Necesitaba escribir el final de mi novela de detectives sin siquiera haber terminado el nudo o parte intermedia del libro. Mi falta de pericia en ese género era evidente, de modo que decidí hacer lo correcto en estos casos: fui al sótano de la casa, donde tenía varios cachivaches acumulados por mí y principalmente por un par de personajes de generaciones atrás.
Logré localizar una gran caja de cartón, la misma en la que había venido la enorme lavadora de la tía Maruja. En algún rincón, de hecho, también estaba arrumbada la dichosa máquina, y estoy seguro de que, si hubiera hurgado lo suficiente, también habría encontrado a la tía Maruja en algún lugar del sótano. En menos de veinte minutos y con la ayuda de algunos materiales sobrantes de aquí y de allá, logré construir una máquina del tiempo.
Me disponía a usarla cuando escuché que alguien hacía sonar insistentemente el timbre de la puerta de mi casa.
Me dirigí al portón principal para ver quién osaba molestarme en un momento tan crítico e íntimo. Se trataba de una mujer albina, de aspecto pícaro y decidido, vestida con una gabardina similar a la de Sherlock Holmes, que dejaba entrever una figura bella y elegante a pesar de su extraño atuendo.
No alcancé a decir nada cuando ella sacó de un bolsillo una tarjeta de presentación y, al mismo tiempo, dijo:
—Sociedad del Cuervo Blanco.
Eso era exactamente lo que decía la dichosa tarjeta, pero en una lengua olvidada: Societas Corvi Albi. La miré por el reverso y solo había un logo con dicha ave. Mientras yo intentaba darle sentido a la situación, la dama, de modo ágil y sin ser invitada, sacó una lupa y se internó en mi casa.
Intenté protestar, pero ella me hizo un gesto para que guardara silencio y, con tono serio y el aire de alguien que sabe exactamente lo que está haciendo, indicó:
—Está usted en posesión de una máquina del tiempo ilegal.
—¿Esto? —dije con aire dubitativo—. Bueno, acabo de construir una, pero no creo que…
—¿A qué época planeaba usted viajar?
—Soy escritor. Quería entrevistarme con Arthur Conan Doyle, presentarle mi novela de detectives y ver cómo puedo continuarla.
—Malo, muy malo. Lo que usted indica es una violación tipo cuatro del Código Internacional de Viajeros en el Tiempo.
—¿Qué?
—Represento a la Sociedad del Cuervo Blanco, un grupo de gente altruista y desinteresada cuya tarea es preservar en buen estado la línea del tiempo.
Yo seguía sin entender ni un comino de la verborrea que salía de la boca de aquella dama infernal. Al verme con cara dubitativa, me lanzó una pregunta fría y directa:
—¿Sabe hablar usted inglés? Y no cualquier inglés, sino el de alguien muy bien educado en protocolos victorianos.
—No hablo ningún idioma diferente al castellano.
—Supongo que tampoco habrá considerado que podría encontrarse con una versión de Conan Doyle muy anterior a la época en que escribió el famoso libro del detective y el doctor.
—Cierto, no lo había pensado.
—Es por eso que estoy aquí. ¿Dónde está el artefacto?
—¿La caja de cartón?
—Exactamente.
—Está en mi sótano.
Nos dirigimos al lugar y le señalé la caja. Ella se acercó con curiosidad, la inspeccionó rápidamente y arrancó dos piezas del interior: un cubo de Rubik, que hacía las veces de Resonador Crono-Inercial, y un cepillo de dientes —quizá del primo de mi abuelo— que servía como Acumulador de Gradiente Temporal.
—Confiscados. Sin esto, el aparato es técnicamente inofensivo. Ya no servirá para viajar en el tiempo, aunque podría servirle para ir a Andrómeda, si así lo desea —dijo, contemplando las piezas con codicia y cierto respeto.
—Sin ellas no podré terminar mi novela. Se supone que Conan Doyle me ayudaría a resolver ese lío tan tremendo.
—Nunca dije que usted no pudiera viajar en el tiempo. Lo que he dicho es que su máquina no es la adecuada. Efectivamente, usted sí viajó en el tiempo y, debido a la precariedad de los materiales y del diseño, prácticamente arruinó toda la historia conocida. Nos tomó bastante trabajo dar con la caja en el preciso momento en que iba a usarla.
—¿Es decir que viajé en el tiempo, pero no recuerdo nada?
—Es por eso estoy aquí: para prevenir que ello ocurra.
—¿Y cómo haré para terminar mi novela?
—Pues tiene usted suerte. Puedo ofrecerle planes de membresía a nuestra sociedad. Tenemos el de Socio Oro, que se paga en cuotas mensuales, y el de Socio Diamante, que se paga anualmente con cierto descuento —dijo mientras sacaba de un bolsillo de la gabardina unas formas impresas.
—¿Qué ventajas tiene la membresía?
—Buena pregunta. Básicamente damos asesoría al viajero. En cada tiempo y lugar existe una sede nuestra donde se le ayudaría a ubicarse fácilmente dentro de una época pasada. Sin hablar inglés y sin ser conocido en los círculos sociales en los que el Doyle se movía, tendría usted pocas posibilidades de hablar con el caballero. Nuestra sociedad es, precisamente, el puente entre el habitante del futuro y las personas del pasado. Tenemos contactos, transporte, vestuario, dinero, joyas y metales preciosos, alojamiento e incluso armas a su disposición —en el plan Marfil —dijo en voz baja, tosiendo—. Es mucho más ventajoso viajar con nosotros que hacerlo por su cuenta. Además, contamos con equipos de última generación y probados en incontables ocasiones.
Dicho esto, me pasó un formulario de aplicación.
—Puede colocar su firma en la parte inferior. Incluso obtendría un descuento extra del siete por ciento.
—¡Trato hecho!


Je je engañe a la vendedora, mi plan fue visitar a Agata Christie.....
ReplyDelete¡Hola! Muchas gracias por participar en el Concurso de Relatos 50 ed. en El Tintero de Oro. ¡Suerte!
ReplyDeleteEs mejor ir bien asesorado que ser un improvisado viajero del tiempo, como el de H.G. Wells.
ReplyDeleteEngañar a la vendedora fue un mérito.
Saludos.
Buena idea, podria visitarse a ese autor, quizas para un fuera de concurso.....todo depende
DeleteQue bueno que pasaste y leiste el sutil comentario
Abrazos
Uy que genial fragmento y siempre es bueno viajar en el tiempo. Te mando un beso.
ReplyDeleteMe ha hecho mucha gracia: el absurdo del escritor bloqueado que busca soluciones imposibles a problemas que aún no tiene, la ciencia ficción reducida a una simple caja de cartón y las opciones de membresía a la Sociedad del Cuervo Blanco. Pura magia narrativa.
ReplyDeleteHola, JC. Un relato muy ingenioso y agradable de leer. Me ha encantado la escena que dibujas del bloqueo del escritor y esa asesoría para viajeros en el tiempo que quiere ganar un socio a toda costa. Muy buena historia.
ReplyDeleteHas logrado aparte de la presencia histórica del gran Conan Doyle, reminiscencias a otra figura gracias al título (pues me recuerda a lo que ahora te transcribo por razones obvias), a Arthur C. Clark –quien, por ende, va mucho contigo por las obritas de ciencia ficción que escribía– con su "La Taberna del Ciervo Blanco". Muy ameno y , yo, que soy corvidófilo , rápidamente engrosaría la curiosa sociedad que manifiesta. Conan Doyle, además, junto a otros escritores de misterio de la época, pertenecía a otra sociedad esotérica curiosa llamada "Golden Dawn" ("Amanecer Dorado")🎩🕯️
ReplyDeleteArthur Clark..... grande entre los grandes de la SciFi clasica, son 5 jinetes:
DeletePapá Asimov
Papá Heinlein
Papá Bradbury
Papá P.K. Dick
Y el Gran Clark!!
Todos COLOSOS titanescos del genero
(sin descontar al tremendo Herbert y otros mas de la epoca 1950/1960)
Me haces alucinar con esa comparacion y diria yo que un ciervo, cervatillo albino debe ser de pelos, para miles de aventuras, ya mismo me pongo al dia en el relato.
En realidad , lo de Arthur C. Clark, es una colección de cuentos (¡te encantará!) Los demás 5 jinetes que mencionas también me gustan, sobre todo Bradbury. La verdad, es que vas bien pertrechado anímica y técnicamente (¡en cuanto a cómo escribes!) y eso te va a catapultar en El Tiempo, junto a Kronos para disfrutar SIEMPRE. 💎
DeleteHola, J.C., me acabo de enterar de que se puede hacer una máquina del tiempo con un cepillo de dientes y un cubo de rubik… Esas dos cosas las tengo en mi casa, probaré ya mismo si funciona jajajajajaja. Muy buena historia, tiene una lectura fluida y el argumento es de lo más original. ¿Quién no querría conocer a Conan Doyle? ¡Enhorabuena por tu trabajo!
ReplyDeleteUn saludo.
Yo acabo de viajar en el tiempo.. he visto a Edgar Allan Poe y varias escaramuzas de rostros pálidos con indios nativos... ah y manadas inmensas de bisontes.
ReplyDeleteEs que vivir en mi tiempo de ahora es muy aburrido y siempre que puedo me escapo.
Original forma de presentar a un personaje histórico como pide el reto, con un relato futurista. LA máquina del tiempo es toda una obra de artesanía, una caja de cartón, un cubo de rubik y un cepillo de dientes, y vete a saber que más. Desde el principio me preguntaba como podría saber la agente que el sujeto tenía una máquina del tiempo, la respuesta está en que ya la ha utilizado. Y como se puede hacer negocio con todo, le vende una suscripción para poder viajar con cierta seguridad, que el control está bien pero quizás el pago termine por ser excesivo. En todo caso me gustaría ser ese viajero del tiempo y conocer a Conan-Doyle. Un abrazo.
ReplyDeleteMuy ingeniosa y entretenida la historia, J.C. Un buen relato, sin duda.
ReplyDeleteHola, JC. Divertidisima idea la de sortear la falta de inspiración construyendo una maquina del tiempo. Que sea una caja de cartón con cepillo de dientes y cubo le da el toque descabellado qué la hace mejor aún.
ReplyDeleteUn abrazo
Hola J C un relato fantástico en todas sus acepciones. Y ya que vas a visitar a Conan doyle Agatha Christie espero que puedas visitar a más escritores que siempre viene bien un poco de ayuda. Y eso de viajar seguro y querer venderte casi un seguro de viajes, como que suena chanchullo. Antes de firmarle la letra pequeña. Un abrazo y suerte.
ReplyDeleteMal. Esto suena a autobiografico y no me puedo creer que hayan pasado M.A. y Marta, dos insignes miembras del Quinteto de oro, y no te hayan reprochado que hayas usado una Maquina del tiempo. Si no se puede i.a. tampoco m.t. Y además ya sabras quien gana el concurso. Bueno, en fin , si ellas no han dicho nada ¿quien soy yo?
ReplyDeleteAbrazoo y suerte
Hola J.C. Eso de fabricar una máquina del tiempo con tanta facilidad, es el summum del summum. Y pido oficialmente una clase práctica de Manualidades, no sin antes inscribir el invento como una "PeachBook Pro" con el PeachOS: Eucalyptus 15.7. Y no sin antes engañar nuevamente a la vendedora haciendo pasar el artefacto por un simple y sencillo ordenador. Ya sé que engañar es feo, pero más caro te cuesta la membresía, con descuento incluido. Ya estoy haciendo la lista de los futuros visitados.
ReplyDeleteUn abrazo fuerte, Marlen
Hola. J.C.
ReplyDeleteConan Doyle, Agatha Christie... ¡qué más da quién fuera el personaje objeto de la visita temporal! El caso es que te ha quedado un relato de ciencia ficción muy bien elaborado y divertido, por el que te felicito. Enhorabuena.
Te deseo mucha suerte en el Tintero.
Un fuerte abrazo.
Ja, Ja, pues menudo viajecito, y qué envidia poder comparecer con tamañas personalidades. A mí me gustaría más Orwell, o Kafka, aunque en realidad, cualquiera, je, je.
ReplyDeleteGenial el viaje. Me recordaste a una película china, o japonesa, o koreana, o del lejano oriente, donde un chico consigue viajar al futuro durante dos minutos, Más allá de los dos minutos infinitos o algo así se llama. Muy buena, por cierto.
Un abrazo!
Te felicito por tu historia! Me ha encantado el tono irónico y sobre todo la forma tan original de construir la máquina! Muy exigentes los señores de la Sociedad del Cuervo Blanco! Je je! Un abrazote y suerte en el concurso!
ReplyDeleteMuy goloso el trato, pero espero que leyera muy bien la letra pequeña 😅
ReplyDeleteDonde esté una buena caja de cartón y un cubo de rubik que se quite los DeLorean del Dr. Brown. Un relato genial, aunque lo realmente sublime es haber engañado a lo sociedad.
ReplyDeleteTe deseo mucha suerte en el concurso.
Esa máquina del tiempo es muy fácil de hacer, voy a intentar hacer una y a ver si me lleva a conocer a todas esas personas tan interesantes.
ReplyDeleteEl engaño a la vendedora es muy bueno ji ji ji.
Esa sociedad del cuervo blanco es todo un acierto.
Un abrazo J. C
Puri
Ja ja.. sospecho que esa agente de viajes temporales no era otra que la tía Maruja disfrazada.. ja ja.. Excelente relato.
ReplyDelete¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ H u g o . . . . . .ENHORAbuena por ese séptimo puesto TAN MERECIDO !!!!!!!!!!!!!!!!! 💎
ReplyDeleteBravo y sigue SIEMPRE con tus características particulares 🎩