto por muy extraño que nos parezca — sentenció Boris.

—Pues a falta de pan, buenas son arepas. No tenemos algo mejor para seguir — puntualizó Ada haciendo gesto de fastidio.

—Creo que puedo ayudar en este sentido, puedo ya mismo aplicarle un sucedáneo de glucosa para reparar al Fat-Boy y tenerlo listo para responder preguntas durante días enteros si así se quiere — dijo la Dra. Polidori mostrando lo que parecía un pulverizador conteniendo una muestra de perfume — un par de rociadas a la cara y lo tendremos mejor que nuevo.

La doctora conectó un cable a la oreja izquierda del Fat-boy y otro a la derecha; uno serviría para la entrada de datos y el otro para la salida. Según ella, eso sería una mejora a las tiras de papel perforado. Esculi tan solo tuvo que abrir desde su portátil una ventana para enviar preguntas y otra para recibir respuesta. La doctora le roció un par de veces la cara y el chico comenzó a enviar datos sin parar.

Ada leyó en voz alta toda esa avalancha de datos, diciendo:

"El Fat-Boy reporta que los asociados del Conde son la famosa Bandita del Circo, liderada por Madame Marusa. Otros miembros conocidos son el Ventriloquista, 3 Payasos más, una chica de nombre Alma y Tina la Bailarina. Se desconoce el paradero de Angus, el hombre fuerte, antiguo asociado a ese grupo siniestro. Sin embargo, resalta que la banda puede estar recibiendo apoyo financiero y logístico de Nobles e incluso potentes grupos financieros, en especial Industrias Ishii."

— Hemos interrogado a algunos miembros de esa banda criminal, son gente rara, ya en más de una ocasión hemos chocado en el pasado con algunos de ellos — puntualizó Carbonell.

— Creo que más peligrosa que Marusa, es la madre de Marusa — sugirió Hacamenejoy.

— Si mi memoria no me falla, se le conoce como ‘la gran dama de mimas’, ella es la encargada de hacer hechizos y rituales oscuros, se rumora que debe tener al menos unos 500 años de edad — intervino Roncalli.

— ¿Gente de 500 años? — interrogó Amelia, casi torciendo los ojos con gesto claro de disgusto y algo de ironía.

— Según parece puede hacer un ritual que la mantiene joven — replicó Hacamenejoy.

— Eso es imposible — enfatizó Amelia, tratando de no perder terreno.

— No del todo, yo también tengo por aquí un frasquito que puede hacer rejuvenecer con algunas aplicaciones — precisó la Doctora Polidori.

— Vaya, estás llena de sorpresas, Doctora — dijo Carbonell, movido por la curiosidad — ¿qué otras cosillas útiles tienes?

— Ahora estoy trabajando en un potente afrodisíaco, mi querido Inspector.

— Me encantaría probarlo — anunciaron al tiempo Carbonell y Boris.

— Bueno, no dispongo de mucho, pero sí podría hacer una demostración gratis del poder de dicha maravilla — contestó la Doctora con aire jovial, mientras hacía gesto de cerrar los párpados con clara intención de coquetería.

— Un momento caballeros, estamos resolviendo un crimen aquí. Ya tenemos un potencial sospechoso y sus cómplices, faltaría darles una visita a todos ellos — aseveró Ada haciendo un gesto serio e incluso rudo.

— Bueno, me he adelantado un tanto a la situación — proclamó Boris — la detective Doris ya ha infiltrado las actividades de dicha organización de criminales, apenas restablezcamos contacto, ella podrá darnos noticias frescas acerca de esos individuos.

— Muy bien — intervino Carbonell — ha sido de bastante provecho esta reunión de notables. Ada y yo vamos a decidir exactamente qué curso de acción vamos a seguir de aquí en adelante. Me ha encantado reunir a tan selecto conjunto de personas, supongo deberíamos tener un nombre para este grupo.

— Pues, si no se han dado cuenta, somos Once — precisó Roncalli.

— Sí, como los "Once Guerreros", tal cual como en los libros antiguos, como el Adax Corda — exclamó lleno de entusiasmo Hacamenejoy.

— Siendo así, valdría la pena proponer un Brindis, en nombre de los Once Guerreros — secundó el viejo inspector Cluzo.

— No deberíamos precipitarnos tan rápido a sacar conclusiones sobre estas pistas que se han revelado, pues a saber aún no es delito vestirse de payaso en este país — asevero Boris

— Incluso ser payaso y cultivar hongos malignos no convierte a alguien en un criminal o al menos no en el que estamos buscando — aventuro Cluzo mientras hacía gestos exagerados con las manos

— Viven unos 23 millones de personas en Aragca, ¿cuántas de esas cumplirían con esas 2 condiciones que requerimos?  — dijo Ada dirigiendo la mirada hacia Carbonell

— No deben ser más de 10, quizás 6 o 7 nada más — respondió sin vacilar Carbonell — sin embargo, cultivadores de  ese hongo en especial solo puede ser uno.

— El hongo se da natural en el desierto — agrego Hacamenejoy — sin embargo, desde tiempos inmemoriales los Ancestros prohibieron su cultivo debido a que no se podía controlar el espíritu que habitaba en ellos.

— Bueno, entonces debemos ampliar nuestra población de sospechosos y agregar a los habitantes del desierto — apuntó Carbonell

— Aunque el hongo a veces aparece por casualidad en las oscuras cavernas del desierto, este nunca es fácil de accederse, además ‘el Hombre de las Arenas’, desconoce como hacer el bálsamo o no tiene los medios para hacerlo, la costumbre era tan solo mascarlos allí mismos en el lugar en donde se encontraban, pero la última persona que lo hizo fue la hija del Cacique Ximplac-Thual hace ya unos tres siglos atrás. Convirtiéndose el hongo más en leyenda que en realidad. De hecho yo mismo lo había olvidado hasta hoy que se mencionó de nuevo, lo creíamos extinto — disparo Hacamenejoy.

— Entonces no hay nada más que agregar, pero concuerdo en que el sospechoso o bien es el cultivador del hongo y fabricante del bálsamo mortal y/o la gente que está alrededor de esa persona — intervino Ada — Inspector Carbonell, creo que debemos darle fin a esta reunión, participar de la cena del Uro africano y luego ya nos dedicaremos a perseguir al culpable.

— Pues no hay más que agregar — damas y caballeros — levantemos la sesión y dejemos que nuestros anfitriones nos sorprendan con sus dotes culinarias — puntualizó Carbonell.



3 razones por las que tus cuentos fracasan


Cierto, tengo un cuento que según eso salió mal, y lo que hice fue una bosquejo de una novela... lo cual es bueno saberlo, ya me dio una idea para trabajar en los próximos años:

En mi cuento Selenitas básicamente cada fecha sería un posible capítulo de unos relatos más amplios, yo no había caído en cuenta de ello, puede ser interesante narrar pensando en usar aparatos de 1970, como digamos chimpancés astronautas tratando de escuchar un disco de vinilo LP en una vitrola. Si, tal vez esa sea una vía: Usar animales en vez de humanos.

Debe haber más cuentos míos con varios de los problemas que ella menciona, aunque hay algo que la dama (que también es escritora de novelas de vampiros) no dice:

Yo hago cuentos porque me divierte hacerlo, porque sé que también hay personas que van a compartir esa diversión con la que los imagine.

Hasta donde sé, nunca he escrito algo que me mortifique. 

Escribir es un placer, al menos para mí.

No lo menciona la dama, pero es un punto importante.

El cuarto del pánico 2/3

(parte anterior, el cuarto del pánico 1)




La Doctora Polidori se acercó al cuerpo abatido del Fat-Boy, sacó unos diminutos instrumentos de diagnóstico similares a los que se usarían en el siglo XXIII (o en la galaxia de Andrómeda), hizo un rápido rastreo de todo el cuerpo e indicó con actitud más bien de calma:

— El chico está bien, puede ser que le dio una baja de azúcar, parece que no ha comido en más de una hora, pero por el momento no será de gran ayuda. Si alguien tiene una barra de chocolate, podemos reiniciar el sistema y mantenerlo en línea por un par de horas.

— De eso puedo encargarme yo — indicó Roncalli — puedo solicitar una cena entera para todo el grupo, podríamos pedir un buen estofado de Uro Africano, de los corrales del Archimandrita.

— Creo que es lo más sensato que he escuchado desde hace varios días — contestó Ada, y algunos notaron que se le hacía agua la boca ante la propuesta de Roncalli.

— ¿Cómo te gustaría la carne? — inquirió Roncalli.

— Me gusta fresca — respondió Ada con una sonrisa.

— Estimados, retomemos el caso, por favor — apuntó Carbonell y continuó — lo indicado por el sistema es de bastante gravedad, ya que indagar por un payaso no es cosa sencilla de lograr.

— ¿Es un payaso o alguien vestido como payaso? — pronunció Boris con gesto grave y solemne.

— ¿Cuál puede ser la diferencia? — replicó Cluzo.

— La diferencia fundamental es que un Payaso como tal sería un profesional o persona que vive del trabajo de hacerse el bufón, como una rutina de vida, mientras que una persona simplemente vestida de payaso, sería alguien que temporalmente asume el rol, quizás por algunas horas y no siempre lo hace para hacerse el cómico o el gracioso, recordemos que por ejemplo algunos asesinos seriales solo se visten de esa forma cuando tienen la intención de hacer sufrir a sus víctimas — proclamó Puaro como si se hubiera transformado en un reemplazo improvisado del Fat-boy.

— Siendo así, solo queda un curso de acción a seguir: Tendríamos que decretar turbado el orden público, hacer un toque de queda en todo el país para encerrar a todo el mundo y pasar casa por casa buscando quien tiene disfraces y maquillaje de payaso o libros de comedia, de ese modo arrestaríamos y ejecutaríamos a todo aquel que tenga esas tendencias maniáticas y de paso nos serviría para eliminar algunos otros indeseables y gente que busca desestabilizar al Estado. De hecho, desde hace décadas ese el procedimiento estándar en Aragca cuando ocurren este tipo de casos horrendos — manifestó Carbonell dando un golpe triunfal en la mesa.

— Es una excelente línea de acción — contestó Ada, un tanto maravillada de ver a Carbonell tan enérgico y a un paso del triunfo — ¿Cuándo empezamos?

— Decretar el estado de sitio, quizás fue bastante útil en el pasado; sin embargo, en este caso tal vez algún otro tipo de medida deberíamos seguir. Me refiero a que si utilizamos este tipo de tácticas enérgicas, sea quien sea que esté detrás del asesinato de los jueces podría reaccionar y quedar advertido de que vamos tras la pista. Si usamos unos métodos algo más discretos, nos serviría para que el culpable o los culpables tomen confianza, crean que estamos sin nada en la mano y así den un falso paso y se delaten solitos. Un crimen de ese estilo no es fácil de mantener en la penumbra — aseveró Boris mirando de modo desafiante a Ada y a Carbonell, los cuales no podían disimular el gesto de enojo que les causó la perorata de su compañero.

— Siendo así, creo que puedo ayudar con algo que recuerdo acerca de un paciente que tuve mucho tiempo atrás, que solía tomar sus terapias vestido de payaso — interrumpió el Dr. Ayahuasca como para aliviar un tanto la incómoda tensión que se estaba formando en el cuarto (en ese momento la estatua de Zaida hizo también un gesto de enojo, imperceptible para el grupo de héroes).

— Eso suena bastante interesante, ¿cómo va eso, Doc? — agregó Ada.

— Se trataba de un Conde bastante excéntrico él, aunque culto y experto en muchos temas, en especial se había dedicado al esoterismo, formo parte de cultos extraños y a la investigación de hongos exóticos. En especial, es solo una de las 3 personas que han cultivado el Perfingirus Mycelium. Las otras dos ya murieron hace tiempo.

— Hay muchos condes y duques bastante excéntricos y raros, ¿cuál de todos es el que debemos investigar? — prosiguió Carbonell con aire interesado.

— Su altísima majestad el Conde Vlad Bathory — informó el Doctor.

Panorama

El Demiurgo de Hurlingham, 
en su blog, 
nos propone para el Reto de los Jueves edicion de Agosto/10, 
de elaborar un argumento con algo de real. 

Panorama fue considerado en su época como uno de los mejores programas de televisión de formato Magazine y lo hacía memorable la sección de entrevistas que estaba a cargo de Paula Valier.

Eran los días en los que ella comenzaba a ser figura pública. Atraía audiencia porque la gente del común quería “conocer” un poco mejor a la gente de la nobleza, Valier con sus aires de Condesa resultaba un personaje exótico y atractivo en los televisores.

Panorama inició su caída de Rating el día en que Paula había invitado a varios artistas de telenovela que regularmente tenían papeles de Villanos o que hacían de la Mala del paseo. En el grupo, entre otros, se destacaban los galanes Gilberto Urrego y Romano Edgardo.  También estaba Lina Eslava (que había sido hija de un torero)  y Waldo de Moya, que no era galán, porque su físico no se lo permitía, por lo cual siempre interpretaba a personajes ayudantes del malo principal, de enterrador, ladrón, gente de barrio bajo, prófugo o peones del campo.

Se recuerda que todo el grupo se acercó a Paula, algunos doblando el brazo al frente de la cara como si fueran vampiros, cubriéndose el rostro con una capa. La escena fue bastante graciosa, y al público le gusto mucho, de modo que Paula por un tiempo fue recordada como 'La Entrevistadora del Mal'.

Pero al director del Canal, Otto Vanegas de Greiff, no quedó muy contento, ese mismo día apenas se acabó la grabación, mandó llamar a Paula. Estaba furioso. Según los rumores de Greiff estaba enojado porque él se había prometido arruinar y hacer pasar al olvido a Waldo de Moya, quizás por alguna diferencia en el pasado poco conocida del público. La aparición en Panorama de seguro lo catapultaría de nuevo al estrellato.

Paula quedó tan enojada que de inmediato renunció. Esa misma noche recibió una oferta de una cadena de TV rival. Le habían ofrecido ser Jurado en un Reality de Talentos.
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Fuentes:


Picnic



Eran militares bastante jóvenes, el caballero tendió la manta sobre el prado. El sol de mediodía invitaba a tener una merienda campestre e informal: Unos cuantos refrigerios, una buena botella de Valpolicella y algo de queso. La chica sonrió, ocupo un extremo de la manta, se quitó los zapatos para estar más cómoda y por un instante comenzó a juguetear con los deditos, haciéndolos bailar una vez que quedaron liberados.

— Qué buen gusto tiene usted Señor Alfredo, hasta vino italiano trajo para acompañar el pan con jamón  — le dijo ella aun sonriendo

— Todo lo preparé pensando en este momento, vida mía — respondió Alfredo, que mantenía la mirada hipnotizada viendo la danza de deditos de pie, le llamaba la atención en especial el barniz rojo de las uñas.

— Lo sé mi amor. No se te escapa detalle alguno — respondió la muchacha al mismo tiempo que recibió el pan con jamón y veía como él servía el vino en un par de copas de cristal preparadas para la ocasión — lástima que dispongamos de tan poco tiempo, en una hora debemos volver al trabajo — agregó ella bajando la mirada

— No te preocupes, si incluso llegáramos tarde, unos cuantos minutos no creo que sea grave.

— Yo por mí no me preocuparía, pero tenemos jefes y supervisores. Ellos sí que se mostrarían preocupados si llegamos un segundo más tarde de lo normal.

— Es una lástima que sea así, ellos son tan... ¡INFLEXIBLES!

— Así es, me parece que son gente retrógrada — apuntó ella, mientras se acomodaba el cabello como si quisiera hacerse una cola de caballo

— El problema en realidad no son ellos, es la sociedad por completo la que anda podrida — continuo Alfredo mientras engullía la mitad de su copa de vino.

— ¿Y deseas cambiar un poco las cosas?

— Me gustaría darle un vuelco total, cambiar nuestro sistema socioeconómico por algo más progresista

— Qué interesante, amorcito — le dijo ella mirándolo fijamente, con total sutileza se acercó un poco más hacia él y por un segundo pareció que ella le había tocado una mejilla.

Alfredo dejó su perorata política y prefirió centrarse en ella, le acercó la cara para besarla, gesto que ella correspondió.

Lo siguiente que ella escuchó fue un ruido seco, extraño. Alfredo cayó de espaldas, alguien le había disparado a la cabeza, quizás un francotirador oculto entre la vegetación.

Como pudo y sin saberlo ella salió inmediatamente corriendo, no se  acordó que estaba descalza, pero aun así se desplazó rápidamente tratando de huir de ese paraje.

De entre la vegetación un brazo fuerte la agarro para ocultarla 

— Excelente trabajo, Alférez 731. Hemos dado de baja al traidor. Seguimos todas tus señas, según lo acordado: si te arreglabas el cabello, nos pondríamos alerta. Y si tocabas la mejilla del objetivo le apuntábamos. Y un beso consentido era la indicación de dar de baja al fiambre.

— Es cierto, Diamante 4 — dijo ella — personas divergentes son peligrosas para nuestra organización y el país. Que el equipo de aseo limpie la escena, no debe quedar ni el mínimo rastro. Desaparezcan todo.

Ella siguió caminando alejándose del francotirador, que estaba ya emocionado, contactando vía radio y usando lenguaje en clave, daba instrucciones para "la gente del aseo”.

Era la primera vez que siendo asignada a una misión alguien había muerto.  Ya no había vuelta atrás.  Pertenecía ahora al Gobierno. Ella misma había “neutralizado” a otras personas en el pasado, no tan lejano, pero por buenas causas, porque era gente que se lo merecía, pero con Alfredo no estaba segura. Sintió que las razones de la ejecución eran puestas a capricho por la Elite. Se le aguaron los ojos y le temblaban las manos, como si hubiera caído en cuenta de que la palabra inocencia se había borrado del todo en su mente.  Se sentía asqueada.

Desde ese día decidió utilizar gafas oscuras, no quería que nadie la viera llorando. Nunca dejaría que la gente pudiera leer sus emociones. Sé prometió a sí misma que jamás volvería a enamorarse de alguien del trabajo.

Horas más tarde, la familia de Alfredo recibió la noticia de que el héroe había caído cumpliendo con su deber, lo mismo indicaron los medios de comunicación local. El vocero del gobierno prometió investigar a fondo los sucesos.

(El francotirador tan solo pensaba que Alférez 731 en cierto modo estaba libre, no era fea, aunque tal vez nunca la invitaría él mismo a una salida campestre)

La luna con pezones

El blog Acervo de Letras, nos propone en su sección del 
las siguientes ideas:

En la historia que tenéis que escribir, vuestro personaje tendrá que buscar un lugar idóneo para contemplar a la LUNA y allí contarle sus secretos, sus problemas, sus emociones, sus deseos…

Como siempre, hay libertad de transformar la idea:

Emplear más de un personaje hablando con ella.
Usar la prosopopeya para darle vida al satélite y que él os responda.
Mudaros a su superficie y hablarle en primera persona.
Trasladaros a un planeta lejano y cambiar de luna.
En lugar de hablarle, recitarle o cantarle (están admitidos los poetas y juglares 😉😁).
En definitiva, lo importante es escribir y disfrutar con ello. Pero la LUNA ha de ser un personaje importante de vuestro relato.
 


Una de las leyendas que narra el Adax-Corda (la biblia de los Pasochistas), se basa en como un ser cósmico de estilo Lovecraftiano, fue condenado por sus hermanos a quedar encerrado por toda la eternidad en una de las lunas de Saturno, la que en la NASA llaman Mimas y que en las calles se le dice informalmente "La Estrella de la Muerte". 

Aunque los seres cósmicos del Adax-Corda varían mucho e incluso contradicen sin mayor pudor el modelo 'cosmicista' de Lovecraft.

El Adax-Corda, nos dice que Thupec-Nupac (al que puede identificarse como el Dios mayor o el Sol) con algunas hojas de tabaco hizo una hermosa muñeca a modo de escultura, de la cual se enamoró, por lo que decidió animarla con deseos de hacerla su esposa y de allí tener hijos y poblar la Tierra. La llamo Liliyuru

Zaida (que en el lenguaje de los Nazca-Thecas se pronuncia algo así como Sadïspit'chu o Chadïspit'zhu, dependiendo del dialecto de la región en donde se cuente la historia) que pasaba por allí luego de recorrer todo el espacio sideral, le llamó mucho la atención lo que hacía Thupec-Nupac, ya que es bastante inusual encontrar vida orgánica en el Universo y quiso ayudar un poco a su hermano.

Tomó pues Sadïspit'chu a la recién creada primera mujer para amamantarla y así fortalecerla. La leche de la diosa era un líquido negro, espeso, amargo al paladar y de mal olor.  Al probar la primera gota, Liliyuru de inmediato se tornó en un ser infernal, siniestro y malvado, de tendencias homicidas. 

Sadïspit'chu quedó sorprendida porque no conocía las debilidades de los seres mortales, no era su intención hacer daño alguno a Liliyuru, pero Thupec-Nupac decidió desatar su ira: acudió al Gran Consejo de seres Cósmicos, en donde Cthulhu tomó la vocería y dijo:

 "Sadïspit'chu, por haber traído la maldad a la casa del hermano Thupec-Nupac, serás condenada eternamente a permanecer encerrada en la Luna de la Muerte"

Y fue así como Sadïspit'chu quedó encarcelada en Mimas. 

Es por ello que entre los Nazca-Thecas surgió la costumbre de evitar mirar directamente o por mucho tiempo a una estrella en particular, porque los ancianos decían que quien se fijara o pensara en Mimas quedaba poseído por la Diosa rebelde y traería ruina y discordia al hogar. Parece ser que entre ellos existe la creencia de que si uno hace oración a Zaida, ella puede escuchar y contestar. Los ancianos de la tribu saben que alguien está haciendo rituales a la dama encerrada en Mimas, porque al otro día la choza le amanece cubierta con barro negro.

Si uno pudiera ver con un telescopio esa luna, se vería claramente la cicatriz con forma de pezón que dejó el encierro del ser cósmico, de modo que puede pensarse que el relato de los Nazca-Thecas está basado en hechos verídicos, pero que luego se fue transformando primero en leyenda y finalmente en mito.

En algunas ediciones antiguas del Adax-Corda se habla de un camino para liberar a Zaida de su encierro, pero la historia se ha vuelto oscura y velada con el paso del tiempo.

La curiosidad y el deseo de desentrañar la Verdad me han llevado a emprender una peligrosa expedición: Abrir un portal y liberar a la Diosa encerrada. Sin embargo, las consecuencias de mis acciones podrían desencadenar un cataclismo cósmico, liberando fuerzas antiguas y primordiales que amenazarían la existencia misma.

En las profundidades del espacio, siento la presencia de Zaida agitarse, percibiendo mi llegada. ¿Seré yo la clave para romper la eterna condena de la Diosa encerrada en Mimas? ¿O seré el desencadenante de un destino oscuro y catastrófico para  el universo entero?


El Movimiento Toledo

Usualmente, cuando se logra escapar de un incidente similar al de la Mansión de la Condesa , entra en operación un complejo protoc...