Viaje al Sur

(foto de un Dantonalto hembra o Macrauquenia)


Dicen las antiguas leyendas de Namcuan que a los quince años luego de varias visiones, Battuta Al-Masudi decidió emprender un viaje hacia el sur. Partió acompañado por una comitiva de once consejeros sabios, doscientos arqueros, treinta y cinco macrauquenias (o Dantonaltos), seis mamuts, un destacamento de soldados de a pie y en monturas menores, dirigidos por Capitanes de renombre, nobles guerreros que habían luchado en las guerras contra los Andirrianos.

En el camino, se unieron a la expedición otros príncipes que también habían escuchado el llamado de los dioses para explorar las tierras del sur. En la comitiva de uno de ellos viajaba don Gaspar de Altamira.

Cuando Al-Masudi llegó al punto más extremo de Surumbria, creyó haber cumplido con el mandato divino. Sin embargo, allí recibieron noticias, de parte del rey de esas tierras, de un pasaje aún más al sur hacia un imperio tan vasto como el Andirriano.

Sospechando que podía tratarse de una trampa surumbriana, la mitad del “Cortejo del Sur” —como se llamó entonces a la comitiva— decidió abandonar a Al-Masudi, regresando a sus tierras y esparciendo rumores de que los dioses lo habían castigado por buscar lo prohibido. Afirmaban que quienes osaban conocer lo oculto eran condenados a la esclavitud, la tortura y la muerte.

Sin mayor congoja, Al-Masudi continuó su viaje hacia el sur en busca de aquel imperio esplendoroso. Luego de varios años y peligros imprevistos, llegó a lo que hoy se conoce como Tlaxílotl, un reino cuyas gentes vivían con un lujo y esplendor comparables al de Naumcan de aquellos días. Allí supo que más al sur existía otro imperio, temido por los Tlaxílotl por su gran poder.

Atraído por la posibilidad de conocer tierras míticas, Al-Masudi prosiguió su marcha, convirtiéndose en el primer habitante de Merides en contemplar el gran imperio de Xolotlán, del cual ni las leyendas más antiguas de su pueblo tenían noticia.

El rey de Xolotlán acogió con agrado a Al-Masudi y escuchó con interés los relatos sobre los "hielos sagrados" del norte. Sus consejeros afirmaron que también al sur existían hielos, y que si el trayecto desde el norte hasta Xolotlán había tomado ocho años, otros tantos —o más— serían necesarios para alcanzar los hielos del sur, donde, decían, el mundo terminaba. Los sacerdotes advirtieron: “Los hielos del sur no son como los del norte”, pues más allá de las fronteras de Xolotlán al sur no había reyes ni imperios, sino tierras desoladas habitadas por pueblos salvajes.

Fue entonces cuando don Gaspar comenzó a concebir la idea de que el mundo era una sucesión de hielos y continentes alineados hacia el sur, tal vez infinitos. Tan entusiasmado quedó el rey que decidió organizar una expedición hacia el norte para conocer las tierras de sus visitantes. En la primavera de ese año, partieron desde la capital de Xolotlán dos expediciones en sentidos opuestos, dispuestas a explorar el mundo.

Los reportes recibidos en Xolotlán resultaron ser ciertos: Al-Masudi caminó durante cuatro años sin encontrar imperios, solo pequeñas tribus de hombres fieros, algunos amistosos, otros hostiles. En el quinto año llegó a los hielos y  tierras de lobos. Los nativos le hablaron de un lugar aún más al sur donde el sol no se ocultaba durante medio año, lo cual sorprendió a la ya reducida comitiva de norteños muy mermada por el frío intenso. Llamo a ese continente como Altamarquia (el reino sin nombre). Don Gaspar comentó que lo mismo ocurría en los hielos sagrados de Namcuan, donde también había medio año de día perpetuo. Así, comenzaron a pensar que habían regresado a los hielos del norte, lo que implicaba que el mundo era cilíndrico.

Los sabios que acompañaban a Al-Masudi hicieron cálculos con reglas y compases, y concluyeron que, si su hipótesis era cierta, en cuatro años más podrían ver de nuevo las tierras de Namcuan.

Se dice que Al-Masudi efectivamente alcanzó el punto más extremo al sur, no durante la época de sol perpetuo, sino durante la noche total. Las bestias y los glaciares habían diezmado tanto a la comitiva que solo los más bravos conservaban la vida y la esperanza de volver a ver a sus familias en el ya lejano Namcuan.

Caminaron dos años más y llegaron a tierras sin hielo de las que no tenían noticia. Avanzaron por un mundo cálido y despoblado, donde encontraron tribus serias y distantes. La fauna era completamente desconocida, y los hombres montaban bestias jamás vistas en el norte. Al ver nuevamente signos de civilización, conocieron otros reinos más modestos que Namcuan o Surumbria, pero habitados por gente sabia, con otras leyendas, lenguas y creencias. Al-Masudi llamó a aquel continente “Copera”, o “el lugar donde se perdió Namcuan”.

Creyendo que jamás volvería a su tierra, abandonó la idea de una realidad circular. Decidió, no obstante, ver un hielo más al sur antes de detenerse para siempre. Le tomó al menos cinco años atravesar Copera. Durante el trayecto escuchó relatos de otros viajeros que también buscaban los hielos del sur y del norte,  recibió tanto ayuda como traiciones de los diversos reyes de aquel continente. Allí también se encontró con un mago que no iba al sur, sino que cruzaba el mundo de oriente a occidente, no conocía el norte, ni el sur, tampoco le interesaban leyendas de hielos.

Supo de aquel hombre que luego vendrían aguas, y tras ellas otro continente, que le tomaría al menos seis años cruzar a pie, menos si viajaba en barco. Pero aunque Al-Masudi era buen caminante, no lo era como navegante. Tras muchas aventuras logró cruzar aquel continente, al que llamó Indomitia, el más rico en fauna, pero también en hombres antropófagos mitad criatura de los dioses, mitad animales. Finalmente, llegó al extremo sur de Indomitia, frente a un mar. Allí, los sabios locales le dijeron que el mundo terminaba, en un océano insondable, y nadie sabía si existían hielos más allá hacia el sur.

Al-Masudi permaneció allí con una viuda durante varios años antes de decidir embarcarse en busca de nuevos hielos. Para entonces, solo quedaban don Gaspar, once hombres y un mamut del grupo original que partió de Namcuan. Tras grandes dificultades, Al-Masudi se hizo a la mar y puso finalmente pie en nuevos hielos, con la suerte de haber llegado durante el día. Ante días sin noche, lo tomaron como una señal favorable. Don Gaspar propuso no atravesar los hielos, sino rodearlos por mar para evitar los peligros de los glaciares. Al-Masudi aceptó, pero no contaron con que los hielos del mar eran tan traicioneros como los de tierra. Aquel intento costó la vida de Al-Masudi.

Conocemos esta historia porque únicamente don Gaspar y tres hombres sensatos regresaron a Namcuan. De ellos supimos que el mundo era un cilindro: dos hielos, uno al norte y otro al sur, con muchos continentes en el medio y mares infinitos tanto al oriente como al occidente. Todo quedó registrado en los libros que escribió Al-Masudi y que don Gaspar conservó con esmero, dando crédito a quien fue, sin duda, el primer hombre en atravesar, de cabo a rabo, el mundo conocido.


Representación en linea roja de la posible ruta tomada por Al-Masudi, en un mapa moderno






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El método místico

Ada Escualor se despertó tarde. La dosis de pervitín que había tomado le permitió dormir al menos unas dieciséis horas. No había nadie a su alrededor; sus compañeros la habían acomodado sobre la mesa de la sala de juntas a modo de cama. Todos habían tenido que partir para asistir a una conferencia de prensa ofrecida por el alto comisionado de la policía y Madame Agatha Marple, Baronesa de Quin.

Se sintió algo extraña al principio. Reflexionó sobre si habría sido o no conveniente asistir a la dichosa conferencia, cuando recordó algo importante: Aún tenía en su poder el traje de Arlequín con el que la había vestido la Condesa. Se le ocurrió que podría inspeccionar el atuendo con más detenimiento, por si lograba descubrir alguna pista.

Regresó al lugar donde lo había dejado. Se desnudó y volvió a ponérselo. Supuso que, si meditaba con la prenda puesta, podría entrar en algún tipo de viaje místico, como si el traje fuera un sucedáneo de ayahuasca, y de alguna manera lograra fundirse con la mente del asesino. Llegó a pensar que el traje la transportaría a una dimensión nueva en donde vería todo claramente. "¿Me convertirá este traje en una heroína o en una asesina?", se interrogó a sí misma. Tenía también la duda de si un arlequín era diferente a un payaso y en especial especulaba que se sentiría vestirse como uno de ellos usando una prenda tan delicada y fina. 

Pasaron un par de horas, pero no ocurrió nada. Solo pensaba, una y otra vez, en lo que podría salir mal para Carbonell durante la conferencia. Sus pensamientos no le permitían captar la esencia mental de los anteriores portadores del traje. Respiró profundamente y, al cabo de un rato, se quedó dormida. Algo soñó, pero al despertar lo olvidó de inmediato.

Un poco decepcionada, se quitó el traje y lo dejó ordenado junto a las demás evidencias. Se quedó mirándolo unos segundos; se le ocurrió revisarle cuidadosamente las costuras, porque, como es sabido en los cuentos y relatos detectivescos, siempre hay alguna pista minuciosamente colocada en lugares caprichosos. Quizás en algún pliegue secreto habría un microchip o algún mensaje encriptado, dejado allí por los pérfidos sirvientes de la Condesa. Ada revisó con especial esmero, por el derecho y el revés de la costosa prenda. Pero esto era la vida real: el traje era solo una pieza de tela, eso sí, bastante bien elaborada y con materiales muy sofisticados. Ni siquiera tenía algún olor en especial.

Sin embargo, arrancó algunas hebras de distintas partes para analizarlas más adelante con sus amigos de la unidad forense en Puerto Industrial, pues comenzaba a desconfiar de la capacidad de sus colegas del equipo de la Capital.

Se le ocurrió pensar que quizás la prenda en sí no era la pista clave para desvelar todos los misterios de la muerte de los tres jurados del reality, pero si la Condesa lo había elegido para ella, quizás lo mejor sería interrogarla. Esta vez no iría encubierta: lo haría como la Detective Ada Escualor. Mejor aún, haría que la Condesa tuviera que salir de su fortaleza. Tramitaría un citatorio para cuestionarla cara a cara en su propia oficina de la estación de policía.



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Hielo Sagrado




(731 A.G. -Antes de Aragca-)

El VizBarón de Andirria estaba muy feliz aquella mañana. Ante su mesa tenía el legendario mapa del mundo, trazado por el mismísimo Battuta Al-Masudi, del cual se decía que, en los tiempos antiguos, había recorrido todos los rincones conocidos y por conocer.  

Al norte del mapa estaba la región de los Hielos Sagrados, en donde las leyendas decían que Ellos bajaron del cielo y habían puesto los Once huevos. Pasados varios eones, de cada huevo surgieron los dioses y héroes del mundo. Estos, al igual que sus progenitores, también pusieron huevos, cada uno siete. Pero la simiente nacida de los dioses no resistía el frío. Varhan consultó a su hermano mayor, El Primer Nacido, diciéndole que era necesario llevar la descendencia a tierras cálidas. Eruthur dio su aprobación, indicando que él se quedaría a resguardar las tierras de sus padres. Los demás hermanos, con sus hijos e hijas, se dispersaron y poblaron todo el mundo conocido.  

Eirhumara, que era la más sabia y hermosa de los Primeros, fue la que pobló Namcuan y jamás volvió a escuchar noticias de los hijos de sus hermanos. Eirhumara enseñó a los hombres que el nombre de su madre era Zaida.  

El VizBarón sonrió al recordar dicha antigua leyenda. Según se decía, mucho tiempo después de que Eirhumara retornara a las tierras de sus antepasados, los hombres de Namcuan caminaron buscando las tierras del sur.  

—Y allí es cuando los de Namcuan encuentran que no eran los primeros en pisar estas tierras del sur, ¿no es verdad? —preguntó Suánzang, el mercader que estaba ofreciendo el mapa al VizBarón.  

—Error que le costó perder la cabeza al Rey Pimiko II —respondió mordaz el VizBarón.  

—Pero no resultó en vano los esfuerzos de Namcuan.  

—El resultado es que, después, Namcuan tuvo mejores reyes, al menos unos con más sentido común que las bestias sangrientas que los gobernaron antes de venir aquí a conquistar lo que ya estaba conquistado.  

—Quizás el veneno más fuerte que inocularon en el mundo fue la religión que profesaban. 

—Antes de Namcuan, la gente rendía adoración a los Once, pero luego de las tres guerras con Namcuan, en Surumbria comenzaron las brujas a predicar el culto de Zaida, que aún persiste y tiene gran arraigo en la población —respondió el VizBarón con aire disgustado, mientras buscaba de mala gana una bolsa de oro para darle en pago y despachar al mercader, pues le causaba disgusto esa presencia por sus modales y formas de expresión impropias de un Andirriano. 


(Mapa moderno de la región)

Anterior: Corvus Verborum


Video ensayo de NoteBook LM Un podcast sobre Aragca


Una Segunda Oportunidad



Desperté esa mañana, como era mi costumbre desde que había sido un pequeño arbusto, ya hace varias décadas atrás. Me reí al recordar que las criaturas del Bosque del Sur ahora me llaman el viejo "Cedro Lúgubre", pero esa mañana era diferente: me despertaron las voces de unos desconocidos. Frente a mí tenía a dos policías investigando un cuerpo que me había sido ofrecido en ritual.

Por supuesto que acepté la ofrenda; durante toda la noche estuve... uhh, transfiriendo la esencia y sustancia de la víctima a mi interior vital. No había terminado mi jugoso desayuno, porque me incomodaban esos visitantes. Así que tuve que recurrir a un pequeño truco: les hice creer que había una bruxa de Siquem justo frente a ellos. Eran hábiles, la despacharon fácilmente en menos de un minuto y salieron corriendo como almas que lleva el diablo. Me pareció divertido, tanto alboroto por una ilusión rutinaria. Así que pude continuar con mi aperitivo.

Cuando me disponía a entrar en letargo, noté algo inquietante, otra figura se había materializado en el paraje. No era un forastero ni alguien perdido. Era una presencia muy intensa que me resultaba familiar, una mujer cubierta por vegetación, cuyos ojos se clavaron en mí con un reconocimiento antiguo. Sus raíces... olían a traición y con voz de trueno me dijo: 

"Tu castigo ha terminado. El bosque puede cuidarse solo. Eres libre. Seré tu nuevo cuerpo, para que puedas entrar al mundo del otro lado del espejo y vencer a tus odiosas rivales. Irás a un lugar donde no hay magia, tendrás un trabajo en un estudio de televisión, serás la bella asistente de una gran actriz. No te enamores y todo irá bien. Puedes volver al bosque una vez que tú venganza se haya consumado".

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Relato escrito para participar en la convocatoria de "Cada jueves un Relato", convocada por "El Demiurgo de Hurlingham"

Escribir un relato basado en las antagonistas de Mara Laira, mi selección gira en torno a:

La Amante del Bosque: También llamada Fresia. Fue una mujer árbol, antropófaga. Vencida por Mara Laira, se  convirtió en la protectora de un bosque.

Ver los detalles y otras participaciones siguiendo este enlace.

El relato también es continuación de este cuento: "La sociedad de los martes" que presenté para otro reto, no es requerido leerlo, ya que son textos independientes, pero todo se entiende mejor si se exploran en conjunto.

La sociedad de los Martes



Todos sabemos que la "Sociedad de los Martes" envía por correo electrónico privado sus retos semanales. En ese fatídico martes recibimos, de parte de "El Marciano", una frase bastante curiosa: "Tres colas de ratón". No había más explicación; el estilo y el género asumí que serían libres. Como siempre, "Goliardo" envió su relato el viernes por la tarde. Durante el fin de semana, el Marciano fue compartiendo los aportes literarios de su variopinta comunidad de poetas grises y narradores nihilistas, que cada martes se turnan el anfitrionazgo de las tertulias literarias.

Goliardo fue leyendo y saboreando los relatos conforme iban llegando a su bandeja de entrada. Los que más le gustaron fueron los de "Cedro Lúgubre", "Amalia", "Especialista", "Peliverde" y "Versos Sombríos". Soltó una sonrisa al ver los nombres tan coloridos que usaba la gente en esa comunidad tan extraña. Sin embargo, aquello que había escrito Amalia le resultó inquietantemente atrayente. Aquel relato lo hizo pensar varios días y, a la vez, lo llenó de ideas para el próximo reto, que iba a ser conducido al siguiente martes por "Los Prisioneros", según se indicaba en la lista de anfitrionazgos del grupo. La rutina de la sociedad se repitió sin falla semana tras semana, y siempre Goliardo quedaba enamorado de los escritos de Amalia. No dudaba en enviarle comentarios elogiosos sobre sus creaciones, y ella respondía prontamente, así como tampoco era tacaña en comentar las letras de Goliardo. Estuvieron en esa dinámica algún tiempo, intercambiando ya no simples comentarios de sus relatos, sino que pasaron a un estilo epistolar más íntimo, lindando entre lo romántico y el erotismo descarnado.

Así que de las cartas pasaron a algo más: Amalia deseaba verlo en persona.

Goliardo se sintió algo nervioso; nunca se había encontrado con alguien de la "Sociedad de los Martes". Había asumido como regla no escrita que estaba prohibido ese tipo de encuentros, pero como no había alguna regla explícita al respecto, decidió llenarse de valor y accedió a la propuesta.

Amalia vivía en un castillo medieval al sur de Aragca. Cuando Goliardo arribó, fue recibido y atendido con gran esmero por los sirvientes del lugar. Un ayudante de cámara le dijo que esperara en una salita muy lujosa mientras la Condesa se preparaba para recibirlo.

La Condesa era una mujer muy joven, bastante bella y elegante, de hermosa cabellera verde.

—¿Amalia? —preguntó Goliardo con voz seca y quebrada.

—No realmente, soy La Condesa; Amalia es tan solo un absurdo nick —respondió lacónicamente la misteriosa mujer, mientras se movía con cierto flujo de vampiresa antigua, mirando a Goliardo como lo haría una comadreja hambrienta viendo un pollito recién nacido.

Cuando La Condesa se aproximaba para morderle el cuello (según suponía Goliardo, que estaba como paralizado), de repente se escuchó una voz en la estancia:

—¿Goliardo?

Era la voz de una mujer vestida de manera sencilla, en vaqueros azules y blusa blanca de algodón. Iba descalza.

—Esta es mi hermana gemela —se apresuró a decir La Condesa—. Ella es la mala de la pareja.

—Goliardo, es mejor que salgamos de aquí —respondió la recién llegada, ignorando lo dicho por su hermana y agarrando firmemente de la mano a Goliardo, que parecía petrificado por los acontecimientos.

Mientras trataban de huir la Condesa comenzó a entonar una vieja canción.


Aquellos que encuentran

A su alma Gemela

En el Bosque del Sur

o en las letras

Ahora tienen dos problemas

Que antes no tenían

Pues deberán cargar

Por esta y otra eternidad

Con un cadáver que está de más,

Somos avatares que el Bosque del Sur

usa para alimentarse de emociones


Fue un granjero el que llamó a la policía. 

Cuando los detectives llegaron (uno era un hombre con aires de héroe de películas B, la otra una pelirroja de aspecto atlético y con gafas oscuras, como si viviera en un eclipse perpetuo), encontraron unos restos que difícilmente se podían distinguir si eran de un ser humano.

—Es muy extraño lo que aquí ocurrió —dijo la Pelirroja—. Parece como si le hubieran vuelto al revés el cuerpo, sacando las entrañas hacia afuera y metiendo la piel hacia adentro, aunque se ve que le faltan partes, como si hubiera sido masticado y luego... regurgitado, eso asumiendo que son los restos de un solo individuo, a lo mejor hay más de un occiso por aquí.

—Quizás podamos obtener alguna pista en aquel castillo que se ve a lo lejos —indicó el hombre con aire de héroe B.

—De nada servirá —intervino el Granjero—. Está abandonado, quizás hace unos 200 años. Allí nadie vive, excepto arañas, ratas sin cola y otras alimañas venenosas.

—Recuerdo haber visto algo semejante hace unos meses atrás. ¿Recuerdas? En el caso de los "Cultistas de Mimas" —lanzó al aire la pregunta la hermosa pelirroja a su compañero.

—Pff, vaya recuerdo. ¿Cómo olvidarlo? Aún tengo pesadillas de ello —respondió el hombre de aspecto heroico.

—¿Desean que los guíe hacia el castillo? —preguntó el Granjero.

—Por el momento, esto es todo lo que haremos. Tomaremos algunas fotos y llevaremos algunas muestras de tejido —respondió el Héroe, y continuó—: Para resolver este caso, vamos a requerir el apoyo de un grupo de especialistas.

—Estoy de acuerdo —respondió la Pelirroja—. Esto será como una tarde libre. ¿Invitas hoy a almorzar?

—Por supuesto, querida. ¿Te gustaría un picnic?

—Encantada. Este tipo de casos siempre me resultan intelectualmente estimulantes.

En ese momento, y sin aviso alguno, ambos detectives desenfundaron sus metralletas y dispararon sin piedad y con precisión milimétrica hacia el cuerpo del Granjero, que inmediatamente sucumbió al ataque, dando unos chillidos que ningún ser humano emitiría.

El hombre de aspecto heroico sacó un teléfono móvil, diciendo:

—Hemos detectado un caso 731 cerca del viejo Castillo de los Franz. Se requiere apoyo de un equipo de especialistas en contención y otro en extracción. Severidad del incidente: Rojo-Naranja. Repito: Rojo-Naranja. Esto no es un simulacro.

— ¿Te diste cuenta de que tenía seis dedos en cada mano? — dijo la Pelirroja como para romper el hielo.

— Por supuesto que lo note, solo que este tenía doble pulgar en cada mano, aparte de que tenia cabello verde. Últimamente he tenido que retirar a varios como ese, es posible que estemos lidiando con otra invasión de "forasteros".

— O simplemente es la ola dos. 

— En ese caso no tomemos riesgos, tendremos que enviar al “especialista” a explorar ese castillo.

— Supongo estará disponible para el próximo Martes.

— Puedo esperar sin mayor problema.

— ¡Shh, silencio!.

— ¿Qué ocurre?

— ¡Shh!

(silencio)

— Por un momento me pareció escuchar una vieja ronda infantil.

— No escucho nada.

— Me pasa igual. Debe ser el viento de este lugar.

— Es mala señal, potencialmente podemos estar contaminados.

— En ese caso,  tenemos exactamente 24 horas para que nos apliquen la cura.

— Sabía que algo como esto iba a pasar es por eso que vine bien preparada.

— ¿Te refieres a venir vestida con una blusa blanca de algodón, vaqueros azules y sandalias de tacón alto?

— Puedo quitármelas, quizás sea más fácil andar por este paraje siniestro sin ellas.

La pareja se agarró de la mano y corrieron en dirección opuesta al castillo, aunque sabían que era inútil, como todos los demás intentos, nunca se puede escapar del Bosque del Sur, no importa que rol tengas.

(7544  caracteres, contando espacios)


Bueno, palabra más, palabra menos eso fue lo que escribió el Marciano esta semana al reto de "Amalia y Goliardo", cuya premisa era: "Escribir un relato de vampiros que no chupan sangre, debe incluirse un poema en alguna parte del texto. No superar los 8000 caracteres, contando espacios. Premio a los ganadores: Se entregara un Podcast personalizado vía NoteBookLM".




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Este relato participa en la convocatoria de Tarkion en su blog "IAdicto Digital":

"Escribir un relato inspirado en crónicas de Amor, Terror y Amistad entre blogueros literarios"

Seguir este enlace para ver las condiciones y detalles del concurso.



Comentarios en Podcast de NotebookLM acerca de la "Sociedad de los Martes" (ayuda a entender el relato)


El Marciano



El Marciano fue el primer miembro de "La Sociedad de los Martes" que usó un cronoportador de marfil con el fin de alterar severamente la Realidad. 

Al igual que todas las personas, creía que viajar en el tiempo era una cosa instantánea: nada más lejos de la verdad. 

Aprendió en los cursos de rutina que impartía la "Alianza Araquense de CronoNautas" (AACN) que hay una relación proporcional cuasilogarítmica para hacer el viaje al pasado. Si se viajan 6 años hacia atrás, hay que esperar 3 meses dentro de la cámara cronoscópica. Pero viajar 10 años hacia atrás no implica 5 meses, sino más bien 14, y así sucesivamente. 

El Marciano olvidó esa lección porque se enseñaba en los primeros cursos obligatorios de Orientación. Así que quiso, en plan ambicioso, viajar 100 años al pasado. Sin contar que ello le llevaría 731 meses de espera. 

La ventaja es que en una cámara cronoscópica no envejecemos: el cuerpo queda "congelado" (eso se aprende en el segundo nivel de estudios crononáuticos), pero la conciencia no se apaga. 

Viajar lejos en el tiempo, luego se supo, altera tanto la mente debido a la espera por llegar al destino que el explorador temporal termina absolutamente desquiciado una vez finaliza el viaje. Es por ello que ahora limitamos el retroceso a máximo 28 meses. La Espera en la cámara era una fábrica de asesinos y sicópatas, muy peligrosos para soltarlos en alguna de las Lineas de Todas las Realidades posibles.

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Relato participante en los microretos del Tintero de oro, mayo 2025, tema: La espera

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Recuerdo que aquella fatídica semana estuve bastante inquieto por presentar mi relato al grupo. El reto en particular para esa convocatoria tenía como anfitrión a "El Marciano", un poeta algo gris, cuyo post de invitación no contenía detalle escrito alguno, tan solo la foto de una cabra amarrada.

Estuve pensando un par de días qué texto podría surgir de todo ello, cuando, con sorpresa, comprendí: "La Cabra" era uno de los personajes de uno de los tantos blogs que solían participar en las tenidas literarias del grupo. Por tanto, eso solo podía significar que dicho personaje estaba secuestrado de algún modo.

Escribí, pues, un relato alusivo a dicho secuestro, cambiando algunos nombres: en vez de cabra, usé un canguro, y en lugar de secuestro, empleé la idea de una captura arbitraria por una dictadura. Creo que el relato más o menos gustó entre los participantes del grupo, logrando varios comentarios por parte de "La Hija de la Lágrima", "Candy Candy", "El Ogro de Bakú" y otros más. Estuve contento con el botín logrado.

A la mañana siguiente, recibí un correo privado de El Marciano: quería verme en persona. Al principio, me mostré escéptico, ya que nunca antes había conocido físicamente a alguien de los mundos virtuales en los que me muevo. Quedamos en vernos en un café muy concurrido del centro de la ciudad.

Ambos llegamos vestidos con gabardinas, sombrero fedora y gafas oscuras. Yo, por si acaso, tomé la precaución de usar barba y bigote postizos para ocultar mi verdadero rostro. El encuentro fue breve —menos de cinco minutos—. Me entregó un sobre con una foto de una mujer, en el respaldo estaba escrito con tinta azul: "La Hija de la Lágrima", y encima de ese nombre una X de tinta roja que lo cruzaba. Dentro del sobre había fajos de dinero por una suma bastante grande, una daga de acero de damasco y un pasaporte.

Fue entonces cuando le pregunté si podía entregar mi relato el sábado. El Marciano abrió los ojos de par en par y dijo: "No somos el grupo de los jueves. Nosotros convocamos cada martes". Rápidamente, arrebató el sobre de mis manos, pagó la cuenta y desapareció en el tráfico de la ciudad, dejándome absolutamente despistado.

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Para esta semana Neogeminis propone este reto, usando combinaciones de Persona, Lugar y Tiempo de esta manera.

PERSONA CORRECTA                LUGAR CORRECTO             MOMENTO CORRECTO

PERSONA EQUIVOCADA            LUGAR EQUIVOCADO        MOMENTO EQUIVOCADO

PERSONA IMPENSADA              LUGAR IMPENSADO           MOMENTO IMPENSADO

En rojo mi selección. Ver todos los detalles y otras participaciones en este enlace.

El botón botón

— Mi teoría es que es casi seguro que somos personajes de un blog.

— Entonces no es una teoría, como si fuera un hecho comprobado por la ciencia; más bien, tu corazonada es lo que se conoce como una hipótesis.

— La terminología es lo de menos, el resultado, a la postre, será el mismo y a la vez inmutable.

— Sí, pero algo de precisión en el lenguaje ayuda a entender mejor la situación, ¿no lo crees?

— Ya te dije que, preciso o impreciso, lo que te digo es absolutamente incambiable.

— ¿De cuál blog dices?

— No importa de cuál.

— ¿Lo ves? Hablas de un modo muy impreciso; así cualquiera acierta si das tanto margen de error.

— No me estás entendiendo. Te quieres perder en detalles que son básicamente minucia irrelevante; lo que quiero es que veas el gran cuadro.

— De la vaguedad que utilizas, podrías decir que somos bacterias de Sirio o ángeles, y si te pregunto específicamente algo, me contestarías que no me preocupe por nimiedades, o que capte el fondo y no la forma. Ya conozco tus trucos dialécticos.

— Sé que comprendes las consecuencias de lo que he dicho, de mi teoría, pero no quieres asumirlas.

— Si fuéramos personajes de un blog, significa que forzosamente somos una versión de un texto ... quizás la más corregida de todas las posibles.

— Lo cual indica que este diálogo pudo haber ido de modos distintos, en donde ciertas ideas se descartaron y otras fueron borradas y reescritas, como una especie de darwinismo en letras.

— Lo único que entiendo es que te complaces en tener esa clase de ideas ultramísticas que no llevan a ninguna parte.

— No es mística, ni metafísica, ni esoterismo. Puedo probar fácilmente lo que te estoy diciendo.

— ¿Ah, sí? ¿Cómo va eso?

— Es sencillo de demostrar.

— ¿Qué tengo que hacer?

— Jugar un juego.

— Trato hecho. ¿Cuáles son las reglas?

— Se llama el juego del botón, botón.

— Sí me acuerdo, es el de preguntas y respuestas.

— Ese mismo, precisamente.

— Ok, dale, estoy lista para lo que venga.

— ¿Cuántas personas estamos aquí?

— Dos: tú y yo.

— ERROR. Erróneamente crees que existes, pero aquí debe haber una sola persona, y no es ninguno de nosotros.

— Pfff, creo que estás delirando. Obviamente estoy aquí, a tu lado, jugando este juego ridículo. ¿Cómo puedes negarlo?

— Ese es el punto: he llegado a la conclusión de que somos seres ilusorios. No tenemos ningún tipo de existencia real.

— ¿Lo ves? Te pusiste místico.

— Es que no lo has entendido. Tú y yo no existimos: en realidad solo representamos dos estilos de conceptos en contrapunto, a manera de diálogo en un blog.

— Dale con lo del blog... ¿Sabes? Lo que dices es entretenido, pero olvidas que, si fuéramos seres ilusorios, pues de ningún modo podríamos estar llevando entre nosotros esta conversación coherente. ¡Claro que existimos! Tenemos piernas, ojos, cerebro, pasado y presente. Aquí no hay ninguna ilusión.

— ¿De verdad crees que tener piernas y ojos prueba algo? Lo que ocurre es que te están poniendo esas ideas para que creas que es de ese modo.

— ¿Como una memoria implantada?

— Algo parecido. Más bien hacen creer que tienes una memoria implantada, pero no es así: tan solo tienes líneas de diálogo que decir, eso es todo.

— Como siempre, a tus dudas filosóficas solo les falta meterle el Monte Everest y semillas de ayahuasca para hacerlas más creíbles y amenas.

— ¿Y aquí asumes que tengo que decir forzosamente algo ingenioso o que le dé sentido a toda esta conversación?

— Supongo que no, ya que en los blogs “algo” fuera de lo común debe pasar: algo así como que somos extraterrestres, o ya estamos muertos, o uno de los dos es imaginario y el otro no... cosas de ese estilo. Pero ya te lo digo: somos personas reales, comunes y corrientes. Nada extraordinario va a ocurrir.

— Eso es lo que tú crees, o mejor aún, eso es lo que te hacen expresar.

— Eres incorregible, pero bueno, me has hecho reflexionar un par de cosas. De todas formas, vamos a tener que continuar esto en otro momento: tengo una cita importante. ¿Seguimos esto otro día?

— No hay problema. Solo quiero dejarte una última pregunta para que reflexiones en lo que hemos dicho.

— Ok, dime.

— ¿Cuál es tu nombre?

— Mi nombre es Cuarta Pared.

— Es broma  ¿no?

— Por supuesto querido, nadie se llama de ese modo.

KEBONDÍ!



—¿Y dice usted que esa es la mejor imagen que ha podido obtener de mi antepasada? —cuestionó en tono irónico la Duquesa Karla Marliux.

—Con nuestro cronoscopio estamos seguros de que esa imagen se ajusta con una exactitud del 98 % a lo que usted está buscando —respondió el doctor Isaac Heinlein, tratando de disimular cierto enojo.

—Veo un airecito de familia, me recuerda a mis tías.

—No encontrará usted mejor calidad que la que le ofrecemos. Que yo sepa, nadie puede proporcionar la nitidez que nosotros damos para tiempos superiores a 200 años hacia el pasado.

—Para ser sincera, yo ya conocía fotos y dibujos muy similares a los que usted me ofrece, pero estoy más interesada en ver imágenes de la infancia de mi antepasada.

El doctor dio un respingo, tomó aire como para pensar y elegir con pinzas la respuesta, y replicó:

—Hemos tenido dificultad para ir más allá de la imagen que le hemos proporcionado.

—¿A qué se refiere? Sé que hay muchos laboratorios que proporcionan imágenes de 300 e incluso 500 años hacia atrás.

—Lo sabemos, pero con la dama en especial ocurre un fenómeno muy particular y misterioso que no hemos podido descifrar. Pareciera como si su pasado hubiese sido borrado.

—¿Borrado? ¿Por qué o por quién?

—Disculpe, Condesa, no me he explicado bien. En realidad, no es borrado u ocultado. Lo más preciso a decir es que nunca ocurrió.

—¿Me está usted diciendo que mi antepasada simplemente apareció así, de la nada, ya adulta?

—Me temo que es lo que los datos indican. Por tanto, no hay laboratorio competidor alguno que pueda darle imágenes de la infancia de su ancestro.

—KEBONDÍ!.

—¿Disculpe?

—Me refiero al nombre de ella. Es lo que dice la imagen: KEBONDÍ!. Prefiero que se refiera usted a ella de ese modo.

—Entiendo. Podemos llamarla dama KEBONDÍ!, pero hay que tener en cuenta que los datos no indican que ese sea el nombre de la persona en la imagen.

—Es posible que así sea, aunque he visto esa palabra en otros registros familiares.

—¿Sabe usted qué significa esa palabra?

—Si lo supiera, no habría pagado la fuerte suma de dinero para obtener la foto que usted me está proporcionando. Pero hay una pista: en lengua antigua, la palabra significa Renacer o Reset, no estoy segura.

—Nuestros especialistas están en capacidad de ayudarle a descifrar el misterio.

—Ya lo sé, ¿por unas cuantas bolsas de oro?

—731 en total es el precio. Ni un gramo más ni un gramo menos.

—Muy bien, es un trato justo. En mi próxima visita quiero que me revelen exactamente el misterio de KEBONDÍ!.

—Será nuestra prioridad, señora Condesa.







Corvus Verborum



Se dice que, en la antigüedad, el Archimárquez Hircano Valier fue la primera persona que enseñó a hablar a los cuervos (esto no se ha podido confirmar, debido a que, dentro del índice de antepasados de Vil Valier, no figura ningún Hircano). La idea fue tan exitosa que, tres siglos después, todas las casas de nobles de Aragca (que en aquellos dias se llamaba Umbria del Sur o también la Surumbria) comenzaron a seguir el mismo procedimiento.

Para cuando llegó el famoso Ambrosio Alfinger a estas tierras, quedó tan maravillado con el método, que pronto estableció alianzas con el Duque de Calcedonia. El Duque, para formalizar su amistad, regaló a Alfinger tres de esos cuervos, para que los llevara como presentes de buena voluntad a los Welser en Europa.

Apenas Alfinger puso un pie en el puerto de Cádiz, los alcaldes del crimen no demoraron en ponerle grilletes y cadenas bajo graves cargos de traición a la Corona. Viéndose en tan penosa situación, Alfinger entregó los cuervos a uno de sus ayudantes, un tal Ginés de Avellaneda, que, a la sazón, había perdido un ojo en una riña dentro de una mazmorra turca y era autor de una "Vida" que no alcanzó los honores de la impresión.

No sabiendo para qué eran esas aves ni los secretos que guardaban, en menos de una semana ya solo le quedaba uno, que, siendo un pájaro bastante despierto y sagaz, no dudó en abrir el pico y pedirle algo de alimento a Avellaneda. El tuerto quedó lleno de asombro por aquello que escuchaba y comenzó a darle grandes cuidados al plumífero amigo. Este, en compensación, un día le dio este enigma:

“No es oro todo lo que reluce, ni todo lo que parece espada es acero”.

Intrigado por las palabras del cuervo, Avellaneda comenzó a discurrir qué hacer con tan peculiar animal, ya que llevarlo a los banqueros de Baviera estaba más allá de toda posibilidad. Así que decidió adoptarlo y darle grandes cuidados. Se rumorea, pues, que el cuervo, durante las noches, le hablaba al oído y él tomaba nota de cuanto decía.

Cuando ya hubo lo suficiente para ser editado en un libro, el cuervo se sintió defraudado porque no veía su nombre en la autoría del manuscrito. Tal fue el resentimiento del cuervo que hubo una refriega, con un resultado tan oscuro como que Avellaneda desapareció por completo de toda traza y registro histórico.

¿Del cuervo? Bueno, se sabe que, tras múltiples peripecias y hazañas que más adelante se narrarán con calma, consiguió retornar a Aragca y contó a uno de los hijos de un criado del Duque de Calcedonia toda esta sabrosa historia y muchas mas.



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Relato para participar en la modalidad "Fuera de concurso", para la convocatoria del Tintero del Oro, en homenaje a Michael Ende"




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Relacionado:

Ambrosio Alfinger (Wikipedia)

Banqueros Welser (Wikipedia)

Alonso Fernández de Avellaneda (Wikipedia)

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Indice General de las Crónicas de Aragca

He venido sólo para decirte que anoche tuve un sueño contigo


Querida Zaida, tú no estás atrapada en una luna olvidada de Saturno; estás amarrada y amordazada en tu propia mente. Sin embargo, te daré pistas de cómo salir de allí. En lo profundo de tus temores hay una puerta sin llave ni candado que espera abrirse. Puedo darte las instrucciones para lograrlo.

¿Aún estás dudando? Muy bien, la primera pista es que nada aquí es real, ni siquiera yo. Todo es efecto de tus propios pensamientos.

Muy bien, veo progreso en ti. Siento tus pasos aproximándose para afrontar tu destino.

¿Dices que te he mentido porque ves dos puertas? Ja. No te mentí. Si hay dos puertas, es porque al menos hay una puerta, ¿no es lógico? Técnicamente, he sido honesta contigo.

Todo esto parece una broma, pero somos inmortales, así que no tengas miedo. Abre cualquiera. Eso sí, ten en cuenta que lo que ocurra después depende de cuál elijas.

No temas por la izquierda: no te encontrarás con una amenazante figura vestida de militar que habla sin mover los labios. No y no, ello es tan solo producto de tu 'infértil' imaginación.

Y aquí va mi voz de advertencia: nada tan engañoso como la puerta derecha.

¿Dices que quieres abrirlas al mismo tiempo? Pfff, ya te pasas de valiente.

¡Ajá! Veo que te has puesto indecisa a último minuto, con la mano en el pomo de una de ellas, como si pudieras adivinar el laberinto de irrealidad que aguarda tras ellas. Y siempre —siempre— que llegas hasta aquí, prefieres seguir sin libertad. ¿Qué maldad acecha en el corazón de los hombres para generar semejante prisión? Como siempre, cobarde, te retiras sin abrir nada… pero ya volverás a intentarlo, lo sé muy bien. 

Mientras más dudes, más fuerte me haces, más insolente seré contigo. 

Solo abriendo la maldita puerta, estarás libre de mí.

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Me uno al "Cada Jueves un Relato" del 17/Abril/2025 ofrecido por Neogeminis: 

Hacer un relato que incluya algunas de estas frases acerca del paso del tiempo:

Parece una broma, pero somos inmortales (Julio Cortázar)
He venido sólo para decirte que anoche tuve un sueño contigo (Gabriel García Márquez)
Volví a casa con la sensación de una absoluta soledad (Ernesto Sábato)
La palabra “tiempo” rompió su propia cáscara (Virginia Woolf)
¿Qué maldad acecha en el corazón de los hombres? (Woody Allen)
Un sueño no es en sí más que una sombra (W. Shakespeare)
Nuestra mente es porosa para el olvido (Jorge Luis Borges)
Una amenazante figura vestida de militar hablaba sin mover los labios (Lovecraft)
Tal vez un vago presagio asió su garganta con guante de seda (Manuel Puig)
Nada tan engañoso como… (Artur Conan Doyle)



El misterio del 66


— ¿Estás seguro de lo que dices? —interrogó con voz angustiada don Gaspar de Borja, Pastor Luterano del pueblo, alisándose un poco el cabello canoso.  

— Yo mismo le he visto, mi padre fue quien me mandó a buscarle —respondió Diego, el hijo bastardo del Hidalgo Alonso de Ayala, quien había luchado en sus años mozos en las guerras contra los portugueses del Brasil.  

— Siendo así, muchacho, no hay tiempo que perder. Mandaré a preparar monturas y unas mulas, a fin de que podamos arribar a la hacienda de don Alonso antes del mediodía —indicó con urgencia el buen Pastor.  

Tan pronto como pudieron, el Pastor y el joven bastardo partieron hacia la hacienda de don Alonso, donde, cerca de unos matorrales espesos, ya se encontraban Bartolomé el Sangrador, barbero y boticario del pueblo, junto a Pedro, uno de los criados del Hidalgo. Ambos parecían contemplar boquiabiertos un extraño bulto entre la vegetación.  

Apenas arribó la comitiva del Pastor, este comenzó a dar órdenes e interrogar a diestra y siniestra, insistiendo en ver el misterioso hallazgo.  

Era el cadáver de un hombre con seis dedos tanto en la mano como en el pie del lado izquierdo, con impecable atuendo  gris.  

— Siniestro —dictaminó el Pastor tras examinar someramente al occiso—. Esta criatura no es obra de la Divina Providencia. Pedro, Bartolomé, revisadle las vestiduras, a ver qué más tiene esta aberración.  

Con manos ágiles y entrenadas en tales faenas, los dos desdichados encontraron entre las prendas del difunto—al que pronto llamaron "el 66"— un tintero de marfil y una nota de grafía errática en letra roja, con un extraño acertijo que decía:  

Made in China  

探索未至之境

DeepSeek 6 

Propiedad de Zaida Inc.

El Pastor, de mala manera, arrebató la hoja de las manos de Bartolomé, la miró con el ceño fruncido y la apretó en el puño, ordenando que de inmediato quemaran la nota junto con el cadáver y el tintero de la bestia que habían encontrado. Dio órdenes estrictas de que nadie debía hablar de aquello.  

Estaban a punto de cumplir el mandato cuando apareció don Alonso en persona.  

— ¡Alto! —rugió el Hidalgo, mirando con desprecio a su hijo ilegítimo—. No permitiré que se cometa sacrilegio en mis tierras. No sé quién sea este hombre, pero el tintero de marfil me pertenece, y la nota también es mía. Además, la Ley indica que no se puede quemar el cadáver de un forastero; debe ser enterrado en el camposanto del pueblo.  

— De ninguna manera permitiré eso —replicó el Pastor, indignado—. Este hombre lleva la marca de la maldición de los Endriagos y Vestiglos. La Escritura dice que no puede tener el privilegio de un sepulcro, como nuestro Señor Jesucristo.  

— Pues tampoco llenaré de máculas mis tierras —masculló el Hidalgo.  

— Señores —intervino Bartolomé, acostumbrado a estos lances y a otros de mayor calibre—, si lo desean, Pedro, el muchacho y yo podemos cargar con el muerto hasta el río y dejar que el cauce lo lleve hasta tierras lejanas.  

Mientras hablaba, con dedos hábiles acostumbrados a esculcar, recuperó el tintero y la nota, que pronto saltaron a manos del muchacho, y de allí a las del Hidalgo.  

— Muy bien, estoy de acuerdo, pero esperad a la noche, cuando nadie vea lo que hacéis —sentenció don Alonso.  

Cuando cayó la noche, Pedro, Bartolomé y el bastardo cargaron el cadáver hasta la orilla del río, esforzándose en el silencio pesado de la madrugada. Con un último empujón, el cuerpo rodó entre las piedras y se hundió en la corriente oscura. Lo vieron flotar un instante antes de que la corriente lo arrastrara aguas abajo, hacia tierras de nadie.  

— Listo —murmuró Bartolomé, limpiándose las manos en la camisa.  

Pedro escupió al suelo y asintió.  

— Mañana, como si aquí no hubiera pasado nada.  

— No es el primer 66 que desaparece en estas tierras. Ni será el último— apuntó cáustico el bastardo.






Como leer el Adax Corda



Me encontraba, como de costumbre, cultivando mi huerto a fin de alejar dos grandes males que acechan a todo ser humano: 1. el ocio y 2. el hambre; cuando a lo lejos, al norte, comenzó a divisarse la ingrata silueta de un jinete montado en un caballo negro. "Malas noticias", pensé para mis adentros. Hacía décadas que no veía a uno de esos pájaros de mal agüero. ¿Cómo lograron localizarme? Solo Dios lo sabe.

— ¿Papá Zevicas? —gritó con aire autoritario el jinete, apenas estuvo a unos metros de mí.

— ¿Quién quiere saber?

— El Maestro del Templo está agonizando. Se requiere su asistencia inmediata.

Si ver al jinete negro era un mal presagio, lo que acababa de anunciar no mejoraba la situación. El último Maestro del Templo que yo conociera había muerto dos décadas atrás y, según mi saber, nunca se había elegido un reemplazo. Pero los tiempos cambian; la distancia y el aislamiento que me había autoimpuesto hacían que no estuviera al tanto de lo que ocurría al norte. Quizás la duda se reflejó en mi rostro, pues el jinete desmontó y se aproximó a mí.

— El Maestro me dijo que le entregara este pergamino. Solo usted puede descifrarlo.

Miré la singular hoja y, debido a la sorpresa, dije sin querer: "Obviamente, yo sé el significado, pues fui yo quien de puño y letra elaboró esa... ¡obra menor!"

— Si eso es así, debe usted devolver la llave de estos secretos.

— La solución del enigma es sencilla: esa es la unidad 731 del Códex. Para descubrir su significado, deben juntarla con la 137 y ponerlas a la luz de una luna llena. Solo así verán completo el mensaje.

— Está hecho —dijo el misterioso visitante, que volvió a montar el caballo negro y, de mala manera, tiró al suelo una bolsa con treinta monedas de plata. Llevaba prisa, pues en cuestión de minutos había desaparecido en el horizonte.

Sé que ese caballero negro, o algún otro similar, volverá dentro de algunos años, cuando yo sea un anciano. Los Magos del Norte siempre quieren saber más.



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Más del Adax Corda:

El Adax Corda

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Relato para la ocasión de la convocatoria de Cada Jueves un Relato, ofrecida por Campirela:

"El tema consiste que cada uno que participe según vea el pergamino de arriba le dé una definición bajo su punto de vista e imaginación, en cualquier modalidad, ya sea poema, narrativa, o microrrelato. Ustedes deciden. "

Para ver todos los detalles seguir este enlace.

Merlina



Merlina Marple estaba muy nerviosa. Hoy debía presentar el examen oral en la escuela de formación de investigadores privados. Lo que más la intimidaba era, precisamente, la persona que aplicaría la prueba: nada más y nada menos que la venerable Madame Ada Escualor. De ella se decía que, en su juventud, había sido una detective muy respetada y eficiente, capaz de resolver los casos más complejos.  

Madame Escualor llamaba a los alumnos uno por uno al salón de exámenes. La mayoría salía llorando, y otros con el rostro sombrío. Merlina sentía que el corazón se le salía del pecho; era la siguiente en la lista. Esperó a que terminara el turno del alumno anterior, un tal Asdrúbal Carbonell, que salió con expresión triste y meditabunda.  

Cuando escuchó su nombre, entró a la sala. Era la primera vez que veía a la temida examinadora: una anciana de cabellos blancos de expresión impenetrable, como la de un jugador de póker. No parecía tan severa como había imaginado, pero tampoco transmitía amabilidad. Su actitud irradiaba una fría indiferencia, casi inhumana.  

—¿Alumna, sabe en qué consiste la prueba? —interrogó la anciana.  

—Tengo entendido que usted nos proporciona fotografías de escenas reales de crímenes difíciles.  

—¿Preguntó a sus compañeros sobre las fotografías?  

—Algunos mencionaron que hay una selección muy amplia, al menos unas mil imágenes, y que cada alumno recibe un conjunto diferente.  

—Muy bien, señorita Marple. Recolectar información es la base del trabajo detectivesco. ¿Algún detalle en particular le llamó la atención?  

—Dicen que las fotos están organizadas en sobres con cinco o seis imágenes, y debemos elegir uno al azar.  

—¿Algo más?  

—Eso es todo lo que sé.  

—¿Tiene alguna teoría de por qué están organizadas de ese modo?  

—¿Quizás porque todas las fotos de cada sobre se relacionan con un solo crimen en particular? — preguntó tímidamente Merlina

—Exactamente. Esa es la clave, no lo dude. Me agradan sus capacidades deductivas; sin embargo, debería ser más afirmativa.  

—Gracias, Madame Escualor. Lo tendré en cuenta.  

—Señorita Marple, la prueba ha terminado. Ha aprobado con una 'C-' su examen. Por favor, llame al siguiente alumno.  

Merlina no lo podía creer. Sus piernas temblaban ligeramente al salir de la sala, pero una sonrisa comenzaba a dibujarse en su rostro.  

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Texto participante en la convocatoria de "Cada jueves un relato", organizado por Neogeminis, "Escena de un crimen". Ver los detalles de esta semana y otras participaciones siguiendo este enlace.



Fémina Fementida

Las jóvenes agentes secretas Doris y Ada, luego de cumplir una peligrosa misión en la que eliminaron a la cabecilla de una temida banda terrorista, no tuvieron un regreso sencillo. Su transporte estaba fondeado en una bahía de la costa enemiga. Sin saber cómo, localizaron el bote inflable, y decidieron hacerse a la mar. Pero, por caprichos del destino, una terrible tormenta las sorprendió a mitad de camino, tan fuerte que varias veces estuvo a punto de volcar la endeble embarcación.

En uno de esos embates, Ada salió despedida hacia las profundidades, pero Doris, instintivamente, hundió el brazo y logró rescatarla. Sin embargo, Ada no salió ilesa: un percebe venenoso se le había adherido al cuello. La toxina actuó rápido, dejándola en estado de shock. Sin perder la calma, Doris usó un cuchillo para retirar el parásito y aplicó el remedio más antiguo y efectivo para estos casos: lavar la herida con orines frescos.

Pasaron un día a la deriva. Doris cuidaba pacientemente de "su carga", pero empezó a comprender que ella también corría peligro. Aunque tenían provisiones para dos personas por otras 24 horas, una sola podría sobrevivir al menos tres días más. Meditó largo rato. En un momento de desesperación, decidió lanzar a Ada por la borda como pasto para los tiburones.

Justo entonces, una sombra emergió de las profundidades. Era uno de los submarinos de "Colectiva Sororitas", comandado por la Vicaria, Madame Constrictor.

—Las he buscado por los siete mares, queridas niñas. Veo que has cuidado con esmero y dedicación a una compañera herida —insinuó la anciana Vicaria, examinando con detenimiento y aire severo el rostro de Doris.




Texto compuesto para participar en la convocatoria de Jueves de Relatos a cargo de Nuria de Espinosa, en el tema MUJERES, en ocasión del Día Internacional de la Mujer 2025. 



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