Amantes en la noche. Relato Juevero.




—¡Silencio! Está ocurriendo — dijo Vaaren Sigrid a su amante, Marco Casio Murano

—¿Que es lo que "está ocurriendo"? — respondió el caballero un tanto molesto 

— Se ha abierto la compuerta que une el Maraverso con Aragca.

—¿Aragca? Es imposible.

— Ocurre de tanto en tanto, querido.

—¿Y que hay de especial con ello? — replico Casio Murano, mientras le mordisqueaba suavemente el lóbulo de la oreja izquierda a su amada

— Según las investigaciones de mi hermana Saga y algunos miembros rebeldes de la Faccion Fantaso, es posible ejecutar un plan que arruinara para siempre y dé una buena vez a Mara Laira

— Vaya, estás diciendo palabras mayores, nena mía. Dime en que consiste tu plan.

— Es bastante simple, únicamente necesitamos saliva fresca de una persona de Aragca llamada: El Ventiloquista. Con dicho 'almibar' el día en que Mara Laira celebre su cumpleaños.... TU, querido, vas a ponerle unas cuantas gotas en su copa de champaña. Cuando ella termine de beber... se quedara sin voz. Estará completamente muda.

— Es un buen plan, pero no me agrada la parte que me toco a mí, parece algo muy arriesgado, Mara tiene amigos y aliados que la cuidan cada segundo, ademas tratar con los villanos de Aragca tampoco es tarea agradable.

— Si realmente me amas, no dudarías en hacerme ese especial favor.

— No lo sé, Mara no me desagrada, sin voz la chica perdería su trabajo y sin empleo quedaría endeudada y arruinada

— No soy tan cruel, Marco — Tengo calculado TODO: una vez que los doctores indiquen que es imposible devolverle el habla, me presentaré YO, con un antídoto que le he robado a Anita Zinc, y VOILA, mágicamente la muda comenzara a hablar de nuevo. De ese modo me ganaré su confianza y la de todos sus amigos y así daremos inicio a la siguiente fase de mi diabólico plan, el cual he llamado: 'Preludio del Reinicio'

— Siempre haré lo que sea por ti. Iré al evento de Mara vestido de camarero, así nadie sospechará de mi.

— Y Yo ire disfrazada de bailarina de ballet, me ocultare habilmente dentro de una torta de cumpleaños  gigante.

— Tus palabras me excitan mucho, mi tigresa.

— Grrr...Lo sé amor mío, hagamos locuras esta noche.

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Nos hemos unido a la convocatoria juevera del Demiurgo de Hurlingham, titulada 'Un encuentro en el Maraverso'

Inspirado en: Saga Sigrid

Y en: La Gran Gala ..



El Bullho de Myrnos


En aquellos días Bullho de Myrnos era un Caballero de la corte real reconocido como "La Cuarta Espada del Reino". Si bien hubo otros héroes de aquella época superiores en habilidades de combate cuerpo a cuerpo, se puede decir que más bien eran pocas personas, quizás menos de diez en capacidad de derrotarlo en un encuentro armado.

Don Quasimodo IV de Caledonia, el Rey de Aragca de esos días, sentía un especial afecto por el Bullho, ya que juntos unas décadas atrás habían conseguido derrotar a los piratas holandeses que solían asolar las costas de aquel país. La amistad del singular par no se limitaba a los recuerdos de guerra, sino que Bullho solía ser el camarada de juergas del Rey cada que se organizaba un Torneo de Caballeros. Nunca había podido ganarlo debido a que permanecía más ebrio que sobrio durante esas festividades, sin embargo, usualmente quedaba entre los cinco finalistas.

Cuando ocurrió la invasión de los portugueses del Brasil, por el sur, Bullho con su ejército fue el primer caballero que acudió al campo de batalla. Los portugueses habían entrado a la frontera con un contingente de 4.000 hombres que arrasaban con furia cualquier poblado que estuviera en su camino.

El encuentro con el Bullho sería la primera vez que los portugueses se enfrentaban contra una milicia de Aragca, lo primero que vieron fue un escuadrón de soldados fuertemente armados comandados por cinco capitanes de Myrnos, que supieron sembrar la confusión entre las poco entrenadas fuerzas portuguesas en las artes de la guerra. 

Apenas los capitanes lograron debilitar a las fuerzas enemigas, lo único que recuerdan los portugueses fue ver en el horizonte la impresionante silueta del Bullho que venía a caballo desde el Norte, se lo podía reconocer porque se decía que llevaba al cinto las calaveras de los piratas holandeses. En cuestión de unos segundos, el Bullho reconoció al General de los Portugueses y le basto con un solo brazo para estrangularlo en el aire como si se tratara de una cabra tuberculosa. Al ver esto cundió el pánico en las fuerzas portuguesas y huyeron en desbandada en dirección a las Selvas del Amazonas. Se dice que por siglos esta amarga derrota fue recordada en el Brasil y no volvieron a intentar invadir tierras Aragquenses por temor a los ejércitos de Myrnos. En sus leyendas solían contarle a los niños que el Bullho era un gigante de cabellos rojos como las llamas del infierno y brazos tan gruesos como una anaconda madura.

Para celebrar el triunfo El Noble Bullho Mando a desollar los soldados que cayeron prisioneros y a los comandantes de la tropa portuguesa ordeno que los empalaran.

Estaban en estas celebraciones lo mas de entretenidos los ejercitos de Aragca, cuando se acercó al campamento un anciano herrero de la región que dijo al Bullho lo siguiente:

"Señoría, considéreme su servidor y quedo agradecido eternamente por liberarnos de la crueldad y opresión portuguesa. Perdone a este humilde siervo suyo que interrumpe las celebraciones en la gloria de su triunfo. Pero es menester que su Señoría conozca que hace días Agibílibus uno de los hijos de alguien que sirvió como escudero de Myrnos, armado con la daga de San Gestas, se encuentra  perdido en el Bosque de Heterosis en donde habita un mal innombrable"

Le entro bastante simpatía al Bullho con aquel anciano, en especial por la mención de lo de "Escudero", que para honrar ese título, aunque humilde, prometió al anciano que buscaría a su amigo y si aún estaba con vida lo traería de regreso con él. Armo un pequeño contingente de 300 almas al comando de Rolando de Hierro y otro capitan escogido de entre los mejores hombres y se dirigieron rumbo al legendario Bosque de Heterosis.

Les tomo pocas horas llegar al borde del Bosque, que de lejos era un sitio particularmente desagradable a la vista. Cuando entraron al poco rato, sus hombres encontraron una estatua de una mujer rodeada de varias piedras y llena de maleza y enredaderas. Se trataba de un antiguo templo del culto dedicado a la Diosa Zaida. El Bullho al ver el monumento escupió al piso. De inmediato ordeno a sus hombres derribar la estatua y hacerla picadillo.

Tiempo después algunos de los soldados trajeron un par de hombres capturados en el bosque, los cuales dijeron que eran los guardias del Castillo de Heterosis, pero que un extranjero junto con la bruja roja habían asesinado al amo de aquellas tierras. Que del extranjero solo quedaban los huesos y una daga, la cual entregaron a los capitanes de Mynos. Ordeno, pues el Bullho crucificar al par de guardias bajo los cargos de cobardía y por abandonar a la muerte a su Amo y Señor.

Horas más tarde, de nuevo los soldados trajeron prisionera a una mujer vistiendo hábitos de monja de color rojo. El Bullho quiso interrogarla, pero al ver que no lograba sacarle palabra alguna, mando a desnudarla, que se la colgara por los tobillos y cortarle los senos para que se desangrara. Antes de morir la bruja alcanzo a decir: "Maldita seas raza de Myrnos, que tus hijos sean los siervos de tus aliados", no alcanzo a decir más blasfemias la grotesca bruja porque con bastante tino uno de los capitanes logro clavarle la daga de San Gestas, en plena garganta. La mujer dio un último suspiro y por fin murió.

Cuando llegaron al castillo los hombres dijeron haber encontrado un esqueleto vestido con ropas muy finas entre un hueco, de seguro sería el Señor de aquel lugar. Bullho volvió a escupir y haciendo mal gesto ordeno que se le diera cristiana sepultara a aquellos grotescos restos.

Finalmente, indico que todo el bosque y el castillo eran obra sacrílega y una maldición pesaba sobre aquel paraje tenebroso, así que ordeno prenderle fuego a todo el bosque para que se purificara ante Dios la obra de los hijos de las tinieblas.  Y así, Él y su ejército se retiraron de Heterosis para siempre y sin mirar atrás.

Bullho como prometió retorno a la aldea del sur cerca en donde habia derrotado a los portugueses, mando a buscar al viejo y le entrego la daga. 

Pasaron los años, y hubo paz entre el Rey de Aragca y las tierras de Myrnos. Cuando Bullho murió sus hijos se rebelaron contra el Rey y fueron derrotados por las tropas de Rolando de Hierro.

MORALEJA: Al árbol fuerte que creció recto también puede dar fruto débil y torcido


Relato participante en el Tintero de Oro, Cuentos de Hadas. Tercera Jornada


Nota al lector: El final de la historia me ha parecido un tanto confusa debido a que he estado investigando acerca del los hijos del Bullho y en realidad si se anota una revuelta de Myrnos más o menos dos siglos después de que ocurriera la guerra contra los portugueses del Brasil. Parece ser que el narrador, debido a algún motivo meramente de estilo literario, sitúa la revuelta inmediatamente a la muerte del caballero, lo cual no tiene ningún respaldo histórico.

Todas las Teorias Blasfemas



— Son malos tiempos lo que ocurren hoy en día — dijo el viejo herrero

— Los ejércitos de los portugueses del Brasil no cesan de atacar al sur, en pocos días más y los tendremos aquí — replico con aires de tristeza, el Panadero

— Se dice que al Norte el Rey está organizando un Torneo de Caballeros, héroes de gran renombre han sido convocados antes de ir a la batalla — acoto secamente la propietaria de la posada

— Mi padre fue escudero de un gran caballero, El Bullho de Myrnos, con suerte podré ir al torneo a ver si alguno de esos héroes requiere de mis servicios — interrumpió un joven apuesto y barbián.

A lo que el joven dijo esto, todos los que estaban allí presentes en la posada al unísono explotaron en risas, burlas y carcajadas.

— Para ir al norte se requieren 20 días a caballo, sin parar, para cuando llegues la guerra ya se estara  perdida y los portugueses nos habrán exterminado a todos aquí — apunto una de las voces con bastante sorna e ironía.

— No iré por el camino principal, sino que atravesaré a pie por el bosque de Heterosis, un hombre fuerte y vigoroso tomando ese atajo puede llegar al Torneo en apenas 7 días.

Esta vez todos guardaron silencio, las personas más viejas comenzaron santiguarse y a invocar el favor de las ánimas benditas.

— En el Bosque de Heterosis habita un mal muy grande, NADIE que entre allí sale al otro lado — dijo el viejo herrero mirando un poco con ojos de piedad al apuesto muchacho.

— Es la única oportunidad que tenemos, traeré personalmente a los ejércitos del Rey para que nos defienda del enemigo que viene por el SUR — dijo con un tono de seguridad pasmosa el joven bribón.

— Te creo y apoyo, mi buen Agibílibus, es por eso que quiero darte este objeto que te servirá, es la Daga de San Gestas, hecha de dientes de unicornio, se usa para atraer ayuda en las situaciones menos esperadas — murmuró el herrero al muchacho y le entrego con disimulo un pequeño objeto que parecía una navaja desprovista de ornamentos, bastante ligera.

Le tomo un par de días para encontrar el Bosque de Heterosis, que ya a la distancia de varias leguas se veía como un lugar intimidante. La entrada era una cortina de árboles viejos y desconfiados, de esos que dejan caer ramas encima de la cabeza de cualquier caminante despistado. Pero con la valentía que da la ignorancia, el joven entro decidido a aquel paraje. 

Camino por varias horas, adentrándose en las entrañas del bosque, hasta que se dio cuenta que estaba perdido, todos los lugares se parecían, no sabía si estaba yendo en círculos o en línea recta, hasta que de repente oyó unas voces.

En un claro estaban sentados alrededor de una fogata, un hombre bastante maduro, de vestidos finos y una dama con unos hábitos de monja de color rojo y dos caballos de pelo azabache, grandes como elefantes, pastando y que miraron con malicia al recién llegado. 

Alegrado de ver almas cristianas, se acercó a ellos, diciendo con profunda reverencia:

— Un viajero agradece a la Providencia el haber encontrado tan grata presencia. Mi nombre es Agibílibus y me pongo de inmediato a su servicio.

— Bienvenido —replico el Caballero — Soy el Barón Atanagildo de Heterosis e Hidalgo de Valier, dueño de todas estas santas tierras y de toda alma viviente que camine por aquí. 

— Y yo soy Peripeteia — interrumpió la bella dama

— Ella es mi criada y también la bailarina del castillo, estamos hoy aquí en el bosque buscando material para mi jardín, pues soy aficionado a cultivar flores de todas las especies.

— De seguro encontrarán bastantes flores salvajes por aquí — apunto Agibílibus

— En realidad estamos buscando algo que tenga mucho vigor — contesto la bailarina

— Se hace ya bastante tarde, es mejor que retornemos al castillo, la jornada ha sido buena y ya encontré lo que necesita mi jardín. Venga usted con nosotros joven amigo, pues estos parajes no suelen ser amables con los forasteros —apunto con sonrisa de tiburón hambriento, el Amo de aquellos dominios.

El Barón y Peripeteia montaron un caballo y dieron el otro para el joven aventurero, y en menos de lo que canta un gallo llegaron a un castillo aún más intimidante que el mismo bosque.

Venga usted conmigo, joven, quiero mostrarle mi jardín — prácticamente ordeno, sin perdida de tiempo, el misterioso Barón.



El jardín era un antiguo salón del castillo en donde los ornamentos habían sido sustituidos por una espesa capa de vegetación en donde se destacaban toda clase de flores de colores inimaginables. El Barón estuvo hablándole por un largo rato de términos botánicos y del poder de los híbridos al muchacho, pero todo lo que le decían le entraba por un oido y le salía por el otro, de vez en cuando escuchaba como el Barón entusiasmado decía: "Aquí hay una passiflora, y esta otra es una orquídea y más allá tengo lirios, tulipanes e iris, y a estas las bautice de tal y cual manera....bla, bla, bla."

Cuando el Barón noto que su “auditorio” estaba algo mareado, le dijo con tono fuerte: "Quiero mostrarte una zaida, es la flor más rara que poseo y la he bautizado: 'Todas Las Teorías Blasfemas', está por aquí en aquel pozo de agua pútrida". Cuando los dos se acercaron al horrendo hueco, el Barón intento empujar al muchacho. 

 ¡Agibílibus, Cuidado! Grito fuertemente Peripeteia. 

Alertado, el joven pudo esquivar al Barón, forcejearon un rato, y con la ayuda de la Daga de San Gestas, pudo enviar al profundo hueco al malvado Barón. Que al caer y quedar maltrecho, los gemidos de dolor despertaron a la zaida, la flor carnívora con nombre endiablado, la cual no dudo en devorar el regalo ofrecido.



—Tendremos que huir — indico con urgencia Peripeteia — conozco una salida secreta del castillo de modo que los guardias no nos verán.

El muchacho la siguió, salieron por una puertecilla que llevaba a un tunel que conectaba de nuevo con lo más espeso y oscuro del bosque.

Sin embargo el buen Agibílibus, JAMAS llego al torneo. Peripeteia era una version avanzada de una zaida, la flor más agresiva del Barón, que había sido bautizada como 'Originadora de Extasis' y también necesitaba con urgencia comer para mantenerse con forma humana.

FIN

La moraleja del cuento es que las damas, para cenar, prefieren a un joven vigoroso, aunque pobre y tosco, que a un viejo ricachón culto y refinado, porque los primeros son más sabrosos y tiernos.


Nos hemos unido al VadeReto PERDIDA,  de Abril 2023 

con tres palabras MAGICAS e inusuales: Heterosis, Agibílibus y Peripeteia


y al Tintero de oro Concurso de Cuentos de Hadas .


Nota: Los nombres de las flores han sido tomados directamente de la Biblioteca de Babel, del Gran Borges.

Nota2: Por razones de espacio no pude incluir la historia del Bullho de Myrnos..... tendre que escribirlo en una segunda parte. 

Enlace directo al Museo de las Heterosis

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