Quizá una de las características más notorias de la masa subcontinental de Merides sea la famosa cordillera conocida como La Vértebræ, bautizada así por el viajero Don Gaspar de Altamira en tiempos tan remotos que ya nadie recuerda con certeza el origen del nombre ni a quien lo acuñó por primera vez.
La Vértebræ divide a Merides en dos grandes mitades, circunstancia que durante siglos mantuvo aislados a los pueblos del este de aquellos que surgieron al oeste.
En la región oriental, los principales imperios que coexistieron fueron Andirria, situada en el corazón de esa mitad, y Surumbria, más al sur. En el oeste, la cultura de Lendor se desarrolló en las tierras meridionales, mientras que hacia el centro prosperaron los pueblos de Murian —también conocidos como la civilización murianida—.
Durante varios siglos, en Andirria se creyó que el mundo terminaba en aquella barrera infranqueable de altas montañas y picos nevados. Sin embargo, las expediciones de Don Gaspar y de otros viajeros, como Al-Masudi, trajeron relatos fantásticos sobre reinos lejanos y civilizaciones fabulosas, pobladas —según se decía— por seres míticos.
El primer vínculo entre ambas mitades surgió gracias a las caravanas comerciales que recorrían los territorios de norte a sur, sin atreverse aún a cruzar la cordillera. En medio de las interminables guerras, donde reinos nacían y desaparecían, destacó el pueblo de los Tlantis, originario de Lendor, que se asentó precisamente en la zona fronteriza entre los grandes dominios.
Desde allí, sus reyes comenzaron a imponer tributos a todo comerciante que transitara en cualquier dirección; a quienes se negaban a pagar se les confiscaban las mercancías. La medida generó gran descontento: el viaje ya era suficientemente peligroso como para añadir un impuesto abusivo que anulaba cualquier ganancia. Fue entonces cuando algunos mercaderes murianidas decidieron intentar lo impensable: cruzar la cordillera en busca de una ruta alternativa que evitara el bloqueo.
No hallaron el paso hacia el norte que buscaban, pero descubrieron algo aún más trascendental: el reino de Andirria. A partir de ese encuentro se estableció una nueva vía de intercambio de bienes, ideas y conocimientos. Con el paso de los siglos, aquella senda dejó de ser utilizada solo por comerciantes y comenzó a ser transitada por pueblos enteros que migraban de este a oeste —y viceversa— según las crisis, guerras o épocas de prosperidad de los cuatro grandes imperios. También la recorrieron ejércitos en campañas de conquista.
Siete siglos después, las rutas que atravesaban La Vértebræ habían generado un flujo constante de personas y propiciado alianzas, conflictos y mezclas culturales entre oriente y occidente. Especialmente célebre fue el matrimonio de la emperatriz Siriana IV de Andirria con el rey Darsiniades del norte de Lendor, unión que inauguró una dinastía recordada como una era de prosperidad, estabilidad y florecimiento para los habitantes de Merides.







Andirria me complacería para vivir. Parece por el papiro que muestra el mapa, que la cordillera es más accesible en su vertiente septentrional en dirección a Los Hielos Sagrados, territorio gélido en el que estoy verdaderamente interesado. Y si una emperatriz regula la existencia en aquellos Pagos, es suficiente garantía para mí.⚔️
ReplyDeleteToda una historia alternativa, contada detalladamente.
ReplyDeleteMe agrada la emperatriz.
Saludos.
Me gusto mucho. Te mando un beso
ReplyDeleteViendo el mapa me gustaría vivir más allá de Hielos Sagrados.
ReplyDeleteSaludos.